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José Miguel López
(Haro, Rioja - 1953) es periodista , licenciado en la Facultad de
Ciencias de la Información. Redactor de Radio Nacional de España desde
1977. Director del programa "Discópolis" (Radio 3) desde 1987.
Premio europeo de radio, "Deutsche Welle" 2002. Autor de "Robert
Fripp - King Crimson: Música de alto riesgo" (1995). Coordinador del
libro "La radio musical en España"(IORTV 2001). Delegado en la
Unión Europea de Radio. Productor de los discos "Couleurs de
Madrid" (Radio France International, 2000), "Discópolis"
(Boa 2002) y de la parte literaria de "Las Músicas de los
Balcanes" (FNAC 2001). Colaborador de diversas enciclopedias temáticas
musicales. Miembro del panel de críticos europeos "World Music
Charts Europe". Por
Carlos Pérez Cruz |
P:
Una pregunta de difícil respuesta a la que
estamos sometidos las gentes del jazz ¿qué es el
jazz para ti?
J.L.: No soy crítico de jazz pero sí he estado
mesa con mesa con Paco Montes durante muchos años
y he aprendido mucho de él. Y él respecto a
esa pregunta me decía: "eso me lo han
preguntado ochocientas veces y yo digo siempre
lo mismo: esto es jazz". Y "Esto
es Jazz" era su programa y demostraba lo
que era poniendo música.
Yo recuerdo que una vez le hice una entrevista a
Count Basie en Sitges hace unos veinticinco años
y le pregunté qué era el jazz para él. Me miró
con una cara como diciendo: "este marciano
de dónde ha salido". Y me dijo: "hey
man, ¿tienes tiempo para que te lo
cuente?". Y me di cuenta de lo ingenuo que
era.
¿Qué es jazz? Madre mía. Desde luego es una música
del siglo XX que se origina en el sur de Estados
Unidos donde se mezclan por un lado los cantos
de trabajo ancestrales negros que tienen también
su raíz en ciertas formas de
"llamada-respuesta" de raíz africana.
Se mezclan instrumentos europeos de las bandas
de metales emigrantes de centro-europa. Se
mezcla todo eso con los cantos negros, con una
tradición de un piano muy particular y de toda
esa mezcolanza surge algo que a partir de los años
diez se empieza a llamar jazz. Porque desde el
jazz de Nueva Orleans a lo que hoy llamamos
jazz, fíjate tu lo que ha llovido. Pero el jazz
es una forma expresiva musical muy importante
del siglo XX.
P: ¿Cuál es tu
relación inicial con el jazz, tu primer
encuentro con esta música?
J.L.: Siendo
estudiante. Cuando a uno le gusta la música te
gustan todos los estilos. Mis contactos con el
jazz son de siempre. Yo me acuerdo que mi madre
me decía que de pequeño movía mucho el "culito"
bailando eso de "Rosemary Clooney" que
decía eso de "Mambo italiano..." y
cosas por el estilo. Aquello no era jazz pero
tenía swing. Yo me he "chupado" los
primeros festivales de jazz de Donosti. Me iba a
Barcelona a "La Cova del Drac" a ver
qué había allí.
Yo soy más rockero que jazzista y me acuerdo de
un disco que hicieron los "Lone Star"
titulado "in jazz" que me parecía
maravilloso y nadie de mis compañeros no lo
entendía. Mi contacto con el jazz es híbrido,
es mixto, en realidad como todo mi aprendizaje
musical.
P: Jazz y
España, Jazz e Instituciones… ¿palabras de
difícil convivencia?
J.L.: Estamos ahora en una muestra ahora por el
Injuve en Ibiza* por lo que decir que la relación
es patética se cae por la propia base. Pero
claro, esto es una isla y no hay más. Esto es
el sueño de una noche de verano, está muy bien
pero la relación instituciones-música no
existe. Hay algo pero es tan poco. Es realmente
patética.
P: ¿Qué ha de
cambiar para que el jazz español alcance la
madurez? (si es que no la hubiera alcanzado)
J.L.: Sí
ha alcanzado madurez pero los músicos de jazz
tienen que vivir, que comer... yo recuerdo haber
hablado de esto con Blady Bass y sobre todo con
Pedro Iturralde. Son músicos enormes que se han
tenido que ganar la vida haciendo bandas
sonoras, siendo músicos de sesión...
Fíjate Pepe Nieto. Es un batería de jazz
impresionante, de lo mejor, pero sin embargo es
más conocido como autor de bandas sonoras de
películas, como primer batería de los "Pequeniques"...
pero por qué no se dedica al jazz... porque no
puede. Porque necesita comer todos los días.
Los músicos de jazz que consiguen vivir de esto
son dignos de admiración. Un Chano Domínguez,
un Jorge Pardo... pero son una docena. Lo que
tiene que cambiar es la política musical de
este país de arriba a abajo. Se tiene que enseñar
música de verdad a la gente, se tiene que saber
qué es música de verdad y qué es canción
para consumir en el momento y adios... ahí
seguramente apoyaríamos que los músicos de
jazz tuvieran posibilidad de sobrevivir. No
tenemos big bands en España. Hay muy buenos músicos
pero no hay continuidad. No hay una gran banda
en Radio Nacional como sí la hay en otras
radios como la WDR. ¿Por qué no la tenemos?
Porque no se cree en ello.
También están los sitios en los que se tocan
durante el invierno, no digo durante el verano.
Porque los festivales que hay no están mal pero
son sólo para un mes. Y los músicos comen los
doce meses. Y esos locales de invierno son pequeños,
pocos y tienen problemas de insonorizaciones con
los vecinos... la problemática es muy fuerte y
por ello me maravillo de que todavía tengamos
grandes músicos. Músicos como Tomás San
Miguel, que toca el piano como los ángeles. Un
Paxariño, que es excepcional. Los jóvenes como
Abe Rábade, Llibert Fortuny... sigue
saliendo gente joven. Y yo como profesional me
planteo: ¿cómo les puedo ayudar? Está claro
que difundiendo esa música. Y ¡encima son
buenos! Pero tenemos mucho por mejorar.
P: ¿Qué nombres
de nuestro jazz consideras destacan en este
momento?
J.L.:
Es complicado porque siempre se te queda algún
nombre fuera. He dado algunos nombres pero hay
muchos más. Por ejemplo en contrabajo, Baldo
Martínez es una contrabajista impresionante.
Pero me pones en un aprieto. Yo sacaría una
relación de cuarenta, cincuenta músicos con
mucho nivel.
P: Del panorama
internacional del jazz, ¿qué nombres y
movimientos te llaman especialmente la atención?
J.L.: A
mí, en cuanto a gustos particulares, mi
favorito es John Coltrane desde hace treinta años.
Siempre me ha fascinado a todos los niveles. Del
panorama actual Joe Zawinul me parece
fundamental porque ha sabido evolucionar.
Richard Bona. Brad Mehldau me encanta. Stefano
di Battista es un monstruo.
P: ¿Cuál es tu
valoración del actual panorama de festivales de
jazz en España? ¿Jazz o acto social? ¿Se cuenta
suficientemente con el jazz español y europeo?
¿Merecerían en todo caso estos últimos presencia
sobre esos escenarios?
J.L.: El
panorama de festivales de jazz... este año se
ha desmadrado, hay un montón de festivales. Yo
estoy encantado. Todo esto ha empezado con los
festivales étnicos. Apostaron un par o tres de
ayuntamientos y ahora hay un festival étnico en
localidades de lo más pequeñas. Esto ha
contagiado a los de jazz y ahora hay muchos.
¿Todos son válidos? ¿Todos son jazz?... el
mal ejemplo lo puso ya hace unos años Montreux.
Festival de Jazz de Montreux y dices: ¿qué
pinta aquí - por mucho que me guste - Joe
Cocker? ¿Santana? Empezaron a cambiar el
concepto y a contaminar y eso ya no era jazz.
Eso se contagió a San Sebastián que tuvo un
momento de crisis donde no sabían si seguir con
el jazz puro o si abrir la mano y hacer como
Montreux. Y siguieron esa línea que para mí es
equivocada. Yo las mezclas las tengo en los
ritmos étnicos. Por ejemplo el de San Javier es
una mezcla... con todos mis respetos...
La mezcla es lo que hizo el jazz, pero el jazz
está ya definido, tiene suficientes líneas, no
veinte si no treinta caminos muy interesantes...
¿por qué tienes que hacerlo más rentable?...
hombre, para que la gente te venga y te compre
la entrada y entonces es cuando el festival se
convierte en un acto social. Hay algunos
festivales que vas y ves un desfile de modelos.
Y a mí eso no me interesa.
El público que puede ir a un festival de jazz
es aquel que está en una ciudad bonita de
vacaciones y de paso se va a una actuación.
Cada uno tiene sus gustos y el mío es ir a oír
jazz. Además hay que distinguir entre un
festival y un club. Es lo que pasa por ejemplo
con el "Calle 54" de Madrid. El otro
día presenté a Tomás San Miguel allí y me
quedé asombrado porque había silencio. Y digo
asombrado porque el club está concebido para
que no haya silencio. Que la gente se
calle en una actuación es muy complicado. Yo
recuerdo los locales clásicos madrileños como
el "Bourbon Street" que tenían su
barra por supuesto, pero cuando el grupo salía
había silencio. Por supuesto había gente que
hablaba, pero no te molestaba. Aquí no, aquí
la gente va a hablar.
Por lo tanto una cosa es el club y otra el
festival. Al festival se supone que vas a
escuchar. Podemos hablar de si Mendizorrotza
(Vitoria) reune condiciones o no. De si San
Sebastián o de si aquí en Ibiza es el mejor
escenario... esto es tan complicado... pero por
parte del público debía haber respeto hacia el
artista. Aquí en Ibiza existe, al menos las
primeras filas están en silencio absoluto, pero
claro, vete un poco más atrás.
Tengo una anécdota de un concierto de Pink
Floyd. Era carísimo, la entrada costaba una
pasta. Te hablo de hace ya diez o quince años.
Y a mi lado había unos tíos que estuvieron
tumbados las dos horas que duró el concierto.
No sé si estaban dormidos o dónde estaban. Los
conciertos de Pink Floyd son casi óperas (con
los cerdos volando, los fuegos artificiales,
pantallas, luces...). Ellos no vieron
nada... o quizá vieron más que yo. Y yo
me decía: estos tíos han pagado una millonada
por tumbarse en el cemento y no se han enterado
de nada.
P: ¿Festivales o
programación de club?
J.L.: Es
que si yo, por ejemplo, pudiera estar en
"Calle 54" escuchando en silencio a
alguien pues me quedo con eso. Pero si no hay
silencio por lo menos que el ambiente sea de
fondo. Me gusta el sitio donde puedo disfrutar
del músico y si es sin amplificación mejor.
Por eso me quedo con el club siempre y cuando se
oiga.
P: ¿Cuál es la
realidad del jazz en tu región?
J.L.: Está
el club de jazz del San Juan que se mueven y
hacen cosas interesantes. El "Café
Central" pero tiene un ruido tremendo.
"Clamores" tiene programación muy
interesante pero tienes que tener suerte. Yo vi
allí a Bill Bruford con Larry Coryell en un
sitio privilegiado. Pero estábamos como latas
de sardinas. Podías decir que lo habías visto
pero podías acabar con unas agujetas... Hombre,
en Madrid hay sitios... ¡si no los hay en
Madrid!... la oferta ha mejorado. Hay
programaciones semanales donde puedes ver a
gente como Chano o Ximo Tebar.
P: ¿Qué
objetivos te planteas con tu trabajo como
periodista en "Discópolis"?
J..L.: Se
dice todos los días en la cabecera del
programa: un viaje cosmopolita y abierto al
mundo musical. Es una cabecera que
mantengo desde hace dieciséis años y medio.
Cuatro mil quinientas y pico ediciones. Y fue
muy medida. Busqué precisamente eso. Lo del
mundo musical es muy importante porque después
surgió la "world music" y estoy
hablando del año 87. Hay gente que pensaba que
lo había cambiado y no.Todos los estilos son
iguales y los ghettos son malos. Por ejemplo,
meter a Salif Keita en un programa de "world
music" me parece un ghetto. Meter a Mehldau
en un programa de jazz la noche del miércoles a
las dos de la madrugada me parece una pasada, un
ghetto absoluto. Que no pueda sonar Jorge Pardo
o incluso entrevistarle a las cuatro de la
tarde... eso es lo que quiere romper "Discópolis".
Romper ghettos y poder ofrecer todo lo bueno.
Nada de discos rojos de compañías, nada de
"chorraditas" de "O.T."...
pero que un cantautor, un Benito Lertxundi
estuviera a la misma altura que un Chano Domínguez
o que cualquiera. Lo que trato es de darles cariño,
respeto y reconocer su música.
P: 5 discos
imprescindibles de tu discoteca
J.L.: "A love supreme" de John
Coltrane es fundamental. Uno que me gusta mucho
reciente es el "Requiem" de Branford
Marsalis que es un disco sentido y muy bueno. De
Thelonius Monk, genéricamente "Round
Midnight". Del septeto de Count Basie me
parece que había uno que se llama "Count
Basie Septet". De Weather Report "Black
Market".
P: 5 directos de
tu vida (a los que acudiste… no se refiere a
grabaciones)
J.L.: Miles Davis en el Palacio de Deportes de
Madrid en el años ochenta y algo. Uno de
Freddie Hubbard en Donosti que me dejó (no
estaba como está ahora). Me llamó mucho la
atención una etapa de Pedro Iturralde haciendo
jazz-flamenco con Paco de Lucía en pequeños
clubes. Chano Domínguez en Ibiza hace dos años.
Quizá por la proximidad de su muerte recuerdo
un concierto en enero en Cannes, en un pequeño
club con cuarenta personas, de Herbie Mann.
P:
Algo que quieras añadir.
J.L.: Pues que esta lista es muy subjetiva,
que la memoria falla. Habría que ser mucho más
objetivo. También quiero añadir un mensaje de
optimismo y una petición. El mensaje es que
todo el mundo que pueda apoye la buena música y
desprecie radicalmente la mala. Y la petición
es que cosas como estas del Injuve** o vuestra página
la apoyen. Que den un poquito de ayuda. Cariño,
presencia, medios, que haya un sitio donde
recurrir. Yo estoy muy acuerdo con el manifiesto
de la asociación de músicos españoles de
jazz. P:
Hablando de ese manifiesto. ¿Lo de la cuota de
presencia de músicos de jazz españoles no es
un poco equivocado? ¿Ese es el modo de
conseguirlo? En Francia se hace pero...
J.L.: La cuota tiene trampa. Francia es un
mercado muy especial. Pero la cuota de mercado
que se trató de instaurar en España a finales
de los 70 (Fraga intentó implantar una
cuota)... y de hecho hay una cuota de cine en
televisión. Pero claro, si te ponen la película
a las 4 de la mañana ¿de qué te sirve? Como
estoy contra los getthos creo que lo de las
cuotas es muy peligroso. Yo creo que estaría
mejor despertar las conciencias y formar a los
programadores, a los periodistas, a los
radiofonistas... para que tuvieran conciencia de
que el que tenemos al lado tiene que comer y es
bueno. Y seguramente si come aprenderá a tocar
mejor. Yo apoyaría más eso que la cuota. Que
todos los que trabajamos en esto nos concienciáramos
de que tenemos que apoyar. Programar cosas
buenas. A mí las compañías me presionan lo
que pueden y más. Y los promotores... lógico,
es su trabajo pero el mío es decir: ¡eh!,
estos son mis criterios. Si esta filosofía
fuera compartida por más gente (hay gente que
lo hace)... pero ojalá fuéramos la mayoría. Y
la cuota no sería necesaria porque yo en mi
cabeza ya tengo esa cuota.
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