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Agustí Fernández
(Palma
de Mallorca, 1954) es un músico pionero en nuestro país. Primer español
en un disco ECM, en la enseñanza de la música improvisada, en festivales
y locales internacionales. Auténtico desconocido popular patrio que tiene
un envidiable currículum de reconocimiento internacional. Su nombre ha
aparecido junto a figuras como Peter Kowald, Barry Guy, Marilyn Crispell,
William Parker o Ramón López. Un pianista que abarca múltiples
proyectos. La música de Ornette Coleman o el disco "Memory/Vision"
junto al "Evan Parker Electro-Acoustic Ensemble" son algunos de
sus últimos hitos. Por
Carlos Pérez Cruz
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P:
Proyecto "Lonely Woman" sobre música de Ornette
Coleman. Título del proyecto y título del tema que mejor
resume las características del saxofonista.
A.F.: Sï, yo creo que sí. Es un título mítico
de la historia del jazz. Es como la bandera de Ornette
Coleman. Cuando alguien toca algo de él se suele tocar
este tema. En él confluyen muchas cosas. Una es la vertiente
más lírica, otra la vertiente free y otra la vertiente
de experimentación. Y esto ha hecho que se convierta
en un clásico.
P: Se podría decir que
con "Lonely Woman" Ornette puso melodía al
free.
A.F.: Sí. Es
una combinación de la melodía, el free, la improvisación.
Está muy conseguido.
P: ¿Cuáles serían las
características fundamentales, en tu opinión, de Ornette
Coleman?
A.F.: La frescura, la espontaneidad, la energía, la
comunicación. Estas serían sus características. Y que
hoy en día es un clásico.
P: En este proyecto
un pianista como tu con música de saxofonista. ¿De qué
manera has enfocado el tratamiento de la música de Coleman?
A.F.: Lo que no quería era sonar parecido a Ornette.
De entrada me plantee que no hubiera ni trompeta ni
saxo alto para que no pudiera recordar, porque todas
las copias salen perdiendo. Quería algo original sobre
los temas de Ornette Coleman. Nuestra formación con
saxo tenor, soprano, bajo, batería y piano no tiene
nada que ver con la formación de Ornette. Quería conseguir
otra sonoridad. Lo que hicimos fue seleccionar una treintena
de temas y trabajarlos. Los que mejor resultado daban
fueron los que luego quedaron para el concierto.
P: El trabajo sobre
los temas respetando el original o aportando algo diferente.
A.F.: Respetando
la melodía original. En Ornette los temas son muy cortos,
más un trampolín para lanzarse a improvisar. Un trampolín
que te establece el clima, el "mood" en el
que tienes que tocar. Lo que hicimos fue respetar el
tema original. Aprendimos mucho, nos divertimos a la
hora de aprender los temas y luego simplemente decidir
cuál quedaba mejor. De los treinta temas seleccionamos
quince de los que damos diez o doce en cada concierto
que son una hora o una hora y media. Tenemos otros guardados
para otra ocasión.
P:
Afrontar una música con semejante personalidad, imagino,
requiere contar con instrumentistas que conozcan bien
la figura de Ornette Coleman. Cuál ha sido el criterio
de selección de los compañeros de viaje.
A.F.: Una vez escogido
el proyecto y pensando en la música lo primero que tenía
en la cabeza es que el grupo que tenía que interpretarla
tenía ser gente que conociera y valiera para hacer esta
música. No vale cualquiera para hacer esta música. La
primera preocupación era qué músicos me iban a acompañar
en esto. Tenía claro que no quería ni trompeta ni saxo
alto, pero los demás no tenía claro quién debía ser.
Uno sí, mi compañero y amigo Liba Villaveccia a los
saxos - con quien comparto otras aventuras improvisatorias
-. Fue al primero a quien expliqué el proyecto y me
dijo que estaría encantado de hacerlo. Conocía a Joe
Krause porque da clases en la escuela donde enseño (la
ESMUC) y hablando con él me dijo que toda la vida había
sido un gran fan de Ornette y que había tocado mucho
sus temas en la juventud. Le pregunté qué le parecería
volver a dar vida a esos temas y le pareció que eso
sería fantástico. El cuarto componente vino tras una
reunión en la que los tres vimos quién podía encajar
mejor. Coincidimos en que David Mengual era la persona
indicada.
P:
El tema del contrabajo es siempre complejo por la escasez
de contrabajistas y además que se salgan un poco del
músico be-bop.
A.F.: Sí. Tenía que
ser un contrabajista con un conocimiento del jazz profundo,
con un sonido bonito y que pudiera interpretar Coleman.
Que pudiera ponerse no en la piel de Charlie Haden si
no en la piel de acompañante de Coleman.
P:
Y a pesar de que a priori David Mengual es un músico
algo más ajeno a esta estética dentro del grupo una
vez visto en los conciertos el resultado no deja dudas.
A.F.: Exacto. La gente
se pregunta: ¿David Mengual hace esto? Pues sí, David
lo hace y muy bien. Quizá era el que menos se acercar
a la improvisación libre, porque Joe Krause, Liba y
yo hemos tocado mucha improvisación libre, y quizá era
el que estaba un poco más fuera de este mundo, pero
desde siempre David ha mostrado mucha curiosidad y mucho
respeto. Cuando le expliqué el proyecto, los temas y
cuál iba a ser el concepto lo cogió con un gran entusiasmo
y cariño.
P:
En Huesca, donde tuve la oportunidad de escucharte,
no estaba Joe Krause si no Ramón López que es compañero
de otras aventuras de improvisación.
A.F.: Sí, con
el comparto escenario en otros grupos y proyectos. El
día de Huesca Joe Krause tenía apalabrados otros conciertos
y la única persona que se me ocurrió que podía sustituirlo
rápidamente y con conocimiento de causa era Ramón. Una
llamada de teléfono: "Ramon ¿puedes venir a hacer
esto? Sí me encantaría" y ya está.
P:
Y además siempre un placer compartir escenario con él
y para quienes le vimos un placer auditivo y visual.
A.F.: Sí, es
un espectáculo Ramón tocando
P:
Ornette fue pionero del "free jazz". ¿Qué
significa "free jazz" en el modo de entender
la música de Agustí Fernández?
A.F.: El "free
jazz" es uno de mis referentes. Yo tengo muchos.
No me considero un pianista de jazz, si no un músico
que toca el piano. Dentro de los músicos que tocan el
piano el "free jazz" es un referente porque
hay una figura capital a quien conozco bastante y que
es amigo mío que es Cecil Taylor. Ha sido para mí siempre
uno de los referentes ya no del "free jazz"
si no de la música en general. La manera de encarar
la música, la manera de tocar el piano, la manera de
concebir un concierto... ha sido siempre un referente
importantísimo.
A partir de él descubrí todo el mundo que había
detrás. Descubrí a Ornette, al último John Coltrane,
al Art Ensemble, a Ayler... y toda la generación de
improvisadores europeos: Evan Parker, Peter Brötzman,
Peter Kowald, Derek Bailey... Pero digamos que mi primera
incursión, mi primer conocimiento ya a principios de
los años setenta fue Cecil Taylor. Escuché un disco
suyo, me quedé maravillado y dije: "caramba, aquí
pasa algo más que yo no me enteraba". De aquí fue
empezar a escarbar y salió todo el movimiento del "free
jazz".
Y luego descubres que Ornette es una de las figuras
claves, un nombre importantísimo y quizá el pionero.
Aunque no creo que fuera él solo, ya que a finales de
los cincuenta había un movimiento muy fuerte que buscaba
esto. Y en los sesenta se consolidó. Y son quienes he
dicho: Cecil Taylor, Albert Ayler, John Coltrane, Ornette
Coleman, los de Chicago...
P:
Cómo explicarías al lector el modo de afrontar un concierto
desde la perspectiva de "free jazz".
A.F.: Buff... (risas)
¿Cómo se afronta un concierto de "free jazz"?
Yo tampoco sabría decirte mucho porque no toco mucho
"free jazz". Yo hago conciertos de libre improvisación.
P:
Que ahí podríamos entrar en otra cuestión que es cuál
es la delgada línea que delimita "free jazz"
y "libre improsación" pero lo dejamos para
más adelante.
A.F.: (Risas) Es un
tema espinoso y delicado. El "free jazz" para
mí es la puerta que hay entre el "jazz" y
la "libre improvisación". Es el periodo que
permitió pasar de un sitio a otro y que siempre me ha
llamado mucho la atención porque ves que están intentando
tocar libremente pero aún lo hacen con el lenguaje del
jazz.
La pregunta sería más bien ¿cómo se afronta un concierto
de improvisación? Pues con los oídos abiertos. Subes
al escenario, te desnudas y empiezas de cero. Ves dónde
te lleva la música, dejas que pase a través tuya y tratas
de comunicarte con los compañeros y con el público.
Y sobre todo libre de prejuicios.
P:
Es decir, el lenguaje de la música como expresión absoluta.
A.F.: Sí. Como expresión
absoluta e instantánea.
P:
Es decir, y trasladándolo al lenguaje de la palabra,
que un concierto de "free jazz" o de "libre
improvisación" es como salir al escenario y hablar,
dialogar sin un papel pautado.
A.F.: Exactamente.
Yo siempre comparo la improvisación con la conversación.
Hablas. Yo ahora mismo estoy improvisando. Simplemente
que sabes dónde vas a ir, te dejas llevar por el hilo
e intentas explicarlo lo mejor posible con los conceptos
que conoces, con las palabras que mejor dominas... Un
concierto de música improvisada es lo mismo, sólo que
con conceptos musicales, el vocabulario que utilizas
es la música. No hay un guión previo, vas sobre la marcha
hablando, discutiendo, parándote un poco más ahí, resaltando
algún aspecto...
P:
¿Cree Agustí Fernández en las connotaciones sociales
y políticas de la música?
A.F.: Sí claro. Es
una cosa que siempre he mantenido.
P:
Si nos atenemos al "free jazz" ¿qué significación
sociopolítica tuvo y tiene en la actualidad?
A.F.: En su momento
tuvo mucho que ver con la convulsión social que sufría
Estados Unidos en aquel momento que luego también sucedió
en Europa. Estoy hablando de la América del asesinato
de Kennedy, de Martin Luther King, de los hippyes, del
cohete a la luna, de las convulsiones raciales, de las
drogas, del "rock and roll".Todo esto es lo
que de alguna manera acuna el "free jazz".
Y lo mismo en Europa con mayo del 68. Todos los músicos
de los que hemos estado hablando antes salen de ahí.
¿Qué coge el "free jazz" de todo esto? Esas
ansias de libertad, de querer romper estructuras que
se consideran ya caducas, estas ansias de expresión,
de comunicación, de crear un mundo nuevo... todo esto
es lo que se comunica a través de la improvisación.Hoy
en día esto está un poco amortiguado porque ha cambiado
mucho todo, pero sigue estando en la base este ansia
de "free jazz". ¿Jazz libre de qué? De ataduras,
de imposiciones, de tradición.
El movimiento social que más se corresponde con esta
ansia musical sería el movimiento anarquista, en un
sentido muy amplio, no dentro de ninguna federación
si no con un sentido de libertad, búsqueda de libertad,
no imposición, no aceptar reglas o reyes... aquello
que decían los anarquistas de ni patria, ni dios, ni
...
P:
Cuando llegaron las libertades a España (o eso dicen)
muchos músicos se lanzaron a la vanguardia o a la experimentación.
Ahora sois cuatro nombres contados quienes lo hacéis.
¿Es reflejo sociopolítico?
A.F.: (Risas) Pues
no sé qué decirte. (Risas). No sé, ¿qué nombres hay?
¿quiénes nos dedicamos a esto? Yo tampoco conozco a
mucha gente aquí en España. Algunos proyectos en los
cuales he participado y que tienen que ver con gente
que está muy cerca de movimientos anarquistas como Lê
Quan Ninh, Peter Kowald, Evan Parker... invité a esta
gente a tocar un concierto que di en el año 97 en homenaje
a Durruti en el centenario de su nacimiento (que pasaba
sin pena ni gloria). Monté un concierto con ellos junto
a Carlos Zíngaro, Wolfgang Reisinger. Todos grandes
improvisadores. Era un homenaje desde la improvisación
a un mito de la revolución.
P:
Lo que sí que es cierto que en un momento dado en España
sí que hubo un intento de experimentar, de buscar esa
libertad.
A.F.: Sí, lo que pasa
es que todo esto no cuajó. Y no sé muy bien el porqué.
Yo tampoco lo viví. En el momento de estos movimientos
yo era quizá demasiado joven y tenía otras inquietudes.
Igual la principal era sobrevivir. Pero con el tiempo
sí que conocí gente que intentó romper pero que con
el tiempo se han vuelto acomodaticios y han olvidado
este espíritu. Pensando como que no hay suficiente agua
en el pozo como para seguir intentando sacar. Y eso
es algo de lo cual (aunque ya sé que mi posición es
privilegiada) discrepo un poco. He tenido la suerte
de dedicarme casi en exclusiva a la música improvisada
y tengo la suerte de tocar con los mejores músicos que
hay en el mundo en este estilo y para mí no ha sido
nunca ser español y no tener tradición. Al contrario,
me he sentido siempre muy bien acogido por todos los
compañeros y he aprendido mucho de esta gente. Sigo
aprendiendo y no creo que sea una cosa que esté cerrada.
Muchos me decían, sobre todo hace diez o quince años,
que "esto de la improvisación es algo que está
acabado, anticuado". Yo les decía: "igual
lo es para ti pero a mí se me abre un mundo delante
que es infinitamente rico". Para mí ha sido así,
para otros no valía nada y yo desde hace quince años
hago básicamente esto.
P:
Hablando de lo divino y de lo humano, plataforma "Nuestro
Jazz" en defensa del músico de jazz español...
estás implicado, de acuerdo, eres indiferente...
A.F.: No sé de qué
me hablas
P:
Hay un movimiento liderado por diversos músicos que
busca la mejora de las condiciones del músicos nacional
sobre todo en cuanto a la plataforma que son en sí misma
los grandes festivales. Lo que mucho me temía es lo
que acaba de suceder, la incomunicación.
A.F.: La verdad es
que no estoy muy en contacto con los músicos españoles.
Mi posición es de absoluto apoyo a este tipo de movimientos,
de iniciativas. Siempre que lo he hecho y siempre que
me piden mi participación soy uno de los primeros en
estar ahí. Pero digamos que yo no me considero músico
de jazz y ellos tampoco me consideran como tal. Estoy
en un terreno de nadie porque no soy ni músicos de jazz,
ni contemporáneo, ni popular, ni clásico... un poco
nada y un poco todo.
P:
Sólo tocas jazz con Carme Canela.
A.F.: (Risas) Sí, es
verdad. Hace tiempo que no lo hacemos. Tocar jazz, tocar
standards sólo lo hago con ella que es una magnífica
cantante.
P:
Qué espacios encuentras en España para desarrollar tu
música.
A.F.: Muy pocos. Hay
muy pocos escenarios donde una música como la mía que
no tiene una filiación directa y clara puede tener repercusión.
Tengo más aceptación en festivales en el extranjero,
y no porque sean mejores si no porque existen. El festival
"Total Music Meeting" en Berlín donde he estado,
en Londres, en Glasgow, en París, en Nueva York... en
todos esos lugares en los que actúo existen festivales
con una tradición y donde este tipo de música se escucha
de una manera normalizada. Aquí cuando das un concierto
eres siempre como un bicho raro. En festivales de jazz
no actúo, o muy raramente. Actúo en estos que llaman
de músicas nuevas o alternativas, donde no está tan
definido el tipo de música. Puede ser música "techno",
étnica, improvisadas, jazz... ahí si que los productores
escuchan mi música, les gusta y me invitan. Pero los
de jazz buscan otro tipo de producto y no es lo que
hago yo.
P:
En la situación en la que te encuentras entran en juego
muchos factores. Entre ellos la educación del programador
y la educación del público.
A.F.: Evidentemente.
Pero más que del público... el público es más receptivo
de lo que los programadores creen.
P:
¿No está en exceso prevenido el público
A.F.: No. Están en
exceso prevenidos los programadores. Al menos esa es
mi teoría. Conozco un montón de programadores que siempre
me dan la misma respuesta: "a mí me encanta lo
tuyo pero no lo puedo programar porque mi público no
lo entendería". A ver, si a ti te encanta ¿tu crees
que hay una persona que es más tonta que tu y no lo
entenderá? Hacen de filtro y creo que ellos son los
que no quieren arriesgarse a demostrar que tienen un
gusto personal y que si algo les gusta puede gustarle
a todo el mundo.
P:
Se dice que tienes un mayor reconocimiento fuera de
casa. ¿Qué significa reconocimiento para Agustí Fernández?
A.F.: Significa que
los músicos extranjeros me invitan a tocar con ellos.
Que los festivales extranjeros me invitan a participar
en sus programaciones. Que soy miembro de la Barry Guy
New Orchestra y que vamos a los mejores festivales de
jazz del mundo. Que soy miembro del Evan Parker Electro-Acoustic
Ensemble. El reconocimiento es esto. Que te invitan,
que participas, que cuentan contigo, que cada vez que
vienen a España te llaman: "oye, ¿hay algún sitio
en el que podamos tocar?"
P:
La carcajada la tienes preparada para esas preguntas
¿no?
A.F.: (Risas) Sí, pero
siempre intentas hacer el máximo. Antes de decirle que
esto es un páramo te dices: vamos a probar, vamos a
llamar aquí, allá...
P:
Lo intentamos de nuevo, si te parece. La línea que delimita
"libre improvisación" y "free jazz".
A.F.: Yo creo que en
el momento que los músicos abandonan el lenguaje de
expresión del jazz, por libre que sea, y se busca un
lenguaje personal, absolutamente personal, ese es el
momento en que la música improvisada deja de ser "free
jazz". Los que hicieron este primer paso, los que
se les llama la "primera generación" (Derek
Bailey, Schlippenbach, Brötzman, Kowald...) empezaron
tocando "jazz" y empezaron tocando "free
jazz" a la manera de John Coltrane. Y luego dan
un paso más diciendo: no somos negros, no somos norteamericanos
y aquella es su cultura. Vamos a buscar nuestras raíces
que son muy profundas musicalmente hablando. Es esta
búsqueda de la esencia musical de cada uno lo que lleva
a que al final lo que se encuentre no sea una música
que pueda relacionarse con el jazz, si no es por la
cantidad de improvisación que se utiliza.
P:
¿Camina la música clásica contemporánea de la mano de
la libre improvisación?
A.F.: Alguna sí y muy
bien.
P:
Y ya que se estrenan obras contemporáneas (pocas, todo
hay que decirlo) en conciertos de orquestas sinfónicas
(por ejemplo) por qué no incluir la libre improvisación.
A.F.: Buena pregunta
(risas). No tengo respuesta.
P:
Lo mismo con la música de cámara y los cuartetos, quintetos...
del "jazz" o "free jazz".
A.F.: Yo creo que últimamente
hay más fusiones o más bien simbiosis entre los dos
mundos. Más grupos de cámara que se acercan a la improvisación
o tienen un porcentaje de improvisación en su actividad
e improvisadores que se interesan más por los lenguajes
escritos. Cada vez hay más puntos de contacto. De hecho
por ejemplo la "Barry Guy New Orchestra" es
un ejemplo típico en el que la mayoría de la música
está escrita pero hay un margen enorme para la improvisación.
Pero es una partitura escrita con sus partes, con su
esquema... como cualquier partitura contemporánea pero
incluye espacio para la improvisación como una práctica
más.
P:
Agustí Fernández ¡primer músico español en aparecer
en un disco del sello ECM. Anecdótico pero significativo!
A.F.: (Risas) Sí, es
una anécdota pero significativa. Son estas cosas que
no te planteas, no me planteo este tipo de objetivos
pero van pasando. El primer músico español que estuvo
en el "Total Music Meeting" de Berlín y lleva
veinticinco o treinta años. Yo fuí el primero que dio
un recital en solo. Soy también el primer músico español
que tocó en la Knitting Factory de Nueva York hace cinco
o seis años... soy el primero, por desgracia. Evidentemente
para mí es una gran satisfacción estar en este sello,
haber colaborado con Evan. Hemos hecho un disco que
yo creo que es muy bueno. Refleja muy bien lo que es
el grupo. Tuve la suerte de conocer al productor, ver
cómo funciona y estoy muy contento y orgulloso de estar
ahí. Pero más por la música que por el sello.
P:
¿Tiene proyección de futuro un disco de Agustí editado
por ECM?
A.F.: Es una cosa que
está en el aire. El productor (Steve Lake) y yo intercambiamos
conversaciones, hay un interés mutuo... digamos que
la manera de trabajar en ECM es más por proyectos que
por artistas (que también lo es).
P:
Hablamos del disco de Evan Parker (Evan Parker Electro-Acoustic
Ensemble "Memory/Vision"). Cuéntanos las características
del mismo.
A.F.: Lo que hay en
el disco, que está muy bien, es una pálida fotografía
de lo que sucede en directo. Ten en cuenta que es un
grupo en el que hay cinco músicos acústicos y cuatro
con ordenadores que procesan en directo el sonido de
cualquiera de los instrumentos que les apetezca en cualquier
momento. Uno de los músicos que procesan sonido tiene
una mesa matriz que puede enviar el sonido a cualquiera
de las esquinas de la sala. Hay una distribución espacial
del sonido muy importante en los conciertos, el espectador
está inmerso en un mar de sonido improvisado, creado
en el momento que es alucinante, muy sugerente para
quien está ahí en medio.
P:
Algo muy difícil de conseguir en disco.
A.F.: Claro, en estéreo
y en disco... ten en cuenta que usamos mucho las frecuencias
graves, tenemos subgraves, un sistema de ocho altavoces
repartidos en el espacio... el disco en estéreo da una
imagen lejana de lo que puede ser. De hecho Evan cuando
habló con el productor sugirió que se sacara en DVD
en vez de en Cd, que hubiera sido más adecuado para
el formato de música que estamos haciendo. Pero la respuesta
de ECM fue que el DVD no existe de momento en ECM.
P:
Bueno, pues habrá que esperar a que algún programador
en España decida traeros.
A.F.: Bueno, de hecho
vendrá el año que viene en el Festival de Músicas Contemporáneas
de Barcelona el 20 de Marzo en el Centro de Cultura
Contemporánea de Barcelona.
P:
Para llegar a "Lonely Woman" o a este último
trabajo con Evan Parker hay un largo camino previo que,
si te parece, podemos ir recorriendo. Dice tu web oficial
que te consideras autodidacta.
A.F.: Sí...
mira que es raro. Claro, un autodidacta que ha hecho
la carrera de piano y que ha estudiado con Xenakis...
P:
No me extraña que digas autodidacta cuando mencionas
autodidacta de por medio...
A.F.: (Risas)
Tengo para mí que cuando sales del conservatorio tienes
que olvidarlo todo y empezar a cero. No digo que no
sirva, sirve de base para saber qué no tienes que hacer.
Yo mismo soy profesor en una escuela superior de música,
así que tampoco me estoy cargando la enseñanza en bloque,
si no que si eres un verdadero artista hay un momento
en el que tienes que tirar por la borda aquello que
te han enseñado y aprender por tu cuenta. Chillida lo
decía: "el arte se puede aprender pero no se puede
enseñar".
P:
Yo recupero otra frase, en este caso del pianista Kenny
Werner, cuando hablaba de la sempiterna discusión de
Berklee, venía a decir que este tipo de escuelas "enseñan
cómo tocar pero no por qué tocar".
A.F.: Exacto.
Esta es la pregunta por la que yo me considero autodidacta.
¿Por qué tocar? Te podría hablar las cosas que he hablado
con Cecil Taylor en los veinte años que llevamos hablando,
o lo que me enseñó Peter Kowald y no tocando si no hablando,
comiendo... observaciones generales de la vida que te
ponen más en el camino que lo que te enseñan en el conservatorio.
De hecho en los conservatorios enseñan cuestiones muy
técnicas que podría enseñar cualquier persona, como
de sentido común. En cambio esto profundo de por qué
hacemos música, por qué tenemos este impulso de expresarte
a través del sonido... con cosas que sólo puedes descubrir
tu, y tienes referentes de cómo ellos lo han respondido
antes.
P:
Primer profesor en España de improvisación dentro de
la enseñanza oficial. Cómo se encuentra la enseñanza
de la improvisación en España en la actualidad.
A.F.: Yo creo
que tampoco ha cambiado mucho. Poco a poco, hay que
dar tiempo. Yo soy profesor de improvisación en la Escuela
Superior de Música de Catalunya (ESMUC) y me experiencia
como profesor es muy buena. Estoy entusiasmado con la
respuesta que tengo de los estudiantes. A los estudiantes
simplemente les falta información. Una vez les explicas
qué es la música improvisada y explicas las técnicas,
las estrategias, la estética... todo lo que envuelve
el mundo de la improvisación lo entienden, lo asimilan
y lo aceptan de la misma manera que pueden aceptar un
Schubert o un Charlie Parker. Un estudiante no tiene
ningún a priori en contra de la improvisación. Simplemente
es una herramienta más que luego utilizan o no en su
carrera profesional. En este momento en la ESMUC damos
improvisación y hay toda una serie de jóvenes que se
interesan por saber más de esto. Es otra labor de pionero,
de ir sembrando semillitas en las cabezas de las nuevas
promociones de músicos y yo tengo la esperanza de que
a la larga alguno de ellos se dedique a esto en serio.
P:
¿Cuáles deben ser las vías de comunicación? Porque estamos
en lo de siempre, pueden existir músicos atraídos por
el jazz (por ejemplo); incluso entre alumnos de jazz
su conocimiento se encuentra limitado a los grandes
nombres que desde Norteamérica nos vienen de los sellos
habituales.
A.F.: No lo
sé. Todo está ligado. Si en los festivales determinados
músicos no tocan y sin embargo Chick Corea, que toca
muy bien pero que cada año toca en todos los festivales
de España... En los festivales hay un cupo reducido
de músicos que tocan y otro enorme que no toca. ¿Por
qué?
Por razones comerciales, por razones de marketing,
de agentes que tienen exclusivas... de lo que sea, es
igual. Entonces es difícil acceda a esta música. Y si
los discos no se importan y no se venden en las tiendas
es difícil que la gente pueda tener la oportunidad de
comprarlo. Este mismo disco de ECM no se distribuye
en España a pesar de que tienen un distribuidor español
(Nuevos Medios). Seguramente no es culpa suya. Deben
valorar cuántos pueden vender de estos y seguramente
que si compramos veinte más de Keith Jarrett vendemos
seguro.El mercado limita mucho. Quien quiera saber de
estas músicas y quiera tener más acceso lo que tiene
que hacer es espabilarse por su cuenta porque en las
grandes superficies, los grandes festivales... este
tipo de música no se enseña, desgraciadamente.
P:
A pesar de que pudiera parecer que caemos en una contradicción
ya que vivimos en un mundo cada día mejor comunicado
por las nuevas tecnologías.
A.F.: Sí. Yo
creo que esto está causando una revolución que se está
notando cada vez más. Quizá en las grandes ciudades
hay un tipo de música, como esta que hago yo, que no
es conocida, que no sale a las carteleras porque no
hay lugares, esporádicamente hay conciertos... En cambio
te puedes encontrar una red enorme de aficionados de
todo el mundo y sabes que son tres Valencia, dieciséis
en Barcelona, cuatro en Huesca... que de otra manera,
si no fuera por Internet, no existiría.
P:
Y de hecho esas redes de comunicación entre aficionados
tan dispersos humanizan la música.
A.F.: Sí, humanizan
y vuelven un poquito a la época del vinilo. Yo tengo
un poco la edad del vinilo (risas). Recuerdo que entonces
la manera de comunicarse era que alguien iba a Londres
y compraba veinte discos. Te reunías, hablabas, se escuchaba
un grupo y "pues éste me lo quedo yo...".
Había una comunicación de persona a persona por este
tipo de música que no estaba en ese momento accesible
en España.
Hoy en día es lo mismo. No está accesible pero la gente
la compra en las webs. La gente lee y la gente la sigue.
Por ejemplo, te metes en el Google y si quieres saber
de Evan Parker sabrás todo lo que quieras saber de él.
En este sentido una web como Tomajazz es fundamental.
Son estas cosas que hace gente, en el buen sentido,
amateurs de la música, que aman la música los que hacen
que la música crezca, se distribuya y circule. Ya no
como un negocio si no como una experiencia que alguien
quiere compartir con otro. Y esto es el principio de
la difusión musical. Yo tengo un disco que me encanta,
lo copio y te lo hago llegar a ti. Lo que hacéis en
Tomajazz y en otros sitios así es que ponen en contacto
a cantidad de amantes, interesados, especialistas en
esta música y se conocen, se intercambian información.
P:
En lo autodidacta juega mucho la audición de discos,
de conciertos. Citas dos nombres claves para tí que
son Cecil Taylor y Iannis Xenakis. ¿Qué han significado
para tí?
A.F.: Mi vida
cuando conocí la música de Cecil Taylor y de Xenakis
cambió musicalmente. Hasta entonces yo era un chico
de Mallorca que había estudiado en el consertorio que
tocaba en grupos de "rock", que tocaba un
poco de "jazz", "salsa"... un poco
de todo. El disco que me abrió los ojos fue "Silent
Tongues" de Cecil Taylor, uno de los clásicos.
Después descubrí "A love Supreme". Casualidad,
uno detrás del otro. Porque en el círculo en el que
yo me movía a John Coltrane se le consideraba como un
maldito desde antes de ese disco. Escuchábamos al Coltrane
de los cincuenta no el de los sesenta, que es el realmente
interesante además. El disco de Cecil Taylor lo descubrí
en una compra al azar. Fuí a una tienda, vi un piano
solo en el festival de Montreux y pensé: "esto
puede estar bien". Y te lo pones y de repente te
abre los ojos y dices: "yo esto no lo conocía.
Por qué nadie me ha hablado antes de esto". Y a
partir de ahí fue interesarme por él, por su música,
por su persona, por sus ideas, sus conceptos.
Y los mismo me pasó con Iannis Xenakis. En el momento
en que escuché "Metástasis". La escribió en
el 54 pero yo no la escuché hasta el 74, 75. Y ese año
fue como una revolución para mí. Me dije: "aquí
hay más músicas que no conozco, tengo que abrirme, que
buscar y conocer a la gente. Por qué hacen estas músicas".
Musicalmente me sentía absolutamente atraído a un nivel
físico, me emocionaban profundamente pero no entendía
nada. Y me dije: "quiero entender". Una cosa
que no entiendo, soy cabezota, y quiero entender porque
esto lo ha hecho una persona y tendrá sus motivaciones,
tendrá su sistema y tendrá su manera de explicarlo.
Y lo que hice fue ir a estudiar a Francia con Xenakis
y entender por qué hacía esta música. Qué le movía,
de dónde salía, cuáles eran sus presupuestos estéticos
y filosóficos para hacer esta música. Lo mismo con Cecil
Taylor. Le conocí por primera vez en París, luego le
invitamos a Barcelona a través mío un par o tres de
veces... conviví con el Nueva York, cuando estuvo alguna
vez por Berlín y siempre ha habido una relación muy
amistosa, realmente muy de maestro a alumno.
P:
¿Crees que el público necesita entender lo que escucha?
Con estas música se suele decir: "es que no entiendo
lo que escucho". Pero dudo mucho que el público
entienda, por ejemplo, qué hacían los Beatles.
A.F.: No, es
que la gente no entiende nada. Lo mejor que te pueden
decir, y que me lo dicen continuamente en los conciertos,
es que no entienden nada pero que les encanta. Ya está,
no tienes que entender nada más. Si te encanta ya entiendes,
entiendes que hay una música que te emociona. O no te
encanta, que también es muy válido. No entiendo lo que
haces pero es horroroso. También. Al menos ya te posicionas,
tomas un juicio respecto a la música que puede ser bueno
o malo, da igual. Desde el momento en que dices eso
ya entiendes.
P:Entiendes
la parte emocional porque reitero que, y ahora que los
Beatles vuelven a estar por enésimacuarta vez de noticia,
que no creo que la gente entendiera qué hacían musicalmente.
A.F.: Conecta
contigo o no. Pueden ser los Beatles, o puede ser Messiaen
o Cecil Taylor, es igual. Depende de la sensibilidad
que tenga cada uno una cosa le irá mejor y otras peor.
Pero ahí depende de la trayectoria, de la educación,
del medio en que vives. Por ejemplo los músicos norteamericanos,
con los que trabajo bastante, entienden muy poco de
música contemporánea europea. Simplemente porque ellos
están inmersos en un medio donde la música contemporánea
europea tiene muy poca salida y si la tiene es siempre
en conciertos de élites blancas. Lo ven como algo que
no tiene nada que ver con su vida. Y de repente les
pones una música buena y todos dicen: "ostia, y
esto por qué no lo hemos escuchado antes". Porque
viven en su ghetto de música de origen negro. Y lo mismo
pasa con la gente de aquí. Por eso decía antes que falta
comunicación entre las diferentes maneras de trabajar.
Yo he sido siempre muy ecléctico en mis gustos. Pero
es que yo creo que cualquier aficionado a la música
es ecléctico en sus gustos. Si miras las discografía
o la discoteca de cualquier persona no tiene sólo "salsa"
o canciones de Luz Casal, tiene un poco de aquí, un
poco de allá, el de Buena Vista... cualquier persona
tiene un abanico bastante amplio de gustos musicales.
Solamente los que son cerraditos dicen: "a mí no,
a mí sólo me gusta Wes Montgomery pero del año 53 al
56". Eso es un caso extremo. Pero los que no son
así tienen de todo. Yo escucho de todo, desde Bebo Valdés
hasta los pigmeos del África Central.
P:
A ver cuándo Trueba se propone hacer algo así como "Calle
Improvisación" o algo así.
A.F.: (Risas)
Yo le brindo aquí mi colaboración.
P:
Fíjate que si hay una música plástica dentro del "jazz"
es el "free".
A.F.: Sí, la
que más.
P:
Tu currículum profesional te sitúa en múltiples contextos
entre ellos muchos dúos con figuras de primera fila
en el mundo de la improvisación (Evan Parker, Derek
Bailey, Marilyn Crispell, William Parker...). Qué posibilidades
ofrece el dúo.
A.F.: Hay dos
partes. Por un lado es la más intensa musicalmente porque
estás tu sólo con la otra persona y es un toma daca,
un ping pong, un ir juntos que no hay nada que lo supere.
En trío siempre hay momento donde puede haber un solo,
un dúo, un trío... fluctúas más, pero un dúo estás continuamente
expuesto a la otra persona. Digamos que es la prueba
de la verdad del tocar en grupo. El otro condicionante
para le dúo es que es el más barato. Es que es así porque
luego los programadores te dicen: "hombre, si en
lugar de cinco músicos me traes dos, pues mejor".
P:
También te queda la fórmula del piano solo que es a
priori más vendible que el batería sola de Ramón López.
A.F.: Sí (risas).
El piano solo es lo que más me piden por ahí. ¿Por qué?
Pues porque es un piano sólo.
P:
Si no me equivoco fue Evan Parker quien te puso en contacto
con un músico que ahora adquiere especial significación
por su desaparición como es Peter Kowald.
A.F.: Sí, fue
él. Yo conocí a Evan en Mulhouse donde tocaba un piano
solo en la primera parte y Evan tocaba en trío en la
segunda. En la cena empezamos a tener muy buena relación,
yo me entendía muy bien con él, él estaba muy bien conmigo
y a partir de aquí es cuando empezamos nuestra relación.
Unos meses después Peter Kowald iba a Madrid a dar un
concierto y llamó a Evan por si sabía de alguien en
Barcelona donde poder pernoctar aquella noche. Le dio
mi contacto y yo le organicé a la vez un concierto en
Barcelona. Llegó por la noche, tocamos (porque fue un
dúo) y a partir de aquí empezó nuestra relación de amistad.
P:
De ese amplio currículum algo que quieras destacar...
porque a mí ya se me pierde.
A.F.: No porque
todo es importante. En este momento si tendría un recuerdo
especial para Peter Kowald que murió el año pasado y
que tuve el honor de que me considerara su hermano.
El siempre me decía: "yo tengo dos hermanos en
el mundo: uno es William Parker en Nueva York y el otro
Agustí Fernández en Barcelona". Esto para mí es
un honor.
P:
Agustí Fernández programador (Nits de Mùsica de la Fundación
Joan Miró). ¿Aplicas tus criterios como músico a los
de programador?
A.F.: Es muy
fácil. Invito a los músicos que quiero escuchar. Así
de fácil. Creo que debería ser la tarea de cualquier
programador. Todas las cuestiones políticas, sociales...
están a un lado. Lo primero es lo artístico. A quién
me gustaría escuchar o a quién creo que deberían escuchar
en Barcelona que no hayan escuchado aún. Alguien que
encuentro en Budapest o en Londres y que dices: "por
qué este tío no ha tocado nunca en Barcelona".
Y ya está. Amor a primera vista y venga, para casa.
P:
Me imagino que poniéndote en el papel de quienes luego
te contratan a ti hace que luego se vean más claras
las cosas.
A.F.: Sí, tengo
la ventaja de que tengo la visión de los dos lados de
la mesa: los de artista y los de programador. Y tengo
los inconvenientes también. La gente que programo en
la Fundación Joan Miró siempre, la mayoría de ellos
además de ser buenísimos músicos son excelentes personas.
Una cosa que quiero evitar como programador es encontrarme
con personajes conflictivos. Hemos dado algún concierto
así porque la ocasión lo requería. Recuerdo el concierto
que dio Charles Gayle que fue el único que daba en España,
estaba en París e hicimos el esfuerzo. Pero es una persona
especial y... bueno, que no me interesa meterme en estos
berenjenales.
P:
Próximos proyectos.
A.F.: Buff (risas).
Un montón de nuevos proyectos. Puedo destacar: una nueva
pieza con la "Barry Guy New Orchestra" que
se ensayará, estrenará y grabaremos en disco en el próximo
mayo de 2004 que me hace especial ilusión porque en
esta orquesta está la "creme de la creme"
de la improvisación mundial. Una nueva pieza que ha
escrito Barry y con la que haremos una gira por Suiza
y una grabación que saldrá en Intakt en octubre o noviembre
del año que viene. Otra cosa que tengo que no tiene
nada que ver es un proyecto con el cantaor Miguel Poveda
a largo plazo, de hacer canciones (y aquí me voy del
mundo de la improvisación) sobre textos de poesías españolas
que seleccionamos él y yo. Otro proyecto es con el bailarín
de Butoh, Andrés Corchero con quien trabajo. Tenemos
otro dúo que seguramente presentaremos a finales del
año que viene. Y entre medias los proyectos que están
a punto de realizarse son discos que se han ido grabando
en estos dos últimos años y que no había tenido tiempo
hasta ahora de editar y voy a darles un empujón para
que salgan al mercado.
P:
Discos que imagino se podrán conseguir a través de tu
web www.agustifernandez.com al igual que, por ejemplo,
el último con Evan Parker.
A.F.: Sí, todos
los que quieran discos míos pueden ir a la web y allí
hay un enlace en cada disco que te dice dónde puedes
llamar, dónde puedes escribir para conseguirlos.
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