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Ronnie Lynn Patterson
El
pianista Ronnie Lynn Patterson nació en Kansas en
1958 y desde principios de los años noventa
reside en Francia. Antes pasó por España y
Canadá. Una vida marcada por el amor a la música
e inspirada por nombres como Keith Jarrett, McCoy
Tyner, Morton Feldman y Sergéi Rachmaninov. Esta
es la transcripción de la conversación que
mantuvimos con él en el "Club de Jazz"
del 29 de Octubre de 2008 con motivo de la
presentación de su disco "Freedom Fighters"
Por
Carlos Pérez Cruz
(Traducción: Amaya Pérez Cruz) |
¿Quiénes
son los “Freedom Fighters” (los luchadores por la
libertad) de Ronnie Lynn Patterson?
“Freedom Fighters” es una dedicatoria a dos mujeres,
Sojourner Truth y Harriett Tubman, que fueron mujeres
muy importantes para la libertad de los esclavos negros
en Estados Unidos. Es un símbolo para dedicar mi música
a todas las personas de todas las raíces, que están
luchando para vivir en libertad.
Hay poca información disponible sobre Ronnie Lynn
Patterson así que son muchas las dudas y curiosidades
sobre su biografía personal que vamos a intentar ir
resolviendo. Leo en el libreto del disco que antes que
pianista fuiste percusionista clásico.
Sí, eso es (risas). Parece complicado pero es muy fácil.
Al principio de mi historia como músico era un
baterista con más o menos talento y mi profesor creía
mucho en mí, me animaba y tenía mucha fe en mí así
que me impulsó a aprender a tocar la batería. Entre
los catorce y los quince años gané un premio, fui el
batería solista de la Mississippi All State Symphony
Orchestra, creo que fue en 1973 ó 1974. Parece
complicado pero fue algo muy sencillo. Era muy joven,
tenía ingenio y un poco de talento con la batería.
¿Y cómo pasa Ronnie de tocar la percusión a tocar
el piano?
Es una buena pregunta pero no sé cómo contestarla. Con
veinte años hubo algo que realmente me impactó. Hay
que decir antes que crecí en una
familia de músicos. Mi madre era pianista y mi
padre era un gran
aficionado al Jazz, conocía mucho sobre Jazz y sobre
sus músicos. Crecí escuchando Jazz. Tenía 20 años
cuando empecé a tocar el piano de manera autodidacta.
Había terminado mis estudios en el colegio. Sabía que
quería cambiar de instrumento pero no sabía cómo
hacerlo. Un día escuché un disco con cuatro pianistas,
una recopilación, con McCoy Tyner, Herbie Hancock,
Chick Corea y Keith Jarrett. En esta recopilación cada
pianista tocaba dos temas en trío cada uno. McCoy Tyner
y Keith Jarrett me marcaron porque tenían algo muy
distinto en su forma de tocar. Ese día de mi vida fue
determinante para cambiar de la batería al piano. Me
costó mucho tiempo llegar a tocar bien el piano y el
Jazz, trabajé mucho.
En críticas y en el libreto aparecen recurrentemente
dos nombres relacionados con tu afición al piano: McCoy
Tyner y Keith Jarrett. ¿Qué es lo que realmente te
llamó la atención de su forma de entender la música?
Pienso que McCoy Tyner y Keith Jarrett eran, de los
cuatro pianistas que escuché, los más originales.
McCoy Tyner no tocaba de la manera en que se solía
tocar cuando aprendía Be Bop. Había una forma muy
popular de tocar llamada Be Bop, como todo el mundo del
Jazz sabe. Pero McCoy no tocaba de aquella manera cuando
lo descubrí a principios de los ochenta. Estaba tocando
algo completamente fuera de las normas, de la manera
habitual de tocar Jazz. Keith Jarrett hacía
fundamentalmente lo mismo, tenía este tipo de fraseos
tan diferentes de lo que yo había escuchado en mi
formación anterior en el Jazz. McCoy tenía esta manera
pentatónica de tocar la música.
Eran intérpretes extremadamente originales. Por
su propia identidad musical y por la forma de tocar tan
diferente del Jazz que escuchaba cuando era un niño.
McCoy era un pianista poderoso con una forma única de
acercarse a la música. Keith Jarrett y su forma de
interpretar, no sé cómo decirlo... era tan diverso.
Cada uno de ellos tenía formas de frasear distintivas y
diferentes discursos musicales que eran extremadamente
inusuales para mí en ese momento y que me atrajeron con
gran fuerza. No creo que ningún pianista de Jazz, de Clásico
o de lo que sea no se sienta profundamente atraído por
estos dos músicos. Cambiaron de verdad la música y
toda mi vida, mi decisión de tocar Jazz. Afectaron mi
vida de verdad.
Te trasladas a Francia a principios de los años
noventa. ¿Qué te hizo dejar Estados Unidos y venir a
Europa?
Primero tengo que decir que crecí en España, en una
ciudad al lado de Madrid que se llama Alcalá de
Henares. Tenía entonces ocho años y estuve hasta los
doce. Cuando volvimos a Estados Unidos fuimos al
Mississippi donde viví, crecí y prácticamente terminé
mi educación. Viví allí unos siete u ocho años.
Después de eso fuimos a Carolina del Sur que es el
estado de donde vienen mi padre y mi madre. Allí estuve
un año o dos máximo. Y de allí fui a Washington DC.
Siempre supe que quería volver a Europa porque haber
estado en España había sido un momento importante en
mi vida, una parte de mi vida que fue marcada por la
experiencia europea. Así que sabía que quería volver
pero no tenía los medios para volver tan pronto como yo
hubiera querido. Entre medias viví en Washington DC
durante nueve años y después en Montreal, en Canadá (Quebec),
por dos años. Y después de Montreal vine a París en
1991. Es un viaje muy complicado. (Risas).
En la biografía del libreto del disco se habla de años
de mala suerte y pobreza a tu llegada a Europa.
Bueno, debes tener en mente que ser músico,
especialmente de Jazz, no es una vida fácil. Nunca lo
ha sido en la Historia del Jazz. Si miramos en los
libros de músicos, de Historia del Jazz, se encuentran
muchas historias de músicos que tenían formas de vida
muy difíciles. No podían pagar los alquileres, algunos
vivían tres, cuatro, cinco o seis juntos en un piso, es
una vida muy complicada. Para mí decidir ser músico
fue una decisión definitiva. Me ha costado. En
ocasiones vas a ciertos lugares y no puedes pagar el
alquiler, no tienes conciertos, no conoces suficientes músicos...
Es una vida muy muy complicada. Tiene sus recompensas
pero creo que hay más dificultades que recompensas.
¿Hubo algún momento en el que te plantearas dejar
esa vida?
No. Para mí es imposible. Como dijo John Coltrane, es
la historia de mi vida. A pesar de las dificultades
nunca dejaría de tocar Jazz. Es una inversión de vida,
es quien yo soy... Es lo que decidí ser y soy siempre
bastante leal con las decisiones que me conciernen,
sobre lo que quiero hacer en la vida. Tocar Jazz, tocar
música, es algo muy difícil de dejar y yo nunca dejaré
de hacerlo. Nunca.
Y en esos tiempos complicados es cuando profundizas
en la música de dos autores como son Sergei Rachmaninov,
pianista y compositor ruso, y Morton Feldman, compositor
USAmericano. ¿Cómo se produce ese acercamiento a sus músicas
y qué encuentras en ellas
Se llama soledad. (Risas). Hay una parte de mi vida en
los primeros años aquí en París, en Francia,
extremadamente difíciles, en la que no tenía
documentos legales que probaran que yo era legal. Gran
parte del tiempo durante estos tiempos difíciles mi
dedicación a la música todavía continuaba. El segundo
concierto de piano y orquesta de Rachmaninov fue algo
que me marcó verdaderamente. Sigo tocando música de
Rachmaninov y todavía hoy me sigue marcando. En una de
las composiciones en el disco “Freedom Fighters” uso
fragmentos del concierto para piano y, de hecho, los
toco tal y como fueron escritos. La música de
Rachmaninov, este segundo concierto en particular, me
marcó. Y el segundo grupo de preludios, opus 32. Estos
preludios y el concierto número dos fueron fuerzas
vitales que me empujaron hacia la música de Rachmaninov.
La música de Morton Feldman llegó un poco más tarde,
dos o tres años después. Me atraían mucho los
aspectos armónicos de su música. Desde mi punto de
vista no estaba suficientemente considerado por sus
colegas, otros compositores contemporáneos y la gente
en general le consideraba un compositor muy marginal.
La marginalidad por la que le consideraban marginal yo
la considero como un gran talento. ¡Tenía un gran
talento para la música! Sus oídos, la manera en que
escuchaba la música, y los aspectos armónicos de la música
que creaba eran inhabituales y extremadamente creativos,
desde mi punto de vista. Grabé un disco que se llama
“Palais de Mari”, con composiciones para piano entre
las que se encontraba “Palais de Mari”.
Hay otras de Morton Feldman que he interpretado. Creo
que es un compositor fabuloso y que la mayoría de la
gente debería dedicarle más atención y escucharlo un
poco más porque tiene tanto que ofrecer en su música.
Lo primero es que su música es muy discreta, muy
silenciosa, incluso hasta el punto de la discreción,
porque era una persona y un compositor muy discreto. Su
música no era sino grandes tesoros
de sonido. Era considerado como un tipo muy
extrovertido, muy divertido y una persona muy feliz que
amaba la vida, según lo que he leído en muchos de sus
libros, en cartas de sus amigos y en otros documentos. La
música contemporánea es hoy un conjunto de sonidos
esporádicos y espasmódicos. Sonidos que a veces son
muy agresivos, muy poderosos... Y la música de Morton
Feldman era también infinita, tenía
un aspecto atonal, una cualidad atonal si lo
prefieres. Y al mismo tiempo creaba sonidos alrededor
del silencio. Él consideraba que su música estaba
dentro del silencio. De hecho el silencio es donde se
consiguen las mejores cualidades de la música. Morton
Feldman realmente entendió qué era el silencio, lo que
eran los interludios, y sabía cómo crear sonidos
geniales. Estos dos tipos en particular me ofrecieron
esto.
Así que para personas con problemas vitales, ¿la música
de Sergei Rachmaninov y de Morton Feldman?
Sí. De hecho me ayudaron mucho a superar lo que yo
estaba viviendo.
Lo cual dice mucho de la capacidad de la música, del
arte, para hablar de las personas.
Sí. A veces a través de la música podemos conocer a
algunas personas. Esto es como una alegoría para mí.
En la música de algunos podemos aprender ciertas cosas
sobre la gente. No digo que esto sea verdad, pero
tampoco que sea falso. Hay también puntos naturales que
podemos conocer de la gente a través de su música. Eso
pienso. No soy un supersticioso o una especie de mago o
algo así porque nunca he conocido a Morton Feldman ni a
Sergei Rachmaninov pero he tenido presentimientos, no sé
cómo decirlo. Escuché primero a Sergei Rachmaninov y a
Morton Feldman y averigué después que hay cosas en sus
personalidades que yo había pensado escuchando su música.
Y eso sucedió antes de que averiguara o leyera sobre la
naturaleza de ciertos aspectos de sus personalidades. Y
eso es bastante increíble. (Risas).
En 2003 publicas tu primer disco,
con éste que hoy presentamos son cuatro a tu propio
nombre. ¿Es este el momento más estable de tu
trayectoria profesional y personal?
Bueno, en
primer lugar creo que nunca estamos estables. Estamos
siempre en completo movimiento. Pero creo que una de las
cosas más importantes que me ha sucedido en la vida es
que me enamoré de una mujer y que ella se enamoró de mí. (Risas)
La historia de nuestras vidas.
(Risas) Eso es algo que nos pasa a los músicos. A veces
cuando tocamos conciertos conoces gente, porque cuando
viajas y tocas alrededor del mundo entras en contacto
con gente. Pienso que es un hecho normal y a veces
encuentras a alguien muy especial, y es lo que sucede.
(Risas)
Y su nombre es...
El nombre de mi mujer es Anne. Anne Segalene
Patterson. Es también músico, es pianista de clásico.
Toca muy bien. Tiene un repertorio enorme. Claude
Debussy, Bach, Olivier Messiaen, que es un compositor
francés contemporáneo muy famoso... es una mujer muy
talentosa. Y creo que ayuda que si eres un artista, o un
músico, la otra persona lo sea porque entiende lo que
estás viviendo. Entienden lo que vives por ser músico.
Mi mujer es un músico muy talentoso. Ella me dijo lo
mismo, le tocó mucho mi música y eso realmente me tocó
a mí también. Así que sabiendo que ambos éramos músicos
decidimos casarnos. (Risas).
No sé si los vecinos estarán tan contentos de que
ambos seáis pianistas.
(Risas) Tenemos un vecino que es una gran persona y además
es músico.
¡Eso es terrible!
(Risas) Toca el clarinete.
¿Hacéis conciertos para el vecindario?
Lo habíamos pensado. (Risas). Realmente lo habíamos
pensado. Vivimos casi en el centro de París, no
demasiado lejos del gran conservatorio. En el edificio
en el que vivimos hay estudiantes del conservatorio.
Cuando subes o bajas las escaleras puedes escuchar gente
tocando el chelo, clarinete, gente cantando... entonces
escuchas a mi mujer y a mí tocando el piano y al vecino
el clarinete. Es una casa muy musical. (Risas).
Vives en París. Antaño París
era uno de los epicentros del Jazz en Europa desde la
perspectiva de grandes músicos del Jazz USAmericano que
visitaban el viejo continente y que eran recibidos como
auténticas estrellas. En la actualidad el Jazz en
Europa y en Francia en particular es un Jazz maduro y
con sus propias características. ¿Lo
percibes así?
En todas partes del mundo hay un lenguaje de Jazz
que tiene su propia lengua. Aquí en Francia hoy en día
tienes todo tipo de Jazz. Tienes todavía la época del
Be Bop, la época más progresiva, Free Jazz... como
tendrías si vivieras en Estados Unidos, en España, en
Francia o en Inglaterra. Cada persona tiene su propia
manera de expresarlo
pero tienes diferentes lenguajes de Jazz. Aquí
en París es muy diverso. Tienes Free Jazz. Aquí vive
un famoso saxofonista como es Archie Shepp, a quien
admiro mucho y al que ya admiraba cuando era un niño.
Solía escuchar su música cuando era un adolescente y
después, encontrarle aquí en París... porque es más
viejo que cuando lo escuchaba siendo más joven... Pero
él toca todavía como si fuera un tipo joven. ¡Toca
tan bien! Ha sido una influencia
musical para todos los músicos que viven en París. He
tenido la oportunidad de tocar con él. Es una persona
muy generosa y también muy generoso como músico porque
cuando toca da lo mejor que tiene en toda situación.
Estar aquí en París, en Francia, en
cuanto a la música se refiere... Creo que en
este momento es más
importante tener la oportunidad de viajar a menudo. He ido a Italia, también a España y Portugal, a
Londres, a Oslo en Noruega, muy menudo a Alemania... y
veo que sucede bastante lo mismo.
Tienes un conjunto completo de diferentes
lenguajes de Jazz y sucede lo mismo allá donde vayas.
No hay muchas diferencias. Pero cada persona tiene su
propia personalidad y eso es lo que lo hace hermoso
porque cada individuo puede expresarse de manera muy
diferente. Incluso en la misma escuela puedes pertenecer
al grupo de quienes tocan Be Bop y tocar Be Bop pero
cada persona lo expresará de forma distinta a los
otros, con un toque distinto. Es más o menos igual en
casi todas las partes del mundo. Pero es muy bonito.
El trío que
presentas ahora en “Freedom Fighters” es
completamente diferente en nombres al que presentabas en
tu primera grabación, “Mississippi”. ¿Dificulta
la búsqueda de un sonido propio de trío el cambio
continuo de nombres?
Para nada. La razón por la que tengo dos tríos
diferentes es por una cuestión de disponibilidad.
Michel (Benita) y Jeff (Boudreaux) no estaban
disponibles en el momento de la grabación. Eso en
primer lugar. Pero de hecho hay dos razones. El hecho de
que Michel Benita y Jeff Boudreaux son mis músicos
favoritos, y estoy escribiendo música para volver a
grabar con ellos. Y la razón por la que no lo he hecho
la segunda vez es porque hay un baterista que se llama
Louis Moutin, que toca con su hermano François Moutin,
son gemelos. François es un gran contrabajista y Louis
es un gran baterista. Realmente había escrito música
para Louis, pensando en Louis. Cuando compuse esta música
pensé en este baterista en particular. Stéphane
Kerecki es el contrabajista en el disco “Freedom
Fighters”. Elegí a Stéphane simplemente porque
Michel Benita y Jeff estaban viajando con otros músicos.
A veces están de gira y no podemos hacer coincidir las
fechas. Y esta es la sencilla explicación de por qué
ha sido así.
Música con tu firma, versiones de
música de o arreglada por Keith Jarrett, un guiño a
Rachmaninov, un homenaje a Ornette Coleman. ¿Cómo
suena en palabras de Ronnie Lynn Patterson este
“Freedom Fighters”?
En realidad
no hay muchas diferencias. Creo que la única
diferencia... Hay probablemente ciertas diferencias en
la aproximación del contrabajista y del baterista. Además
del hecho de que las composiciones no son las mismas que
en “Mississippi”, por supuesto. En lo que respecta
al sonido que estoy buscando personalmente en el piano
es el mismo probablemente que el que conseguimos con “Mississippi”.
Creo que la única diferencia entre los discos es que
las dos secciones rítmicas son diferentes. Y Louis
Moutin da un poco más de poder al trío porque una de
las composiciones lo pedía, dos de las composiciones,
realmente. En cuanto al bajista, Stéphane, es un bajista
maravilloso y yo estaba muy feliz de poder contar con él
pero el motivo es que Michel no estaba disponible. Pero
Stéphane es un gran bajista y entendió la naturaleza
de mi música porque había escuchado “Mississippi”
antes y cuando le pregunté si quería tocar en mi disco
“Freedom Fighters” él estaba contento y yo también
de que él lo estuviera y que quisiera hacerlo. Así que
escuchó mi música antes de tomar la decisión. Escuchó
“Mississippi” para escuchar la cualidad o el mundo
sonoro hacia el que estaba llevando mi música. Así que
el trasfondo es similar, los criterios y la estética
son similares. En ambos discos hay similitudes.
Eso en lo que respecta a la aportación que hacen los
músicos en ambos discos. Pero, ¿cómo describirías tú
el resultado final de la música con independencia de
los nombres que la tocan? ¿Cómo es la música del
disco?
Es algo que nunca he juzgado, de hecho. Pero pienso que
mi música tiene algún tipo de influencia de vuelta.
Cuando te hablaba de Morton Feldman es música que me
dio una lección muy valiosa porque mi música es muy
pacífica, muy calmada, pero también está basada en la
esperanza y en la fe, y tiene cierta luz que trato de
llevar a la gente. Es música muy calmada, lo que es muy
importante para mí porque los sonidos no siempre tienen
por qué ser siempre muy agresivos. El sonido puede ser
algo muy pacífico y eso se puede recibir tanto
calladamente como poderosamente. A través de la música
trato de transmitir sinceridad, la verdad, mi propia
verdad, mi propia sinceridad sobre la música. Siempre
trato de transmitir algo que realmente siento que está
dentro. Creo que esto puede ser tocado de una manera no
agresiva. Puede ser expresado de una manera más
silenciosa, más calmada.
La gente le dice siempre a los
músicos de Jazz: siempre que escuchamos Jazz escuchamos
algo poderoso, virtuoso... lo que la gente probablemente
ha presenciado antes. Pero pienso que la música procede
del corazón, no debería venir de la mente o de la
premeditación. Pienso en el disco de Keith Jarrett en
La Scala. Es un disco en el que toca en La Scala, en
Italia, en piano solo. Leí el libreto del disco en el
que Keith Jarrett tiene una entrevista con el director
de La Scala. En algún momento Keith Jarrett le menciona
a esta persona que el corazón es lo que es realmente la
música. La música procede del corazón porque si no no
es realmente música. Tiene que venir de verdad del
corazón, de algo verdadero y muy sincero y esto es lo
que trato de... eso es lo que hago, no tengo que
intentar hacerlo porque los sentimientos de los que
viene mi música son muy reales, muy profundos y
sinceros para la gente. Por ejemplo, la gente que viene
a mis conciertos paga mucho dinero, vienen de diferentes
barrios de París o incluso de Francia para escucharnos.
Por respeto es bueno ser siempre real y sincero en dar
lo mejor que tienes a la gente que viene a escucharnos.
La gente también viene para escuchar música pero
quieren tener sentimientos, sentir algo. Así que tratas
de dárselo de una manera absolutamente sincera y
humana, de una forma profunda, tienes que darlo desde tu corazón. Porque la música
procede del corazón, no puede proceder de otra parte,
es imposible.
En este “Club de Jazz” radiofónico
tenemos un buen amigo en París con quien leo que
llegaste a tocar en sustitución de la pianista
Christine Wodrascka, con quien él tiene un dúo y que
en esa ocasión se encontraba enferma, y es Ramón López.
¡¡Sí!! ¡¡¡Ramón!!! (Risas)
¿Qué recuerdas? ¿Qué experiencia tuviste con Ramón
López?
Ramón y yo solíamos juntarnos mucho. Todavía lo
hacemos. Ramón está frecuentemente de gira. Cuando
vive en París nos llamamos y quedamos para hablar
frente a unas “cañitas”. (Risas). Es un maravilloso
baterista y músico. Ramón me llamó una vez para
preguntarme si quería tocar en un concierto porque había
un festival al Este de Francia y la pianista Christine
Wodrascka, con la que suele tocar, no podía. Christine
es una pianista maravillosa, me encanta esa mujer . Es
una pianista muy guapa también, ¿eh? Una mujer muy
guapa.
¡Cuidado con Anne!
Sí, estoy de acuerdo con lo que dices. Pero nunca le
engañaré a mi mujer. (Risas).
Hay otro músico que suele colaborar con Ramón López
con el que veo que también has tocado y es Beñat
Achiary.
¡Sí! Beñat es... “nire laguna” (mi amigo, en
euskera). Es un tipo maravilloso. Vamos a trabajar
juntos también muy pronto. En fin. Ramón me llamó
para sustituir a Christine en un concierto e hicimos un
dúo para este gran festival internacional en Besançon.
Me sentí muy feliz cuando Ramón me llamó. Tocamos en
dúo, piano y batería y lo pasamos genial, celebramos
una fiesta. Ramón y yo tuvimos una gran fiesta después
del concierto.
Ramón es un hombre muy festivo.
Sí, pero además es una persona muy amable, muy alegre.
Alegre y con una concepción de la música realmente
personal e interesante.
Eso es verdad. Aparte de eso es un hombre muy positivo,
con mucha alegría, es muy enrollado. Después del
concierto me dijo que si le salía otra cosa podíamos
tocar de nuevo... Cuando está en el escenario y
toca su música da todo lo que tiene, toca como si fuera
la última vez que fuera a tocar en el resto de su vida.
Da siempre todo lo que tiene. Después, cuando el
concierto ha terminado, puedo ver por qué a la gente le
gusta, porque tiene tanta alegría dentro de él. Es un
placer verle, incluso si no tocas con él, sólo verle
es genial. Emana mucha luz, cosas muy positivas.
Amaya me sugiere una pregunta al respecto de que Anne
y tú seáis pianistas. ¿Tenéis un piano, tenéis dos?
¿Tenéis que pelearos por tocar el piano?
¡Nunca!
(Risas). Tenemos dos pianos, de hecho. Al principio sólo
teníamos uno y nunca tuvimos ningún problema porque
siempre era un placer escucharse el uno al otro. Cuando
mi mujer está en el piano... ¡no quiero tocar! Toca
tan bien que siento placer sólo escuchándola porque
toca en la sala de música, me siento en el sofá y cojo
un libro o simplemente me siento y me relajo en el sofá,
cierro los ojos y sólo escucho lo que está haciendo.
Es siempre un placer. Y ella hace lo mismo. Llevamos
casados doce años y nunca hemos tenido ese problema.
(Risas).
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