| |
|
Carlos
Silva es Doctor en Musicología en la
Universidad Autónoma de Barcelona y está
licenciado en composición en la Universidad de
Chile (donde imparte clases en la actualidad además
de en la Escuela Internacional de Música Projazz).
Ha formado parte de las agrupaciones Pancho Molina
y Los Titulares además de formar parte de
grabaciones junto a Ángel Parra Trío o Cristián
Cuturrufo. Recientemente ha presentado su primer
trabajo bajo el título de "Sólo, dúo, trío".
Por
Carlos Pérez Cruz |
Hablar
de 30 años de jazz en Chile nos lleva inexorablemente a
mirar a un 11 de septiembre de 1973. ¿Qué supuso desde
tu punto de vista el golpe de estado de Pinochet a la
vida social y cultural de Chile?
En primer
lugar, el jazz en Chile tiene más de 30 años. El Club
de Jazz de Santiago se fundó en 1943.
Segundo, lo que ocurrió fue que tanto el jazz
como otros géneros musicales sufrieron modificaciones,
algunos fueron prohibidos, como cualquier música que
“oliera” a asunto político de izquierda. En el jazz
no fue tan grave, puesto que los músicos, muchos de
ellos, no estaban vinculados a la escena política
nacional. En esos años, poco antes del golpe, habían
visitado nuestro país
el pianista Bill Evans y Elvin Jones. Por
supuesto que dejaron de venir muchos personajes emblemáticos
del jazz, pero no fue hasta finales de los 80 que
comenzaron a llegar otros músicos: Pharoah Sanders,
Billy Taylor, Corea, Metheny, etc.
Ahora, evidentemente la escena cultural se paralizó y
muchos grandes músicos chilenos tuvieron que salir del
país, sea por asuntos políticos o porque ya no les
convenía estar en un país que no les daba las garantías
para seguir experimentando musicalmente, y todo lo que
implicaba el desarrollo del arte y en este caso el jazz.
Mario Lecaros, pianista de jazz, emigró a Barcelona,
por ejemplo, y allá fundo el taller de músics con
otros jazzistas.
En el caso mío y de mi generación, tuvimos que
acostumbrarnos a conseguir discos regrabados de alguien
que venía de fuera. Imagínate, si a ese músico o
aficionado le gustaba algún jazzista que para uno,
ahora, sea uno del montón, lo valorabas mucho. Algo era
algo y muy valioso.
Por
otro lado, comenzaron a florecer grupos que tomaron
algunas raíces del folklore o el rock y lo mezclaron
con el jazz, iniciando lo que se denominó
posteriormente fusión (Álvaro Menenteau sabe mucho
sobre esto).
¿Cómo
le afectó personalmente a Carlos Silva el golpe?
En
esa época tenía 8 años, y mi familia no estaba
comprometida políticamente. Pero te puedo asegurar que
cuando entré a la adolescencia me di cuenta de lo que
había ocurrido.
Cuando
las dictaduras acaban la reacción natural de la población
es el ansia de libertad. En ese momento los movimientos
artísticos brotan con inusitada fuerza. ¿Fue el caso
de Chile?
Sí,
como en muchos países. Te prohíben algo sin
explicaciones y reaccionas con el efecto contrario. Pero
en este caso, era justa la reacción, se habían
atropellado los derechos humanos, las garantías
civiles, todo, la expansión de la libertad artística.
¿Cree
Carlos Silva en la connotación sociopolítica de la música?
Si es así, ¿qué retrato sociopolítico de Chile
ofrece la música chilena?
Creo
que todo músico comprometido con el arte, con querer
hacer algo un poco distinto, una propuesta desde puntos
de vista tales como los el pensamiento de libertad con
la música, el jazz (aunque se diga que es una institución)
y sus derivaciones hacia el free-jazz, cree en esta
connotación. Eres parte de un colectivo, de un contexto
social, de una época, de una cultura. Y si tienes un
poco de solidaridad con el desarrollo del arte y no vas
de asegurado intentado meterle el dedo en la boca al
auditor, entregándole música ya probada y catalogada,
puedes llegar a espacios de mayor amplitud artística.
Pero no estoy seguro si eso te conecta con la realidad
social de tu cultura.
No
sabría decirte si en otros géneros musicales que se
hacen en Chile los músicos tratan de expresar algo que
tenga que ver con lo sociopolítico. Existe mucha moda y
en el jazz también. Por ejemplo, la moda del Drum and
Bass. Talvez esto y otras modas refleje lo que vivimos,
la globalización a saco.
Muchos
chilenos me suelen recordar la situación de este país
en el “culo del mundo”.
Hacerse notar en el mercado musical del resto del
mundo requiere un esfuerzo suplementario para músicos
de países como Chile. ¿Qué cualidades pueden hacer
del jazz chileno un jazz atractivo y diferenciado?
La
honestidad y el trabajo duro y comprometido con el arte.
Si te aprovechas de algunas raíces folklóricas, siento
que estás agarrándote de elementos catalogados. Si te
aprovechas del estándar de jazz, también. Si te
aprovechas de tus vivencias, apostando al objeto estético
sin concesiones, te aseguro a que no vendes mucho pero
enriqueces tu espíritu. Bueno, muchos músicos de jazz
han decidido desarrollar su música con elementos
populares y los de moda, puesto que desean vivir de
esto. Los respeto y entiendo. No es mi caso, yo no vivo
de hacer jazz. Yo vivo de tocar piano en danza, dar
clases de composición y contrapunto en la U. de Chile y
un instituto de música, Projazz. Y de algunos
conciertos de jazz.
Haznos
un retrato en lo relativo a infraestructuras (locales,
salas...) para tocar jazz en Chile.
En
Santiago. El Club de Jazz de Santiago (http://www.clubdejazz.cl/)
: se hace jazz tradicional y moderno. El Perseguidor (http://www.elperseguidor.cl/)
: jazz moderno y algunas tendencias de moda, un lugar
muy abierto y especial. El Bar Thelonious(http://www.thelonious.cl/)
: un lugar para experimentar y también jazz de moda. Y
después estarían los bares y restaurantes que en
algunas ocasiones ofrecen jazz.
También, la Sala Master de la Radio de la
Universidad de Chile.
Hay
bares de jazz en todo Chile, en Concepción, Temuco,
Antofagasta, Coquimbo.
¿Qué
relación tiene el jazz con las instituciones?
Se
están abriendo las puertas, pero poco. Existe
un organismo del Ministerio de educación, se
llama Fondart, un fondo de ayuda económica para
los proyectos de creación artística. Y también
los ayuntamientos están valorando el jazz.
Desde hace 4 años que todos los veranos se
organizan festivales de jazz. Han venido algunos
jazzistas estadounidenses, como Ralph Lalama o
Bruce Barth.
En
un momento determinado de tu formación estuviste en
Barcelona. ¿Qué recuerdo tienes de tu estancia allí?
Grandes
amigos y apertura musical. Allá me doctoré en
musicología (UAB), allá conocí a mi esposa,
Cristina, quien vive acá en Santiago y seremos
padres a principios de febrero. Amo Barcelona,
viviría y creo que viviré en esa ciudad.
Acabas
de editar recientemente tu primer trabajo discográfico
y ya me hablan de un segundo en ciernes. ¿Es el momento
de explosión musical de Carlos Silva?
Pienso
que se me abrió el cerebro para comenzar a entender
hacia dónde debo dirigir mi trabajo musical, y si tengo
claras algunas cosas no puedo perder el tiempo en pensar
si realmente las tengo claras. Debo hacerlas, debo
grabarlas.
De
primeras la escucha del disco nos habla de un Carlos
Silva inconformista.
Un disco con muchos matices que muestra un estado
de transición, de búsqueda... ¿me equivoco?
No,
no te equivocas. Es un disco que intenta aproximarse a
la sinceridad de un músico que ha vivido una dictadura,
pero que ahora tiene ganas de expandir el lenguaje. Es
un disco inquieto, inconformista. Traté de alejarme de
los estereotipos. Mira, si me sintiera satisfecho, se
acaban los discos y me dedico a otra cosa
¿Cuáles
son las motivaciones el proceso de creación de Carlos
Silva?
Actualmente,
la música, algunos compositores como Ornette Coleman,
Anton von Webern; la poesía de un chileno que se llama
Enrique Lihn. O los trabajos de J. Pollock, en pintura.
No sé, el día a día. O más recargulao, tal vez, el
juego entre reposo y tensión, reorganizando siempre mis
herramientas cada vez que desee que mi música se
transforme constantemente, hasta descubrir o, muy
pretenciosamente, crear nuevos mundos sonoros.
¿Cuál
ha sido el proceso de formación de Carlos Silva?
Comencé
tocando en cabarés, pachanga (1984). Paralelamente
ingresé a estudiar pedagogía y en ese tiempo conocí
el jazz, sobre todo cuando vi una clínica de Pharoah
Sanders en
Santiago, (1988) genial. Luego entre a unos talleres de
jazz de Roberto Lecaros y después ingresé a la carrera
de composición. En esta carrera aprendí muchísimo. Mi
profesor, Cirilo Vila, un genio, estudió en París con
Olivier Messiaen, y me enseñó que no existe un camino
en la composición musical. Él me entregó las
herramientas necesarias para que yo descubriera otras o,
pretenciosamente, inventara. Más tarde, en 1998, me
largué a Barcelona a hacer un doctorado en musicología.
Allá armé un grupo de jazz con un saxofonista, Martí
Serra, e hicimos jazz en Terrassa, La Cova del Drac, y
en diferentes bares pequeños y algún pueblo cercano.
Volví a Chile en el 2000, y estoy en proceso de
desarrollo, a mis 38 años.
Además de los
profesores de aula en la formación de los músicos de
jazz son muy importantes los maestros del jazz que uno
escucha. ¿Qué ídolos discográficos han formado a
Carlos Silva?
Monk,
Ellington, Ornette, Cecil Taylor, Hancock, Wynton Kelly,
Archie Sheep, por nombrar algunos.
¿Qué
nos deparará tu futuro próximo?
El
segundo disco y, espero, performances en Pamplona, no?
|