Club de Jazz 8/08/2022
Un soplo de aire

Conciertos

Marc Ducret Trio
Auditorio Municipal do Concello de Vigo (13º Festival de Jazz de Vigo 'Imaxinasons') || 2 de julio de 2017
Músicos: Marc Ducret (guitarra), Eric Echampard (batería), Bruno Chevillon (contrabajo)

Marc Ducret Trio

Los Pirineos han sido siempre algo más que una cadena montañosa. Los Pirineos, por los que muchos ciudadanos huyeron del horror fascista, son la trinchera en la que España se parapeta contra los riesgos de la civilización cultural. En su día pudimos ser franceses, pero desde que se les dio la patada en el culo, les hacemos tanto caso como a los vecinos portugueses: ninguno. Alguien debió de bajar la guardia para que a Vigo llegara el trío de Marc Ducret... 21 años después de que lo parieran.

Asegura el dicho que nunca es tarde..., y la dicha fue gloriosa en Vigo, donde aterrizaron para chutarle una formidable dosis de belleza, creatividad y energía como yo no había escuchado en tiempo. Si me apuran, y nos atenemos al foco europeo del festival, a su apuesta por "las posibilidades sonoras del jazz en este siglo XXI", 'Imaxinasons' se abrió a la tercera. Aunque el trío de Ducret no ha inventado el fuego, su identidad no viene definida por tributo ni nostalgia alguna, sino que es hija del momento, de la (re)invención permanente, del aquí y el ahora. Como subrayó el guitarrista, los discos están muy bien, pero la música es el sonido compartido con el público, tierra que ellos abonaron y regaron para apaciguar por una larga temporada a los sedientos.

Marc Ducret

El fuego prendió al primer golpe de música. El arco de Bruno Chevillon y la guitarra de Marc Ducret alarmaban de forma obstinada, mientras Eric Echampard ametrallaba con las baquetas. Hubo quien dio un respingo en el asiento con la inflamación espontánea del oxígeno. Fue un aviso, un latigazo para abrir los poros sensoriales del respetable. Tensión, intensidad y contraste, mucho contraste en el relato musical que plantea el trío de Ducret, magistral en la exploración tímbrica y, sobre todo, en el juego a placer con el tempo y el espacio. Si el punto de partida parecía el anuncio de riesgo de abrasión, nada más alejado de lo que resultó ser un apasionante guión con un perfecto equilibrio narrativo. Cada abrupto giro de la trama, ejecutado con la suavidad del terciopelo, mantenía en alerta por imprevisibilidad, y de la música emanaba una energía revitalizante sostenida por la perfecta y vertiginosa sincronía que dan 21 años de cotidianidad.

Ducret, colaborador de varias de las formaciones del saxofonista Tim Berne, tiene en común con el estadounidense la angulosidad de su lenguaje, líneas intrincadas de extraña melodiosidad sustentadas por la precisa computadora de tempos de baterista y contrabajista, que le ofrecen una base de complejos ciclos rítmicos sobre los que cimenta un discurso de largos solos construidos sin apabullar, con la maestría de quien valora el silencio como parte del sonido, con el ingenio de quien encuentra en su instrumento tímbricas insospechadas, con momentos de una belleza estremecedora y una expresividad que, si bien remite al terreno del rock, tiene una densidad armónica y rítmica mucho más compleja. Dicho de otra forma, un concierto de jazz que se exterioriza con la cabeza de un heavy. En el día después, agujetas de emoción.

Texto: Carlos Pérez Cruz
Fotografías: Janite (Imaxinasons)

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