| |
|
Nestor
Moreno Pérez es productor del programa
"Jazztamos" en Radio Chapingo de la
Universidad Autónoma de Chapingo en México.
Se transmite por Internet en http://www.chapingo.mx:800
a las 15:15 horas (hora de México). Este
texto fue escrito por el autor en Noviembre de
1996.
|
JAZZTOPÍA
EJugando con notas,
espejo viviente, veo a través del cristal
el atardecer.
Ya
no te escucho
girando en mi pasión en fa.
Viene
hacia mí
un presentimiento.....
Tomo
el título de este escrito del nombre que se le
ha dado a la serie de programas de jazz mexicano en
canal 22, grabado en Plaza Loreto, al sur de la Ciudad
de México. El poema surge de los nombres de las
piezas musicales incluídas en el disco “Jazzeando”
del joven jazzista Heberto Castillo.
Mi
primer encuentro con el jazz, creo que fue a través
de algunas caricaturas que durante mi niñez ocuparon
mis momentos de entretenimiento. Teniéndo al
jazz como música de fondo, de alguna manera propiciaron
que guardara en la memoria musical que todos llevamos
no sólo en el cerebro sino en el corazón,
la fuerza y explosividad de este género musical.
Sin embargo, curiosamente, mi acercamiento consciente
a la música de jazz, proviene de la lectura.
Aunque ustedes no lo crean, fue a través de la
lectura del libro de Hermann Hesse, El Lobo Estepario,
como me adentré en el túnel del jazz del
que hasta ahora no he podido salir. Ustedes se preguntaran
cómo es posible adentrarse en el universo jazzístico
leyendo y no escuchando. Pues bien, lo que me sucedió
fue que uno de los pasajes de este libro, que por lo
demás me dejó marcado, me introdujo en
el ambiente, el significado y el sentido profundo del
jazz.
El
pasaje al que me refiero hace referencia a un ambiente
no sólo material sino fundamentalmente, espiritual,
existencial y social en el que se conjugan la soledad,
el deambular con la tristeza a cuestas y la nostalgia
por el futuro. El personaje solitario y meditabundo,
caminando por las calles, rumiando, gozando y escuchando
su soledad, tropieza con un salón de baile ante
el que se detiene al escuchar la música que brota,
chisporrotea desde adentro. “ De un salón de
baile por el que pasé, salió a mi encuentro
una violenta música de jazz, ruda y cálida
como el vaho de carne cruda. Me quedé parado
un instante; siempre tuvo esta clase de música,
aunque la execraba tanto, un secreto atractivo para
mí. El jazz me producía aversión,
pero me era diez veces preferible a toda la música
académica de hoy, llegaba con su rudo y alegre
salvajismo también hondamente hasta el mundo
de mis instintos, y respiraba una honrada e ingenua
sensualidad.
Estuve
un rato olfateando, aspirando por la nariz esta música
chillona y sangrienta; venteé, con envidia y
perversidad, la atmósfera de estas salas. Una
mitad de esta música, la lírica, era pegajosa,
superazucarada y goteaba sentimentalismo; la otra mitad
era salvaje, caprichosa y enérgica, y, sin embargo,
ambas mitades marchaban juntas ingenua y pacíficamente
y formaban un todo. Era música decadentista.
En la Roma de los últimos emperadores tuvo que
haber música parecida. Naturalmente que comparada
con Bach y con Mozart y con música verdadera,
era una porquería..., pero esto mismo era todo
nuestro arte, todo nuestro pensamiento, toda nuestra
aparente cultura, si la comparamos con cultura auténtica.
Esta música tenía la ventaja de una gran
sinceridad, de un negrismo innegable evidente y de un
humorismo alegre e infantil. Tenía algo de los
negros y algo del americano, que a nosotros los europeos,
dentro de toda su pujanza, se nos antoja tan infantilmente
nuevo y tan aniñado”.
Qué
clase de música era esa que provocaba una reflexión
tan intensa desde la soledad del Lobo Estepario? Desde
entonces me he sumergido en el disfrute y el gozo del
jazz, no tanto en su conocimiento, por lo que quisiera
que tomaran esta presentación como un conjunto
de ideas provenientes de alguien que al escuchar el
jazz le causa placer y una sensación de libertad,
y no como las de un conocedor y experto en este tipo
de música.
En
efecto, el jazz es ante todo libertad interpretativa
y creativa. Dave Brubeck, jazzista ampliamente reconocido,
no obstante las críticas que se hacen a su forma
de interpretar este género musical, dice que
“ el jazz es probablemente la única forma artística
en la que existe la libertad del individuo sin que se
pierda el sentimiento de comunidad”. Estas palabras
nos colocan de frente a la característica esencial
del jazz, la amalgama entre libertad individual y comunión
del grupo, en el que el sentimiento, las emociones y
la imaginación fluyen a través de la improvisación.
El juicio lapidario de Homer Simpson, en el sentido
de considerar al jazz como un conjunto de ruidos que
se le van ocurriendo al músico sin ton ni son,
lo conducen a no entender, pero sobretodo a no sentir
el significado y el sentimiento profundo del jazz. Menos
mal que Lisa reivindica y lleva en su corazón
las cuatro letras de fuego, pasión, melancolía,
vivacidad y libertad que son la esencia del jazz.
El
juicio de Homer es compartido por muchas personas que
dicen no entender esta clase de música. Sin embargo,
hay que dejar sentado que ciertamente, el jazz, en primer
lugar es y siempre ha sido música de y para minorías.
Y enseguida, el jazz, para realmente saberlo escuchar,
es necesario poseer una especial sensibilidad para la
belleza. Saber escuchar jazz no requiere de conocimientos,
sino básicamente de una disposición espiritual
que ciertamente, no cualquier Homer Simpson, de los
que sobran en este mundo, tiene.
Es
de sobra conocido, que el jazz surge en los Estados
Unidos como expresión musical de la condición
sociocultural de la población negra. Sin embargo,
no obstante ser producto de una minoría y a pesar
del poco reconocimiento de su valor musical por la población
blanca en los años veinte y treinta, para “quien
se interesa en el jazz y lo defiende, obra a favor de
una mayoría. Porque el jazz nutre a la música
popular de nuestro siglo. Porque lo que sale de los
sonidos que acompañan a las series policíacas
de la televisión y en los altavoces de los elevadores
en las grandes urbes, en los recibidores de los hoteles,
en los hits musicales del día y en las películas,
la música que bailamos, desde el charleston hasta
el rock, todos los sonidos que nos rodean en la música
de consumo de nuestra época se originan en el
jazz".
Desde
el punto de vista musical, de los diversos elementos
que caracterizan a este tipo de música, la improvisación
constituye, desde mi punto de vista, el elemento fundamental.
Por supuesto que esta característica no es exclusiva
de la música de jazz. Ciertamente, como bien
señala Burnett James, citado por Joachim Berendt,
“hace 150 años, nuestros antepasados iban al
concierto para escuchar cómo Beethoven, Thalberg
y Clementi improvisaban de un modo grandioso y brillante;
todavía antes, iban a oír a los grandes
organistas como Bach, Buxtehude, Böhm, Pachelbel...
Nosotros, los de hoy, para tener un tipo parecido de
goce musical tenemos que ir a escuchar a Lionel Hampton,
Erroll Garner, Milt Jackson, Duke Ellington y Louis
Armstrong”.
Constituye
el aspecto más sobresaliente porque es la improvisación
la que le otorga el sello peculiar al jazz frente a
la música de nuestra época que pretende
uniformizar, eliminando la expresión individual
del músico, siguiendo las pautas que imponen
nuestras sociedades contemporáneas, eliminando
la expresión genuina del sujeto, quien hace suyas
las expresiones generalizadas y dictadas por la autoridad.
La máxima expresión, en el terreno de
la música, la encontramos en los conciertos sinfónicos,
en los que la interpretación se ciñe a
lo que el director establece en la partitura. La posibilidad
de improvisar está cancelada para la mayoría
de los ejecutantes.
Al
respecto resulta interesante lo siguiente: “En una orquesta
sinfónica los miembros de, digamos, el grupo
de cuerdas tendrán la ambición de tocar
sus pasajes lo más homogéneo que puedan.
Tendrán mucho empeño en que, en lo posible,
cada miembro del grupo instrumental en cuestión
tenga el mismo ideal en cuanto al sonido y en que lo
sepa realizar. Este ideal responde al estándar
estético afectivamente heredado. Un instrumento
debe sonar “hermosamente”....A un músico de jazz
no le interesa adaptarse a una imagen sonora generalmente
comprometedora. Un músico de jazz tiene su sonido
propio. Para este sonido existen criterios no tanto
estéticos como expresivos y emocionales,......en
el jazz la expresión tiene una jerarquía
superior a la de la estética”, se encuentra por
encima de la estética, del tiene que sonar hermoso,
bonito. La música de jazz, puede sonar salvaje,
triste, melancólica, vivaz, nostálgica,
alegre, reflexiva... dependerá de la expresión
del alma del músico. Si además resulta
bonita, hermosa, bella, eso es adicional, accesorio.
Lo cual no significa, de ninguna manera que el jazz
sea por fuerza “inestético”, sino que en todo
caso, el jazz descubre “una tendencia a contradecir
los estándares de la estética - ¡y
la estética estandarizada!..... En la formación
del sonido no estandarizada de los grandes improvisadores
de jazz, se refleja de la manera más inmediata
y directa el músico mismo. En el jazz no hay
un bel canto ni una melosidad violinística, sino
sonidos duros y claros: la voz humana se queja y acusa,
llora y grita, gime y se lamenta, y los instrumentos
son expresivos y volcánicos, sin el filtro de
ningún reglamento sonoro, sea cual fuere. Por
eso la música que toca un jazzista, es, en un
sentido estricto, más “verdadera” que la que
puede tocar un músico europeo común.
De
los 100 a 120 músicos que forman parte de una
gran orquesta sinfónica, la mayoría no
sienten seguramente nada de las “luchas titánicas”
que se desarrollan en la música de Beethoven,
o de los misterios formales que se encuentran en la
base de la música sinfónica. En cambio,
un jazzista, inclusive en una big band, percibe y siente,
comprende y abarca lo que toca. La falta de comprensión
y la “burocracia musical” en las orquestas sinfónicas,
de las que se quejan tantos grandes directores -especialmente
cuando se toca música moderna-, serían
incomprensibles o inimaginables por y en el jazz......
Debido a que lo que toca un músico de jazz es
“verdadero” en un sentido enteramente inmediato, ingenuo
y “primitivo”, posee también “belleza” ahí
donde contradice los estándares estéticos.
Puede decirse que la belleza de la música de
jazz es más de tipo “ético” que de tipo
“estético”.... Por la formación del sonido
tan personal e inimitable de un músico de jazz
se explica lo que tanto asombra a los que no están
en el secreto: que un conocedor de jazz puede reconocer
con una seguridad considerable quién está
tocando después de escuchar dos o tres notas.
En la música “clásica” no existe tal seguridad.
En ésta, apenas si se puede decir con mucha dificultad,
y quizá ni se logre, quién es por ejemplo
el director o el primer violín cuando se escucha
una sinfonía de Beethoven”.
El
carácter personalísimo del jazz en el
que el sentimiento, las emociones y la existencia entera
del individuo se vuelcan como agua que fluye a borbotones
en cada instrumento, trátese de una trompeta,
saxofón, guitarra, piano, batería, vibráfono
o harmónica; configura la expresión y
escencia genuinas del jazz.
Desde
una perspectiva sociológica y cultural, el jazz,
teniendo a la improvisación como parte medular
de su constitución, desde su origen es una música
de protesta. “Protesta contra la discriminación
social, racial y espiritual, contra los clisés
de la moral burguesa de gaveta, contra la manera de
organizar funcionalmente el moderno mundo masivo, contra
la despersonalización de este mundo y contra
la división de los estándares en categorías,
a cuya automicidad pertenece el hecho de que cuando
no se les corresponde, condenan...... Muchos músicos
norteamericanos, sobre todo negros, interpretan la protesta
como asunto racial. Pero su música no hubiera
sido comprendida casi de golpe en el mundo entero por
músicos de todas las razas, pigmentaciones y
sistemas políticos si lo racial fuese decisivo.
Decisiva es la protesta contra una sociedad cuyo dominio
es sentido en todas partes, en todos los países
y sistemas, por científicos, filósofos,
escritores, músicos, artistas y gente de espíritu
en todos los ámbitos, en breves palabras, por
aquellos que han de cincelar la imagen de nuestra época
ante el juicio de la posteridad, como amenaza no sólo
para ellos mismos y para su productividad creadora,
sino también para una existencia humana y digna
de un ser humano”.
Por
eso, ahora más que nunca, en un México
sumido en la desesperanza, la incertidumbre y la crisis
generalizada, el hecho de que el jazz adquiera impulso
no sólo como corriente musical, sino como expresión
de descontento, protesta y rebeldía, y comience
a ocupar espacios televisivos, escénicos y en
las plazas, comerciales y culturales; constituye un
signo alentador por lo que el jazz significa: una crítica
a la uniformidad despersonalizadora, a la automatización
de las emociones y sentimientos, a la rutinización
de la existencia, al poder y la autoridad que homogenizan,
en fin un grito y exigencia de libertad, no sólo
un nombre para un programa de televisión, sino
un movimiento hacia una verdadera JAZZTOPIA.
|
|