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Sahar Vardi (Jerusalén, 1990) forma parte activa de algunos de los escasos movimientos civiles que en Israel se oponen a la ocupación de los territorios palestinos. Vardi se negó a hacer el servicio militar obligatorio, motivo por el que ha sido encarcelada en su país. Trabaja en el 'Comité israelí contra la demolición de casas', en el 'Movimiento de solidaridad Sheik Jarrah', es coordinadora de 'American friends service committee" y recientemente se ha integrado en 'New profile' (Movimiento para la civilización de la sociedad israelí). En esta página puedes escuchar (en inglés) y leer la transcripción de la conferencia que dio en la librería 'La Hormiga Atómica' de Iruñea - Pamplona el pasado 5 de diciembre de 2012 organizada por Alternativa antimilitarista - Iruñeko KEM-MOC.

 

CONFERENCIA:

Empezaré presentándome. Me llamo Sahar Vardi, tengo 22 años y soy de Jerusalén. Voy a intentar daros una pincelada de qué significa crecer en la sociedad israelí, de algunos de los factores que permiten que la sociedad israelí actúe de la forma en que lo hace en muchos casos - sé que la ocupación es algo que es relativamente bien conocido aquí; la gente habla sobre ello y sobre la situación de los palestinos -, y  un poco de qué se logra haciendo que  un crío de 18 años de Israel entre a formar parte de este sistema de ocupación.

Nací y crecí en Jerusalén. Se puede decir que hay tres ciudades dentro de Jerusalén. La parte palestina de la ciudad, la parte judía ultraortodoxa de la ciudad y está también la parte judía no ortodoxa, la parte secular de la ciudad. Tienen un sistema educativo diferente, prácticamente un sistema de transporte diferente, idiomas diferentes… así que lo que voy a contar está contado desde la perspectiva de alguien que ha crecido como judía israelí no ortodoxa.

Hay probablemente dos factores fundamentales en la forma en la que crecemos. Nos educan desde muy pequeños, por un lado, en el miedo y, por el otro, en la militarización. Os intentaré demostrar cómo se traslada eso a nuestra educación.

La idea del miedo está muy conectada no sólo a nuestra identidad israelí sino, sobre todo, a la identidad judía. Y eso, obviamente, tiene una base histórica muy fuerte. Posiblemente el mejor ejemplo de eso es el mes que celebramos entre abril y mayo, que comienza con la Pascua Judía y termina con el 'Día de la Independencia' de Israel. Comienza con la Pascua Judía, en la que celebramos el éxodo de Egipto. Nos reunimos en torno a la mesa, con comida, se canta y hay una canción que entonamos todos unidos que se podría traducir algo así como: en cada generación alguien intentó exterminarnos. La semana siguiente se celebra el día en memoria del Holocausto. La siguiente, el Memorial por los soldados y la mañana siguiente es el 'Día de la Independencia'. En muchos sentidos ese es el concepto: siempre ha habido alguien que ha tratado de asesinarnos - el Holocausto es, obviamente, un buen ejemplo de eso -, y por ello los soldados tienen que luchar y morir para que puedas tener un país. Y ahora tienes un Estado y el propósito de ese Estado es defenderte. Ese es el tipo de mentalidad en el que crecemos.

El otro aspecto que es verdaderamente crucial es el de la militarización. Sé que habéis tenido servicio militar obligatorio hasta hace doce o trece años. En Israel el servicio militar sigue siendo obligatorio, tanto para hombres como para mujeres. Son dos años para mujeres y tres para hombres, cuando cumples dieciocho años. Pero tienes que ir al ejército por más tiempo que ése. Desde mucho más jovencito. Si ves un jardín de infancia, se disfrazan de soldados, envían paquetes de ayuda a los soldados que están en el ejército. También tienes una interesante hoja de ejercicios para que los niños aprendan a contar. En el jardín de infancia. A un lado, los números del uno al diez y al otro, símbolos. Así que tienes tres recuadros que tienes que relacionar con el número tres. Los símbolos son aviones, tanques, el símbolo de la fuerza de defensa del ejército israelí. Y eso tan sólo para aprender a contar. Hay símbolos militares en todas partes, toda tu vida rodeado por ellos.

Después, cuando vas al instituto... En cada instituto hay un soldado responsable del grupo de ese año y les explica las diferentes unidades de la armada a las que pueden ir. En undécimo grado se va de excursión a una base militar durante una semana para recibir una especie de entrenamiento básico. Los instruyen, utilizan el uniforme, aprenden a cómo disparar. Se supone que es algo muy divertido y así logran motivarlos antes de que tengan que unirse a ellos.

Pero la educación está también en el ambiente. No sé cuántos de vosotros habéis estado en una ciudad israelí pero si camináis por las calles veréis todo el rato gente armada. Gente con pequeñas pistolas automáticas, M-16 en sus mochilas, incluso gente uniformada, porque un militar de dieciocho años regresa a casa para el fin de semana y lleva su arma consigo. El fin de semana sale a beber, a pasárselo bien con los amigos y muchos de ellos llevan las armas consigo. Así que es algo que te acostumbras a ver.

Hay símbolos militares como en un plaza en medio de Be'er Sheva, una ciudad israelí, en la que tienen en medio de ella un gran avión, uno de verdad como algo supuestamente decorativo. O en una ciudad de la frontera con Líbano en la que tienen a la entrada tres tanques. Creo que uno es azul, otro verde y otro amarillo, todo fantástico y precioso. Ese es el tipo de símbolos que ves a tu alrededor. Así que, de nuevo, al crecer en ese entorno la idea militar es algo muy natural para ti.

Mi generación creció en Jerusalén durante la Segunda Intifada, el segundo levantamiento palestino, hacia 2000. Nos dijeron que todo el mundo quería asesinarnos - eso ha sido siempre parte de nuestra identidad -,que nos intentaban matar en la calle. Todo eso encaja en ese elemento del miedo en el que fuimos educados desde muy pequeñitos.

Creo que para la mayoría de mis amigos estaba muy claro en ese escenario que cuando tuvieran la edad para ingresar en el ejército lo harían para ser parte de un sistema que intenta protegerlos, y que hasta entonces tratarían de vivir sus vidas de la forma más normal posible. Y muy pocos de ellos se preguntaron qué significaba eso para los palestinos. De acuerdo, todos conocemos la palabra ‘ocupación’ pero, ¿qué significa de hecho esa palabra? Es algo de lo que tenemos una idea muy pequeñita en nuestra parte occidental y secular de la ciudad, en la que rara vez teníamos interacción con los palestinos. Una tercera parte de la ciudad en la que vivo, casi un 40% hoy, son palestinos. Pero cuando estás creciendo no hay interacción alguna.

Cuando tuve doce o trece años, en medio de la Segunda Intifada, tuve una oportunidad excepcional de visitar un pueblo palestino dentro de Jerusalén, a quince minutos en coche de mi casa. Fue la primera vez en que tuve algún tipo de interacción. Era un pueblo relativamente próspero, muy bien educado. Toda la gente, incluida la gente de mi edad, hablaba algo de hebreo y de inglés, así que me pude comunicar con ellos a un nivel básico. Era un día de actividades y nos unimos a los palestinos plantando olivos, cambiamos las cañerías de agua del pueblo, pintando los muros de la escuela en la aldea vecina... y fue un buen día. En un momento determinado uno de los palestinos se detuvo y señaló algún lugar del valle y dijo que era el sitio en el que estaban planeando hacer la valla de separación.

No teníamos ni idea de a qué se refería. Se estaba empezando a planificar. Donde yo vivía, lo que me decían en casa y en los medios era que la idea era construir un muro entre los palestinos y los israelíes para evitar que los suicidas pudieran llegar aquí y para protegerme a mí, así en general.

Los siguientes años pude seguir visitando bastante ese pueblo y de esa manera tuve una especie de billete de primera clase para entender qué significaba para la vida de los palestinos la construcción del muro. Los olivos que habíamos plantado los habían arrancado y las tuberías que habíamos cambiado quedaron colgando sobre la valla durante cuatro o cinco años. Y el colegio que habíamos pintado quedaba al otro lado de la valla, así que los críos tenían que pasar todos los días por un checkpoint para llegar al colegio. Y esa era una realidad que yo no podía entender. Quiero decir… mi vida continuaba siendo básicamente la misma, como si fuera de hecho cualquier ciudad europea. Para mí la idea de la ocupación es también la de las historias horribles que escuchas sobre gran violencia aquí y allá pero, sobre todo, para mí es la de la vida cotidiana. Cuando, literalmente, te levantas cada mañana y tienes que pasar por un soldado y enseñar tu carnet de identidad para poder llegar al colegio.

Alrededor de esa época me uní a la protesta contra la valla. Estuvimos hablando antes de eso, de ciudades como Belén que tienen más medios de comunicación y que la conoce más gente, pero fundamentalmente todas eran parecidas. Íbamos a un pueblo palestino y tratábamos de caminar hacia el camino en el que se estaba construyendo la valla para tratar de llegar hasta las tierras palestinas que quedaban al otro lado de ese camino. Y los soldados empezaban rápidamente a disparar gas lacrimógeno y pelotas de goma… Para mí eso resultaba una situación muy extraña porque crecí sabiendo que los soldados estaban para defenderme, que ese era su propósito y que los palestinos eran, obviamente, mi enemigo. Y entonces llegas a esta protesta y los soldados te disparan y son los palestinos los que te dan cebollas para protegerte del gas lacrimógeno y se entra en una dinámica en la que no sabes quiénes somos nosotros, quiénes ellos y quién está contra quién. Eso no me cambió. No convirtió a los palestinos en los buenos y a los soldados en los malos porque… quiero decir… conozco a los soldados. Algunas veces he ido a manifestaciones en las que me he encontrado a amigos de mi hermano, gente que estudiaba en el mismo instituto que yo. Son gente con la que en la vida cotidiana puedo tener una muy buena relación y de alguna manera es muy duro demonizarlos. ¡Son críos! De alguna manera cambió toda la idea, las cosas dejaron de ser blancas o negras en general.

Cumplí los dieciocho años y se suponía que debía ingresar en el ejército junto al grupo de amigos que eran también activistas. Decidimos negarnos y decidimos hacer pública nuestra renuncia. Es importante decir que hoy el doce por ciento de la sociedad israelí abandona el ejército por enfermedad mental. Tendremos que concluir que no todos están completamente locos. La enfermedad mental es la forma más sencilla de salir del ejército, creo que es la manera más común en la mayoría de ejércitos del mundo. Pero nuestra decisión fue negarnos a entrar por razones políticas porque, de alguna manera, queríamos utilizar el escenario mediático, por el hecho de que íbamos a ir a prisión, para poder dirigirnos a la sociedad israelí y ponerles de alguna manera un espejo delante y decirles que hay jóvenes israelíes que prefieren entrar en la cárcel a tomar parte de la ocupación. Queremos que lo sepáis.

Yo pasé unos dos meses en una prisión militar y otros tres en detención. Fui liberada oficialmente por mi enfermedad mental, así que también estoy oficialmente loca. Parte de la cuestión es qué significa eso después de que abandonas el ejército. Porque el tiempo en prisión no fue algo tan malo. No es divertido pero no es la peor experiencia del mundo. Pero, qué significa en una sociedad tan militarizada no pasar por el ejército o no tener esa experiencia que todos tus amigos tienen. En esto soy un poco diferente porque la mayoría de la gente que no sirve en el ejército no es gente como yo. Yo elegí no servir en el ejército, hice una declaración política de ello, vengo de un lugar muy privilegiado que me permite hacer eso. El veinte por ciento de la sociedad israelí son ciudadanos palestinos de Israel que no entran en el ejército. También tienes un grupo grande de ortodoxos que tampoco, la gente que sale por cuestiones de enfermedad mental... Y tienes un pequeño gran grupo de gente que sale por cuestiones de enfermedad mental pero la razón por la que no sirven en el ejército es económica, porque un recluta obtiene unos 80 euros mensuales cuando no entra en combate y unos 160 cuando lo hay. Obviamente no puedes ayudar a mantener una familia con ese dinero. Si estás ayudando en los ingresos de una familia no puedes permitirte entrar en el ejército. Así que mucha gente sale del ejército por ese motivo. Estos son los grupos más grandes que no sirven en el ejército.

Esos grupos son… quiero decir… si miras los anuncios de trabajo en los periódicos, algo que verás en casi todos es que son para después del ejército. Es un requisito muy normal. Y eso significa que toda esa gente no puede optar a un trabajo que especifique que son para ‘después del ejército’. Es importante decir que es ilegal discriminar por el servicio militar al menos que sea algo relevante para el trabajo, como trabajos de seguridad y cosas así. Está bien, no es tan importante. Pero está ahí y lo trasladan poco a poco a otros trabajos. Ahora está el gran 'Movimiento de las tiendas', parecido a lo que había en España pero en Israel. Uno de los objetivos era logra una mayor construcción de viviendas del gobierno, de casas a precios asequibles, y el cincuenta por ciento de este plan de casas a precios asequibles es prioritario para gente que haya servido en el ejército.

Hay muchos proyectos de ley que aplicará el que será posiblemente el próximo gobierno. La gente que no sirva en el ejército no podrá estudiar medicina, derecho. Y la más extrema que está sobre la mesa es que no podrán ser elegidos para formar parte del gobierno. Así que, de nuevo, esto afecta a la gente que decide no ir al ejército pero está más destinada a discriminar a los palestinos. Se convierte en una forma legal de discriminar a los palestinos que viven en Israel.

La discriminación basada en lo militar no lo es sólo para los que no sirven en el ejército sino también afecta a lo que hiciste en el ejército. En ese sentido el mejor ejemplo de eso es el rol de la mujer en el ejército. Sí, el servicio militar es obligatorio también para las mujeres. Oficialmente es casi igualitario. Las mujeres pueden ser soldados de combate, pilotos, la mayoría de las posiciones están abiertas pero la pregunta es qué pasa de hecho dentro de un sistema que es, por definición, patriarcal. Cualquier ejército está basado en valores masculinos.

En 2002 el ejército hizo un informe que decía que el ochenta por ciento de las mujeres sufría acoso sexual durante el servicio militar. Hace unos pocos años distribuyeron una postal a los que  ingresaban en el ejército que era sólo de soldados masculinos. Esta postal, que recibían los soldados masculinos, tenía a un soldado sentado sobre un tanque con la pistola del tanque situada entre sus piernas y decía que hay muchas cosas muy duras en el ejército. Así que si coges a un chico de dieciocho años y lo pones en un sistema en que eso está bien, es legítimo, y pones a la mujer en esa misma atmósfera, cuando sales del ejército tienes todo eso en la cabeza. Si estaba bien hablar de esa manera, hacer esa especie de bromas y también ese acoso en el servicio militar, lo trasladarán igualmente a la sociedad civil.

A un nivel más sencillo de comprobar, lo que es muy claro en el ejército es que la mayoría de los generales de mayor rango son hombres. Lo que sucede en el ejército es que puedes conseguir tu pensión cuando tienes 45 años, así que muchos generales se retiran e inmediatamente logran posiciones muy relevantes en la sociedad civil. Se convierten en jefes ejecutivos de compañías privadas, en directores de colegios y en políticos.

Desde el 67 sólo ha habido un ministro de defensa que no hubiera sido general. Irónicamente fue el que introdujo el sistema ‘cúpula de hierro’, el sistema de defensa del que Israel está ahora muy orgulloso. Es algo irónico pero así es todo el sistema. Quiero decir, todos los primeros ministros pasaron por el ejército aunque no fueran generales. Cuando permites que antiguos militares dirijan un Estado, cuando resuelven cualquier problema lo resuelven como soldados, lo resuelven mediante acciones militares porque es lo que ellos conocen. Cuando el personal militar necesita resolver un problema o alguien que haya crecido en lo militar… desde los 18 años hasta los 45, es todo lo que han hecho. Y entonces entran en la política y todo lo piensan en términos militares. En ese sentido las mujeres están de nuevo excluidas por este sistema.

Un aspecto más de la militarización del que creo que no se habla lo suficiente es qué significa tener una economía militar. Hoy, el 15% del presupuesto israelí se destina a gasto de defensa, es uno de los más elevados del mundo. Más aún, el 6,3% del PIB está destinado a gastos militares, lo cual es más de lo que gasta China, India, Estados Unidos o la mayoría de los países que tenemos por muy militarizados. Y eso nos devuelve de nuevo a la ocupación porque eso hace de la economía militar algo muy lucrativo. La mayor exportación israelí hoy son las armas. Para poder exportar armas de forma tan eficiente – no hay un sólo país en el mundo que no le compre armas de alguna forma –, Israel tiene que probar que funcionan. Así que cuando Estados Unidos quiere construir la valla entre ellos y México para prevenir la inmigración, cogen la tecnología de la valla que está comprobado que funciona en Cisjordania. Cuando Francia quiere comprar nuevos drones para enviar a Afganistán, compra los que Israel probó que funcionaron en los ataques a Gaza de 2009. Y aquí es donde puedo dirigirme a vosotros, porque esta economía militar es algo verdaderamente global. La ocupación es únicamente sostenible gracias a todos estos gobiernos que siguen diciendo que están contra ella y a la vez la están subvencionando y comprando sus productos. A ese nivel, hay que trasladar el rechazo a un contexto más amplio. Creo que la idea es decir: tengo una serie de estándares morales que me impiden ser cómplice con cosas en las que no creo y que veo inmorales. En ese sentido lo que también puedo hacer aquí es pediros que aquí hagáis lo mismo. Tener unos estándares que me permitan decir: no seré cómplice con mi dinero, con el dinero de mi gobierno, en cosas que considero inmorales.

PREGUNTAS:

Carlos Pérez Cruz: Respecto a lo que ha comentado de los 80 euros que recibe un soldado en tiempos de paz y los 160 en tiempos de guerra, ¿se refiere a los años de servicio militar? ¿A los movilizados como reservistas?


Me refería al servicio militar. Los que tienen dieciocho años, eso es lo que ganan. Si haces carrera en el ejército, logras un mayor salario.

Público: En estos días hay muchos grupos musicales y teatrales israelíes que vienen para dar sus espectáculos y se les recibe con algunas manifestaciones a las puertas de los teatros. ¿Cómo te sientes al respecto?

El movimiento global de boicot que incluye a la cultura… Creo que es importante definir qué es susceptible de ser boicoteado y qué no. No por el hecho de que algo sea israelí lo convierte en algo que haya que boicotear, según la petición de los palestinos. La idea es impedir que Israel utilice el hecho de que su cultura sea muy occidental, de que sus valores intrínsecos sean muy occidentales, para que os resulte mucho más fácil a vosotros apoyar a Israel. La idea es impedir eso y decir no. Si algo viene aquí para mostrar a Israel como algo hermoso, si el Ministerio de Asuntos Exteriores está promocionando algo para enmarcarlo de esa manera, si el propósito es lo que llamamos un lavado de imagen, entonces tenéis que boicotearlo. La idea no es boicotear a la gente sino boicotear una idea.

Público: Ha mencionado antes el ‘Movimiento de las tiendas’. Si no entiendo mal, el tema de la ocupación no se tocó. ¿Es cierto?

Había grupos radicales dentro de él que hablaban de todo pero la mayoría del ‘Movimiento de las tiendas’ decía que no querían ser un movimiento político. Lo que es ciertamente absurdo: que un movimiento político diga eso. La línea estaba delimitada: no queremos hablar de la ocupación porque no queremos elegir un lado, no queremos que la gente nos abandone por eso. Obviamente había voces, como las nuestras, que tratábamos de decir que todo estaba relacionado. La protesta en Israel estaba mucho más relacionada con lograr viviendas a precios asequibles. En los últimos veinte años no ha habido construcciones del gobierno dentro de Israel, todas han sido en los asentamientos. Hay una total conexión entre… Es una de las prioridades presupuestarias, el mayor presupuesto dentro del Ministerio de Defensa, así que obviamente tiene un efecto en la economía israelí. Pero eso es algo sobre lo que la gente tiene mucho miedo de hablar, es una especie de tabú.

Público: La idea que transmiten los medios de comunicación sobre el conflicto es la de dos sociedades muy polarizadas, en las que no hay autocrítica ni contestación interna. Me gustaría saber cuál es el grado de polarización real de las dos sociedades.

La hay, pero no es algo en lo que esté interesado ningún medio, no hay ningún gran medio que quiera tirar del hilo en ese sentido. No puedo decir que sea muy grande el movimiento dentro de Israel contra la ocupación. No sólo de palabra sino también de forma activa, es muy pequeño. Puedo opinar menos de los palestinos pero, dentro de la sociedad palestina, el movimiento que habla de no violencia y de trabajar junto con los israelíes para acabar con la ocupación, tampoco es grande. Pero está creciendo mucho, especialmente en el lado palestino… Pero bueno, lo estamos intentando.

Quizá sea interesante decir respecto a los críticos dentro de la sociedad palestina – puedo hablar más de Cisjordania, porque Gaza está mucho más aislada – que hay un movimiento juvenil muy fuerte contrario a la Autoridad Palestina. La reacción de la Autoridad Palestina no es menos violenta que la israelí. Arrestan a lo loco, golpean… bueno, también hemos oído que en Madrid utilizan pelotas de goma contra los manifestantes. Quiero decir que la Autoridad Palestina actúa como cualquier otro Estado cuando su juventud trata de levantarse de forma crítica. Así que quizá merezcan ser un Estado, han probado que pueden hacerlo.

Público: Supongo que dentro de la ciudadanía israelí la parte pobre será parte de ese 40% de origen palestino pero imagino que también habrá gente israelita, gente judía que sea pobre, ¿no? ¿Eso genera lazos en organizaciones tipo sindicatos? Por otro lado, me gustaría saber si la crisis económica, que seguro que está afectando, genera algo también de ese estilo: movimientos de solidaridad, de compartir un problema común entre capas que imagino que son cada vez más amplias.

Sí, hay partes marginadas de la sociedad israelí que no sólo son los palestinos, la mayoría son grupos de inmigrantes: judíos etíopes, judíos rusos y los que se llaman los judíos mizrahi, que son los judíos de países árabes. Ellos son tradicionalmente los pobres de la sociedad. Pero son tradicionalmente también gente muy derechista. Hay unas pocas iniciativas inspiradoras: los dos últimos veranos el movimiento de protesta; en Jerusalén, una ‘Tienda de madres solteras’ que se suponía que tenían que vivir en viviendas de protección oficial y a las que el gobierno no se las daba. A través de los activistas que estaban trabajando con ellas fueron mucho más conscientes también de otros temas. El mismo mes tuvo también lugar en Jerusalén el desfile del Día del Orgullo Gay que habitualmente no recibía demasiada atención y que logró tenerla por primera vez. Organizaron conjuntamente con los palestinos de Jerusalén Este manifestaciones contra la violencia policial, porque ambos grupos sufrían mucha violencia de la policía. También a través de los activistas solidarios que estuvieron trabajando con todos estos diferentes grupos han comenzado a pasar cosas.

Los sindicatos en Israel están muy involucrados con el movimiento sionista desde hace mucho tiempo. En ese sentido son parte del establishment. En los últimos cinco, diez años, hay un movimiento creciente de sindicatos de base. Uno de ellos está muy focalizado en tener tanto sindicatos palestinos dentro de Israel como para los judíos de clase más baja, pero es algo muy pequeño de momento, el crecimiento es muy lento.

Carlos Pérez Cruz: Ya sabemos que está loca, ya lo ha dicho ella. ¿Cuáles son las dificultades específicas que tiene una persona como ella en su país, que se ha manifestado y actuado contra lo establecido? Por otro lado, ¿cómo son compatibles los conceptos Estado democrático y Estado judío? Porque mucho se acusa a los países árabes de islamismo radical y sin embargo Israel no deja de ser un Estado fanático religioso.

No sé cómo es vivir estando loca… Es mucho más divertido (risas). De nuevo, la idea social de que todo el mundo va al ejército significa que cada vez que tienes una conversación con alguien y llegas al punto de qué ha hecho en el ejército, se convierte en una charla política muy tensa. Eso es algo que sucede a diario. Para ser honesta, personalmente no ha afectado a mi vida mucho más que eso y lo veo como una oportunidad porque cada vez que alguien me pregunta en la calle y empezamos a hablar, es una oportunidad de llevarlo hacia el terreno de una discusión política en la que puedo hablar de la ocupación. Así que también tiene ventajas (risas).

Carlos Pérez Cruz: Sólo un inciso. ¿Sufrió algún tipo de represalia por esa condición en su país? Por parte del gobierno, oportunidades de trabajo…

No demasiadas. Apenas afecta a oportunidades de trabajo. De nuevo, no podemos trabajar en trabajos de seguridad, podemos tener problemas para tener una tarjeta sanitaria sobre todo porque, ya sabes, estamos completamente locos… Pero, por otro lado, el ejército no tiene permiso para decirle a nadie el motivo por el qué salí de la cárcel. Dicen que salí por razones médicas.

Sobre lo de judío y democrático. No tengo aquí mi carnet de identidad pero el Ministerio del Interior tiene tres clasificaciones. La primera es tu pasaporte, tu ciudadanía, que es israelí. La segunda es la nacionalidad, que no es israelí. Es judía o árabe o drusa, que son los grupos principales. El tercero es la religión. Y de nuevo, la religión puede ser judía, cristiana, musulmana, budista… la que sea. En lo que concierne al gobierno de Israel estas son cosas separadas. Así que cuando preguntas por otros Estados musulmanes, Israel no se ve igual que ellos porque lo que ellos ven como judaísmo es la nacionalidad y no la religión. Así que en lo que se refiere a la división que hace Israel, el Estado no es un Estado religioso, es un Estado Nacional Judío. El movimiento sionista se creó de esa forma, era un movimiento muy secular. Hoy Israel se está convirtiendo en algo mucho más religioso pero comenzó como algo muy secular; desde el nacionalismo europeo de finales del siglo XIX esa era la idea. Todavía hay una diferencia porque si… si tú vives en Francia durante tres, cuatro o cinco generaciones, te conviertes en francés. Si vives en Israel y eres palestino y vivías allí incluso antes de que se creara el Estado, sigues siendo un palestino, nunca serás parte de esa Nación. Así que a ese nivel, sí, la cuestión de la democracia y del Estado Nacional que está basado en la etnicidad más que basada en la ciudadanía es obviamente algo muy problemático y no pueden funcionar juntos.

Público: Ha comentado que ha estado detenida. Cuando hacíamos aquí insumisión, ya había objetores israelíes en la cárcel. ¿Cómo es la vida dentro de la cárcel? ¿Es cárcel militar? ¿Tiene muchas restricciones? ¿Ha cambiado a lo largo del tiempo?

La prisión en sí misma no es algo tan malo. Es un sistema militar, lo que significa que todos los que están en prisión son soldados que trapichean con droga, tocan las pelotas a sus oficiales, así que no es un ambiente terrible. Había una chica a la que su oficial le había tocado las narices así que ella hizo trizas todos sus documentos secretos y esa era la razón por la que estaba en prisión. Así que a veces es incluso divertido.  Pero la ley israelí no dice nada respecto a la insumisión al servicio militar. No existe. Somos soldados. Somos técnicamente soldados que han rechazado una orden. Y eso significa que somos sentenciados normalmente por entre una semana y un mes; después del tiempo en prisión eres liberado y te devuelven a una base militar por lo que tenemos que hacerlo de nuevo. Así que lo más duro es que no tienes ni idea de cuánto tiempo vas a permanecer en prisión. Cada vez que sales de prisión tienes muchas opciones de volver a entrar. Esa es la parte más dura. Hoy dos chicos están en prisión, para ambos es la segunda vez, y no tienen ni idea de si será la última vez o habrá más y esa es la parte más dura, una especie de mecanismo psicológico en el que simplemente no lo sabes.

Público: Es difícil hacerse una idea aquí de cómo está en Israel el movimiento anti-guerra, anti-ocupación… De vez en cuando oímos hablar de los anarquistas contra el muro, o la gente del Centro de Información Alternativa… Sabemos que a lo largo de la historia el movimiento ha tenido momentos fuertes pero desde aquí da la sensación de que el movimiento está ahora débil. ¿Cómo está el movimiento? Y, en el último ataque israelí (en Gaza), ¿ha habido algún tipo de movimiento de la sociedad israelí, árabes o judío que se hayan manifestado en contra?

En general, el movimiento antimilitarista no es muy grande. Hay dos o tres organizaciones que se dedican en concreto a eso. Pero el trabajo que hay que hacer es mucho mayor que lo que son ellos. Os doy el ejemplo de una organización que se llama ‘New Profile’, de la que formo parte.

Para conectarlo con lo que has preguntado sobre Gaza, esta organización ayuda a la gente a salir del ejército por cualquier razón. Así que los ayudamos tanto si es por cuestiones de enfermedad mental o porque van a ir a prisión o por lo que sea. Y logramos sacar a más o menos dos mil personas cada año del ejército. Eso también significa que ahora, durante el ataque a Gaza, cuando se llamó a los reservistas tuvimos a decenas de personas que vinieron a nosotros para preguntarnos cómo podían librarse. Así que no es una organización de la que escuches hablar pero en la práctica hay un movimiento que existe y que existe detrás de los focos. Probablemente la mejor prueba de que logra cosas es que en el último gobierno, y probablemente el próximo, ha existido algo llamado la ‘ley anti-ONG’. Lo que dice esta ley es que no permitirá la financiación de organizaciones que apoyen el terror contra Israel, que estén contra o que quieran la eliminación de Israel, que apoyen la insumisión y que apoyen el movimiento de boicot. Esas son las cuatro cosas verdaderamente escalofriantes para el gobierno de Israel. Se menciona siempre a ‘New Profile’ como un ejemplo de organización. Creo que la mayoría de los israelíes ni siquiera sabía qué era ‘New Profile’ hasta que el gobierno la puso de ejemplo de una de las cuatro peores cosas que puedes hacer.

Público: El movimiento de insumisión fue aquí un movimiento masculino, porque eran ellos los que tenían que ir al servicio militar. Me gustaría saber si dentro del movimiento de insumisión en Israel el porcentaje de mujeres es alto.

Antes de 2004 había muy pocas mujeres que se manifestaran públicamente como insumisas porque era mucho más fácil para las mujeres abandonar el ejército. En 2004, debido a una decisión de la Corte Suprema, se convirtió en algo igualitario en su dureza, tanto para hombres como para mujeres. El movimiento de insumisión desde entonces se está feminizando. Entre 2001 y 2003 había hombres insumisos en prisión y las mujeres de los insumisos se organizaron al respecto. Casi tenían la misma dinámica que en una guerra. Las mujeres en casa preparándolo todo y los hombres fuera, en el frente de la protesta. Así que cuantas más mujeres comenzaron a hacerse insumisas más se ha convertido en una realidad de la que se habla. Hace diez años la mayoría de los eslóganes eran algo así como “los insumisos son héroes” y hoy la gente no utiliza ese lenguaje… es una democratización también del lenguaje de protesta, lo que para mí es muy interesante, ver que se ha logrado de alguna manera con la feminización. Muchas veces la democratización y la feminización van de la mano, lo cual es bueno.

Público: Hoy en día, ¿qué proporción de insumisas y de insumisos hay en el movimiento?

En mi año, en 2008, fuimos diez los que fuimos a prisión: siete mujeres, tres hombres.

Público: Ha dicho que la sociedad israelí es cada día más religiosa y que debido al anuncio de las acciones que se emprenderán contra las ONG, fue más conocida su organización. ¿Cómo ve el futuro próximo? ¿Habrá un crecimiento del movimiento o, por el contrario, se va a restringir más?

No lo sé. Hay un dicho que dice que un pesimista es el que piensa que las cosas pueden empeorar y un optimista es una persona que cree que, ¡sí, pueden empeorar! Así que creo que ese es el punto en el que nos encontramos. Pienso que una de las ventajas de que las cosas vayan realmente a peor en Israel, que haya más del ala derechista, es que la gente que hasta ahora quizá piensa que es de izquierdas pero que no es muy activa, despierte y encuentre fuerzas para reaccionar de alguna manera. Incluso en las protestas por la justicia social que se definen como no políticas… la policía trajo un enorme vehículo del ejército que tenía toda la tecnología militar para combatir las manifestaciones. Y el hecho que, de pronto, la usaran contra ellos les obligó a decir: de acuerdo, hay algo en esto que está mal. ¿Qué es esto? ¿Qué pasa cuando las usas en una manifestación? De alguna manera puede que esta especie de presión desmesurada del gobierno levante a todos y no sólo por cuestiones religiosas, y todo eso obligue a la gente a despertar y, con suerte, a tomar posición.

Carlos Pérez Cruz: El boicot cultural es importante desde aquí pero también es importante lo que la cultura hace allí (el cine, la música, la literatura…). El mundo de la cultura en Israel, ¿es autocrítico?

Sí, de hecho hay una cultura muy crítica. Pienso que el cine es probablemente el más claro al respecto. No sé cuántos de vosotros habéis visto documentales producidos en Israel que son muy críticos. Y sorprendentemente muchos de ellos tienen financiación del gobierno. No son específicos para una película pero sí dan en general para hacer documentales. Las películas son muy críticas. Nuestro Ministro de Exteriores, Lieberman, que podría formar parte de nuevo del próximo gobierno, ha sugerido un contrato específico para directores de cine que deberían firmar un acuerdo de lealtad con el Estado. Y eso es porque sí, el cine es muy crítico. Así que hay bases para algo más grande.

Carlos Pérez Cruz: Pero, ¿hablamos de documentales underground que no se pueden ver en la televisión israelí, tampoco en los cines?

No. El último ejemplo es una película que pienso que todos deberíais ver titulado The law in these parts que es una película que explica cómo se creó el sistema legal de la ocupación. Es sorprendente. Es muy crítico y fundamentalmente dice que todo el sistema judicial israelí está construido de forma que justifique la ocupación. Esta película fue subvencionada parcialmente por el Estado. Se mostró en el Canal 8, que es el canal de las películas documentales y también en uno de los más importantes festivales de cine de Israel. Desde el Ministerio de Cultura, que es muy de derechas, dijeron que la película era terrible, así que es este tira y afloja todo el tiempo.

Público: Para alguien como tú que se mueve en estos ambientes, ¿cuál es la percepción de un movimiento como Hamas? Porque aquí hay gente que lo considera desde la legítima resistencia a quien ve más la opción religiosa. Hay un debate en la izquierda. También tu percepción sobre la Autoridad Nacional Palestina de la que aquí siempre se ha oído que existe una gran corrupción. ¿Qué percepción tenéis sobre esto las personas que os movéis en este tipo de movimientos alternativos?

Empecemos por Hamas. Pienso que hay que ser crítico también con las fuerzas de resistencia. Trabajo en una organización que también tiene oficina en Gaza. Esta organización trabaja con gente joven. Es la última organización a la que se le ha permitido trabajar con grupos de chicos y de chicas. A las mujeres no se les permite fumar en la calle. Incluso si es una organización de resistencia, me resulta obvio que sí, que hay que hacer crítica. ¿Qué haces con esa crítica? Esa es otra cuestión. Así que no creo que esa crítica signifique que la existencia de Hamas no es legítima. Creo que significa que a un nivel político, Israel debería entablar conversación con Hamas y no negarse a hacerlo por esas cosas, lo cual es muy hipócrita. Pero me preocupa más apoyar grupos que también hacen crítica. Por ejemplo, hubo hace tres o cuatro años una carta titulada: Juventud de gaza, levántate. Y este grupo surgió diciendo - y perdonad mi lenguaje pero esta es la primera frase en la carta -: Que le jodan a Hamas, que le jodan a Israel, que jodan a Naciones Unidas… Eso es lo que decían. Y después decían qué querían construir. Así que están todos estos grupos que también son críticos y con los que me resulta más fácil relacionarme y a los que doy mi apoyo.

Respecto a la Autoridad Palestina. La Autoridad Palestina, desde su creación pero sobre todo ahora que está claro que no hay proceso de paz, se ha convertido en una subcontrata de la ocupación israelí. Lo que significa que en el último 'Día de la Nakba', el quince de mayo, hubo grandes protestas por toda Cisjordania. En muy pocos sitios hubo enfrentamiento con las fuerzas israelíes y en casi todas partes fue con la policía palestina. Estaban defendiendo la  frontera de Israel, o algo así. Oficialmente el 35% del presupuesto palestino es para la policía; es superior al de Israel que ya es lo suficientemente alto. Y todo ese es dinero estadounidense, en ambos casos. Dónde ponen el dinero todos estos políticos tiene poco que ver con la población palestina y sí con los intereses de Estados Unidos o con los intereses de la industria armamentística. Esa es otra perspectiva más allá de la corrupción, que es muy obvia en la Autoridad Palestina. Casi ni siquiera tratan de ocultarla.

Fernando Mendiola: ¿Quieres contarnos algo sobre las iniciativas para detener la demolición de viviendas?

Trataré de dar la explicación breve. Fundamentalmente lo que pasa es que cada ciudad en el mundo, más o menos, tiene un plan de urbanismo. Dónde puedes construir y dónde no, hasta qué altura, todo este tipo de cosas. Tanto en Jerusalén Este como en lo que se denomina área C de Cisjordania, que es el 60% de Cisjordania, está bajo el control absoluto de la ley israelí, incluyendo la ley de administración, y carece de plan de urbanismo. Qué significa que no existan planes. Que no sólo no puedes construir sino que ni siquiera puedes solicitar un permiso de construcción, así que la gente construye ilegalmente porque literalmente no hay otra opción. Y entonces les llegan las órdenes de demolición.

Os puedo contar que esta semana han derribado una mezquita en un pueblo al sur de las montañas de Hebrón que se llama Umm-Fakra, creo que fue hace un par de días. En la misma zona hay nueve pueblos, pueblos enteros, que tienen órdenes de demolición, incluyendo un hospital. Un centro médico que, de hecho, está construido con dinero de cooperación española. Así que de algún modo se está actuando contra esto de muy diversas formas. La primera es ir a tratar de, literalmente, detener a los bulldozers. Nunca funciona. Pero creo que es muy importante porque, en primer lugar, le dice a la familia que no está sola en esto, que hay gente que la apoya, pero también para que las autoridades sepan que entre los judíos puede haber a quienes les molesta el modo en que lo están haciendo y que no van a callarse.

Las otras dos formas de actuación: parte es hacer el trabajo legal con abogados defensores que trabajan dentro del sistema israelí. Pero más que eso importa lo que hagáis vosotros, la presión internacional. En 2009 o 2010, Hillary Clinton estuvo en Israel y dijo que debían detener las demoliciones en Jerusalén Este y mientras permaneció en el país hubo demoliciones. Se lo tomó como algo personal y aparentemente abroncó a las personas adecuadas. Desde entonces hasta hoy, de las cien casas que se solían demoler al año, se pasó en Jerusalén a quizá un par de docenas, incluso no tantas. En el área C, en el resto de Cisjordania, sigue habiendo demoliciones en todo momento. De nuevo, en los últimos meses, tenemos la clínica médica construida con fondos de cooperación española, dos colegios con fondos del gobierno italiano, sistemas de agua, de Alemania. Todos estos países, por primera vez desde hace uno o dos años, están atentos de lo que construyeron. Cuando se reciben las órdenes de demolición, les previenen. Israel tiene mucho miedo a una crisis diplomática.

DECLARACIÓN FINAL

No quiero que os vayáis de aquí pensando que hay algo que está pasando en el Medio Este que es muy irritante. Pienso que es importante ver las conexiones y ver dónde podemos ser activos en diferentes cosas. En ese sentido, varias ideas. Cuestiones como la militarización y lo que eso nos hace como sociedad no son sólo relevantes en una sociedad militarizada. Lo es en
la mayoría de sociedades. Aquí también hay organizaciones que trabajan contra el militarismo y pienso que es importante hacer estos paralelismos y verlo como un problema global. La otra cara de esto es que, si volvemos de nuevo a la economía de la ocupación, es algo contra lo que se puede actuar de forma muy directa desde aquí. Hay un sitio web que se llama ‘Who profits?” que tiene un mapa con todas las organizaciones y corporaciones que sacan beneficio de la ocupación israelí. Así que os invito a que, si tenéis tiempo y queréis hacer algo para ver qué organizaciones son activas… No tienen un mapa vasco, tienen uno español así que debería ser lo suficientemente aproximado para ver qué corporaciones internacionales están implicadas aquí y allí y así poder afectar a vuestra decisión de dónde poner vuestro dinero o en qué dirección presionar a vuestro gobierno sobre dónde pone vuestro dinero. Estas son cosas que, al final, realmente tienen influencia sobre el terreno.

Traducción y transcripción:
Carlos Pérez Cruz

NOTA: Puedes copiar y difundir libremente este texto. Se agradece la cita y enlace al original. Más información y programas sobre los Territorios Ocupados de Palestina en el blog y podcast de Todos los caminos están cerrados.