Club de Jazz 20/09/2017
Mar en calma

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¿Es que no hay aficionados al jazz?
por Carlos Pérez Cruz

¿Es que no hay aficionados al jazz?

Virtudes no sé, pero excusas siempre nos sobran. Las he escuchado de todos los colores: que si hay fútbol, que si los domingos no es día de concierto, que llueve y no apetece, que hace calor, que si la hora... El caso es que, si en vez de excusas habláramos de inquietudes, este país sería un paraíso para la gente curiosa. Pero no, aquí lo que se llevan son las excusas y, por supuesto, hablar mal de los demás.


A no ser que hayas muerto, es muy difícil que tus iguales digan algo bueno de ti. El mundo de la música no es una excepción: lo de uno es cojonudo; lo de los demás es muy raro o, como mucho, no está mal, pero tampoco te creas tú que... "No me suena, no". El caso es que, cuando encuentra músicos entre el público de un concierto, le entran a uno ganas de preguntar si va todo bien. [A estas alturas de segundo párrafo ya habré ofendido a unas cuantas personas y gremios. En serio, eres una excepción a la norma. No es nada personal].


Dice Jorge Rossy, no sin retranca (e intuyo cierta tristeza), que el público de jazz ha crecido... porque los músicos tienen novias y amigos que van a sus conciertos. No debe de referirse a los de Facebook, que nunca están cuando la cosa sale de lo virtual. Poco desgaste digital sufren los encargados de la puerta, que no tienen muchas entradas que cortar. Sí en los festivales, donde aquello que se ignora día a día se convierte súbitamente en una actividad relevante.


Sorprende ver a miles en verano donde en marzo se cuentan con los dedos de la mano, pero en el fondo este es un país de tradiciones y la de los festivales es una más, como lo fue el lanzamiento de cabras desde el campanario o lo sigue siendo sacar vírgenes en procesión (para después condecorarlas). Es un país de ritos, y éstos tienen un calendario con fechas fijas. Somos de eventos, que es tanto como decir que nos pone más el continente que el contenido. Que se lo digan a los del cine, que llenan con los descuentos de la 'Fiesta del Cine' cuando cada semana tienen días de precio reducido (casi tanto como su público).


"¿Es que no hay aficionados al jazz?", me preguntaba atónito un programador que hace unos meses cometió la insensatez de empezar a programar jazz en su local. No los hay. [En serio, no te enfades, obviamente no hablo de ti]. No los hay si de lo que hablamos es de un público cultivado, consciente, atento, informado, curioso... No en España. Y aquí es cuando viene la habitual retahíla de los cuarenta años de retraso de la dictadura franquista y todo lo demás. Lo siento, hemos tenido tiempo para ponernos al día, pero a nadie que siga un poco la actividad concertística europea se le escapa que sólo puntualmente alguna gira incluye 'Spain' en su calendario. Italia, Francia, Alemania, Polonia..., pero no España. Por algo será.


De mi educación musical en el colegio no recuerdo nada (probablemente porque no haya nada que recordar), y ese es uno de los ámbitos fundamentales para la conformación de una persona y el despertar de su curiosidad. El baterista noruego Ståle Birkeland me contaba que en Noruega los alumnos reciben la visita de músicos de diferentes estilos "para exponerles a algo diferente de lo que escuchan en la radio". Aquí apenas se han desarrollado programas escolares para fomentar interés en la música clásica, y pare usted de contar. (Aunque el sector perroflauta agradece la instrucción escolar en flauta dulce). Y a mi paso por el conservatorio me quedé con una pregunta al aire: ¿Qué hacemos con toda esa música que está entre la 'clásica' que usted me enseña y el pop con el que se relaja? ¿Qué hacemos con todo lo que está en medio, que es casi todo?


La educación lo es todo, son sus semillas las que después han de arraigar y crecer en cada persona, y aquí la sequía es muy dura. De ahí que algunos digamos que este país es un erial para la cultura, porque muy poco se ha plantado, aunque se hayan erigido auditorios faraónicos (de nuevo, el continente sobre el contenido). Y la educación está en la escuela, está en casa, en los medios... Teniendo en cuenta que la televisión, todavía hoy fuente principal de (des)información del personal, carece de programas musicales, ¿cómo va a sorprender que no se conozca ni a los maestros? Sorpresa poca, vergüenza mucha. Enumeras a los santos y la parroquia te mira con cara de pez.


Cualquier estúpida celebrity (hija de la propia exaltación de mediocres que es la televisión) recibe más atención que un maestro que ha dedicado su vida a crear belleza y reflexión. No existe, directamente. Y así quien comete la insensatez de programar jazz -incluso de hacer un programa de radio- tiene que comprender que, por mucho que le sorprenda la falta de interés del personal por un determinado músico, por muy referente que sea en lo suyo, la realidad es que para el público general de este país es tan desconocido un genio como un fantoche. Si no sales, no existes. En el equipo del jazz, Messi y un alevín valen lo mismo. O sea, nada.


Carlos Pérez Cruz

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