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Emisión: 24 Enero 2007
Música:
Gianluigi Trovesi
Título:
Caminar en círculo

Hecho añicos el sentido común de la existencia decidió caminar en círculo. Había sido sometido por decisión propia a la cruel tortura de la opinión libre día sí y día también hasta que su resistencia cedió y vio cómo lo que él había sido y soñado se había borrado de un plumazo. No existía, que los demás le vieran no era más que una ilusión óptica porque su presencia podía haber sido la de cualquier otro.

Parecía suya la voz, pero no era sino un eco lejano de cuando era suya. Los labios formaban palabras pero articulados por miles de voces ajenas. Gritaba y gesticulaba como ellas pero a solas era incapaz de mantener una sola de esas palabras sin caer en el pozo de la ignorancia. Se asomaba y se buscaba pero nada había en el eco.

¿Quién soy ahora? ¿Quién era y por qué he sido? Las verdaderas preguntas se le acumulaban en el espacio que el cerebro le reservaba. Llegó a tiempo, justo a tiempo, cuando el hemisferio era casi una postilla reseca. A tiempo de volver a preguntarse, ¿Quién soy ahora? ¿Quién era y por qué he sido?

Caminaba en círculo. Un círculo enorme y disperso al que distraía el pasado reciente todavía presente. Los grandes titulares de la vida le inquietaban a cinco columnas, las catástrofes morales le susurraban al oído que rompiera la esfera de sus pasos, la sangre derramada en nombre del Dios de guardia buscaba el odio en sus ojos. Caminaba en círculo, a pesar de todo.

¿Quién soy ahora? ¿Quién era y por qué he sido? Miró en el billetero y encontró la primera respuesta. Rafael Martín González. Su número terminaba en V. ¿Quién es Rafael Martín González? ¿Qué es la V? ¿Y todos esos números?

Me llamo Rafael y tengo 54 años. Me llamo Rafael y tengo 54 años. Soy. ¿Pero qué? ¿Qué quiero? ¿Qué pretendo? Me llamo Rafael y tengo 54 años. ¿Qué he hecho en 54 años? ¿Qué voy a hacer en los que me quedan?

Rafael estaba muerto. Había muerto hacía muchos años. En su situación actual era una gran ventaja, al menos para un muerto anónimo como él. Volver a nacer resultaba más fácil para un muerto que para alguien vivo y con nombre. Podía crearse a su propia imagen y semejanza. Nadie echa de menos a un muerto anónimo que se llama Rafael Martín González y tiene 54 años.

La noción de su propia muerte le fue de gran ayuda. Reanudó la marcha con paso firme. En círculo, estrechando cada vez más la esfera, más y más lejos de sus primeros pasos. Dibujando las huellas de una espiral que se consume hasta llegar a su infinito principio. Siguió caminando durante mucho tiempo, tanto que llegó el día en que creyó volver a verse.


Carlos Pérez Cruz