Club de Jazz 27/06/2022
Juan Saiz

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Fred Frith y el privilegio de sentirse vivo
por Carlos Pérez Cruz
Tags: Fred Frith

Fred Frith

Condensar en unos párrafos más de medio siglo de carrera es imposible, especialmente si es la de alguien como Fred Frith (Heathfield, Inglaterra, 1949). Por eso, vayamos a la esencia: “Me interesa la música y el arte sonoro que me hacen sentir vivo”, explica el británico. Y si sentirse vivo es el propósito, es difícil que el espectador se aburra.

En materia académica, el guitarrista (y esto ya en sí mismo es una simplificación) comenzó siendo un alumno casi desahuciado y ha acabado recibiendo un doctorado honorífico por la Universidad de Huddersfield por ser un intérprete que “ha ayudado a redefinir la técnica de la guitarra eléctrica”. Preguntado al respecto, Fred Frith se remite a una frase del pintor Francis Bacon: “Simplemente trato de construir imágenes partiendo de mi sistema nervioso y con la mayor exactitud posible. Ni siquiera sé qué significan la mitad de ellas”.

Para Frith, la primera (y casi única) formación académica digna de rememorar fue la que recibió como violinista entre los 7 y los 10 años. De Rodney Mayes, su profesor a tan tierna edad, recuerda la “radiante sonrisa” que le regalaba y cómo lo animaba cuando le escuchaba estudiar. “Por horrible que fuera cómo debía sonar”, admite. Mayes se marchó y su sucesor fue alguien que “parecía que no disfrutaba con la música”. Por fortuna, y a pesar de que Frith se sintió más “tolerado” que apoyado por sus profesores, “yo ya andaba metido en lo que quería hacer y había perdido cualquier mínima aspiración que pudiera haber tenido de ser un violinista clásico”.

Para lo que Fred Frith quería hacer, y para lo que ha hecho en más de medio siglo de actividad, ha sido más importante la experiencia y la experimentación, a solas y en compañía, que la academia. También vivir (en) Nueva York en los años 80, donde celebra que “pude ser yo y creer en mí mismo”. Una ciudad en la que “prácticamente todos los que conocí venían de otra parte y (aparentemente) a todos nos motivaba la sensación de que todo era posible y estaba permitido”. El álbum sonoro de aquella etapa incluye grabaciones con John Zorn, Henry Kaiser, Eugene Chadbourne, Phil Minton o el grupo Massacre (con Bill Laswell).

Antes de Nueva York, Fred Frith comenzó a hacerse un nombre con el grupo Henry Cow, una banda de rock experimental, con una importante dosis de improvisación, de la que fue cofundador en 1968. Fue el laboratorio con el que materializó su objetivo en aquella época: “Adaptar lo que estaba sucediendo en la mayoría de mundos musicales sobre los que estaba leyendo o andaba escuchando al contexto de una banda de rock y a músicos que no eran virtuosos pero estaban totalmente abiertos”.

Sus lecturas, curiosidad y escuchas pasaban por John Cage, Oliver Messiaen, Béla Bartók, los números de Fibonacci, Ornette Coleman, The Beatles o Frank Zappa, entre otros. Esos gustos tan dispares influyeron sus métodos de composición, técnicas de interpretación y el interés en el estudio de grabación como un laboratorio. ¡Quién se lo iba a decir a aquel adolescente que tocaba folk y blues en clubes de Inglaterra y admiraba a Bob Dylan!

Aquellas décadas fueron el preámbulo de una carrera en la que Fred Frith ha combinado improvisación y composición, también para cine, danza y teatro. Su música la han interpretado formaciones de cámara, como el Arditti Quartet o el Ensemble Modern, y de jazz de vanguardia, como el Rova Saxophone Quartet. Y aunque creció trabajando de la mano de sus “afines”, Fred Frith explica que en la actualidad está interesado en hacerlo con quienes no lo son tanto, porque “es también una forma de aprender”.

En este último nivel sitúa a sus compañeros en el trío con el que actúa en Barcelona. Del bajista Jason Hoopes afirma que “su imaginación le lleva a lugares a los que normalmente no van los bajistas”. Al baterista Jordan Glenn le concede el papel de “puente que nos une”, a la vez que le reconoce “una profunda comprensión del groove”. Del trío, Frith celebra que “nunca sé qué esperar, lo que después de todo este tiempo es poco común”. Y por eso, porque sigue sorprendiéndose y aprendiendo, no quiere dejar de tocar: “No estoy dispuesto a renunciar a este privilegio voluntariamente”.

Texto: Carlos Pérez Cruz (Publicado originalmente como programa de mano para su concierto en las Sampler Series del Auditori de Barcelona)

Fotografía: Arco y Flecha

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