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A
sus 51 años Kenny Werner es todo un histórico
viviente del piano. Durante cinco noches tuvimos
la oportunidad de disfrutar (¡y de qué manera!)
de su música en las medianoches del Festival de
Jazz de Vitoria-Gasteiz. Con él mantuvimos una
larga conversación acompañados de Guillermo
Bazzola (guitarrista y periodista) y Sergio
Cabanillas (periodista). Aquí tienes la
transcripción de una conversación que también
puedes escuchar en audio. Gracias Radio Jazz
Gasteiz - EITB por los medios puestos a nuestra
disposición.
Por
Carlos Pérez Cruz
(Traducción: Diego Sánchez Cascado) |
En
estos días hemos tenido la oportunidad de escuchar a tu
trío con Ari Hoenig y Johannes Weidenmueller Y las
conversaciones giraban en torno a la calidad del mismo.
Nos comentabas que vuestra música es una música para
escuchar. ¿Qué características tiene esa música?
En
primer lugar trato de no pensar en una música para trío
de piano porque en realidad no me gustan muchos tríos
de piano. No suelen ser buenas bandas. El pianista puede
ser muy bueno pero el contrabajista y el batería no están
implicados. Simplemente acompañan al pianista. Así que
aunque pueda admirar el virtuosismo del pianista no me
siento arrebatado por la banda. El siguiente nivel es
tener un grupo en el que todos puedan reaccionar a lo
que hacen los demás y realizar una contribución
personal. De esa manera yo reacciono ante sus ideas y
eso hace que yo toque de diferente manera. Y el nivel
siguiente es una banda que suena tan bien junta que
suena como una orquesta tocando ideas concretas. Yo creo
que este grupo ha alcanzado ese nivel. Y lo último sería,
que esto no quiere decir nada si no consigues llegar al
corazón de la gente para que pueda sentir tu música
aunque no sepan nada del jazz.
Quizá el trío
de piano, contrabajo y batería vive un momento en el
que, por influencia del mundo del pop, hay más de
solista y acompañantes que de interacción.
El problema con
el jazz hoy en día es que está tratando de imitar el
mundo del pop. Y eso es muy triste porque el jazz
representaba en el pasado la auténtica verdad. Esa es
la razón por la que el jazz es respetado y admirado en
todo el mundo. No es como el McDonald´s. La gente lo
odia pero es adicta a él. Estados Unidos es muy buena a
la hora de lograr que la gente se vuelva adicta a algo.
Pero el jazz es el único producto de calidad, aunque
quizá ya no tanto, su filosofía era la propia del ser
humano. Es realmente una música americana. No estás
tocando música española, no estás tocando música
cubana... estás tocando desde la mente de un
improvisador. Y éste puede usar y sintetizar las ideas
de todo el mundo en ese momento.
El
jazz me recuerda un lugar en Estados Unidos donde solía
haber grandes tribus indias, su tierra sagrada. Si ahora
vas allí sólo verás una tienda de tabaco, una
gasolinera y ¡un McDonald´s
No sé si
realmente este concepto actual de trío de solista más
acompañantes se puede trasladar al resto de la
historia. De cualquier manera, ¿qué tríos de esa
historia consideras verdaderos referentes?
Creo
que Bill Evans es el mejor ejemplo de trío con músicos
que tocan y crean junto. Art Tatum es el mejor ejemplo
de un trío en el que ni siquiera adviertes la presencia
de sus acompañantes. Es todo Art Tatum. Ambos han hecho
historia pero yo prefiero grandes bandas. Yo no quiero oír
a un individuo. Quiero que ese sonido venga a mí y que
me hipnotice. Yo cree mi banda para eso, para lograr
aquello que a mí me gusta escuchar.
Vivimos días de
un cierto revisionismo con ejemplos muy claros en
algunos de los conciertos que hemos vivido estos días
en el festival de Vitoria. El ejemplo de Marcus Miller y
su banda, donde el trompetista quería sonar a Miles.
Hay mil y un ejemplos. ¿Vive el jazz, fundamentalmente
norteamericano, un exceso revisionista?
No
es un exceso, es lo que está pasando. El problema es
este: el jazz se desarrollo por el deseo sincero del ser
humano humano de estar en contacto con su propia voz.
Cuando alguien lo hace, cuando está en contacto con su
voz, se pone en contacto con todo aquel que está a su
alrededor. Es como un rapero: cando un rapero encuentra
su verdadero mensaje cientos de personas dicen; “sí,
sí, eso es lo que yo siento”. En ese sentido, un
rapero, un poeta o un músico pueden hablar en nombre de
muchas otras almas. Eso lo vuelve algo importante, se
convierte en historia de la música. Pero la próxima
generación y generaciones posteriores no contactan con
su ser interior. Piensan que el mensaje es esos músicos
que contactaban con su interior. En otras palabras,
podemos pensar que un trompetista es bueno porque el
modo en que busca la verdad es tocar como Miles Davis.
Ese trompetista nunca tendrá el poder de Miles Davis.
Vuelvo a la idea de las tribus indias o africanos. El
poder está en estar en presencia de ellos, no tenerlos
en una fotografía. Y la mayor parte del jazz de hoy es
una fotografía. Y eso es muy bueno para los medios
porque los medios muestran fotografías. Pero todo esto
oscurece la verdad. Y por eso escuchas músicos estúpidos
e insignificantes en los medios.
Sin embargo imagino que
en una música con tanta historia como el jazz es difícil
abstraerse de todo el legado del pasado y hacer cosas
nuevas, tener una voz propia.
Eso
es lo crees si no te valoras a ti mismo como lo valoras
a Miles Davis. El gran secreto de Miles Davis o de
Thelonious Monk es que tenían el mayor respeto por sus
propias ideas. Puedes alcanzar ese respeto, ese amor a
través de la práctica. El mismo trabajo que el
sacerdote que lee la biblia una y otra vez. Practicas el
ritmo, la armonía y la melodía pero luego entregas
todo eso al espíritu que está en tu interior. Este es
el juego de la vida: alcanzar la maestría. Ocurre lo
mismo con las artes marciales, la pintura, en cualquier
cosa. Es la combinación de la práctica, para alcanzar
el nivel más alto de habilidad, con los más altos
niveles de inspiración.
Podemos hacer un viaje
cronológico por tu biografía. Háblanos de tus
primeros contactos con la música.
Mi
primer contacto con el jazz fue en la escuela
secundaria. Fue a través de un saxofonista amigo mío,
Sammy Marshall, que tocó brevemente en la banda de
Miles Davis. Vivíamos en el mismo bloque y me hizo
escuchar el “My Favorite Things” de John Coltrane. Y
entonces lo odié porque yo estaba en la música pop y
me pareció muy largo, todo el rato lo mismo... Mi
verdadero contacto con el jazz se produjo cuando fui a
la universidad. Ahí fue donde escuché jazz en serio.
Mi compañero de habitación era un saxo alto fanático
de Charlie Parker. Yo todavía no estaba realmente
enamorado del jazz pero era un improvisador y el jazz
era la manera más evolucionada de improvisación. Y
entonces alguien me puso una grabación de Miles Davis
que acababa de salir, In a Silent Way. Y entonces
ocurrió: quedé atrapado. Ese sigue siendo mi modelo de
grupo. Si escuchas esa grabación u otras de Miles no
sientes una sola persona, sientes la vibración que
viene de todo el grupo. De alguna manera eso es lo que
trato con mi trío.
Tu biografía es
realmente extensa. ¿Qué nos puedes destacar tu mismo
de ella?
Grabé
un disco cuando tenía once años. Una especie de disco
pop con piano. Se vendieron unas cinco copias. Mi primer
disco de verdad fue uno que me pidieron, con música de
Bix Beiderbecke, James P. Johnson, Duke Ellington y
George Gershwin. Música totalmente compuesta. Mi
siguiente grabación fue en el disco de Charles Mingus
“Something Like a Bird”. Después no sucedió nada
durante unos años. A principio de los ochenta fundé mi
trío que duró catorce años. En esa misma época,
también comencé a viajar a Europa y toqué durante
unos años con Archie Shepp. Después estuve en la
orquesta de Mel Lewis con la que toqué diez años.
También he tocado esporádicamente con gente como Dizzy
Gillespie o Stan Getz, una vez, Eddie Gómez, Ron Carter,
Tom Harrell... Y durante todo ese tiempo he seguido con
mi trío y componiendo. Durante ese tiempo he compuesto
para la Orquesta de la Radio Danesa, para la WDR, para
diferentes orquestas europeas y para la orquesta de Mel
Lewis. He ganado diversos premios de composición en América
y becas.
Una
de mis últimas pasiones es intentar escribir para
orquesta e incluso componer bandas sonoras. Me encantaría
hacerlo.
¿A qué películas
has puesto banda sonora?
Pequeños
documentales que posiblemente no hayas visto. Creo que
realmente antes de llegar al jazz estaba mucho más
interesado en las películas. Y si no hubiera estado
interesado en ello no habría llegado a Berklee. Pero
como todos mis amigos iban a ser músicos de jazz yo
también lo hice.
Ahora que mencionas
Berklee. Hay siempre una gran polémica en torno a la
calidad de su enseñanza, a su academicismo... ¿no
salen un tanto clonados los músicos?
Yo
estuve como compositor en residencia en Berklee hace
unos años, pero como hace tiempo que no estoy por allí
no tengo mucho que decirte al respecto. Pero estoy
seguro de que la educación es de buen nivel.
Recientemente tuvieron Joe Lovano. Joe Lovano dio clases
allí. La calidad de la enseñanza es buena en muchas
partes. Pero cuando yo empecé allí no sabían
exactamente cómo enseñar jazz. Es posible que exista
un modelo Berklee pero si miras a algunos de los músicos
que se han graduado allí suenan muy diferentes unos y
otros. Pat
Metheny estuvo allí pero también estuvo Joe Lovano y
tienen dos voces totalmente diferentes.
El
problema de Berklee y de otras muchas escuelas no es que
no sepan enseñar cómo tocar, realmente lo hacen. Para
mí hay dos problemas y ambos son grandes problemas: uno
es que las escuelas siguen un sistema de créditos y
tienen que cubrir ciertas materias. Eso permite que
gente que no tiene talento suficiente estén ahí y te
hacen perder el tiempo. Esas personas podrían llegar a
ser músicos o mejores músicos si tuvieran a alguien
que encontrase su ritmo de aprendizaje y les enseñaran
partiendo de ahí. Eso sucede con el 90% de la gente en
las escuelas. Lo que esta gente paga financia a los
pocos músicos que realmente tienen talento y que la
escuela quiere destacar.
El
otro gran problema es que puedes enseñar a la gente cómo
tocar pero no puedes enseñarles por qué tocar. Y el
resultado es que tienes gente que toca sus instrumentos
muy, muy bien pero nadie necesita escucharlos. No tocan
ese elemento espiritual, que es el que hace a la música
importante.
¿Es
un ejemplo Wynton Marsalis?
(Sonrisa)
Bueno, Wynton es un caso inhabitual. Tengo respeto por
lo que ha hecho. Al principio yo estaba resentido con lo
que hacía porque cuando apareció en escena echó por
tierra los aspectos místicos y creativos en los que yo
veneraba. Él daba más énfasis la tradición y la
historia. Y ahora empiezo a creer que fue el momento
oportuno en el que tuvo que suceder, una especia de ley
natural que se produjo para corregir la música. Siempre
se produce una corrección. El problema es que diez años
después de eso necesitan corregir de otra manera.
Tenemos todos esos robots del jazz por ahí. Tocan,
suenan y se visten de la misma manera. Eso necesita ser
corregido. Creo que se están corrigiendo ciertas cosas
en estos momentos. Incluso los músicos que vienen a las
“jam sessions” y ven lo que los músicos creativos
hacen, ahora están preparados para oírlo. Incluso
Wynton está preparado para oírlo, lo he podido
comprobar. Cuando Wynton estaba en su momento más
reaccionario yo veía que algún día él diría “No,
no, tienes que explorar más, ser más libre”, porque
la improvisación es como el universo, siempre está
expandiéndose. No puedes permanecer cerrado siempre. Así
que, a pesar de sus creencias iniciales, creo que Wynton
se está “expandiendo”.
Pero
tengo que decir algo. Yo soy mejor músico hoy y mejor
pianista gracias a Wynton Marsalis, porque él encontró
una gran debilidad en la música que se estaba haciendo
antes de que él llegara. La gente no practicaba lo
suficiente y no estaba enraizada en la tradición. La
gente hoy toca con un ritmo más marcado porque miran
hacia el origen de la música: el ritmo. Quizá en los
setenta yo era sólo un espíritu volando en el aire,
pero cuando Wynton extendió su movimiento me obligó a
tocar con los pies en la tierra. El resultado es que hoy
soy un músico más capaz. Esto es porque cada
movimiento corrige al anterior. Yo debo estar aquí por
ser una corrección de los movimientos más recientes
(risas). Eso espero.
El
jazz se ha caracterizado siempre por su evolución, por
su ruptura... eso supone en mucho casos el
distanciamiento con el público. A pesar de eso, ¿debe
ser así?
El
jazz empezó siendo la música pop de su época, la música
de baile, de prostíbulo y su desarrollo, como forma de
arte, se alejó de la gente. Eso pasa siempre. Puedes
decir que el jazz se separó de la gente a partir del be
bop. Cuando Charlie Parker o Dizzy Gillespie empezaron a
tocar esa música nadie les entendió. Incluso Louis
Armstrong dijo que esa música no tenía sentido.
Esta
música ha dejado de ser música de la calle de armonías
y melodías sencillas desde el
be bop. Pero la vanguardia fue mucho más allá.
Tienes que entender también que cada música está
influida por otras músicas. Los músicos de vanguardia
trataban de imitar lo que hacía el quinteto de Miles
Davis pero más rápido y, como no podían, lo llamaban
vanguardia. Se puede discutir que con John Cage, la música
aleatoria y el minimalismo -por cierto me gusta lo que
Keith Jarrett dice sobre el minimalismo. Dice que está
cansado del minimalismo al que se le agotan las ideas-.
Pero hay músicos de vanguardia que interesan a muy poca
gente pero que no buscan ganarse una audiencia. Tratan
de demostrar una filosofía. Si hacemos una analogía
podemos decir que son más científicos que gente que
busca a entretener.
Lo
que dices me confirma de alguna manera la creencia de
que en la vanguardia hay mucha mentira. Músicos que
esconden sus carencias melódicas con un lenguaje que en
el fondo poco o nada tiene que ver con la vanguardia.
Eso
sucedió mucho a finales de los setenta. Y eso provocó
un vacío que favoreció el ascenso de gente como Wynton
Marsalis. Vino y dijo de forma bastante acertada:
“Estos tíos no pueden tocar”.
Pero también dijo: “Miles no puede tocar”,
así que también puso a parir a músicos más
veteranos.
Sergio
Cabanillas: En esos dos extremos que planteabas
del trío de piano entre Art Tatum y Bill Evans hay un
gran olvidado que me gustaría colocaras en medio o uno
de esos extremos: Oscar Peterson Trío.
Yo
lo coloco muy cerca del trío de Art Tatum. Por supuesto
que Ray Brown hizo grandes contribuciones con Joe Pass o
con otros, pero la gente no lo advertía. Siempre es
Oscar Peterson. No hay nada malo en ello, sólo hablo de
mis gustos. Me interesa mucho más el grupo que suena
como un conjunto y no como un grupo de individuos.
Incluso en los discos: puedes escuchar los solos de un
tipo una y otra vez, esas notas, pero para mí, hay que
escuchar algo en conjunto. Yo soy una persona un tanto
psicodélica, quiero recibir un sentimiento místico.
Sergio
Cabanillas: Estos días has tenido la oportunidad de
tocar con algunos grandes músicos españoles (Perico
Sambeat, Marc Miralta). ¿Qué pensaba del jazz español
antes y ahora, después de haber tocado con ellos?
Creo
que no puedo hablar sobre el jazz español. Se solía
pensar que los músicos de jazz europeos no tenían
swing y que no podía tocar como los americanos. Pero
eso ya no es así.
Los dos músicos que has mencionado tocan como
los mejores que yo haya podido escuchar , y
me lo he pasado muy bien tocando con ellos. Pero
no pienso en el hecho de que sean españoles. No me
gustan ese tipo de ideas nacionalistas sobre la música.
La música está por encima de las naciones y cuando
miro al músico no pienso “es español”. Pienso “¿eres
creativo o no?”. Eso es todo lo que quiero saber.
También si puede “swinguear”, tocar, si está bien
preparado. Las dos preguntas. ¿Eres creativo, tienes
corazón, tienes alma, tienes motivación y estás bien
preparado? Esas son las dos preguntas.
Guillermo
Bazzola: Más que una pregunta lo que quiero es
transmitir algo que me ha llamado la atención. El
absoluto respeto y cariño que le profesan todos los
músicos que han pasado estos días por aquí y que
desde luego no es nada usual.
Yo
lo aprecio, pero no necesito reverencias. El respeto está
muy bien. No sé qué decir. Quizás lo que soy les
inspire a ser como son. Si les influyo a ser así, me
siento feliz. La
otra cuestión es que en esta música estamos peleando
contra los medios que tratan de imitar al mundo pop.
En el jazz el oro no tiene el precio del oro, es
decir que el oro vale lo que el cobre y el cobre lo que
el oro, ¿me entiendes? En otras palabras, el jazz no
sigue el patrón oro [no se mueve por los mismos parámetros],
tiene grandes músicos que no aparecen necesariamente en
las portadas de las revistas. Y los medios no se
preocupan de los grandes músicos. Cubren a aquellos músicos
que creen les van a reportar dinero de publicidad.
Yo me considero a mi mismo una especie de soldado en el
ejército de la gente creativa. Tenemos una
responsabilidad. Tenemos que emocionar a la gente. No sólo
puedes tocar el estilo de moda, tienes que conmover a la
gente. La gente tiene que decir: “No se nada sobre
esta música pero mi vida ha cambiado”. Esa es mi único
arma, mi única defensa. Si creyera lo que los medios
hacen estaría en Berklee enseñando a los chavales a
lograr diplomas y contratos con Blue Note.
Los medios no pueden creer que la música nueva venga de
alguien que tiene 51 años, se está quedando calvo y no
es un sex-symbol.
Los medios son como Matrix.
Matrix lo define todo y yo me considero un tipo que no
está en Matrix. Y yo ataco eso. Digo: “Di la verdad
aunque sea de vez en cuando”. Matrix lo destruye todo.
La primera vez que fui a Estambul quería escuchar la música
de allí. Caminé por las calles y ¿qué crees que oí?
The
Backstreet Boys. Eso
es Matrix. Lo mata todo tras su paso.
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