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Se
relame. Barniza sus labios con la lengua. Extiende el sabor
lentamente. Primero el labio superior, de una comisura a otra.
Después el labio inferior, de una comisura a otra. Junta los
labios, ahora brillantes por el barniz de su saliva, y esconde
la lengua. Incorpora la mano derecha hasta situarla bajo sus
labios. El dedo gordo recorre ahora el camino inverso. Primero
en el labio inferior, después en el superior borrando todo
rastro de barniz, dejando al descubierto su belleza natural.
'Me acerco hacia ella. Mis ojos se fijan en sus labios, no los
pierdo de vista ni un solo momento. Cada paso que me acerca me
revela un detalle de ellos. Son intensamente rojos. Parecen de
seda. Un poco más cerca y me parece adivinar que el labio
inferior sobresale ligeramente del superior. Cuando llegue hasta
ella pienso morderlo con mis dientes. Dos pequeños mordisquitos
inofensivos y, si a ella le gusta, uno un poco más fuerte para
excitarla. Así podré sentir como revive dentro de mi boca,
entre mis propios labios. ¿Cómo será sentirlo dentro de mí?
¿Tendrá el tacto de la seda que parecen?
Primero le pediré que vuelva a barnizarlos. Igual que hizo
antes, primero el labio superior, después el inferior. O puede
que sea mi lengua la que recorra el mismo camino, la que de
brillo a la textura, al rojo intenso que inunda toda la habitación.
Quizá beba un trago de la misma copa de la que ella ha bebido
antes para que recupere el sabor que perdió al frotar los
labios con el dedo gordo de la mano derecha o quizá deje que
sean sus labios sin alcohol los que invadan los míos mientras
mi lengua los saborea y recorre en ambos sentidos.
Sólo un metro más y serán míos. Un metro más y sabré cuál
es el sabor de esos labios que me vuelven loco. De esos labios
que volverán a beber para mí, a humedecerse ante mis ojos inmóviles
y que luego, una vez se hayan barnizado por su lengua, morderé
o dejaré que me muerdan hasta que no quede duda, hasta que sean
totalmente míos.'
Cariño, ¿cuántas veces te he dicho que te pongas más
lejos de la televisión?
'Me
ha guiñado el ojo y me ha citado para más tarde, para cuando
mis padres se vayan a dar un paseo y nadie nos moleste.'
Carlos Pérez Cruz |