Club de Jazz 21/05/2019
Amirtha Kidambi

Artículos, entrevistas, opinión...

Ecosistema
por Carlos Pérez Cruz

Ecosistema

Me citó en Twitter para compartir conmigo la que consideraba “una gran noticia para el jazz y para los currantes de esta música”. Enlazaba a una nota de EFE con las valoraciones eufóricas de la entonces recién finalizada edición del Festival de Jazz de San Sebastián. La edición había sido un “éxito rotundo” con un “excelente nivel artístico” y “124.000 espectadores”.

No tengo nada contra las ruedas de prensa (auto)laudatorias de organizadores de eventos, sí contra su reflejo acrítico en medios de comunicación. El periodismo declarativo ocupa horas de radio, televisión, prensa e internet, reflejo del estado de la situación de una profesión que en muchos ámbitos carece de personal para contrastar la veracidad de lo dicho y se entretiene en parlamentos con menos sustancia que una sopa de ajo de la posguerra. En el ámbito de la información cultural, el problema es todavía más grave. Se va si se puede y rara vez son especialistas, y cuando lo son en cultura (así, en genérico) lo mismo toca teatro que John Zorn o la Pantoja. Así los espacios destinados a la cultura suelen ser reductos copados por quienes tienen los posibles para una promoción. Marcan la agenda.

¿Son buenas noticias para el jazz las cifras exorbitantes de San Sebastián? Ni buenas, ni malas. Indiferentes. Lo son para el sector turístico y hostelero donostiarra, también para la organización –que siempre necesitará grandes números que seduzcan los patrocinios-, obviamente para los representantes y músicos que puedan hacer caja, pero el efecto que tienen sobre el jazz y sus profesionales, sobre el desarrollo de una afición, su crecimiento cuantitativo y cualitativo, es más anecdótico que sustantivo, sea el festival el de San Sebastián, Vitoria, Vigo o San Javier.

No volveré sobre la cuestión recurrente –pero no por ello menos sangrante- de la generosidad con la que los festivales de jazz amparan y hacen caja con músicos y proyectos que no son de jazz ni aunque los swingueen. Se da por buena la razón de recaudación y atracción de espectadores pero, oiga, haga usted un festival a la medida de lo que el jazz atrae. Más allá de este absurdo institucionalizado, está la cuestión de qué se programa y cómo, de cuáles son los criterios tanto del organizador como del espectador, de la representatividad de los músicos y proyectos en cartel, de su diversidad y contemporaneidad, del impacto cultural del festival en su comunidad durante el resto del año, de si son motor o no de una afición creciente y bien formada, de si ofrecen empleo a los músicos del país en igualdad de condiciones, etcétera. Epígrafes que ofrecen una vara de medir bien diferente del cansino recurso a los números como narcótico estadístico de nuestro tiempo.

Parto de los festivales porque a uno de ellos se refería la nota en la que se me citaba en Twitter, pero tengo para mí que lo verdaderamente relevante para el jazz en este país está en otros ámbitos, en el ecosistema cultural que lo acoge. Necesitamos músicos y diversidad en las propuestas, pero también espacios en los que puedan mostrarlas con dignidad, circuitos que excedan lo local y regional. Necesitamos medios que las difundan con criterio. La atomización de fuentes de información y la precariedad absoluta de las teóricamente profesionales no es una buena noticia para el jazz, territorio en el que llueven los expertos que lo son por afinidad a esta música, no por conocimiento. Con ellos se gestan las tormentas en un vaso de agua –dimensión exacta del jazz en España-, se elevan a categoría de imprescindibles registros primerizos y se otorga brillo mundial a luminarias locales. Necesitamos una radio pública que difunda con conciencia y conocimiento de la compleja realidad del jazz, varios programas. No es razonable que una de las corrientes musicales más relevantes del último siglo y con más singularidades se resuelva con parches de voluntarismo.

Necesitamos programadores conscientes, gestores culturales formados o que sepan dónde y en quién delegar –parte de su formación-, criterios fundamentados que incidan en ciclos estables, cuya permanencia sea el poso de un crecimiento razonable y realista del público. Necesitamos público preparado, cuya exigencia ayude a romper la insoportable inercia de nuestra oferta jazzística. Necesitamos que clubes y locales que apuestan por el jazz sean vistos como santuarios de la cultura y se facilite y compense el riesgo de su apuesta. Necesitamos abrirnos a Europa, dejar que entren (escuchar, aprender, sorprenderse…) y entrar. Son básicas las ayudas públicas que impulsen la presencia de artistas del país en el resto de Europa con políticas que sepan dónde hay que estar y cómo hacerlo, no con ocurrencias para cubrir el expediente presupuestario.

Necesitamos una revolución en nuestro ecosistema cultural. Una revolución insólita: ¡que cada uno haga bien su trabajo!

Carlos Pérez Cruz


Nota:
publicada originalmente en la revista 'Cuadernos de Jazz'

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