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PERIODISMO DE LUJO
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Han
entrevistado a mi amiga Paloma. Dos veces en
tres días. ¿Por qué la han entrevistado?
Mi amiga Paloma estudió periodismo. Aunque ella
me corrige: “Yo no estudié periodismo, estudié
comunicación audiovisual”. (Lo siento Paloma,
para los antiguos como yo, la profesión, con sus
múltiples vertientes, es una). Paloma tiene un
amor: la radio. Después de su formación
académica, hizo el máster de Radio Nacional de
España. Conoció la radio por dentro, trabajó en
ella, se formó junto a los profesionales de la
casa e, incluso, una noche de verano, llegó a
presentar un programa. Yo lo escuché. Lo hizo
bien, muy bien. Le sobra desparpajo, ilusión,
preparación y, además, tiene curiosidad.
El máster terminó. De eso hace ya unos cuantos
meses. Paloma tiene el carnet de periodista,
hizo las prácticas de radio más codiciadas, pero
hoy no tiene dónde poner en práctica su
formación. Después de vivir en la nube, Paloma
tomó tierra, miró a su alrededor y escuchó el
eco de su pregunta: ¿hay alguien ahí? ¿ahí?
¿ahí? ¿ahí? Y sí, hubo respuesta. ¡Hombre, Tal!
¿Cómo estás? ¡Si también está Cual! ¡¡¿Qué tal,
Cual?!! Sí, encontró la compañía de sus iguales:
los jóvenes periodistas con título y sin oficio.
Periodistas en paro, un verdadero pleonasmo.
Durante los meses que ha estado en paro, Paloma
no se ha detenido. Ha seguido formándose.
Estudia inglés y participa en todo aquello en lo
que pueda echar una mano, aunque la suya quede
vacía. Además, preparó un proyecto radiofónico,
que incluso tenía un primer invitado de postín.
Lo presentó y les encantó. Pero el mundo está
lleno de encantos perdidos. El guión de la
primera entrevista de su primer programa tiene
un montón de preguntas, pero las preguntas
todavía no han encontrado respuesta. De momento,
están guardadas en el cajón de las ideas.
Ahora es Paloma la entrevistada. A ella, que
tantas tiene por hacer, le hacen las preguntas.
¿Cuáles? Lo desconozco. La verdad es que es una
entrevista que me interesa poquísimo. Apagaría
la radio con tal de no escucharla. Pero es que
Paloma, que necesita poder pagar sus gastos,
quiere trabajar y de lo suyo no hay.
And time
goes by… así que igual termina vendiendo
ropa rápida… perdón, comida barata… vamos, que
puede que termine trabajando para una de esas
franquicias que hacen fortuna aprovechando la
carencia de derechos laborales (¡estos sí que
están cada día más deslocalizados!).
Pero mientras espera noticias del
franquicida mundo laboral de camisetas
fritas y hamburguesas
fashion
made in
China (no me aclaro muy bien), mi amiga
Paloma ha encontrado una esperanza periodística
a la que agarrarse. ¡Hay una oferta laboral en
el gremio! ¡¡De redactor!! Sí, suena increíble
pero todavía hay trabajo. Cierran televisiones,
los periódicos quiebran, la radio adelgaza, las
revistas se despiden (menos las del corazón:
cada día hay más donde elegir)… pero Paloma ha
encontrado una oferta de trabajo. ¡LA oferta!,
añadiría. Así que ya se ha plantado un par de
veces en la redacción y ha llamado a la puerta
del jefe. Pero, ¿qué medio de comunicación está
hoy en disposición de ofrecer trabajo? ¿Hay
emprendedores – uso el término por no
contravenir las normas de política lingüística
en vigor – tan inconscientes como para invertir
en el periodismo y sus periodistas?
¡Sí, señor! ¡¡Los hay!! En un país deprimido, en
el que el número de parados se cuantifica en
millones y los porcentajes en dobles dígitos (y
lo que te rondaré, morena), cuando más sufre la
población el desfalco impune de la cosa pública,
cuando por lo tanto más falta hace el periodismo
de investigación y denuncia, cuando agoniza la
profesión, surge LA oferta. Ríanse ustedes del
periodismo dogmático y de los panfletos de
propaganda ultraliberal que sobreviven en los
quioscos y monopolizan frecuencias digitales. El
periodismo sigue vivo. ¡Vaya si vive! ¡¡De
lujo!! Y lo digo sin ironía alguna. Porque si
Paloma consigue esa plaza (¡LA plaza!)
consagrará todo su esfuerzo y dedicación a
escribir sobre cajas de cigarros (a ochenta
euros la caja, diez euros cada unidad o
cigarro), coches de marca personalizados,
champán
Dom Pérignon o sobre flotas de aviones para
quien quiera disponer de “su propia aerolínea” y
volar con ella a una isla de su propiedad (hoy en
venta en el Pacífico por el módico precio de
veinte millones de euros). Todos ellos, temas de
portada en la edición digital de este medio.
Bien pensado, ahí está el futuro. Mientras el grueso de
la población adelgaza en riqueza y derechos, la
élite económica engorda cada día su cuenta de
resultados. Hoy los millonarios lo son de veras,
tienen mucha pasta para gastar. Y no se la van a
gastar en un mundo más justo (sólo si desgrava,
claro). Echen cuentas: el avión propio para
llegar a la isla. La isla en sí. El coche
personalizado para conducir por ella. Los
cigarros (a euro la calada) para relajar la
conducción y el
Dom
Pérignon para celebrar la existencia. Que se
va el dinero, vamos. Así que ese sector de la
población necesita quien le haga el trabajo de
investigación, el estudio de mercado. Y ahí
espero que esté Paloma, redactando sobre el lujo
para que pueda presumir de su propio lujo: ser
periodista y ejercer de ello.
Carlos Pérez Cruz
(3 Febrero 2012)
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