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Iñaki
Salvador (Donostia - San Sebastián, 1962) es
uno de los más importantes pianistas del jazz
español. Cuenta con varias ediciones discográficas,
ha compuesto para teatro y televisión y ha puesto
colchón sonoro a voces de la tradición vasca
como Mikel Laboa. En
la actualidad reparte su tiempo entre la dirección
del departamento de jazz de Musikene (Centro de
Estudios Superiores de Música del País Vasco),
diversas actuaciones o el mundo del teatro.
Por
Carlos Pérez Cruz |
El
día 21 de enero actúas en el Auditorio Kursaal con una
formación especialmente seleccionada para la ocasión.
¿Estamos hablando de un concierto de reconocimiento a
la figura de Iñaki Salvador?
Se
trata de una reedición de un hermoso regalo que el
Festival de Jazz de Getxo me hizo hace un par de años,
un concierto de “Carta Blanca”, es decir, el lujo de
poder elegir con qué músicos quieres compartir
escenario por una noche. Ahora es Donostia quien quiere
repetir la experiencia y vuelvo a recibirlo como un
obsequio al mismo tiempo que como una oportunidad de
devolver la confianza que deposita en ti quien te ofrece
una oportunidad así. Hablar de “reconocimiento a mi
figura” podría sonarme muy halagador si no me
resultara excesivo. Lo de figura parece que suena a
alguien quien ha llegado a algún sitio y te soy sincero
si te digo que me siento, más que nunca, “en la
carretera”, en pleno aprendizaje y crecimiento. O quizá
más exactamente (sin renunciar al gozoso sentimiento de
ser “eterno estudiante”) en un momento en el que voy
interiorizando más nítidamente la filosofía de una
frase que leí por ahí y que intenté incorporar a mi
mochila como axioma vital: “la felicidad no es una
estación a la que se llega sino una forma de viajar”.
Siendo esto así, este concierto lo vivo como una
parada del viaje en la cual voy a compartir una
“cafecito musical” con unos viajeros de lujo, o
puede vivirse también como si estos enormes músicos
fuesen revisores del tren en el que viajo, quienes me
van a pedir el billete, desde luego, y a quienes se lo
voy a mostrar con la sana y humilde intención de
demostrar que lo compré porque me gusta viajar y porque
quiero seguir ruta.
En Getxo
ya tuviste una experiencia de “carta blanca”. ¿Cuál
ha sido tu criterio de selección de los músicos?
Pensé en el momento de elegir en personas de las que
pudiese aprender mucho desde su enorme experiencia, más
que en creadores necesariamente innovadores y/o
transgresores. Siendo un concierto para el cual sólo
puede hacerse un ensayo consideré, y creo que acerté,
que sería interesante contar con gente con la cual
abordar un repertorio muy “estándar” a partir del
cual disfrutar de su peso, de lo contundente de su pulsión
rítmica, de su lenguaje,
de su cualidad como representantes de lo más
genuino de lo que damos en llamar “la tradición”.
Pienso que todos ellos, algunos más veteranos, otros más
jóvenes, han estado y están escribiendo páginas de la
historia del jazz desde su enorme honradez y discreción
como músicos, en esa zona de la escena en la que se
colocan, por derecho y voluntad propias, los bregadores,
más que los timoneles. En Getxo gocé de la lección de
“oficio” y respeto por la música y los músicos que
me ofrecieron. Y estoy seguro de que en Donostia, al márgen
de la suerte que tengamos en
los resultados, el proceso va a estar trufado de
los mismos principios básicos.
¿Cuál va a ser
el repertorio de concierto?
Al igual que sucedió en Getxo será una mezcla de temas
“estándar” con composiciones mías. Desde
composiciones tan conocidas en nuestro universo musical
como “Invitation” o “Black Nile” a temas propios
de mis CDs de estos años como “Mind” o “Como tú
quieras”, o algunos de ellos algunos inéditos como
“Duda razonable”. Todo ello con sencillos arreglos
para sexteto que estoy preparando para la ocasión.
Si
tuvieras la posibilidad de una “carta blanca” con músicos
de toda la historia del jazz, ¿qué nombres te acompañarían
en el escenario?
Pues lamento no ser
capaz de hacer un ejercicio de “fetichismo” musical.
Digo siempre, y desde la máxima sinceridad aunque pueda
sonar asquerositamente “políticamente correcto”,
que considero que ha sido y es un privilegio compartir
escenario con todos y cada uno de los músicos con
quienes he trabajado y trabajo. Con unos ha podido haber
mayor sintonía que con otros, de algunos habré
aprendido más que de otros, con algunos habré
conseguido mejores resultados musicales, y muchos de
ellos habrán gozado de mi compañía y muchos otros no,
pero la experiencia de uno es algo a no despreciar
nunca, sobre todo porque te ha forjado y te ha hecho
llegar hasta donde estás. En ese sentido, cualquier músico
considerado como “histórico” en la historia del
jazz, a buen seguro me hubiera interesado y me interesa
como compañero de escenario.
No son malos momentos
para Iñaki Salvador. A la actividad como instrumentista
sumas la coordinación del departamento de jazz de
Musikene. ¡Por fin un sueldo estable!
Bien es sabido que
sueldo estable no es siempre, ni mucho menos, sinónimo
de bienestar profesional, si entedemos éste como el
privilegio de desarrollar una actividad remunerada que
llene nuestras expectativas creativas, en el caso de la
música al menos. Por ello, y gracias al cielo, no es mi
nómina de Musikene el primer sueldo estable del que he
podido disfrutar, pero sí uno de los varios que he
recibido sintiéndome respetado y excitado
profesionalmente. Así que bienvenido sea el formar
parte del proyecto de Musikene pero, fundamentalmente,
por lo que supone de ser parte activa en el empeño de
poner en pié un Centro que nace con la vocación de
conjugar rigor académico con la frescura y la capacidad
de riesgo que debe asumir un conservatorio superior.
Ojalá los muchos que compartimos este nacimiento seamos
lo suficientemente hábiles para darle vuelo y ojalá
también quienes tienen la responsabilidad de
proporcionarnos una adecuada pista de despegue no dejen
en la estacada el trabajo, la energía y la ilusión que
en todo ello se está poniendo.
Aunque sea
Berklee la gran escuela de jazz internacional (al menos
a efectos populares), existen otros modelos como puede
ser por ejemplo el conservatorio Sibelius de Finlandia.
¿Se ha basado Musikene en algún modelo concreto?
Es innegable que
Berklee es históricamente, para lo bueno y para lo
malo, una referencia para todos aquellos que
profesionalmente enseñamos música improvisada. Su
sombra es alargada y
aun aquellos que no hemos pisado esta escuela de
referencia jamás,
somos herederos , en mayor o menor medida,
de los modos y maneras de trabajar de este
centro. Pero Musikene en general y su departamento de
Jazz en particular nace con la vocación de fijarse en múltiples
referentes y también, en la medida de lo posible y con
toda humildad, de crear en base a todas las experiencias
ya existentes, un modelo propio y flexible de
funcionamiento en lo académico. Bajo esa premisa, el
trabajo se torna tan difícil como apasionante, y
estamos aún, con dos años de vida de nuestro
departamento, dando los primeros pasos por lo que
resultaría arrogante no reconocer que nos nutrimos de
la experiencia y conocimientos aportados por quienes
llevan años enseñando música moderna y son además
poseedores por “genética cultural” de las bases técnicas
y estéticas de la música afro-americana, pero al mismo
tiempo, insisto, dispuestos y convencidos de que hemos
de ahondar en nuestras propias raíces, como europeos,
para hacer de nuestro sistema de enseñanza un crisol,
un prisma de muchas caras.
Musikene
lleva dos años en funcionamiento. Sombras y luces de
estos dos cursos.
En una respuesta anterior hablo de que necesitamos del
ejercicio de responsabilidad que han de hacer quienes
deben facilitarnos una pista de despegue para que todo
esto vuele y no solo circule, o ni siquiera esto último.
Con ello quiero referirme a varios aspectos pero con
claridad a lo que ahora se torna como urgente que es
dotar al Centro de un edificio adecuado y estable. La
falta de espacios para el normal y óptimo desarrollo de
la actividad académica es un mal que arrastra el centro
desde su nacimiento pero que en estos momentos, en su
tercer año de vida, está siendo un lastre difícil de
llevar y muy perturbador del trabajo cotidiano. Esto
hablando de las sombras. Y luces hay muchas, sería
injusto negarlo. El propio hecho de apostar por la
creación del Centro y el esfuerzo presupuestario y de
gestión realizado para poder contar con el concurso de
grandes profesionales como docentes es algo de agradecer
y de lo que debemos sentirnos satisfechos pero, y por
respeto a estos dos pilares citados y en aras a la
efectividad y para no malograr lo invertido ya, es
urgente quitar la soga que aprieta cada vez más el
cuello de este recién nacido.
Uno de los
grandes atractivos de Musikene se encuentra en el
profesorado. Un centro como éste requiere una fuerte
inversión económica. ¿Qué viabilidad de futuro
tiene?
Ni me corresponde hacerlo ni tengo capacidad para
valorar algo así. Me atrevo tan sólo a opinar en este
caso como ciudadano. Desde ahí me atrevo a decir que un
proyecto así y su viabilidad, para bien y para mal, sólo
pueden ser valorados tras un tiempo razonable de vida en
el que no falten dos cosas básicas: claridad en las
ideas, es decir, un proyecto, una idea muy perfilada de
hacia dónde se quiere ir, y, por otro lado, los
recursos suficientes para que el viaje se pueda
producir. Sin un destino claro, y sin alforjas para ese
viaje, corremos el peligro de quitarnos la razón a
quienes pensamos que la creación del Centro fue una
feliz e importante idea. Espero que no nos falte, a cada
cual desde su responsabilidad, energía, talento y
determinación para que la idea se convierta en gozosa
realidad.
Independientemente de lo
económico todo esto no puede existir si no es gracias
al alumnado. ¿Qué respuesta de alumnado ha existido en
estos dos años? ¿Qué nivel e inquietudes presenta el
mismo?
Lo cierto es que la respuesta ha sido excelente, el
Centro ha suscitado y suscita mucho interés entre los
estudiantes de música de nuestro entorno más cercano y
de lugares muy recónditos, en algunos casos, y la
valoración que hago a ese nivel es muy positiva.
Trabajamos con un alumnado ilusionado, muy motivado,
ambicioso y espero y confío en que siga siendo así. Se
enfrentan a unos planes de estudios muy serios, de alta
exigencia en lo cuantitativo (horas de estudio) y en lo
cualitativo (especialización de las materias) y para
los que se requiere esfuerzo y talento. Pienso que en su
inmensa mayoría han entendido y aceptado el reto y están
poniendo, en líneas generales,
lo necesario para que el trabajo tenga un final
feliz.
Prácticamente
en paralelo a la creación de Musikene aunque
independiente de éste nace la Pirineos Jazz Orchestra,
de la que formas parte y que acaba de grabar un primer
disco. ¿Qué valor real tiene la orquesta en este
momento para sus componentes?
El alto valor de ser
conscientes de que forman parte del nacimiento de un
proyecto tan difícil como necesario, atractivo e
ilusionante.
Ahora
hay proyecto donde antes no lo había. Sin embargo, ¿no
ve la orquesta limitado su crecimiento artístico al
depender del bolo en vez de poder trabajar con
independencia de los conciertos? Existen ejemplos como
la UMO Jazz Orchestra en Finlandia o la Orquesta
Nacional de Jazz en Francia.
Es evidente.
Pienso que el gran mensaje que quiere lanzar esta
orquesta es el de que la creación de una orquesta pública
y estable de música moderna es algo que debieran
abordar las instituciones de hoy, del siglo XXI. Este
proyecto cuenta con subvenciones pero no deja de ser un
grupo privado que, efectivamente, está en el mercado a
merced de la ley de la oferta y la demanda entendida en
términos meramente económicos. Se puede entender que
una agrupación así, con 18 músicos en escena, y un
equipo de no menos de 10 personas entre gestores y técnicos
varios, tiene su vida muy amenazada y sus posibilidades
de desarrollo muy mermadas. Con nuestros conciertos de
este primer año creo que hemos cubierto varios
objetivos, siendo uno de ellos y de especial relevancia
el demostrar que hay capital artístico e interés por
parte del público para crear una estructura estable y pública
de creación, promoción y distribución de la oferta
artística de nuestra música y de nuestros músicos.
Queremos por tanto demandar a quien corresponda
contestarlo cuáles son los criterios por los cuales las
orquestas públicas lo son en función de su opción
estilística. Bien es cierto que algunos llevamos muchos
años preguntándolo y nadie se da por aludido, es
decir, no
es que la respuesta al interrogante no nos convenza, la
cosa es mucho más triste, no ha habido respuesta o yo,
al menos, no la he conocido.
¿Por dónde camina y
por dónde le gustaría a Iñaki Salvador que caminara
el criterio artístico de la banda?
Pienso que
puede haber varios caminos y casi todos ellos válidos.
Considero que debieran ser los mismos por los que se
rigen (o debieran) las orquestas públicas de música clásica
existentes: repertorio histórico y estrenos de obras de
autores contemporáneos. Eso en el caso de ser públicos,
insisto, que no es el caso. Siendo como somos un puñado
de músicos que queremos hacer música de jazz en
formato de Big-Band, siendo esas las únicas premisas,
me inclinaría por abordar repertorios atrevidos,
comprometidos con nuestro espacio y con nuestro tiempo.
Aún sabiendo que hay un contrasentido en lo que digo,
habida cuenta de que los criterios de programación de
conciertos y festivales son, en líneas generales,
tremendamente conservadores. Pero considero que crear
una orquesta así para ofrecer un repertorio no original
en el sentido de tocar lo que ya ofrecen centenares de
Big Bands del mundo entero es algo que resta interés y
aliciente al ímprobo esfuerzo de tenerla en marcha.
La plataforma “Nuestro
Jazz” creada hace unos meses parece ser un intento
real de unión del músico de jazz español en la búsqueda
de una mejora de las condiciones profesionales. ¿Qué
opinión te merece este movimiento? ¿Cuál es tu
implicación en ella?
Me
parece de agradecer a quienes lo han puesto en marcha.
Creo que va en la línea de lo que muchas asociaciones
de músicos españoles han reivindicado desde tiempo atrás.
Mi corta “expeciencia asociativa” siendo uno de los
fundadores y Presidente de la extinta “Músicos
Asociados de Euskadi” me hace pensar y sentir que una
movilización como la que pretende esta iniciativa es
tan necesaria y justa como complicada en su gestión y
en la consecución de los objetivos finales que
persigue. Mi implicación es la de haber firmado, como
tantos otros, el manifiesto fundacional y la de estar,
en la medida de mis posibilidades, a disposición de
quienes están tirando de este carro en aquello que
humildemente pueda aportar.
Aunque
las Instituciones sean el “enemigo” con el que
negociar tengo la sensación de que en ocasiones el
mayor de los enemigos se encuentra en los propios
músicos. Parece que en muchas ocasiones cada uno va a
lo suyo y que incluso entre una parte de los músicos
existe escepticismo ante actuaciones de este tipo.
Creo que así
es, y es algo que desmoraliza mucho cuando uno decide
poner su tiempo y su energía a disposición de unas
reivindicaciones en las que uno cree y de unas acciones
que, de dar el fruto deseado, beneficiarán a todos. En
ese sentido apelaría a la implicación e ilusión de la
mayor cantidad de músicos posible en la fase, al menos,
de debate de lo que creemos que debe y puede hacerse,
que es mucho.
Cuál es el
análisis general de la situación del jazz en España
desde tu perspectiva.
Creo que
asistimos a décadas muy importantes del jazz en España.
Por encima del manido debate (y que a mi no me interesa
en exceso) de
si hay un buen número de creadores o sólo una nueva pléyade
de músicos de buena base técnica pero sin nada que
decir, lo que yo subrayaría es que hay proyectos en
cantidad y calidad suficiente como para estar
ilusionados y expectantes y que, desde luego, merecerían
la mayor parte de ellos un mejor trato de programadores
y público del que gozan en la actualidad.
Los festivales
en el centro de mira. Euskadi tiene tres de entidad.
¿Tienes opinión crítica sobre ellos?
El sólo hecho
de observar el dato de que hay tres festivales en un
radio de pocos kilómetros, apiñados en tres semanas y
en una zona de baja densidad de población deja clara su
razón de ser y por tanto sus modos y maneras de
funcionar y de venderse al exterior. Son festivales
claramente vinculados a la oferta turística de aquellos
enclaves en que se desarrollan y en ese sentido tienen
varias improntas, para bien y para mal: son eventos que
miran con un ojo a la taquilla y a la promoción
exterior, y con el otro al interés musical de lo que
programan. Creo que son tres importantes festivales,
impecables en su gestión bajo el mandato y filosofía
del objetivo con el que fueron creados y que, por tanto,
no siempre contentan al aficionado fiel cuyos
“intereses” como público son sacrificados en
ocasiones en aras a atraer al “aficionado
estacional”, aquel que sólo acude a un concierto de
jazz en el mes de Julio. En ese sentido disfruto de
ellos en la medida en que puedo aunque, como es lógico,
no siempre cubran mis espectativas como espectador.
El
club de jazz “Altxerri” de Donosti celebra 20 años
de música en directo con un disco tuyo junto a Jorge
Pardo. El dúo requiere de una total comunicación entre
los músicos. Dos músicos de un mismo jazz pero de
lenguaje diferente. ¿Qué elementos comunes encontraste
en la manera de entender la música de Jorge y la tuya?
Creo,
humildemente, que compartimos capacidad de riesgo y
fobia al encasillamiento, a las etiquetas. A partir de
ahí, gozamos de algo que también que tenemos en común,
que son las ganas de escuchar al otro, de contarnos una
historia el uno al otro y de, juntos, crear una pequeña
y sencilla historia que a alguien pueda interesar. Nada
original, ¿no?, a lo que todo músico aspira y lo que a
todo músico le mueve, esa “felicidad” de la que
hablaba antes entendida como viaje más que como meta.
A
su vez se ha reeditado hace poco tu primer disco, “Orain”.
¿Qué evolución aprecias en tu sonido al volver a
escucharlo?
Intento no ser
excesivamente crítico ni excesivamente indulgente
conmigo mismo cuando escucho mis registros de unos
momentos u otros de mi vida profesional. Reconozco al
escucharme las que considero mis limitaciones y aquellas
que considero mis virtudes , y renuevo el compromiso
conmigo mismo cada vez de saber convivir con ambas y de
intentar ser lo suficientemente hábil y trabajador como
para que el pastel que preparo me sepa más rico a mi
como paso previo a que les pueda gustar a los demás,
teniendo bien claro que hacer música, como hacer una
rica tarta, no es una ciencia exacta y por tanto, por más
que uno se empeñe, la masa es una obra humana y por
tanto tiene vida propia y a veces te hace caso y a veces
va por libre...
Si
tuvieras que hacer un álbum fotográfico de tu
trayectoria profesional, ¿qué fotografías ocuparían
un lugar preferente?
Aún a riesgo
de resultar pedante te constaré que, sin duda, las que
están por sacarse, porque si hay fotografías
pendientes eso significa que el viaje no ha terminado, y
no sabes bien lo que me gusta estar vivo, física,
personal y musicalmente hablando.
¿Qué
va a ocupar el tiempo de Iñaki Salvador en los
próximos meses?
Mi
actividad docente y de gestión en Musikene; la
dirección pedagógica del próximo Seminario
Internacional de Jazz de Zarautz; la impartición y/o
dirección de diferentes cursos y seminarios;
la participación en la creación de un nuevo
espectáculo teatral del grupo Tanttaka (con quienes
colaboré en “El pianista del océano”) en un nuevo
proyecto en el que aportaré tanto la música original
como mi presencia en escena, bajo la dirección, de
nuevo y como en aquella ocasión, de Fernando Bernués;
conciertos varios con grupos a mi nombre o en
colaboración con otros músicos (Mikel Andueza o
Joaquín Chacón, con quien he estado de gira por Corea
del Sur invitados por el Ministerio de Asuntos
Exteriores y con quien presumiblemente volveré a viajar
a lejanas tierras asiáticas, etc....). Y estudiar,
siempre estudiar. Y sobrevivir a este pequeño caos de
mundo que tan irresponsablemente estamos construyendo. Y
aburrirme, si consigo aprender a hacerlo pues lo
considero saludable, necesario y tremendamente
enriquecedor..., ¿hay seminarios sobre ese arte?
Agradecería información...
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