|
Querido
recién llegado,
como no sé por dónde empezar lo haré por el final. Buena
suerte, porque la vas a necesitar.
Podría dedicar miles de folios a hablarte de lo que pasa por
aquí pero me temo que el tiempo no me da más que para contarte
cuatro cosas y esperar que llegues a darte cuenta por ti mismo
de cómo es esto.
Nuestro mundo transcurre muy rápido, tan veloz que cuando subes
a él resulta casi imposible bajarse en movimiento. Piensa que
los grandes genios tardaron años en serlo, dedicaron
posiblemente una vida entera para tener una única gran idea. ¡Una
única gran idea en toda una vida! ¿Te das cuenta de lo que eso
significa? Si subes por aquí te exigirán una cada día y, lo
que es peor, terminarás por exigírtela tu mismo y, si no
consigues controlar la ansiedad, podrás caer en una profunda
depresión y, en el peor de los casos, terminarás suicidándote.
Ten en cuenta que el peor enemigo en este mundo es uno mismo.
Nadie más peligroso que tu para hacerte daño y destruirte.
Contarás, eso sí, con la “ayuda” de muchos que querrán
verte caer. Los reconocerás por sus palmaditas en la espalda.
Piensa con cada elogio que quizá algo has hecho mal y, puede
que entonces, consigas conocer el verdadero valor de lo dicho y
hecho. Sólo si eres capaz de comunicarte contigo podrás
saberlo.
Si piensas así es probable que llegues a sentirte solo. Pero no
te equivoques, el valor de la compañía no está en tenerla
sino en necesitarla. Verás que algunos caminan rodeados de círculos
concéntricos, verdaderas espirales capaces de hipnotizar a
cientos o a miles, sino millones. Si eres capaz de no mirarlos,
si eres capaz de rodearlos para llegar al otro lado puede que
entonces encuentres la verdadera compañía, la de quienes como
tu decidieron pensar por sí mismos, la de quienes se dieron
cuenta de que para llegar al centro hay que pasar antes por la
periferia, la de quienes nunca se dieron más importancia que la
de la grandeza de su insignificancia.
Intentarán convencerte de tu error, intentarán llevarte con
ellos porque “la mayoría pensamos así”. Olvídate de las
mayorías. Las mayorías son un error de las matemáticas para
justificar barbaries. Las mayorías son siempre ruidosas, las
mayorías sirven para creerse uno el todo. Pero el todo somos
muchos que pensamos igual de diferente manera. No te justifiques
por ello, cada vez que lo hagas serás parte de la mayoría.
El Apocalipsis existe, es verdad. También el Juicio Final. Te
pedirán que rindas cuentas ante ellos, te inocularán el virus
del miedo y tratarán de hacerte suyo hasta en el último de los
suspiros. Pero el único infierno es dejar que controlen tu
propia vida, que participes en su juego de poder efímero, de
muerte eterna. Si vistes su moral habrás creado tu propio
Apocalipsis y no tendrás defensa en el Juicio Final.
No hay camino en la vida sin muros, tenlo claro. Ignora a
aquellos que nieguen lo contrario. Ignora a quienes dicen
saltarlos sin esfuerzo. Presta atención a quienes vean difícil
el otro lado, pero no a quienes lo nieguen. El otro lado existe,
el otro lado es siempre hermoso, está lleno de vida, pero es
necesario todo tu esfuerzo y dedicación para alcanzarlo, aunque
no siempre lo consigas. La recompensa siempre está a más de un
metro de altura.
Querido
recién llegado. Hasta aquí te puedo contar por hoy. Podría
volver a escribirte pero lo que tu llegues a creer es más
importante que lo que yo te cuente. Así que hazme caso sólo
por una vez, por última vez, y destruye mis palabras antes de
que formes parte de mí. Buena suerte, porque la vas a
necesitar.
Carlos Pérez Cruz |