Club de Jazz 30/01/2023
Multifónicos

Conciertos

Jordi Rossy, retrato al desnudo
54 Festival de Jazz de Barcelona, 19 octubre 2022
Músicos: Jorge Rossy (batería, vibráfono, marimba, piano), Felix Rossy (trompeta), Bill McHenry (saxo tenor)

Rossy_BCN_2022


Golpeó los platos y acercó su oído. Volvió a percutirlos y a poner la oreja. ¿Qué escuchaba? ¿Qué le dijo la batería? Casi de inmediato pareció llegar a la conclusión de que, si tenía algo que decirle, no le resultaba tan interesante. O que él, que se hizo un nombre en el mundo del jazz como baterista del trío de Brad Mehldau, no tenía mucho más que contar con ella. Y pasó a otra cosa. “Ya está bien”, expresó en voz alta.

En el que fue el primero de los cuatro conciertos del “Retrat d'Artista” en el Festival de Jazz de Barcelona, a Jordi Rossy se le dispuso sobre el escenario el arsenal de instrumentos con los que en uno u otro momento ha coqueteado en su carrera. Al piano recordó, por ejemplo, a su hermana Mercedes. Desde la marimba reflexionó sobre la “extinción masiva” de la humanidad. Con el vibráfono puso melodía al teléfono de una mujer cuyo número había memorizado con notas tras un primer encuentro. Le sirvió, según compartió, para que ella aceptara una segunda cita.

Salió con un “mapa” para recorrer el escenario, para no desorientarse, en una primera parte inédita de Rossy a solas. Lo recorrió y se fue explicando entre breves apuntes de música desnuda, reflexionando en voz alta sobre cómo el sonido nos afecta pero cómo, a su vez, las palabras, los títulos, el relato, son necesarios para hacer llegar el mensaje de un lenguaje de comunicación tan abstracto como es la música.

Fue una presentación de desconcertante belleza fragmentaria, de trazos y pinceladas a veces inacabadas, de un Jordi Rossy íntimo y vulnerable. “A ver qué sale”, dijo en varias ocasiones, como si se hubiera encontrado esos instrumentos a su disposición sin previo aviso. Como si quisiera advertirnos que, por muchas décadas de carrera que atesore, cada vez sobre el escenario es la primera. Una incógnita. Cada día, volver a empezar.

Tras los solos, los dúos. Primero junto a uno de sus hijos, el trompetista Felix Rossy. Después, con el saxofonista Bill McHenry, al que enmarcó rítmicamente desde la batería en uno de los momentos más vibrantes de la noche. La irrupción del estadounidense fue como un chispazo de corriente eléctrica antes de que saliera a escena un conjunto de alumnos del Conservatori del Liceu para, junto a Rossy y McHenry, conformar un octeto, con el primero al vibráfono y con la voz de Sara Lilu comandando con un timbre en el registro medio que apunta una prometedora personalidad.

Durante el primero de los solos de una alumna, la saxofonista Alba Esteban, Jordi Rossy se sentó en el suelo a escuchar. Conforme acababa, ya de pie, se inclinó hacia la solista, cuyo sonido se iba apagando, como si le alentara a perder su timidez. Gesto de profesor para completar el retrato de artista.

Carlos Pérez Cruz (Texto y foto)

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