Club de Jazz 8/08/2022
Un soplo de aire

Conciertos

El piano de Marianne
La Base de Poble Sec, Barcelona, 5 abril 2022
Músicos: Albert Cirera, Agustí Fernández, Ramon Prats, Clara Lai, Jordina Millà, Celeste Alías, Tom Chant, Alfonso Muñoz, Sónia Sànchez, Núria Andorrà, Marcel·lí Bayer, Iván González...

Marianne Brull


Con las teclas del piano todavía echando humo, Marianne se confesaba: “Creía que estaba soñando”. Lo creía ella y lo creímos todos, que durante tres horas vivimos en una burbuja espacio-temporal donde todo lo que pasaba -y mira que pasaron cosas- sucedía por amor. Por amor a Marianne Brull, por supuesto, que es tanto como decir que por amor al arte y por amor a lo (im)posible, al colectivo de preciosas individualidades, a la comunidad.

Por amor a lo más puro, a lo que no está contaminado por ningún interés que no sea el de alimentar con un poco de belleza (crítica) al mundo. Belleza servida la noche del 5 de abril de forma desinteresada para devolverle a una mujer bella tanto cariño, aprecio y empeño, aquello que no abunda en este mundo y que, ni qué decir tiene, es un bien escaso en el de las músicas improvisadas.

Marianne Brull

Tres horas de emociones y música, mucha música, cuya intensidad condensa la de los 87 años de vida que celebraba la musa de los improvisadores de Barcelona, la mujer a la que allá por finales de los 90 se le fundieron los plomos al descubrir un mundo en el que los músicos salían al escenario sin hoja de ruta ni partitura. Como no entendió nada, pero le fascinó todo, empezó a hacer preguntas. Y con aquellas preguntas empezó a caminar la senda de la improvisación libre hasta recoger anoche un gigante abrazo musical de la comunidad de improvisadores de Barcelona, de su comunidad.


Marianne Brull


“Esto es la rehostia”, decía sin creérselo cuando llegó como cada martes por la tarde al Ateneu Cooperatiu La Base de Poble Sec. Marianne organiza allí un concierto semanal en el que convoca músicos para crear formaciones habitualmente inéditas y, muchas veces, insólitas. Esta vez lo insólito fue un regalo para ella. “¿Y esto?”, acertó a decir al verlo mientras se tapaba la boca con las manos. Esto era un piano de cola ocupando majestuoso parte del espacio de lo que a diario es “un comedor popular”. Un sueño que Marianne creía imposible hecho realidad. Sin tiempo de hacerse a la idea, su primer (e inocente) lamento fue no haber invitado a ningún pianista.


Marianne Brull


Pero pianistas hubo, magníficos. De la maestría de Agustí Fernández al torbellino de Raimon Molà pasando por la escucha y sutileza de Clara Lai o el embrujo mágico de Jordina Millà. Esta última, debilidad confesa de Marianne Brull, se vino desde Alemania en un “arrebato” de último minuto porque, claro, Marianne es Marianne.


Marianne Brull


Solo por verlas mirarse entre sí hubiera merecido la pena la noche. Frente a frente, frente con frente, sin necesidad de decir mucho más, que para eso ya estaba el piano, que terminó siendo a cuatro manos con Agustí y Jordina en un divertimento incendiario.


Jordina Millà y Agustí Fernández


El instrumento, por cierto, llegó a La Base porque el saxofonista Albert Cirera se puso un día a fregar platos y mientras los frotaba se le ocurrió que, por qué no, entre todos se podía alquilar uno. “Una volada” como él mismo definió. Y la volada cogió vuelo en menos de lo que tarda él en incendiar su saxo para hacer posible el martes lo que no existía cuatro días antes. Marianne “tiene devoción por los pianistas”, explicaba Cirera en el mensaje que fue la mecha que prendió todo. Pero “en La Base no ha podido programar un piano... ¿Qué tal si por su aniversario le ponemos uno?”, preguntó. ¿Uno? Solo Marianne Brull puede concitar una respuesta tan inmediata y entusiasta. Se hubieran podido alquilar decenas.


Marianne Brull


“Esto es posible una vez en la vida, chico”, me dijo Marianne Brull. Y sí, tiene razón, difícil congregar tanto talento, arte y amor en una sola noche, que seguro que fue larga para Marianne, que asumía que lo de dormir, ya si eso, otro día. “No es que esté excitada”, aclaraba. “Estoy llena”. Y ya se sabe que, antes de dormir, mejor cena ligera. ¡Feliz cumpleaños, Marianne!

Textos y fotos: Carlos Pérez Cruz

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