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Emisión: 29 Noviembre 2006
Música:
Keith Jarrett
Título:
Carta a un recién llegado

Querido recién llegado,

como no sé por dónde empezar lo haré por el final. Buena suerte, porque la vas a necesitar.

Podría dedicar miles de folios a hablarte de lo que pasa por aquí pero me temo que el tiempo no me da más que para contarte cuatro cosas y esperar que llegues a darte cuenta por ti mismo de cómo es esto.

Nuestro mundo transcurre muy rápido, tan veloz que cuando subes a él resulta casi imposible bajarse en movimiento. Piensa que los grandes genios tardaron años en serlo, dedicaron posiblemente una vida entera para tener una única gran idea. ¡Una única gran idea en toda una vida! ¿Te das cuenta de lo que eso significa? Si subes por aquí te exigirán una cada día y, lo que es peor, terminarás por exigírtela tu mismo y, si no consigues controlar la ansiedad, podrás caer en una profunda depresión y, en el peor de los casos, terminarás suicidándote.

Ten en cuenta que el peor enemigo en este mundo es uno mismo. Nadie más peligroso que tu para hacerte daño y destruirte. Contarás, eso sí, con la “ayuda” de muchos que querrán verte caer. Los reconocerás por sus palmaditas en la espalda. Piensa con cada elogio que quizá algo has hecho mal y, puede que entonces, consigas conocer el verdadero valor de lo dicho y hecho. Sólo si eres capaz de comunicarte contigo podrás saberlo.

Si piensas así es probable que llegues a sentirte solo. Pero no te equivoques, el valor de la compañía no está en tenerla sino en necesitarla. Verás que algunos caminan rodeados de círculos concéntricos, verdaderas espirales capaces de hipnotizar a cientos o a miles, sino millones. Si eres capaz de no mirarlos, si eres capaz de rodearlos para llegar al otro lado puede que entonces encuentres la verdadera compañía, la de quienes como tu decidieron pensar por sí mismos, la de quienes se dieron cuenta de que para llegar al centro hay que pasar antes por la periferia, la de quienes nunca se dieron más importancia que la de la grandeza de su insignificancia.

Intentarán convencerte de tu error, intentarán llevarte con ellos porque “la mayoría pensamos así”. Olvídate de las mayorías. Las mayorías son un error de las matemáticas para justificar barbaries. Las mayorías son siempre ruidosas, las mayorías sirven para creerse uno el todo. Pero el todo somos muchos que pensamos igual de diferente manera. No te justifiques por ello, cada vez que lo hagas serás parte de la mayoría.

El Apocalipsis existe, es verdad. También el Juicio Final. Te pedirán que rindas cuentas ante ellos, te inocularán el virus del miedo y tratarán de hacerte suyo hasta en el último de los suspiros. Pero el único infierno es dejar que controlen tu propia vida, que participes en su juego de poder efímero, de muerte eterna. Si vistes su moral habrás creado tu propio Apocalipsis y no tendrás defensa en el Juicio Final.

No hay camino en la vida sin muros, tenlo claro. Ignora a aquellos que nieguen lo contrario. Ignora a quienes dicen saltarlos sin esfuerzo. Presta atención a quienes vean difícil el otro lado, pero no a quienes lo nieguen. El otro lado existe, el otro lado es siempre hermoso, está lleno de vida, pero es necesario todo tu esfuerzo y dedicación para alcanzarlo, aunque no siempre lo consigas. La recompensa siempre está a más de un metro de altura.

Querido recién llegado. Hasta aquí te puedo contar por hoy. Podría volver a escribirte pero lo que tu llegues a creer es más importante que lo que yo te cuente. Así que hazme caso sólo por una vez, por última vez, y destruye mis palabras antes de que formes parte de mí. Buena suerte, porque la vas a necesitar.

Carlos Pérez Cruz