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STEFANIA TALLINI

Stefania Tallini es una pianista italiana residente en Roma. De formación clásica (graduada en 1990 en el Conservatorio Santa Cecilia de Roma) y posteriores estudios de Jazz (Conservatorio de Frosinone en 2001) es una enamorada de la música brasileña, lo que se refleja en muchas de sus composiciones de una discografía que se inició en 2002 o en sus colaboraciones con músicos como el clarinetista Gabriele Mirabassi. En 2010 presentó un trabajo de piano solo titulado The illusionist.

Lo que puedes leer a continuación es una transcripción de la entrevista emitida en un especial Club de Jazz con fecha 27 de octubre de 2010. También puedes escucharla en su versión original en italiano.

 

Un ilusionista es una persona que crea ilusiones mediante el uso de trucos. En el libreto de tu disco ya avisas de que quieres conseguir entre la audiencia el mismo efecto mágico de un ilusionista pero sin trucos. ¿No tiene siempre la música algo de truco?

La música tiene truco pero depende del uso que se le haga. Yo no quiero usar trucos que sirvan para esconder el vacío o una falta de música, de creatividad. No quiero usar trucos técnicos, armónicos o melódicos sino buscar siempre, ¡siempre!, la emoción y la verdad de la música, la profundidad. No hacer las cosas de mentira, jugando… bueno, jugando sí pero buscando la verdadera profundidad de la música que escribo, que toco.

Dices también en el libreto que quieres hacer desaparecer los sonidos grises, estridentes, disonantes y fríos para que reaparezcan transformados: diferentes, nuevos, coloridos, más bellos y más verdaderos. Ese es tu ejercicio de ilusionismo. ¿Tan oscura es la materia prima con la que trabajas?

Este es un discurso mío, personal, de tipo afectivo. Para mí la música está estrictamente ligada a las vivencias. Este disco nace después de un periodo muy difícil de mi vida. Muy, muy difícil. Porque desafortunadamente he tenido problemas muy serios, familiares, etcétera. Este disco nace de un dolor que debía, que necesitaba, transformar en algo distinto y los sonidos estridentes son sonidos que hacen daño pero que se pueden transformar. Me siento afortunada porque sé que con la música se puede hacer esto. Para mí este disco ha sido casi una elaboración sobre las dificultades vividas, sobre los diferentes momentos difíciles de mi vida. Es fundamental poder expresarse a través de la música. Los artistas en general tenemos esa grandísima fortuna. Yo no quiero olvidar nunca que soy una privilegiada por esto. Porque es de verdad una gran posibilidad humana, no sólo artística.

En este disco que ahora presentas tan sólo hay una versión, el resto son todos temas originales. Si no me equivoco es una característica de toda tu discografía. ¿Es una decisión premeditada? ¿Evitas a conciencia entrar en la rueda de las versiones tan característica de tantos discos de Jazz?


No. En realidad no hay nada premeditado. Es una profunda exigencia de expresarme. En mi vida, ya de muy pequeña, cuando empecé a tocar con cuatro años y medio, mi exigencia era siempre inventar, inventar, inventar. Así que crecí con esta exigencia de inventar, de componer, de inventar cualquier cosa que viniera de mí. Así que no hay nada premeditado, como no hay nada de premeditación nunca cuando decido hacer un disco. Cuando lo hago es porque siento que ha llegado el momento de decir otra cosa. Espero decir siempre cosas nuevas. Bueno, espero que no esto no suene presuntuoso, en el sentido de que lo que quiero es hacer mi música. Yo toco standards, toco cualquier cosa, pero cuando hago un disco es una historia sobre mí, quiero contar algo de mí, es una exigencia personal y profunda. Y por lo tanto este es el motivo por el que todos mis discos tienen música mía o piezas de música completamente improvisada en las que siempre tengo necesidad de incidir. Porque la improvisación total es algo que forma parte de mí desde que era pequeña. Busco inferir siempre todo aquello que pueda hablar de mí. Pero de verdad sin presunción porque, de lo contrario, no podría comunicar nada con la música; no sé hacerlo de otra manera.

Como oyente de Jazz, ¿te interesan las versiones de standards?

Sí, absolutamente. Adoro el Jazz. Escucho siempre Jazz, escucho música Clásica, también música brasileña; me enloquece la música brasileña. El jazz es algo que permite al músico una libertad total. Por eso puedo hacer mi música. Porque a través del Jazz he descubierto la libertad de poder proponerme de este modo. Los standards son un pasaje necesario, importante, y además como oyente adoro los clásicos. Hablo de músicos como Miles Davis, Chet Baker o Bill Evans… me encanta Bill Evans. Ciertamente escucho standards. Hay mucho que aprender, mucho que tomar de ellos. Porque siento que esto enriquece también mi lenguaje y luego me doy cuenta de que estoy, como se dice hoy en día, en los límites del crossover. Pero estoy contenta así en el sentido de que siento que mi historia, mi Jazz, ha ido en esta dirección, digamos, europea, más mediterránea. Los standards están siempre en mi corazón.

Hay dos pequeños temas puramente improvisados en el disco. Son, curiosamente, los dos temas más breves. Apenas un minuto y quince segundos cada uno. ¿Tienes idea de por qué, precisamente, son los más cortos?


No, no lo sé. Ho seguito la pancia, como se dice aquí. He seguido al instinto, lo que ha venido y siempre ha sido así. Y no sé por qué. En todos los discos hay injertos breves de improvisación total y son pequeñas perlas, ¿cómo decirlo?, como si fueran comas tras mis otras composiciones. En realidad no sé por qué son así de breves. Tal vez me lo podáis decir vosotros.


Hace unos días hablamos en el programa con un músico que gran parte de su carrera es de libre improvisación y le comentaba que, incluso entre los propios músicos de Jazz, hay cierto recelo sobre la música libre improvisada. ¿Tienes una opinión sobre este tipo de músicas?


Yo adoro la música totalmente improvisada pero también es verdad que esta música puede convertirse en un truco. Volviendo al discurso sobre los trucos. El Free Jazz, en su momento, en los sesenta hubo muchos falsos improvisadores en el sentido de que a veces esa improvisación libre sirve para esconder tal vez una incapacidad, una falta de profundidad en el conocimiento de la música menos improvisada. Pero a mí me gusta mucho este tipo de improvisación, lo encuentro muy profundo si uno busca de verdad la profundidad. Que puede ser hecha de manera superficial pero lo particular es que cuando se hace de modo superficial se percibe absolutamente. No llega nada, no sucede nada, no emociona, no llega al público. Claro, un músico experto puede hacer una improvisación completa aunque no todos la pueden hacer. El recelo viene de este equívoco que existía en el pasado y todavía hoy en día de que hay músicos que fingen ser improvisadores totales porque tal vez haya un vacio por debajo, pero debo decir que es bastante raro. Quien hace esta elección la hace con investigación, con sinceridad. Pienso que como todas las cosas si está hecha verdaderamente con sinceridad y honestidad artística también tiene valor.

Acalanto Carioca, Guinga, Alobrasil, Bachiana… son algunos de los títulos de los temas del disco. ¿De qué te viene la afinidad con la música brasileña?


Mi afinidad con la música brasileña empezó en la adolescencia, antes incluso que mi amor por el Jazz. Me ha acompañado siempre; siempre he escuchado música brasileña de un cierto tipo, esa que es más intimista, digamos que es la que es un poco triste. Porque yo amo la música triste. Después me he reencontrado en el conservatorio con la música Clásica y sin embargo sigo haciendo Jazz. Los tipos de música han sido siempre diversos pero mi afinidad con la música brasileña ha estado siempre. En los últimos años, cuando grabé Maresia a través de la relación con Gabriele Mirabassi, que es el clarinetista que ha tocado conmigo en el penúltimo disco… A través de él, que es un apasionado increíble de Brasil y la música brasileña, un conocedor notable de esta música, a través de él he encontrado mi conexión con Brasil y con la música brasileña; que se había disipado un poco aunque era un género que me había atrapado de manera total y he retomado esta pasión, he conocido músicos que yo no conocía porque en Europa es habitual que de la música brasileña se conozca sólo la samba. Por ejemplo no se sabe nada del choro, del forró, de la seresta… y es una realidad maravillosa. Por eso he estado en Brasil en dos ocasiones.

He descubierto que lo que más me gusta de la música brasileña y de los músicos brasileños es su relación con la música. Es muy raro, tienen una profundidad increíble en su relación con la música, adoran tocar la de otros, se apasionan a través de la música que escriben los demás. La tocan, la buscan y tienen esta relación con su oído. Lo tocan todo siempre de oído. Aprenden las piezas siempre de oído, es algo bellísimo porque es un tanto infantil y preciosa su relación con la música. Y esto me ha conmovido, me ha impactado tantísimo porque me ha enseñado muchas cosas de mi propia relación con la música. A partir de ahí he profundizado en muchas cosas de la música brasileña que no conocía y el feeling, la atmósfera, la saudade de esta música ha ido a parar de algún modo en la mía, aunque no componga una samba. Escribo algún choro de vez en cuando aunque son bastante particulares y diversos. Yo no quiero escribir música brasileña. Yo siempre escribo mi música pero si hay influencias, atmósferas, de Sudamérica, de Brasil, me gusta. A veces es magia, a veces inspiración que viene de allá.

Pianista de formación clásica en el conservatorio de Santa Cecilia de Roma, se formó después en el Conservatorio Refice de Frosinone como arreglista para Big Band. ¿En qué ha influido, para bien y para mal, la formación clásica en tu desarrollo como músico de Jazz?


Diría que han sido influencias totalmente positivas porque la música Clásica es lo primero para la técnica pianística, por la expresividad. Y, sobre todo, para mí como compositora, te proporciona el sentido de la forma. Creo que esto es fundamental tanto para componer como para improvisar. Para entendernos, es como si una improvisación fuera una pequeña composición. Una cosita negativa sobre la que tuve que trabajar es el hecho de que habiendo sido pianista clásica, solista, etcétera, he tenido que trabajar mucho para aligerar la mano izquierda. Durante un largo tiempo he estado estudiando con la derecha y eliminando la izquierda porque, acostumbrada a tocar con la izquierda, he tenido que quitarle bastante tocando Jazz respecto a la música Clásica. He tenido que trabajar para eliminar lo que está de más. Pero es una influencia totalmente positiva. Escucho continuamente música Clásica, Jazz y brasileña. Son las tres que se mezclan y se funden en el tiempo, no se niegan la una a la otra, me enriquecen, me nutren.

El libreto del disco viene con ilustraciones de Alessandro Ferraro inspiradas por tu música. En el proyecto Pasodoble pones música junto a Gabriele Mirabassi a las pinturas y esculturas de Barbara Sbrocca. También participas en Impresiones y paisajes en el que escribes la música para textos de García Lorca y Pablo Neruda. Pintura, poesía, música. ¿Cómo se compone para la pintura y cómo se compone para la letra de un poema?

¿Cómo decirlo? Yo adoro las otras artes y adoro las posibles contaminaciones entre la música y la poesía, la pintura, la escultura. Se puede decir que el hilo conductor es la emoción. Si tengo que componer sobre un cuadro nunca será sobre uno que no me emocione, que no me impacte de forma particular, igual que se han elegido algunos poemas de Neruda o de García Lorca y no otros. Para mí ha sido una investigación muy minuciosa. Para componer necesito emocionarme, de otro modo no sucede nada. Yo compongo de oído, todo lo que he aprendido no está presente cuando compongo, es algo que viene de dentro. Viene de la improvisación total, de un no saber dónde ir y de una búsqueda, de ir adonde nunca he estado. Y también es la búsqueda de lo desconocido.

Cuando me encuentro en frente de un cuadro o frente a un texto, a una poesía, busco entrar en la misma actitud. Trato de buscar cualquier cosa que me llegue al nivel del subconsciente, algo no racional. La atmósfera, la emoción que me llega de la imagen o de la poesía trato de transformarla en música porque el hilo conductor es siempre el mismo. Mi relación con la música, con la imagen o con la pintura pasa a través de un sentir, busca ser profunda, no solamente técnica. Claro que a nivel técnico podré escribir, componer, de manera… pero no me interesa hacerlo de modo racional. Siempre trato de buscar una sensación particular cuando escribo que no sé describir bien. Una cosa bastante... un estado de ánimo muy, muy particular. Pero busco eso porque si no llega no lo consigo. A veces paso por periodos en los que no escribo, no compongo, porque no me sucede esto, porque no encuentro lo desconocido que busco. Entonces me entristezco, porque sin eso no tiene sentido para mi.


Leo en tu biografía que tu música ha sonado en la Radio del Vaticano. No sé si esa es una buena noticia para un músico de Jazz. Que la Santa Sede dé por válida su música.


¡La música del diablo! (Risas) Me ha sorprendido siempre. Además ellos difunden muchas veces transmisiones de una hora u hora y media todo sobre mi música. Lo han hecho varias veces y esto me ha impactado mucho porque no sólo es que toco Jazz, ¡soy una mujer que toca Jazz! y esto es algo muy grave. Porque parece que en Italia todo es normal para una mujer pero no es así, esto lo digo oficialmente. Quizá me arresten por decir esto. Es una novedad simpática esto del Vaticano pero no creo que cambie mucho la situación en realidad. El Vaticano es siempre el Vaticano desafortunadamente. Y por lo tanto no hay mucha esperanza. Tal vez es que como no hago swing, el Jazz negro, se piensan que hago casi música Clásica y por eso tal vez me lo permiten. Ahora estoy bromeando. (Risas).

Italia es un país del que hemos podido conocer algunos nombres muy interesantes de su escena jazzística. Una escena que se nos antoja muy diversa que va desde los músicos con una línea mainstream a otros más vanguardistas ejemplificados por la Italian Instabile Orchestra. Un país en el que incluso algunos de sus más famosos cantautores hacen algo parecido al Jazz: Gianmaria Testa, Paolo Conte, Gino Paoli… ¿hay cultura de Jazz en Italia?

Diré que en los últimos años sí. Bastante, tal vez todavía no como estaría bien que fuera. En Italia en este periodo giran tal vez muchas cosas falsas, hay situaciones artísticas que no son tan artísticas pero las hacen pasar como grandes eventos musicales, etcétera. Pero debo decir que, no obstante esto, hay, en efecto, una gran evolución del Jazz así también como del lenguaje; porque es verdad que hay mucha diversidad entre nosotros en Italia.

La diversidad es algo muy hermoso e importante en mi opinión aunque en Italia la diversidad no está admitida por varios motivos... bueno, lo dejo, no voy a comentar sobre esto. Sí, hay mucha diversidad y la gente también tiene curiosidad sobre esta diversidad jazzística. Desafortunadamente la música pop tiene mucho más peso a en Italia; esto es muy triste porque la música pop no tiene nivel, es música comercial - como sabemos en todo el mundo -, es un problema pero, a pesar de esto, hay muchos festivales en que es posible hacer conocer a la gente las diversas realidades jazzísticas y entonces... Bueno, está bien, resistamos, esperemos que mejore más.

Estos días pasados hemos estado analizando la situación de los músicos de Jazz y otras músicas en España y no existe una legislación que permita al músico serlo de manera exclusiva y profesional como sí puede existir, por ejemplo, en Francia. ¿Cómo es la situación en Italia al respecto?

Dramática, diré, como tantas otras cosas en Italia. (Risas). Dramática porque, en efecto, no hay ningún tipo de ley para el músico de jazz, empezando por la ley de los derechos de autor. En Italia se reconocen solamente los derechos del compositor y a los improvisadores que, sin embargo, crean música al instante, no se les reconoce. Es decir, si tocan un standard de jazz e improvisan durante 20 minutos deben registrar solamente el standard del autor que lo ha escrito. Los 20 minutos de improvisación no se les reconocen. Además no tenemos atención, no tenemos gastos laborales, se hace todo de forma muy vaga. Algo se está haciendo. Están intentando obtener leyes para cosas de ese tipo pero todavía estamos muy retrasados desafortunadamente. Esperemos que en el futuro mejore un poco la situación. Pero es muy difícil.

¿Puede Stefania Tallini dedicarse en exclusiva a ser músico?

Si, absolutamente. Hay temporadas en las que toco menos porque también doy clases. Hago eso que hacen tantos músicos, dar clases, hace colaboraciones, escribir, hacer arreglos, conciertos, grabar discos. Sí, consigo ser solamente músico, lo llevo haciendo desde los 16 años cuando comencé a trabajar.

En tu currículo figura tu participación en un acto, con presencia del presidente de Italia, en el día internacional de la mujer de 2008. Todos tus discos anteriores son en compañía masculina. ¿Es el Jazz un mundo mayoritariamente masculino por machismo o hay alguna explicación menos dramática?

Desafortunadamente debo decirte que lo hay. Cuando empecé mi carrera en el Jazz pensaba de forma muy ingenua y me parecía que no había machismo; no obstante el negocio del Jazz es algo que está ligado a la imagen masculina porque siempre ha estado presente. Aparte de cantantes, no había muchas mujeres músico. Con los años he descubierto que todavía hay escepticismo. Yo lo veo porque cuando no me conocen lo siento en mi piel, que hay escepticismo a mi alrededor porque soy una mujer. Después si escuchan mis discos, si me conocen, me escuchan tocar, cambia todo y te acogen como a un hombre, pero esto es lo extraño, que hay una situación en la que es difícil ser mujer en un ambiente así de masculino. Está demostrado… de hecho, según mi opinión, no debería haber un día de la mujer o eventos rosas o femeninos. No debería ser un acto el hecho que se organice algo para la mujer o que se organice un festival para la mujer. Bien, la fiesta de la mujer está bien pero del mismo modo no existe la fiesta del hombre, por ejemplo. Parece un feminismo a la inversa pero lo que quiero decir es que es absurdo que todavía hoy haya una diferencia. Existe un festival de Jazz y existe un festival para las mujeres, esto no es buena señal. Debería ser normal que todos los festivales sean iguales y que haya hombres y mujeres. Este es la cuestión. En mi opinión debemos hacer mucho todavía en Italia aunque las apariencias quieran ser distintas. La realidad concreta la veo en muchas de mis colegas que trabajan; todavía te hacen pagar el hecho de ser mujer, el hecho es que es más difícil, más complicado. No es bonito sentir esta desconfianza estúpida. El problema existe. Lo digo, no lo niego.

He conocido músicos italianos que en los últimos cinco, diez años, han venido a España a vivir con la idea de que aquí hay más libertad que en Italia. Sin embargo musicalmente muchos proyectos italianos parecen más libres que los españoles. ¿Cómo es la vida en Italia, en Roma, más allá de Berlusconi?

Es difícil hablar de la vida en Italia más allá de Berlusconi, es imposible. Desafortunadamente es imposible. Me encantaría poder decir que se vive bien más allá de Berlusconi pero desafortunadamente vivimos un momento dramático en Italia. Sí, seguramente hay libertad, pero es posible que desde el extranjero no se vea hasta que punto estamos invadidos de estos artistas falsos, de estos eventos falsos, no quiero decir nombres pero hay fenómenos que son “hijos” del gobierno de Berlusconi. Espero que no me arresten con esto. En mi casa todavía puedo hablar pero me resulta extraño esto de que digáis que no tenéis libertad artística, que tenéis menos libertad artística que nosotros. Para nosotros, en Italia, España es un ejemplo de libertad, de cultura diversa, espero que sea así de verdad. Ahora soy yo la que hago la pregunta. Porque realmente sois un ideal para nosotros, por favor no nos desilusionéis.


Carlos Pérez Cruz

Traducción: Amaya Pérez Cruz