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URI CAINE

Uri Caine (Philadelphia, 1956) es uno de los pianistas
y creadores más transgresores y heterodoxos del Jazz actual. Desde que
en 1996 grabara Urlitch / Primal Ligth sobre la música de
Gustav Mahler su carrera ha estado marcada por sus particulares
revisiones de música de Bach (The Goldberg Variations, 2000) o
Mozart (Plays Mozart, 2006). Actividad que combina con su trío
Bedrock, sus colaboraciones con Dave Douglas o John Zorn además de
nuevos proyectos como los Twelve Caprices que interpreta junto
al Arditti String Quartet o la música del compositor español Antonio de
Cabezón en el quinto centenario de su nacimiento.
Lo que puedes leer a continuación es una transcripción de la entrevista
emitida en el Club de Jazz con fecha 8 de diciembre de 2010.
También puedes
escucharla en su versión original en inglés.
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A lo largo de los años te hemos
escuchado interpretaciones y arreglos muy
personales de la música de Mahler, Wagner,
Schumann, Bach, Mozart, Verdi… y el próximo
sábado música de Antonio de Cabezón. El primero
fue Mahler en 1996. ¿Qué hizo que la música de
Uri Caine tomara entonces ese camino de revisión
tan particular de estos compositores?
Pienso que viene de forma realmente natural.
Como muchos músicos cuando estaba creciendo
quería ser músico de Jazz. Nací en Philadelphia
donde había
mucha Música Clásica y terminé como pianista
tocando y estudiando gran parte de esa música.
Al final tuve la oportunidad de grabarla porque
Stefan Winter - que tenía un sello discográfico
anterior a Winter & Winter que se llamaba JMT -
cuando acabó con ese sello empezó con el nuevo y
pidió a los músicos hacer algo diferente. Yo
había estado tocando sobre todo Jazz ‘straight-ahead’
y tocaba también con muchos músicos en ese
momento en Nueva York. Cuando empecé con el
primer compositor, con Mahler, lo que pasó fue
algo realmente natural. Yo lo había hecho para
una película que Stefan había realizado,
básicamente con muchas imágenes de música de
Mahler, y lo tocamos en directo. Y después de
eso, especialmente porque los músicos habíamos
disfrutado tocando, decidimos continuar en esa
dirección. Después de que el disco saliera tuve
muchas oportunidades de tocar esa música
y, de algún modo, nos llevo hacia estos otros
proyectos.
La mayoría fue sobre música que yo conocía desde
hacía mucho tiempo; la había estudiado cuando
era un adolescente así que me sentía muy
familiarizado con ella; para usarla como base
para la improvisación.
Todos estos compositores son europeos.
Obviamente fue en Europa donde se desarrolló la
tradición musical Clásica. La revisión
heterodoxa de la música Clásica siempre ha sido
controvertida. ¿Es más fácil para alguien nacido
en un país ajeno a esa tradición musical?
Quizá. Mucha gente dice eso de los músicos
americanos, que de algún
modo tenemos... estamos ligados a Europa pero,
por otro lado, hay una tradición que es nuestra
propia música, sea esta la que sea.
Honestamente, como músico nunca lo he visto de
ese modo aunque entiendo esa tendencia cuando
miro hacia atrás a lo que hice y a lo que
interesa a otras personas. Aunque esto suene
ahora como un cliché, realmente pienso que la
música es algo verdaderamente internacional e
incluso en los mundos del jazz y la música
clásica los músicos están interesados en lo que
otra gente está haciendo. No todos pero, quiero
decir, en la medida en que es muy fácil conectar
con la gente de España o de Japón. Especialmente
si viajas mucho y te encuentras muchos músicos
que te dan su música, se convierte en algo
verdaderamente internacional. Pero, en habiendo
dicho esto, yo obviamente crecí en los Estados
Unidos en un momento determinado. Y por ser más
específico, crecí en Philadelphia rodeado de
Jazz, de cierto tipo de Jazz. Es tocar, como
suelen decir, tu “leche materna”, es aquello con
lo que empiezas. Y como mucha gente empiezas de
una manera y en el resto de tu vida empiezas a
intentar encontrar otro modo. Siempre llevas el
peso de esa huella, ese acento con el que has
crecido. Así que tal vez hay algo de verdad en
ese concepto. También diré que puede que a para
los europeos la idea de que americanos, digamos
que músicos del ‘downtown’ de Nueva York, toquen
Mahler debe de ser una sorpresa. Incluso para
nosotros es normal.

El
próximo sábado (11 diciembre 2010) tocas música de Antonio de
Cabezón, compositor del siglo XVI español. Creo
que es el compositor más antiguo del que has
hecho música. ¿Tiene eso alguna relevancia en el
modo en que vas a afrontar su música?
Hay un par de cosas. Realmente
no conocía
mucho la música de Cabezón. Ahora la he estado
estudiando y leyendo sobre él. Sé que fue un
gran improvisador, un músico ciego que
de algún modo fue sacado por la corte
y su música se desarrolló de ese modo. Y también
debido a la instrumentación específica es
diferente a otros proyectos como las
Variaciones Goldberg, que era música
barroca. Fue enorme el número de músicos que
pude incluir. Cada variación tenía grupos
diferentes. Aquí es mucho más modesto en este
sentido. Es un trío de piano, Dj Olive, y Fahmi
(Alqhai) tocando la viola de gamba.
Así que hay sugerencias de estos
mundos diversos. Música del mundo barroco,
obviamente un mayor componente de Jazz, también
quizá algo de música electrónica. Los diferentes
aspectos de su música se reflejan a través de
estos grupos y también, como él era un
improvisador, tratando de buscar partes de su
música que podamos usar como base para la
improvisación. Ese es el modo en que me estoy
acercando a su música.
Mucha gente que acuda a tu concierto puede que
no conozca tus trabajos. ¿Qué elementos de la
música de Cabezón van a reconocer en tu
concierto? ¿Aspectos melódicos, formales…
espirituales?
Con certeza melodía. En cierto nivel aspectos
formales. Los espirituales
que lo decidan ellos.
Como has dicho la gente, especialmente cuando
viene esperando escuchar un determinado tipo de
música, en estas situaciones, piensa que va a
escuchar al Cabezón ortodoxo. Y no tiene por qué
ser así.
Definitivamente habrá espacio para mucha
improvisación pero
también los músicos tocarán diferentes aspectos
de su música reflejados de un modo, digamos, más
rítmico. Por ejemplo tendremos piezas en las que
el intérprete de gamba toque con el Dj. Y el Dj
improvisa utilizando muestras de la música de
Cabezón o lo que él quiera utilizar. U otra
pieza en la que el contrabajista improvisa sobre
lo que toquemos de Cabezón. Espero que haya
ciertos elementos de la estructura de su música
pero también quiero abrirla para que los músicos
puedan tocar.
Para mucha gente que esté esperando música
Clásica esta es parte de la música que no
entiende del mismo modo. Es como si vas a muchos
conciertos de Jazz o vas a clubes y escuchas
cómo un Dj mezcla la música. Quiero decir que en
todas estas músicas hay una estructura seria.
Pero quizá si no lo entiendes
desde el concepto subyacente sólo parece
como “¡oh! ¡¡¿Qué están haciendo?!! ¡¡¿Qué están
tocando?!!” Y eso lo encuentro como músico de
Jazz, que mucha gente no entiende cuál es la
relación entre cómo estás tocando y la música
que se supone que estás tocando. Y tiene que ver
con… por ejemplo, si yo digo: “cogimos estos
acordes de esta partitura y los usamos como base
para hacer solos sobre la armonía”. De acuerdo.
En ese sentido quizá no sea salirse
completamente de la tradición clásica. Esta ha
sido para mí siempre una de las grandes ironías.
He leído que Cabezón era un gran improvisador
pero en cierto modo, en música Clásica, esa
tradición de improvisación ha decaído. No se
espera realmente de los músicos clásicos que
sean capaces de hacer una cadencia. Cabezón
tiene estas piezas, las “Diferencias”.
Nosotros estamos pensando en esas variaciones.
Si le dices a alguien: “de acuerdo, adelante,
improvisa algo fuera de la partitura”. Esa
habilidad se ha perdido. De algún modo ha sido
transferida al modo en que los músicos de Jazz y
otros improvisadores tocan. Y hay una estructura
subyacente en toda esa música. Siempre me ha
gustado ese contraste entre la estructura y la
libertad de la improvisación.

Cuando hiciste los proyectos sobre Mahler,
Wagner, Bach, etcétera, ¿los hiciste como
aficionado a su música o hubo otras razones?
¿Te refieres a “fun”? ¿A algo por diversión?
No, me refiero a “Fan” como fanático, seguidor…
Sí, lo he hecho como fan. Siempre trato de
hacerlo de diferentes maneras. Para mí Mahler -
especialmente porque me ha interesado mucho su
vida y he leído su biografía y luego he
estudiado de nuevo su música - reflejaba de
algún modo eso. Fue especialmente un compositor
que en su música usaba muchos tipos de música.
Música culta
y más callejera. Música militar, música de
baile, de valses… y las combinaba. De algún modo
te puedes aproximar a hacer eso
teniendo
músicos que, si se toca música klezmer, intentan
improvisar en ese estilo… o si tocas música que
suena como si viniera de la iglesia tratas de
improvisar en ese estilo.
Con las
Variaciones Goldberg fue también siempre esa
misma idea porque en cada pieza en sí hay mucha
variedad, hay muchas variaciones, de modo que la
manera de presentarlas podría ser que cada una
tenga un sonido diferente. En ambos casos,
tocando Bach o escribiendo nuevas variaciones.
Las
Variaciones Diabelli de Beethoven son más
formales porque sólo cogí las piezas para piano
y las orquesté y el solista era el piano. Así
que es un reto diferente. De algún modo no es
tan salvaje. Y de hecho interpretarlas significa
que cada noche tienes que pensar en cómo
improvisar con la música de Beethoven. Es sólo
hacer eso, este tipo de reto para los músicos.
Así que para responder tu pregunta. Sí, es por
que amamos la música, pero la gente piensa que
nos reímos de la música,
como que estamos haciendo una broma.
Para empezar, ¡hay humor en la música! Hay mucho
sarcasmo en Mahler. Hay humor en Bach cuando al
final de las ‘Variaciones Goldberg’ pone dos
canciones de bebedores juntas como si fuera una
fiesta o como si fuera el final de la fiesta. Lo
único que hice en realidad fue emborrachar a un
coro alemán y después decirles, de acuerdo,
ahora cantemos Bach. Así que es algo literal.
La gente dijo: “¿cómo puedes hacerle eso a Bach?"
Cuando de algún modo está conectado con su
propia idea del sentido del humor.
No sé.
Por
supuesto que no todo el mundo lo va a aceptar o
sólo algunos lo van a aceptar.
Eso lo puedo entender. Especialmente por el modo
en que la gente piensa sobre la Música Clásica.
Existe esta cosa tan sagrada que no cambia. Pero
si sales de la tradición... como improvisadores
buscamos el modo de transformar las cosas. Puede
ser con una canción de George Gershwin, con un
ritmo de ‘drum and bass’, con una canción
folclórica turca… Cualquier cosa con la que
puedas crear una estructura se convierte en una
especie de trampolín para los improvisadores; si
les
dejas solucionarlo
obtienes un tipo de música sobre la propia
música.
En todo caso cuando dije “fan” me refería a
“fanático” no “música divertida”.
Sí, entendí lo que dijiste. Podría decir también
que, por ser más modesto, no soy un estudioso de
Mahler como ciertas personas
que me han escrito y preguntado. No soy un
musicólogo así que esto tiene que ver mucho más
con mis impresiones. Me gusta
la investigación, leer sobre música, pensar
sobre lo que está pasando y especialmente sobre
la evolución histórica de la música. Para mí es
como un debate. Todo el mundo tiene su propia
opinión y está bien.

Tienes nuevo trabajo. Acaba de publicarse “Twelve
Caprices” con el Arditti String Quartet. Es un
disco que uno podría pensar que se trata de
música puramente improvisada como escrita por un
compositor contemporáneo. ¿Están tan más
próximos de lo que parecen los diferentes
lenguajes musicales?
Pueden estarlo porque, en primer lugar, los
improvisadores están influenciados por la música
compuesta y entonces, a veces, piensan: “¿cómo
podemos establecer una relación con esa música?”
Pienso que hay muchas… Por ejemplo, muchos
jazzistas en los sesenta escuchaban música
europea y americana contemporánea. Estaban
influenciados por ella y decían: “podemos
realmente alcanzar una mayor inmediatez, un
contacto más directo tratando de improvisar de
ese modo”. Una pieza como los “Caprichos”
salió porque conocí a Irvine Arditti y me dijo:
“nosotros no improvisamos. No nos pidas que
improvisemos forzosamente de ese modo así que
piensa en componer algo específico porque eso lo
tocaremos y más tarde vienes e improvisas”. Y de
hecho en ese CD originalmente querían grabar
solamente con el cuarteto de cuerda tocando y
después yo añadiría mis partes. Pero realmente
en los cinco primeros minutos del primer día el
cuarteto de cuerda dijo: “¿Sabes qué? Es mucho
más fácil si tocas con nosotros”. Así que se
reduce el riesgo. Hicimos una o dos tomas de
cada. Es probable que hubiera podido tocar
algunas cosas mejor pero también disfruté el
hecho de que fuera simplemente como: “¡Ok! Lo
estamos tocando hoy y esto es lo que va a ser”.
Como los músicos de Jazz. Y es un reto porque en
muchas de las piezas hay espacio para la
improvisación. En otras hay menos así que es
como llegar y tocar contra lo que ellos están
tocando, estás en oposición a ellos. Como en la
música de cámara. Como improvisador tratas de
pensar en la estructura de la pieza, hay ciertos
puntos culminantes en que podemos tocar juntos.
A menudo tocábamos unos contra los otros y
tratando de salir. En ese sentido fue muy
divertido. Estamos empezando a tocar en gira,
estamos teniendo algunas pequeñas giras, y es
sorprendente, se están divirtiendo tocando.
Quiero decir, ellos siempre me dicen que nunca
habían hecho esto con ningún músico así que para
nosotros es interesante. Para mí esto es algo
normal. Quiero decir, hay mucha gente haciendo
esto. Es muy divertido tocar con este grupo tan
fuerte, tan intenso. Me encanta.
Al igual que la música libre improvisada, o Free
Jazz, todavía encuentra problemas de aceptación,
de comprensión, no sólo entre el público y los
críticos sino entre los propios músicos,
¿encuentras entre colegas de profesión
incomprensión sobre lo que haces con este tipo
de proyectos? Como si estuvieras traicionando la
tradición o algo así.
Entre mis colegas diría que normalmente está
bastante bien. Muchos de nosotros crecimos con
esa mentalidad de escuchar mucha música y
todavía escuchamos mucha música. Los músicos son
de mentalidad abierta pero, por supuesto, tengo
la experiencia, especialmente con estos otros
proyectos clásicos, de que haya gente que
realmente los odie o se sienta profundamente
ofendida por ellos.
¿Ofendidos? ¿De verdad?
Sí. Cuando grabamos las
Variaciones Goldberg hubo un tiempo en el
que tuvimos músicos barrocos de Europa con
músicos americanos. Pedí básicamente a los
músicos barrocos que tocaran y que dejasen a los
americanos tocar con ellos. Y vi que algunos se
sintieron realmente incómodos. Lo que me parece
bien. Quiero decir que si es difícil de hacer no
fuerzo a hacerlo. He tocado con orquestas donde
he hecho alguno de estos proyectos en los que me
dijeron: “Hombre, deberías estar arrestado por
lo que le has hecho a Beethoven, es realmente…”.

Al principio me impactó, recuerdo gente que nos
decía que esto es una locura. Pero después, no
sé por qué, simplemente lo acepté porque, ¿qué
puedes hacer? Y además creo en la libertad de
expresión. Todo el mundo tiene su opinión. Pero
creo que está cambiando. Siempre va a haber
muchas opiniones sobre música en el mundo de la
música. Especialmente en el modo en que somos
juzgados creo que podemos decir que no es justo
a veces y tenemos críticas que no nos gustan
pero es parte de esto. Es como con cualquier
cosa que hagas, simplemente intentas hacerlo lo
mejor posible. Y hay que entender que a la gente
le va a gustar o no dependiendo de lo que ellos
piensan, no necesariamente de lo que hagas sino
que también depende de lo que ellos piensan. Y
así es la vida.
El mundo del Arte en un mundo puramente
económico. El mundo está en crisis económica,
¿cómo afecta al mundo artístico de Uri Caine
desde una perspectiva creativa y desde una
perspectiva de subsistencia?
No estoy seguro. Obviamente hay una situación
económicamente más dura tanto en Europa como en
los Estados Unidos y eso afecta en un cierto
nivel a la música, tal vez es más difícil... los
conciertos pueden cancelarse y la gente dice que
este año no va a tener dinero para hacerlos. Es
parte de esto. Pero honestamente no creo que
esté teniendo una influencia sobre el tipo de
trabajo que hago; quizá porque soy afortunado,
porque tengo la oportunidad de tocar muchas
cosas. Por ejemplo como intérprete si gano
dinero tocando piano solo quizá coja ese dinero
y lo meta en un proyecto como el de Arditti en
el que sé que tendré que invertir mucho tiempo
trabajando incluso aunque no le interese a mucha
gente. Es mucho más una cuestión de tratar de
seguir tu camino. De tratar de trabajar duro en
tu propia música con otros músicos. Y ver qué
pasa. Esperas lo mejor. Y no he tenido que
ponerme mi esmoquin y empezar a tocar en bodas
como hice la primera vez que me mudé a Nueva
York sólo para ganar algo de dinero. Pero
todavía tengo mi esmoquin y mi GPS así que estoy
listo por si la crisis viene.
¿Sabes lo que quiero decir?
No lo sé, es una situación dura ahora para
muchos artistas. Yo no me quejo. Sé que en Nueva
York, donde he vivido los últimos 25 años,
cada generación dice esto. Cuando vine a Nueva
York, cuando hicimos la primera mudanza, parecía
muy barato. Había muchos artistas, la gente
tenía pisos, tenían lugares en los que podían
hacer su trabajo, especialmente los artistas
visuales, pintores y tal. Ahora es mucho más
duro porque en muchos de los inmuebles en los
que los artistas solían vivir ahora viven
yuppies. Se ha puesto de moda. En las partes más
salvajes de Nueva York, me resulta increíble lo
que he visto, es como parque turístico. Muchos
de mis amigos han abandonado Nueva York. Quizá
eso es una consecuencia de hacerse mayor o de
que la gente simplemente se cansa de vivir en
esa ciudad pero pienso que también es una
cuestión económica. Pienso en especial en cuando
la gente se pregunta: “¿por qué estoy aquí
intentando pagar tanto por un alquiler?” Cuando,
especialmente si eres músico, puedes venir a
tocar a Nueva York pero no tienes por qué vivir
allí.
Cuando veo gente joven que llega me doy cuenta
de que es más duro para ellos que para nuestra
generación. Cuando hablo con músicos mayores me
hablan de situaciones en los que vivían por muy
poco dinero y había música todo el tiempo y
mucho arte. Luego me encuentro con otra gente
que me dice que no, que eso es romanticismo. Que
Nueva York ha sido siempre un lugar duro y que
ser músico siempre lo ha sido y que cada
generación tiene que encontrar su camino. Así
que es posible que eso sea también verdad. Es
una decisión personal, tienes que tratar de
encontrar el camino para hacer lo que tienes que
hacer y a veces no es tan fácil y tienes que
hacer otras cosas pero es siempre un reto porque
quizá no hay tanta gente a la que le interese.
Especialmente en los Estados Unidos. No quiero
hablar de Europa. En Estados Unidos el problema
es que tenemos una cultura muy comercializada.
Así que de alguna manera la música de Jazz, la
música Clásica, no recibe atención. Obviamente
si estás en Nueva York puedes ver muchos
conciertos de Jazz y de Música Clásica pero los
Estados Unidos en conjunto… no es algo de lo que
la gente sea consciente. Así que trabajamos en
lo ‘underground’.
Pienso que en Europa es diferente. Es por
supuesto una de las músicas ‘underground’ en
Europa pero hay muchas más instituciones
patrocinando, apoyando a los artistas, lo cual
por alguna razón en los Estados Unidos se ve
como una cosa muy de izquierdas, elitista.
Algunas personas, los de la derecha política
especialmente en Estados Unidos, pelean contra
esto. Dicen que es una pérdida de dinero. Así
que está muy bien gastar billones de dólares en
bombas, en la armada, en todo eso. Cuando llega
el momento de decir, ya sabes, que aquí hay una
orquesta escolar que necesita dinero para tener
un lugar donde ensayar, entonces no hay dinero.
Así que en ese sentido eso es realmente un
problema para nosotros en los Estados Unidos.

Y los músicos europeos con los que tocas, por
ejemplo Paolo Fresu, ¿piensan lo mismo sobre
Europa? Porque pienso que los músicos
estadounidenses tienen una visión distorsionada
sobre el Jazz en Europa. Sí, tenemos festivales,
instituciones, pero la realidad para los músicos
de Jazz en Europa no es tan sencilla.
Entiendo. E incluso iré más allá y diré que otro
problema es que mientras los músicos americanos
son todavía invitados a tocar en Europa y
apoyados de muchas maneras por Europa, los
músicos europeos no son invitados a tocar en
Estados Unidos del mismo modo. Por supuesto es
algo amargo. Muchas veces los músicos europeos
me preguntan: “¿por qué es así?” Y tenemos que
explicar que no hay apoyo para nadie. Sí, puedes
conseguir un concierto en el Village Vanguard
pero no te van a poner el hotel ni el vuelo
desde Madrid para que vengas y toques durante
una semana porque no tienen el dinero para
hacerlo con nadie. Y mucha gente no se lo cree.
Dicen: “pero ¡si esta es la capital de la
música! Estoy seguro de que la gente apoya”. Ven
a Nueva York y verás como es. Sí, hay muchos
músicos por ahí y tocan bien pero no es parte de
la escena patrocinada por el estado.
A veces cambia. Hay verdaderos esfuerzos,
incluso con gente a la que no le gusta la
música. Lo que hizo Wynton Marsalis es un
intento de lograr eso. Dijo: “¿sabes qué? Vamos
a dejar de esperar al gobierno. Vamos a hacer
que la gente rica de dinero como en los viejos
tiempos”. Y así es como nació el Jazz en el
Lincoln Center. Y el modo en el que lo hizo fue
convenciéndoles. “Tienes que dar dinero para
esto porque es parte de la herencia cultural
americana”. Sea o no una visión conservadora del
Jazz, sea o no inclusiva, se incluya o no a los
músicos europeos que han tocado bien durante los
últimos veinte, cuarenta años… de acuerdo,
puedes discutir sobre eso. Y te diría que
debería ser más inclusivo porque para alguien
que pasa tanto tiempo en Europa… yo me he
encontrado con músicos muy buenos en Europa.
Están desarrollando sus propias cosas. Siempre
van a existir estos problemas en los que la
gente se identifica a sí misma. De acuerdo, soy
americano, soy español… bla, bla, bla. Pero este
no es necesariamente el modo en el que piensan
todos los músicos. Especialmente cuando empiezan
a tocar unos con otros, a hablar o viéndose los
unos a los otros en sus propios contextos. E
inmediatamente empiezas a entender que de algún
modo estamos en la misma situación. Hablamos con
acentos diferentes, tenemos experiencias
diferentes pero de algún modo estamos todavía en
la misma situación.
Has hablado de quizá la única buena idea de
Wynton Marsalis. (risas)
Yo no soy uno de esos… Yo admiro a Wynton
Marsalis. El hecho es que yo no estoy
necesariamente de acuerdo con eso cuando
excluyes cierta música, especialmente cuando
hablas de gente que no conoce realmente el
contexto. No digas que alguien como Don Cherry
no puede tocar la trompeta si la gente no
conoce, digamos, el contexto de alguien como Don
Cherry. Yo no estoy en esa idea de este tipo es
bueno, este tipo no lo es. Aunque como dije
antes entiendo que la gente hable de ello. “¿Te
gusta? No, no me gusta. Me gusta esto. De
acuerdo, discutamos…”.
Yo no tengo problemas con Wynton Marsalis porque
he visto que él lo hizo en sus propios términos.
Decidió hacer algo que la mayoría de músicos
probablemente no estaría interesada en hacer. Él
logró algo. Para mí es más un problema… bueno,
no es un problema pero cuestiono cuando
institucionalizas la música, cuando la haces
académica. Es otro aspecto de los Estados
Unidos. Cuando crecí tocando música íbamos a los
clubes y tocábamos con los músicos y no íbamos a
una escuela de música para eso. No había mucho
de eso. Ahora las escuelas son muy importantes y
es el lugar donde, creo, los músicos jóvenes se
conocen. ¿Es algo bueno o malo? Son cambios.
Simplemente significa que es diferente pero una
parte de mí cuestiona eso. Es como si coges el
Jazz o el Flamenco y lo pones en la universidad
y se da una clase sobre ello. Es una buena forma
de educar a la gente pero de algún modo lo
más importante y esencial es tocar con los
demás.
Para mí el problema de Wynton Marsalis no está
en su música sino en que ocupa una posición
privilegiada en la que puede impedir que ciertos
músicos accedan a determinados escenarios o
incluso a los medios. No sé si sabes la historia
de que el año pasado estuvo tocando el
saxofonista Larry Ochs en un festival en España
y un espectador fue a la policía a denunciar
porque pensaba que aquello no era Jazz. Y Wynton
cuando conoció la noticia trató de contactarlo
para regalarle toda su discografía porque
pensaba que ese era el tipo de público que él
quería.
Eso no está bien. En primer lugar conozco a
Larry. En una ocasión compuse para la orquesta
de cámara de Los Ángeles. Yo organizo festivales
cada año y les invité porque ellos viven en
California y pasó lo mismo. Mucha gente dijo:
“Esto no es Jazz”. Esto es lo que es y tú puedes
decir que no te gusta o “no es para mí”. Y eso
es todo. Y estoy de acuerdo contigo en que
utilizar tu poder para cortar la discusión no es
una buena idea. Porque, de nuevo, la mayoría de
la gente no sabe quién es Larry Ochs.
Honestamente. Y esa era quizá su oportunidad de
tocar en España y la gente, incluso aunque no le
gustara, dice: “¿Sabes qué? Es interesante.
Nunca lo había escuchado antes”. Durante una
hora vamos a invertir nuestro tiempo en escuchar
algo bueno. Es original. Los músicos han
trabajado muy duro durante muchos y largos años
desarrollando. No es algo que vayan y digan
“vamos a reírnos de ti”.
Yo tuve la misma experiencia. Recuerdo una vez
que toqué en San Sebastián, en España. Hice
muchos de mis proyectos y uno de ellos era el
proyecto sobre Mahler. Y algunos músicos de
Jazz, músicos que yo conocía de Nueva York,
estaban en el lateral del escenario diciendo:
“No, hombre, no”. En primer lugar porque había
un Dj. Y decían: “¿por qué tocas esta música
europea hombre? Deberías estar
swingueando,
tú eres un pianista de swing”. Entonces el
pianista Kirk Lightsey, que sabe mucho sobre
Mahler, dijo, “esperad un momento. Tíos, no
entendéis lo que está pasando ahí. Estos tíos
están haciendo otra cosa”. Y empezó a darles una
charla sobre Mahler. Eso me demostró… porque
esto estaba sucediendo en los camerinos después
de que hubiéramos tocado y pensé: entiendo por
qué no les gusta pero… De algún modo fue
sorprendente. Alguien del que no lo hubiera
esperado lo defendía. No sólo lo defendía sino
que lo defendía vehementemente. Pero la idea de
que de algún modo alguien mande un regalo a
alguien por decir que esta música es una
gilipollez…
Yo he visto ese proyecto y he encontrado otras
personas que dijeron lo mismo y… No es mi modo
de hacer las cosas. Yo respeto la opinión de la
gente, el problema es que la música no funciona
de esa manera. Las innovaciones vienen de muchos
lugares. Siempre va a existir esta discusión
pero al final es mejor apoyar lo nuevo, lo
extraño, lo joven y lo desconcertante. Porque de
algún modo tiene también un mensaje. Puedes
decirlo al final. “Quizá prefiero escuchar a
Coltrane”. O quizá no, “no me gusta este periodo
de Coltrane”. Pero aprendí hace mucho tiempo a
desconfiar de este tipo de cosas. Porque incluso
en mi propia escucha, a veces escucho cosas que
hace 20 años no me gustaban tanto y lo escucho
de nuevo y es como nuevo. Hay que escuchar la
música como algo fresco y no como algo político
en lo que podría fácilmente convertirse.
Hablando de crisis. ¿En qué ha afectado el
cambio del modo en que la gente escucha la
música? ¿Se te conoce más en el mundo pero se
vende menos?
Es una pregunta interesante. Mis CDs, mi música,
no han estado en iTunes o en Amazon hasta este
año porque la compañía discográfica sólo quería
vender discos y pensaron que descargar la
música... no les iba la idea en el sentido de
que… Ahora pienso que han cruzado la línea de
crisis en la que nadie compra CDs o mucha menos
gente los compra. Ahora mi música está mucho más
disponible en internet. Diría que en muchas
ocasiones, como muchos músicos, vendemos todos
nuestros CDs en los conciertos. La situación de
los conciertos en los que tenemos CDs para
dárselos o vendérselos a la gente es mucho más
efectiva especialmente si estás con un sello
pequeño y poco conocido que no es tan sencillo
de conseguir; así que la gente no tiene más que
presionar un botón y obtener la música. Diría
que la música es más fácil de conseguir y si
eso te hace más conocido o no lo sé lo
desconozco. No tengo ni idea. Quiero decir que
mi sensación es que hay tanta música ahí fuera
ahora que es como una inundación, así que es un
milagro que alguien conozca a alguien.
¿Y tú sigues comprando CDs?
Sí, lo hago. Me horroricé cuando todas las
grandes tiendas de discos de Nueva York
cerraron. Ahora sólo hay una tienda en Nueva
York que venda CDs nuevos, cerraron todas. Pero
puedo encontrarlo todo en Internet, en iTunes.
De alguna manera me hecho adicto a nuevas cosas
que no había escuchado nunca. Buscar la música,
escucharla y, si me gusta, comprarla. La
variedad es asombrosa en muchos tipos de música
que no habría podido encontrar en una tienda de
música, a menos que fuera una tienda
especializada. Pienso que desde esa perspectiva
es asombroso. Quiero decir, de nuevo, que no
estoy seguro de lo que eso significa porque
puedo empezar a sonar como un hombre viejo y
decir: “Solíamos tener un disco que comprábamos
y escuchábamos una y otra y otra y otra y otra
vez hasta memorizarla”… Ahora me encuentro
chicos jóvenes con discos duros llenos de, por
ejemplo, las grabaciones completas de Miles
Davis. Es como “¿cómo lo vas a escuchar todo?”.
Así que, ¿es una audición en profundidad si
tienes tanta música a tu disposición? ¿Es mejor
de ese modo o es más difícil concentrarse cuando
tienes tanto para elegir? Este es uno de los
problemas principales sobre los que la gente
está escribiendo, sobre Internet en general. Que
el periodo de atención de la gente es más corto.
Están trabajando en algo, tienen un e-mail, un
e-chat. Se distraen. Por otro lado la elección
es lo mejor. Prefiero tener ese problema de que
hay demasiado. Lo sé por mí mismo. A veces tengo
que parar de escuchar, especialmente si estoy
presionado por terminar mi propia música. Quizá
entonces no escucho demasiado la música de otras
personas y trato de concentrarme. Y después,
cuando me siento aliviado, entonces, estoy
deseando escuchar mucha música muy diferente.
Este es más el modo en que trato de hacerlo.

Y hacia dónde quiere llevar su música Uri Caine.
¿Tienes nuevas ideas?
He estado trabajando. Gran parte de esta música
no ha salido, pero hay cosas escritas en el
estilo de lo de Arditti,
o para
orquesta o para música de cámara con
improvisaciones. Espero tener la oportunidad de
grabar más de esto y escribir más y también
seguir tocando con los grupos que tengo como el
trío, con el que tenemos otra grabación que
saldrá y que tiene una orientación más
jazzística. También con el grupo electrónico, el
Bedrock, sigo interesado en hacer eso. Supongo
que es simplemente continuar en estas diferentes
direcciones y también tocar con otra gente con
la que disfruto tocando como ‘sideman’.
Aún sigo
tocando mucho
con Dave Douglas, John Zorn, Donny
McCaslin, con el que acabo de hacer una gira…
Eso también lo disfruto. Me gusta la variedad de
hecho.
Carlos
Pérez Cruz
Gracias a Amaya Pérez Cruz por su ayuda
en la traducción.
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