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CHARLES LLOYD


© www.charleslloyd.com

Charles Lloyd (Memphis, 1938) es una de las voces más libres del Jazz. Formó parte de la escena musical más inquieta de los sesenta en la que lideró sus propios grupos después de formar parte de los de Chico Hamilton o Cannonball Adderley y triunfar en un festival de Rock como Monterey o tocar en la Unión Soviética en 1967 contra los deseos del gobierno soviético. Tras un retiro espiritual en el Big Sur de California durante los setenta, la aparición en su vida del joven pianista francés Michel Petrucciani le hizo volver a los escenarios en los ochenta. Desde 1989 graba con asiduidad para el sello ECM. En 1993 conoció a la cantante griega María Farantouri, con quien presenta ahora Athens concert.

Lo que puedes leer a continuación es una transcripción de la entrevista emitida en un especial Club de Jazz con fecha 19 de octubre de 2011. También puedes escucharla en su versión original en inglés.

Hemos estado escuchando en las últimas semanas tu nueva grabación, Athens concert, con María Farantouri. Ella esa una de las voces que lucharon por la libertad en Grecia cantando temas de Mikis Theodorakis y tú eres una de las voces más libres del Jazz pero vuestras tradiciones musicales están, en apariencia, alejadas. Y sin embargo, en mi opinión, tu sonido y el de María son completamente reconocibles. ¿Encontrasteis problemas específicos para sonar de formar natural con motivo de esos diferentes bagajes?

(Risas) No, nos queremos el uno al otro y todos los músicos amamos la música y los unos a los otros. Ya sabes cómo es esto de la providencia, cómo a veces los planetas se alinean o el Creador nos reúne. La vida es un misterio para ser vivido, no un problema para ser resuelto. Así que con María y conmigo… sólo quería que María fuera ella misma. Cuando escuché su voz por primera vez me sentí profundamente conmovido por ella. Me trajo a la memoria mis recuerdos de infancia de Billie Holiday, de mi amor por ella. Lo que quiero decir es que quería que tanto ella como yo fuéramos nosotros mismos y así fue. Nos hicimos verdaderos amigos. Voy cada año a Grecia y paso tiempo con ella. Nos alojamos al lado del mar, ella tiene una hermosa casa en la costa así que nadamos y hablamos todo el día de música y de la vida.

En el anotaciones del disco cuentas cómo la voz de María Farantouri te despierta el recuerdo de tu amor por Billie Holiday. ¿Qué hace a María tan especial para ti?

Es espiritual. Me afecta tanto como la primera vez que escuché a Billie Holiday. Yo era un niño pequeño que vivía en Memphis, en el sur de Estados Unidos. Cuando Billie Holiday cantaba se dirigía a mí así que decidí que crecería y me casaría con ella, iría a Nueva York para protegerla y cuidarla porque sabía que me necesitaba. Eso es lo que iba a hacer. Pero llegué demasiado tarde. Así que seguí viviendo mi vida y la vida es un viaje así que lo que hago es viajar por el camino de la vida y en ese camino me encontré con Maria Farantouri. Y, de pronto, me volvieron aquellos recuerdos de infancia. No es que quiera casarme con ella. No es serio esto de pensar de pronto “me quiero casar con esta persona” y vas y te casas. (Risas) Pero al reunir su voz y la mía uno siente madurar de forma más completa. El sonido, la voz de mi voz en el instrumento, se vuelve más íntimo. Y es algo que trato de lograr todo el tiempo. Cuando la escuché siendo adulto me afectó del mismo modo en que Billie Holiday lo hizo siendo niño.

Hermosa comparación.


Gracias. Es como el trueno de un relámpago. Cuando la escuché… la humanidad, el amor, la vida… toda ella es vida. Eso es la música. Yo también soy un guerrero pero soy un guerrero sensible; tengo estos instrumentos, no tengo la voz para cantar, ojalá la tuviera. Pero a la vez mi voz en el instrumento se ha hecho cada vez más íntima. Esto es algo que me anima mucho para continuar el viaje.


Charles Lloyd, María Farantouri y Mikis Theodorakis
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Escribes también en el libreto que la voz humana puede cautivar el corazón de una forma más rápida y directa que ningún otro instrumento. No sé si tienes la misma percepción que yo pero tengo serios problemas para encontrar hoy voces dentro del Jazz que tengan una fuerte personalidad y que entiendan la música como una expresión personal, no como imitación del modo en que mujeres como Billie Holiday lo hicieron. Y también siento que cantantes como María, que no son cantantes de Jazz, entienden mejor la manera de cantar en un contexto jazzístico. ¿Qué opinas al respecto?

Sé que a ella le encanta lo que llamamos Jazz porque también es una expresión universal. Creo que estábamos destinados el uno al otro, porque sea lo que sea lo que busques pienso que también te busca a ti. Estoy de acuerdo contigo en lo de la personalidad fuerte y única. Es como que vemos el mismo sol en todos lados pero en algunos lugares se manifiesta con más fuerza y ella es uno de esos lugares. Cuando vamos a visitarla, a veces durante semanas o a veces meses, algo sucede. Tengo muchos amigos ahora en Grecia. No sé el por qué de esta atracción. Quizá es porque Grecia ofrece mucho al mundo y ella me ha estado enseñando y se ha convertido en una gran inspiración para mí en muchos sentidos.

Lo que trato de decir es que si escuchas su voz con atención lo escucharás todo. Ella es la madre del universo para mí y encarna lo mejor de él. Por supuesto que no suena como Billie Holiday, no hago ese tipo de comparaciones. ¿Recuerdas la grabación que hizo Billie Holiday titulada Lady in satin? ¿Con una orquesta de cuerda detrás suya? Su voz no estaba tan bien y con tanta chispa pero la comunicación era tremendamente fuerte. Esa gran emoción sólo se encuentra en algunos lugares que el Creador ha bendecido. María es realmente conmovedora. Para mí escucharla cantar es escuchar cómo su voz se expresa; ella es su voz. Cuando estamos juntos en casa me canta en muchas ocasiones y siempre me siento abrumado. Es como si los sueños de mi infancia se hubieran mantenido intactos y hubieran sido recompensados.


Charles Lloyd en Atenas
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Conociste a María en 1992 y, si no estoy equivocado, viajas cada año a Grecia desde entonces y ella ejerce de anfitriona, una anfitriona muy especial. ¿Qué has encontrado en Grecia?

(Risas) Pienso que toda la humanidad es una. Todas estas líneas de demarcación y todas estas cuestiones políticas y de gobierno llevan a confusión. Deberían detenerse y escuchar la música, el sonido. Porque mi búsqueda es la de la verdad y el amor. He encontrado allí mucha verdad y mucha belleza en la sabiduría de los antiguos y ella continúa iluminándome con todo ello. Me lleva a todos los lugares sagrados, que es algo que mucha gente no tiene la oportunidad de hacer. Allá donde vamos… viajo con ella en el coche… vamos al Templo de Apolo, al de Poseidón, a Epidauro, a algún lugar sagrado. Paramos a un lado de la carretera para comprar cerezas o uvas, lo que sea, y los vendedores ven a María y exclaman: ¡¡Oh no María!! ¡¡¡No podemos coger tu dinero!!! Y ellos son gente pobre.

Vamos al Templo de Apolo, subimos con el coche hacia lo alto de la montaña para ir a ver la escultura. Salimos del coche y uno de nosotros se acerca a comprar las entradas y cuando la mujer que vende los tickets ve a María empieza a gritar: ¡¡No!! ¡¡No!! ¿Sabes? Es algo que habla del respeto y aprecio hacia lo que ella ha dado. Es tan profunda. Y tocar ese concierto con Mikis Theodorakis allí. Por supuesto que nos habíamos encontrado antes. Él ama el Jazz al igual que Maria, ya que me preguntabas acerca de lo del Jazz. Me encanta también Maria Callas pero la cuestión con Farantouri es que ella es la encarnación de algo extremadamente extraño. ¡Ella tiene tanto! No te lo puedo explicar, hermano, sólo puedo decirte que algo me abruma.

Estoy inmerso en un viaje hacia un lugar donde la música me consume y soy un buscador de sonidos y su sonido resuena con el mío y se extiende a mis músicos, expande nuestro mundo. Mis músicos lo escuchan y lo dan todo, son músicos muy especiales que tienen la habilidad de entregarse por completo al amor. 

Hablando de sonidos, qué hermoso suena el tarogato junto a la lira de Socratis Sinopoulos.


(Risas) Su sonido en la lira es tan hermoso, tan cálido. Me encanta. Ella me lo presentó hace unos años y a veces tocamos juntos. La primera vez fue en Alemania, ensayamos para un concierto que teníamos en Tesalónica y, ¡oh! ¡¡Ese sonido de la lira!!… Gracias por lo que has dicho sobre el tarogato. Pienso que lo que hicimos es único. No creo que comprendiéramos totalmente qué pasó con la música aquélla noche con María y con la orquesta y con ese público… sentí que me transportaba. La música existe en la cuarta dimensión y yo creo que lo que sucedió es que esos espíritus de miles de años atrás se pusieron a bailar con nosotros.


Charles Lloyd y Socratis Sinopoulos (al fondo Jason Moran)
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¿Tuviste la oportunidad de charlar con Mikis Theodorakis? Porque creo que él estuvo presente en el concierto.

Sí, por supuesto. He estado de visita en su casa, somos amigos. Es maravilloso. Un día fui a su casa, me llevé el saxofón y le toqué una de sus composiciones. Me dijo que había sido uno de los mejores días de su vida. Por supuesto que él vive al día así que quizá ahora sea otro día el mejor (risas), pero fue muy conmovedor y emocionante para mí porque él es un gran compositor y un gran ser humano. Ha hecho mucho por el planeta, por el avance de la integridad.


Desde que empezaste a tocar música en Memphis hasta hoy en tu encuentro con María Farantouri ha sido una larga vida musical. ¿Crees que tu inspiración para tocar música es la misma en tus inicios que ahora? O, ¿es algo que ha cambiado durante tu vida?


Existe una expresión: ‘mente del principiante’. Es una expresión de tipo budista sobre los que todo el tiempo ven lo maravilloso. Yo todavía estoy hambriento y embriagado por el elixir del sonido en la música y todavía me estoy formando. No vivo en el planeta para consumir, vivo para… ¡La música siempre me inspirado! Y siempre me ha dado paz y consuelo. Y ahora quiero devolverlo y compartirlo con la humanidad allá donde vaya. Todavía estoy refinando mi sonido para que allá donde esté se transforme en verdad y en quien soy.

Es un largo camino recorrido desde Memphis pero al mismo tiempo no es algo tan alejado de Memphis o de tu país o de Brasil. Voy a todas partes. Fui a Rusia cuando era un jovenzuelo. He estado en todos estos sitios. A veces debes ser fuerte porque te pueden llover palos, porque no les guste cómo suenas o algo así, pero ahora soy un hombre curtido y continúo avanzando. Eso es lo importante en la vida. Podemos caer muchas veces pero es realmente importante levantarse y seguir adelante.


He leído una entrevista que te hicieron a finales de los noventa en la que decías que hubo un momento en tu vida en el que te diste cuenta de que no podías cambiar el mundo con la música y que tenías que cambiarte primero a ti mismo. Cuando fuiste consciente de esto, ¿cómo cambió tu actitud personal?


(Risas) Más entregado, más simple. Estas cuestiones sobre la vida son… ¿cómo decirlo? Los militares, los ejércitos, pueden conquistar miles de veces pero un hombre puede conquistarse a sí mismo tan sólo una vez y él es más importante que los ejércitos. Si miras un bosque te fijarás que es un grupo de árboles individuales de color verde. Así que cada uno de nosotros tenemos que regar nuestras raíces, tenemos que ser árboles verdes y estar aquí para servir y para ofrecer una contribución. Quiero contribuir, creo que eso es para lo hemos sido enviados. Perdóname, quiero hacerte una pregunta. ¿Entiendes mis respuestas? No sé dar respuestas como si fuera un misionero, no es parte de mi bagaje.

Pienso que estás respondiendo mis respuestas bien, de una forma verdaderamente profunda, así que es perfecto.

Oh, gracias. Y, ¿puedes, por favor, traducir a tus hermanos y hermanas allí algo de los sentimientos de lo que estamos diciendo? No tienes ni que traducir demasiado las palabras tanto como los sentimientos si te parezco sincero y confías. La cuestión del mundo y de cómo está montado, de cómo funcionan las reglas de poder y cosas así, de cómo la gente se convierte en otra persona o va a diferentes países y se apropia de sus recursos naturales… ¡todo eso me molesta! Pienso que este es un planeta pequeño. Hay muchos sistemas solares y deberíamos ser realmente amables los unos con los otros y encontrar la manera de respetarse y de no hacer lo que no te gustaría que te hicieran a ti.

El amor, la verdad y el respeto son lo importante, Charles.

Estoy de acuerdo. Disculpa Carlos, el problema para mí sobre lo que estoy tratando de decirte es que no soy un poeta o un escritor y para mí usar las palabras es algo complicado porque no significan lo mismo para todo el mundo, como te he dicho al principio. Cada persona escucha las cosas de forma diferente pero el sonido de la música, como dije acerca de la voz, es directo y todos podemos escucharlo tal cual es. Depende de lo que hayamos vivido y experimentado, de cómo nos hayamos educado y de cómo queramos conectar la verdad, el amor y el respeto de los que hablábamos; ante todo existen unas circunstancias importantes a las que todos tenemos que llegar en algún momento de nuestra vida. Con suerte más pronto que tarde.


Booker Little y Charles Lloyd
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¿Puedo preguntarte sobre la década de los sesenta?

Como suelen decir si estuviste allí no te acordarás, si los recuerdas es que no estuviste allí. Conocí a Jimmy Hendrix y a Greatful dead y a toda esta gente así que puedes intentarlo y ver qué sucede.

Los sesenta fue una década muy dura para Estados Unidos pero a su vez una década muy activa en tu carrera. Fue el momento en que músicos como John Coltrane u Ornette Coleman hicieron evolucionar la música de una manera que no todo el mundo entendió. Fueron los años más duros en la lucha por los derechos civiles. Tú fuiste a la Unión Soviética para tocar en 1967. Para personas que como yo sólo conocemos los sesenta por los libros o las grabaciones, ¿cómo explicarías tus vivencias en esa década desde una perspectiva tanto personal como musical?

De nuevo la pregunta acerca de cómo sufriste o de cómo sufrió tu país o sobre cómo sufrió María yendo al exilio. Yo también tuve que exiliarme. Pero los problemas del mundo permanecen. Lo que tenemos que hacer es, de alguna manera, elevarnos por encima de ellos y mantener intactas nuestra compasión y amor en nuestro modo de trabajar. Pero debo decir que los sesenta fueron una época muy complicada por aquí al respecto del movimiento por los derechos civiles; la gente joven no quería vivir de la manera en que lo habían hecho sus padres antes, especialmente los jóvenes blancos, y lo que pasó es que fue un tiempo de idealismo y la gente quería cambiar el mundo. Yo he tratado siempre de cambiar el mundo.

Fue algo tanto doloroso como estimulante porque muchos de nosotros vivimos en el sonido y éramos buscadores de sonidos. Conseguimos lo que nos fue posible y muchos de ellos se han ido, como Janis Joplin, Jimmy Hendrix, Jerry García, The Grateful Dead… Mucha gente a la que conocí. Coltrane… Miles todavía no pero el tema es que de todo este sufrimiento estaba surgiendo tanta belleza que nos mantenía en el campo de batalla intentando cambiar las moléculas en el universo.

¿Cómo recuerdas tus conciertos en la Unión Soviética? Porque fueron uno de los hitos de tu carrera.

Era un joven de veintitantos y fuimos invitados a la Unión Soviética por un grupo de artistas y científicos que amaban las artes pero el problema es que no fue algo que recibiera la bendición del gobierno. El gobierno no quería que fuéramos porque decían que los americanos habían intensificado la Guerra de Vietnam. No era algo que tuviera que ver conmigo pero yo vivía aquí. Al mismo tiempo lancé una pregunta: si los gobiernos no me permitían ir como músico podía ir como ciudadano de la tierra. Y podía, así que viajé y toqué música para esta gente. Pero los rusos no querían que tocara y trataron de detenerme en todo momento. Al final tocamos y para la gente fue como que las cadenas habían sido rotas.

No dejaron de aplaudir, fue algo multitudinario. Los del gobierno federal o como los llamen aparecieron y empezaron a gritar para que la gente se callara. Y dejaban de aplaudir pero empezaban a golpear el suelo porque estaban apuntando sus nombres. Tocamos en aquella sala ante cinco mil personas que nos habían estado esperando. Todos los días igual y finalmente tocábamos. Hasta que no les pregunté por qué perpetuaban el racismo no acordaron dejarnos, porque no era algo de lo que quisieran ser responsables. De todos modos tocamos y la gente nos llevaba a sus casas y cocinaban para nosotros auténticos banquetes. Me entraban ganas de llorar porque me daba cuenta de que esa comida para nosotros suponía todo un mes de su salario y cosas así. Así que había mucho sufrimiento, muchos artistas que hacían un gran esfuerzo por cuidarnos. La gente del KGB nos seguía a todas partes.

En otra ocasión vamos a tocar a una sala en Leningrado. Y nos dicen: no podéis venir hasta un determinado momento, habrá un grupo ruso que tocará antes que vosotros. Así que fuimos y estaban en el descanso o algo así en aquel gran auditorio. Nos guiaron por el edificio mientras la gente vigilaba a través de las ventanas. De alguna manera el público estaba al tanto de muchas cosas, porque en tu país te das cuenta de algunas cosas. En un lugar en Leningrado sabían que no podríamos tocar así que íbamos a otro lugar y había miles de personas esperándonos en un sitio clandestino. Era como estar en una película pero era tan fuerte su humanidad y la gente era tan hermosa que sólo sé que en todo el mundo la humanidad es algo hermoso y que son estas normas y la gente que tiene intereses opacos los que no quieren que la canción sea cantada, porque la canción es una canción esencialmente de libertad y de asombro. Y así es como, volviendo a mí y a María, la libertad y el asombro prevalecerán porque son más fuertes que las cadenas.

  

El director de cine Michael Radford ha presentado este año un documental sobre el pianista Michel Petrucciani. Sé que fuiste muy importante para impulsar su reconocimiento internacional y también que él hizo que volvieras a los escenarios después de una década más o menos fuera de ellos. ¿Cómo sucedió? ¿Cómo apareció Michel en tu vida?

Yo estaba exiliado en el campo, en un lugar llamado Big Sur. Es un lugar que está a lo largo de la costa, un lugar muy poderoso. Muchos poetas, Henry Miller, diferentes escritores y artistas, Langston Hugues, diferentes personas vivieron allí de vez en cuando. Es un lugar muy aislado, con sesenta millas de costa, y sólo viven unas quinientas familias. Es una montaña alta con una estrecha carretera. Fui allí para retirarme y mis vecinos más próximos vivían a una milla y media a cada lado, unos dos o tres kilómetros hasta encontrar un vecino. Yo vivía de una forma muy sencilla.

Alguien vino de Francia para trabajar en la propiedad que estábamos construyendo entonces – una casa de campo japonesa, con espacios abiertos y cosas así –; este tipo estaba ayudando y conocía a Michel y le dijo que había estado trabajando en nuestra casa. Michel, que tenía diecisiete o dieciocho años cuando dejó de vivir con sus padres, vino a California. Yo no lo conocía, él había oído sobre mí, así que se vino. Tú, ¿lo has visto, verdad?

Sí.

Es ese pequeño hombre con la enfermedad de los huesos de cristal. Me preocupé por él pero tocaba el piano de forma tan hermosa que supe que era el momento de bajar de la montaña porque los veteranos siempre me habían ayudado. Así que lo llevé de gira por el mundo durante un par de años para que empezara y así es como sucedió. Yo estaba viviendo una vida silenciosa en el campo. No sabía que iba a volver a tocar en público de nuevo.


Charles Lloyd y Michel Petrucciani
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¿Cómo recuerdas la personalidad de Michel?

Era una mezcla. Era un santo y (risas) un alocado pecador. Tenía una gran bipolaridad. Me preocupaba. Tenía un gran apetito que no podía controlar. Era muy especial. Pero todos tenemos problemas durante la vida y éramos como una familia. Le facilité una casa en nuestra propiedad para que pudiera vivir. Se trajo a parte de su familia, a hermanos y así.

Pienso que él se quemó muy rápidamente. Terminábamos discutiendo, como en una familia, pero él volvía y me decía: “Debo tocar contigo otra vez porque sólo contigo toco mejor”. Decía todas estas cosas pero entonces estábamos ante una gran gira y llamaba y me decía: “No puedo ir de gira, no puedo tocar más contigo”. Cosas así. Así que era una mezcla, se puede decir que yo quería dejarle en paz pero que él seguía rondándome para chinchar. Pero lo quería muchísimo. En resumidas cuentas era un gran creador de música y creo que sabía que su tiempo aquí iba a ser corto, así que pienso que él tenía que hacerlo a su modo.

En los últimos años estás trabajando con un trío de músicos jóvenes y realmente buenos como son Jason Moran, Eric Harland y Reuben Rogers. Jason Moran es, por ejemplo, uno de los más importantes músicos de Jazz de las últimas generaciones y uno de lo que están liderando las nuevas expresiones hoy. ¿Dónde se encuentra el espacio común en el que un joven músico y un veterano, ambos con fuertes personalidades, pueden crear música sin que surja el conflicto?

Él es un joven verdaderamente brillante y quería reunirse conmigo y con su amigo Eric Harland – crecieron juntos en Texas, eran amigos de la infancia -. Tengo diferentes grupos. En ocasiones toco en un grupo con un músico de origen indio, no sé si conoces a este tipo.


¿A Zakir Hussain?


Sí, Zakir Hussain. Él toca conmigo en otro grupo que se llama 'Sangam' con Eric. Tenemos una grabación con este grupo, tienes que buscarla si no la tienes.

La tengo aquí.

De acuerdo. En todo caso, el grupo 'Sangam' lo formamos Zakir, Eric y yo. Tocamos un concierto en el Carnegie Hall en Nueva York y después del concierto Jason vino al camerino para encontrarse con Eric, su amigo de la infancia. Eric nos presentó, yo no lo conocía, y Jason me dijo que mi música le emocionaba hasta lo más profundo. Nos abrazamos, yo podía ver la luz de su corazón en la mirada. Eso fue hace seis o siete años, entonces Geri Allen estaba tocando el piano conmigo y ella tenía un problema con su agenda y no podía hacer la gira europea al completo, sólo la mitad. Eso no funciona conmigo porque cuando salgo de gira la música se va desarrollando así que quiero que continúe y que no se mezclen los ingredientes. Eric me llamó y me dijo: Jason quiere tocar contigo. Yo creía que tenía su propio grupo. Y él dijo que sí, pero quiere tocar contigo. Así es como sucedió. Yo le di la bienvenida, empezamos en Portugal y hoy seguimos tocando a pesar de que tienen una agenda apretada; así que me siento honrado y emocionado de que hagan sitio para venir conmigo cuando salgo de gira, como ahora que en unos días tenemos quince conciertos en gira por Europa.


Zakir Hussain, Charles Lloyd y Eric Harland (Sangam)
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Estamos viviendo un mal momento para los sellos discográficos pero tienes una relación fuerte con el sello alemán ECM. ¿Cuál es la importancia del sello en tu carrera? Quizá por el modo en que tratan la música, etcétera.

Tiene que ver con la calidad. Manfred Eicher me conocía desde que empezó el sello siendo joven. Le gustaba mi grupo, el grupo con Keith Jarrett, Jack DeJohnette y Cecil McBee. Él estaba influenciado por ese grupo y también le gustaba Miles. Eso es lo que dijo en el pasado. Después de que volviera del exilio con Michel otras compañías discográficas querían que yo volviera a la actividad pero un amigo me dijo que encontraría un mejor hogar en ECM porque eran honestos e íntegros y no intentarían fastidiar mi música. Y efectivamente veintidós o veintitrés años después sigo ahí.

Tenemos un contrato de una página que dice que estaremos juntos tanto tiempo como queramos estarlo, por ambas partes. No creo que se necesiten muchas cadenas ni frases extrañas para que alguien permanezca en un lugar. Pienso que gran parte de su integridad está en ello. Así que se trata de una cuestión de calidad. Ellos aman la música por las razones correctas y no es como el sistema americano de usar y tirar. Le dan al artista tiempo para desarrollar lo que esté desarrollando. Han apostado fuerte por este Athens Concert al igual que con toda mi música así que… ¡y lo mantienen todo en su catálogo a pesar del tiempo! Si alguien quiere vivir de esa manera me inspira para hacerla también mía.

Has estado muy activo en las últimas dos décadas y espero, por nuestro placer que lo sigas estando.

(Risas) Oh Carlos, ¡Dios lo quiera! No sabemos estas cosas.

Lo esperamos, lo esperamos.

Gracias, gracias.


¿Tienes planes de futuro? O, ¿cómo planificas tu vida?

No hago estos cosas, vivo en el ahora porque si piensas en el siguiente instante podrías perderte este. La gente que me rodea piensa de esta manera. No hago negocios, no tengo teléfono móvil, no tengo una chequera, no voy contando el dinero, ya no hago más ese tipo de cosas. Encuentro que es mucho mejor para mí concentrarme en la música y que de vez en cuando y a un cierto nivel - como antes mencionabas con Petrucciani, o Jason Moran, Eric Harland, Reuben Rogers o Maria Farantouri – llegue algo a mi vida durante este viaje que yo sepa que es bueno para mí y nos permita avanzar y abrir puertas.


Reuben Rogers, Charles Lloyd, Jason Moran y Eric Harland
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Este pasado verano Jason y yo tocamos un concierto a dúo y fue mágico, es algo que hacemos de vez en cuando e hicimos algunos en Europa. Así que quizá Jason y yo toquemos algunos conciertos a dúo, en cuarteto… Ahora van a cumplirse diez años desde que Eric está conmigo desde que el maestro Billy Higgins nos dejara en 2001. Él me envió a Eric. Higgins se fue y Eric vino. Es una gran bendición en mi vida que estos grandes músicos sigan viniendo conmigo. Hice The water is wide con Higgins, Brad Mehldau, Larry Grenadier y John Abercrombie. Son algunos hitos a lo largo del camino de las grandes grabaciones de las que he sido parte y viví una época en la que los gigantes pisaban la tierra. Pienso en Duke Ellington, Thelonious Monk, Coltrane y Miles, Monk, Bill Evans, Gil Evans… conocí a todos estos tipos. Mi mentor cuando yo era un crío en Memphis era Phineas Newborn y me ayudó, fue mi profesor. Y Booker Little fue mi mejor amigo en el High School. Se fue demasiado pronto. U otros grandes músicos cuando yo estaba en California, como Ornette Coleman, Eric Dolphy, Billy Higgins, Scott LaFaro y todos los grandes… Gerald Wilson… Ha sido realmente una bendición para mi estar en esas compañías.

Jason Moran me acaba de mandar un correo electrónico. Estaba en la Librería del Congreso buscando algunas cosas y encontró una partitura de Charles Mingus y me dice: ¡en la parte de atrás venía tu nombre, tu dirección y tu número de teléfono! Estaba alucinado con aquellos viejos apuntes.


Carlos Pérez Cruz

Traducción: Carlos Pérez Cruz
Corrección: Ferran Esteve y Amaya Pérez Cruz