Club de Jazz 30/07/2020
Maria Schneider

Artículos, entrevistas, opinión...

Brad Mehldau - "10 years solo live"
por Brad Mehldau
Tags: Brad Mehldau

Brad Mehldau



¿Por qué un disco en directo? Más o menos durante los últimos 25 años me he ganado la vida básicamente viajando por todo el mundo y tocando para el público. Que las cosas hayan ido de forma tan favorable durante tanto tiempo es una bendición. No doy por descontadas las oportunidades de tocar; al contrario, valoro más la oportunidad de tocar para la gente conforme me hago mayor. Soy consciente de que ya no soy un músico que interese por el mero hecho de ser joven o por mi originalidad, así que la presión es mi exigencia para lograr destacar con mi trabajo de la mejor forma posible y a mi manera.

Es importante ser autocrítico y evaluarse de continuo, pero es algo que debería equilibrarse también siendo consciente de las propias virtudes. Un profesor decía: "Vive al límite, todo el tiempo, lo mejor que puedas, incluso mientras te haces mayor; no te duermas en los laureles". Pero este profesor también advertía: "No hagas de vivir al límite tu norma -de otra forma ya no sería el límite, estarías simplemente en otro patrón". Siendo músico es fácil caer en todo tipo de trampas, tantas como en general en la propia vida.

No me sentiré dolido si juzgas mi música con severidad. Yo hago lo mismo con otros músicos. Lo puedo explicar de la siguiente manera: si salgo a escuchar algo de música, o a ver una película, ya no tengo el aguante para quedarme sentado con algo que realmente no me emocione. No es algo infrecuente, sólo parte del proceso de envejecer. Incluso como intérprete tengo eso en mente, le doy vueltas, tengo en cuenta al público antes que a mí. Pienso: "Guau, estas personas se han tomado dos horas o más de su noche para venir a verme. No quiero que se aburran". Sé cómo se siente siendo parte del público, así que naturalmente no quiero ser el que haga sentirse así a los demás.

Por supuesto, no puedo garantizar que nadie vaya a aburrirse con lo que hago. Sé que siempre hay una parte del público que reacciona con aversión a un concierto. Mentiría si dijera que eso no me preocupa en absoluto. Pienso que la mayoría de músicos parte de una idea: "Quiero que todos disfruten con mi música". Después de todo, ¿quién dice "sólo quiero gustarle al 64% del público"? Es inevitable que, cuando no a todo el mundo le gusta, la siguiente pregunta sea: "¿Cómo afrontarlo?". Si me apuráis, esta es una pregunta "espiritual", en la que se tiene la oportunidad de practicar la humidad, de no ser orgulloso. Todo ello positivo.

Si me dejara llevar demasiado por lo que a la gente le gusta o no de mi forma de tocar, serían otros quienes empezarían a determinar el rumbo de mi barco; de hecho, afectaría a mis decisiones musicales. Esto no sólo se aplica a la crítica negativa. Es más, los elogios pueden ser incluso más tóxicos. Escuchamos lo que le gusta a la gente y entonces, si nos descuidamos, terminamos por repetir lo que les gusta una y otra vez. La autoparodia es un riesgo real para cualquier músico que haya tenido algún éxito. Es algo más traicionero en el caso de los músicos de jazz, podemos terminar precisamente parodiando los gestos de la auténtica espontaneidad.

No creo a los músicos que dicen que ellos no tocan para el público, o al menos creo que no piensan con claridad. El público lo es todo para los músicos. Sin disposición, sin oyentes curiosos, no hay proyecto -todas nuestras preciadas ideas son como el árbol del proverbio, que cae en el bosque pero que nadie escucha. Parece obvio, pero a veces se suele pasar por alto en el jazz, que a menudo se enorgullece del compromiso intransigente con una visión artística en particular. Es un desafortunado error que un músico piense que tratar de agradar al público es de facto algo que va en demérito de su integridad. Cualquiera de estas dos perspectivas omite el hecho de que los grandes músicos, los genuinos, entregan al público algo gratificante precisamente por ser fieles a sí mismos.

Por supuesto, no hemos de ser condescendientes con el público -no debemos confundir eso con el deseo de agradarle. Transmitirle nuestra Verdad es de la mayor importancia. Así que lo que digo es que se me permita ser lo más fiel a mí que sea posible en un concierto. El público no se va a desencantar en sí por esa aspiración. Al contrario, la forma en que creo que se logra una auténtica comunión con el público es precisamente siendo auténticos e inflexibles - porque es mi verdad todo lo que puedo transmitirle, nada más. No debo dudar nunca del público. El público ha confiado en mí - se ha tomado el tiempo de vernir a escucharme por las noches. Esa es la prueba de que debo confiar completamente en él. Debo confiar en su capacidad para empatizar, en su inteligencia, en su integridad, al 100%. Puede que pierda a una parte en el camino. Que sea así, pero que al menos no sea porque les he venido con chorradas.


Mehldau y Buckley


De algún modo, no tenemos otra opción que la de ser músicos honestos. Jacki Byard, el gran pianista y profesor, decía con frecuencia: "No puedes mentir". Se refería a músicos de jazz, al hecho de estar en un escenario, a improvisar. No se trata sólo de decir la verdad en un concierto, porque es fácil perderse en una determinada idea de verdad. Puedes pensar que estás defendiendo algunas grandes convicciones en tu expresión musical, pero en realidad estás agotando a todos los que te escuchan, machacando una idea fija de forma incansable, todo en nombre de la verdad. No estás tocando, estás haciendo una declaración. Nadie gana. Hay mucho jazz así; no es díficil de entender por qué la gente se desconectó del jazz como género cuando se expuso por primera vez a este tipo de jazz "declarativo".

No, es más importante en primer lugar conocer uno mismo la verdad -de lo contrario, no podrás decirla, incluso aunque tus intenciones sean de lo más noble. Lo que quería decir Jacki Byard con estas tres palabras tan sucintas es que, con la tontería de intentar sonar de forma honesta, lo único que hacemos es mostrar a los demás nuestras limitaciones. Así que, de todas formas, no podemos mentir. Estamos mostrando constinuamente al público nuestras limitaciones como músicos, desde el mismo instante en que empezamos a tocar. La primera gran "mentira" es intentar ocultarlo.

Sólo hay Una Verdad. Eso es lo que dicen algunos profesores, que incluso van un paso más allá y dicen: De hecho, todo es verdad. Algunas cosas son más verdaderas que otras, pero todo tiene su granito de verdad, y podemos acercarnos a La Verdad abrazando multitud de verdades en el camino. Esa forma de enseñar se propone acabar con algunas dualidades espinosas, como la que dice que "esto es verdad, así que esto otro no lo es". La música es la prueba constante de que no se puede uno acercar a la realidad de esta forma sin frustrarse.

(...) La verdad para mí en el contexto de un solo es diferente de la que resulta de mi trío con Larry Grenadier y Jeff Ballard. Con Jeff y Larry hay un determinado swing y una sensación relajada a la que aspiramos colectivamente en gran parte de lo que hacemos -eso es para mí lo que Duke Ellington llamaba "the feeling of jazz" en una de sus canciones. En este contexto a solo, hay algo de sensación de swing, pero mucha menos, porque la figuración rítmica está determinada a menudo por el rock and roll o por la música clásica. Así que para mí, la afirmación de que "el jazz debería tener un cierto swing" es tan verdad como que el "jazz no necesita swing". Ambas afirmaciones son verdad, en diferentes contextos. Alguien podría decir que gran parte de la música aquí es jazz; otros que no. Ambas afirmaciones son ciertas para mí.

Entonces, ¿cómo conozco mi verdad como músico, sobre todo si aparentemente varía dependiendo de su contexto? Este es el proceso de toda una vida. Puedo decir no obstante que gran parte de la búsqueda de esa verdad tiene que ver con la escucha - con escuchar algo que está fuera de mí, más allá de mis percepciones sobre lo que sucede. Un buen lugar en el que empezar a mirarme desde fuera es el público. En el mejor de los casos, el público escucha en profundidad al músico. El músico, si me lo permitís, puede y debe buscar una forma de escuchar al público. No se trata de escuchar sus palabras o sus valoraciones, sus ruidos. Se trata de una escucha en profundidad muy importante. Se podría decir que arranca del silencio, que escucho su silencio. Es mucho lo que hay ahí. ¡A veces el silencio es muy ruidoso! Cuando toco trato de escuchar al público. No merece menos.

Si cada músico tiene su propia verdad, cada público tiene igualmente una verdad colectiva propia. En cada uno de los conciertos de esta grabación había un sentimiento que es imposible verbalizar, y esos sentimientos tienen que ver con la conexión con la gente que estaba allí aquella noche.

(...) Todo este negocio de los conciertos es algo extraño - en serio, nunca me ha parecido algo normal. Se trata de una forma de empatía directa e intensa con un grupo de extraños totales que dura alrededor de 90 minutos. Y entonces se acaba y todo el mundo vuelve a casa. Yo vuelvo a la habitación del hotel y me voy a la cama. Pasó algo, pero lo fundamental no puede expresarse con palabras. Es algo agradable, algo agridulce. En todo caso, no es suficiente decir que los diferentes públicos fueron importantes para la creación de esta música. Debería ser más claro y decir: fueron absolutamente necesarios, esenciales. Sin esos espectadores esta música no existiría de esta forma en particular.

Texto: Brad Mehldau

Traducción: Carlos Pérez Cruz

Fotografía: Principal (Michael Wilson) / Detalle del libreto

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