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Emisión: 8 Noviembre 2006
Música:
Pat Metheny Group, Nils Landgren & Esbjörn Svensson, Gjallarhorn, Geir Lysne, New Quintet du Hot Club de France, Enrique Morente, Ejigayehu "Gigi" Shibabaw, Foofango...
Título:
Aves Migratorias

DÍA CERO

Tarde pero ha llegado la hora. Hace unos años solía ser antes, pero las cosas ya no son como entonces y todo está cambiando. La luz del verano sigue muriendo en el momento preciso pero la temperatura se resiste a bajar y las lluvias remolonean su descarga. El momento de partir hacia el Sur se ha retrasado una vez más y serán menos las horas de luz para hacer el largo viaje a África. Los días más cortos, pero el objetivo el mismo: llegar y, a poder ser, llegar vivos.

SUECIA

Hâllbus y Magnus transitaban por una estrecha carretera entre el bosque. Conducía Magnus y Hâllbus ojeaba el periódico del día. Eran veintitrés kilómetros entre uno y otro pueblo y la furgoneta iba cargada. Era una de esas mañanas interminables que empiezan a las siete y finalizan cuando se llega al último pueblo, así que el tiempo de trabajo dependía del tráfico, de la climatología y de la celeridad con la que  descargaran en las tiendas a las que abastecían. El tráfico no era muy denso por esa carretera, peor sería más tarde cuando tomaran la principal, y la climatología acompañaba una vez más.

Magnus rompió el silencio y la lectura de Hâllbus para hacer una observación. ¡Vaya día que va a hacer hoy! Hâllbus no contestó, simplemente dejó caer el periódico sobre sus piernas y miró por la ventanilla del coche hacia el cielo. Azul, un azul radiante que sólo rompía la silueta de los árboles que envolvían la carretera. Permaneció mirando unos instantes. Tenía la mirada perdida. No es que le interesara demasiado el cielo pero el cansancio por un nuevo madrugón le hacía sentirse casi drogado y mover de nuevo los ojos le parecía un ejercicio demasiado exigente.

Estaba prácticamente hipnotizado por el cielo azul cuando una mancha negra le despertó de su letargo. Enfocó de nuevo la vista y los vio. Una enorme bandada de pájaros en formación volaba hacia el Sur. Fue entonces cuando Hâllbus se giró hacia Magnus para contestarle. No por mucho tiempo.

MAR BÁLTICO

El zorro se convirtió en una flecha casi perfecta que se desvaneció al poco formando un semicírculo. Al menos eso le pareció ver a Nils en el cielo durante el pequeño respiro que se tomó antes de seguir limpiando la cubierta del barco.

ALEMANIA

Hans regresaba a casa. Intentó serenarse antes de coger el volante. Sabía que su estado no era el más adecuado para conducir pero ¡qué son cinco kilómetros! Sólo tenía que extremar la precaución, abrir sus grandes ojos y no apartarlos de la carretera.  Era de noche y tenía algo de sueño, además de unos cuantos litros de cerveza en el cuerpo. Encendió la radio local que, como correspondía, emitía unas cuantas canciones festivas con motivo de la Oktoberfest. Canturreó con la radio mientras recorría los primeros metros de su camino. Se sentía algo inseguro pero seguro de conocer la ruta. Además, era demasiado tarde para que la policía no hubiera sucumbido a la seducción de los barriles. ¡Coño, las luces! Las encendió después de que retumbara en sus oídos el claxon de un enorme camión que circulaba en sentido contrario al suyo. Sintió entonces que todo el alcohol le había caído a los pies. En parte porque el susto había hecho que se orinara encima y las gotas de pis recorrían sus piernas hasta llegar a los pies. En parte también porque sintió cómo la adrenalina había recorrido su cuerpo hasta hacerle sentir casi sobrio. Venga, un par de kilómetros y en casa. Respiró profundo y frenó la velocidad de la marcha. Justo entonces, y tras doblar una curva, vio que algo negro estaba en medio de la calzada. No supo distinguir de qué se trataba pero trató de evitarlo. Giró el volante más bruscamente de lo que necesitaba y el coche comenzó a dar unas cuantas vueltas de campana. Unas pocas horas después la policía encontró el cadáver de Hans, el coche destrozado y las huellas del vehículo que se desviaban de su trayectoria un metro antes del cuerpo de un pájaro muerto.

BÉLGICA

El anciano Wim paseaba muy temprano, como de costumbre, por Bruselas. No dormía mucho y madrugar le permitía disfrutar de la tranquilidad antes de que la ciudad se viera invadida por el bullicio de turistas, coches y ciudadanos camino de cualquier parte. Pasó como cada mañana por la Gran Plaza y se acercó hasta la estatua del Manneken Pis. Un pájaro hacía equilibrios sobre el pequeño pene monumental y bebía el líquido que de él salía. Wim sonrió, pero sólo hasta que vio que el pájaro dejaba un recuerdo de su paso por allí. Torció el gesto, recogió una pequeña piedra y la lanzó hacia el visitante. La piedra no llegó a alcanzar su objetivo ya que el pájaro alzó el vuelo antes del impacto pero la piedra sí que alcanzó un objetivo. Dibujó una pequeña herida en la frente del niño de bronce.

FRANCIA

Henri paseaba con su padre Jean François por uno de los parques menos transitados de París. Era domingo y el aroma de la ciudad somnolienta lo impregnaba todo. El sol se filtraba a través de la ligera niebla de la mañana y, aunque algo fresquita, la temperatura invitaba a pasear. Jean François guardaba bajo el brazo el periódico del día que ojearía en una cafetería a la que siempre acudía los domingos. Henri, agarrado a la mano izquierda de su padre, lo miraba todo con ojos algo caídos por el sueño pero permanecía atento a cada detalle y siempre dispuesto a preguntarle a su padre. De pronto un ave muerta apareció ante ellos en medio del camino. Jean François cambió el rumbo para esquivarla y, para evitar que su hijo la viera, le indicó con el dedo que mirara a un perro que jugueteaba metros más allá. Sin embargo Henri detuvo la marcha. Hizo ademán de agacharse a coger aquel pájaro pero su padre le detuvo y le recriminó. ¡Caca! ¡Eso es caca! El niño miró fijamente a su padre, le quitó el periódico del brazo y recogió con él el cadáver. Pisó la hierba, cogió una pequeña rama y comenzó a escarbar el suelo hasta que hizo un agujero lo suficientemente grande como para enterrar al muerto.

ESPAÑA

Cuando la bandada se disponía a dejar atrás el gran obstáculo de los Pirineos fue recibida con una salva de disparos que acabó con cinco de ellos.

OCÉANO ATLÁNTICO

Unas cincuenta personas se apilaban en una pequeña barcaza. El cansancio, la sed, el hambre, la incertidumbre... todo eso afectaba el ánimo inquieto de hombres, mujeres y niños que apenas podían moverse en tan pequeño espacio. Al menos el mar estaba en una relativa calma en las primeras horas de luz pero el riesgo era grande para quienes sólo pretendían encontrar algo mejor para sus vidas, un poco de esperanza y de dignidad. Ndioro sujetaba en brazos a su hijo de meses que dormía ajeno a todo bajo una manta que apenas cubría a la madre. Pronto despertaría y rompería el sonoro silencio que todavía reinaba en la embarcación. El mar, el cielo y los primeros rayos de sol eran el único paisaje que Ndioro podía ver además de los exhaustos rostros de sus compañeros de aventura. Miró una vez más a su hijo dormido hasta que algo la distrajo. Era un sonido que venía del cielo y se hacía cada vez más presente. Alzó la mirada y vio sobre sus cabezas el dibujo de una flecha que se dirigía allá de donde ella escapaba. Comenzó a llorar y despertó al niño.

EN UN LUGAR DE ÁFRICA

El pájaro parecía distraído en la rama del árbol. El niño escaló hasta la rama y sin tiempo para que éste reaccionara quedó atrapado entre sus manos. Saltó con él al suelo y lo metió rápidamente en la jaula con la que le esperaba su hermano. El ave revoloteaba furiosa dentro pero sólo conseguía hacerse daño. Detuvo frustrado su intento de fuga. Los dos hermanos corrieron con la jaula hasta llegar a la comisaría del pueblo. El más pequeño se subió a los hombros de su hermano que le dio después la jaula. Aún hubo de estirarse unos centímetros hasta llegar a depositarla en la ventana de la celda en la que se encontraba su padre, preso tras intentar huir del país.

Carlos Pérez Cruz