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Emisión: 4
Octubre 2006
Música: Dave Douglas, Fred Frith,
Nils Wogram, John Zorn, Jan Garbarek, Entombed, Yann Tiersen, Royal Crown
Revue, Los Straitjackets, Arto Tunçboyaciyan y Jürgen Knieper
Título: Señales Horarias |
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Son
las cuatro de la tarde.
Puntual como un reloj abrió las puertas de la cafetería.
No tenía especial prisa, nada ni nadie le esperaba al final del
café. Hasta que entró aquel hombre de aspecto elegante, aunque
con la corbata vagamente anudada al cuello, y efectuó los
disparos. Falleció en el acto sin llegar a pedir su café.
Son las cuatro de la tarde.
¡Llega de nuevo tarde!, fueron las palabras con las que
ella fue recibida en el trabajo tras un esfuerzo titánico
contra la meteorología y los atascos de un día como aquel.
Decidió callar como siempre. Que
te jodan, pensó.
Son las cuatro de
la tarde.
Despegó los párpados
y miró al reloj situado sobre la mesilla de noche. Suspiró
sonoramente. Cabrón,
pensó de aquel que recomendara en su día los quince minutos de
siesta.
Son las cuatro de
la tarde.
Las tres en
Canarias, dijo la
radio. La apagó, no le interesaban las noticias.
Son las cuatro de
la tarde.
El perro ladraba
y sus ladridos volvían a él como un boomerang de gritos
amplificados. Murió antes de que el último ladrido le
alcanzara.
Son las cuatro de
la tarde.
¿Todavía?
Son las cuatro de la tarde.
Paró por delante
del escaparate y se detuvo ante un magnífico camisón de satén.
Se quedó ensimismado imaginando a su chica vestido con él. Vio
sus manos ascendiendo por las increíbles piernas de Lucía
hasta llegar al camisón. Vio cómo sus dedos levantaban
delicadamente el vuelo de la tela hasta hacer visible...
Cuando iban a ser las cuatro y un minuto la dependienta descolgó
el camisón. Otro soñador se le había adelantado.
Son las cuatro de
la tarde.
Sus párpados
pesaban como losas pero luchó por mantenerse despierta. Tras
trescientos veintitrés capítulos necesitaba conocer
imperiosamente el destino de Amanda Luisa Rodríguez Rosalinda Pérez.
¿Conseguiría finalmente casarse con Luis Antonio?
Son las cuatro de
la tarde.
Cerró la última página
del libro y se quedó pensativo. Después de tres meses de
lectura no recordaba el motivo por el que había empezado a leer
aquello.
Son las cuatro de
la tarde.
Todavía no lo sabían
pero sólo le quedaban cuatro horas de vida.
Son las cuatro de
la tarde.
Cogió
una bocanada de aire y se tiró al mar. Desde la barca sus tres
amigos miraban pero su silueta se perdió en la oscuridad del océano.
A punto de dar las cuatro y un minuto todavía no conseguían
verle.
Carlos Pérez Cruz |
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