Club de Jazz 26/05/2020
Jazz en cuarentena XI

Artículos, entrevistas, opinión...

Big Bang
por Carlos Pérez Cruz
Big bang

Es una de las afirmaciones más comunes: “yo no entiendo de jazz”. Es una de las preguntas más frecuentes: “¿qué me recomiendas escuchar?”. El jazz (y la música improvisada) sigue siendo un misterio para la mayoría.

Durante mucho tiempo he pensado que cuando alguien dice que no entiende determinada música se refiere a que no comprende cómo funcionan e interactúan los elementos que la conforman. Es decir, ve el avión pero le parece un misterio por qué vuela. De ser así, no conozco a mucha gente que pueda asegurar, sin temor a equivocarse, que entiende de pop. Y quien dice pop, dice rock, metal, trash metal, death metal, rap, hip hop, trip hop o cualquiera de los cientos de palabros con los que hemos atomizado la música para liarnos en una selva conceptual. En ese sentido, pocos podrán asegurar que entienden los últimos discos de Estopa, Luz Casal o Bisbal (¡!), tampoco las interpretaciones de la Quinta Sinfonía de Mahler o la Noche Transfigurada de Schönberg, sí que les gusten o no. Son, de hecho, las consideraciones más habituales: está chulo, guay, me ha gustado… lo aborrezco, vaya mierda. Lo que jamás he escuchado es que alguien diga: “no entiendo de pop, pero me ha gustado”. ¿Por qué es tan común con el jazz? ¿Qué quieren decir cuando dicen que no entienden?

Cuando un músico no es capaz de leer una partitura se suele decir que “no sabe música”. Curiosa contradicción llamar músico a quien decimos que no sabe música. Convendremos que, por regla general, músico no es necesariamente aquel capaz de descifrar una partitura, es quien hace música y se dedica a ella de forma cotidiana (como catalán es quien vive y trabaja en Catalunya, según dijera Pujol). Los materiales, las habilidades o las herramientas de las que se dispongan para hacerla, son otra cuestión. Los posibles o imposibles, también. Pero la música es algo tan propio de la condición humana que incluso se practica en la ducha. También existe la titulación que se obtiene tras años de asistencia a clase (iba a decir aprendizaje), pero la profesionalidad y la condición de músico no dependen necesariamente del título expedido por las autoridades académicas.

Así que tenemos, por un lado, a quienes no saben música pero la practican y, por el otro, a quienes no la entienden pero la disfrutan (o la padecen). Ay, las palabras y su (im)precisión. ¿Podríamos sustituir el verbo saber por el verbo leer? Resultaría más adecuado. Y si estamos de acuerdo en que no es preciso entender la música para disfrutarla y que una mayoría no la entiende, ¿qué verbo usamos en tal caso?

Jamás he escuchado decir a un aficionado que no entienda de jazz, pero sí lo he escuchado muchas veces de quienes se han expuesto a esta música ocasionalmente. Dejando de lado que hay incluso quien tiene una cuenta en Twitter denominada ‘Jazz is the worst’–vamos, que no entiende que exista, que sería mejor para la humanidad si el jazz desapareciera o nunca hubiera existido, porque su propia existencia es inexplicable, una anomalía execrable-, creo que lo que realmente están diciendo es que no han escuchado nunca (o muy rara vez) jazz y por ello les resulta algo extraño, no están acostumbrados. Les resulta tan exótico como un concierto de gamelán, como si asistieran a un rito tribal, tan rutinario para la tribu como asombroso para el extraño.

Somos una tribu, qué duda cabe. Exóticos, gentes con una adicción tan incomprensible como esos sonidos que pretendemos hacer pasar por música. Una tribu, dicho sea de paso, con múltiples escisiones, mal avenida, sectaria, intransigente y, hasta cierto punto, elitista, pero también maltratada y olvidada desde los ámbitos mediático, institucional y privado. Ese olvido, dejación y escaso interés por difundir, por normalizar la improvisación y el jazz en la vida cotidiana, las convierte en un misterio tan insondable como el origen del universo. Hasta que, como si de un big bang emocional se tratara, la música nos estalla en la cara y es entonces cuando se empieza a escuchar tímidamente eso de “me ha gustado… aunque yo no entiendo de jazz. ¿Me recomiendas algún disco?”.

Carlos Pérez Cruz

Nota: publicado originalmente en la revista 'Cuadernos de Jazz'.

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