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Todo
fue producto de la casualidad. Aunque, ahora que lo pienso,
conceder a la casualidad todo el mérito sería restar peso a
nuestras propias acciones y decisiones. Sí, de acuerdo, puede
que fuera una casualidad que leer aquella entrevista me llevara
hasta su programa de radio pero, ¿no decidí yo acaso comprar
aquella revista? Sí, fue una decisión personal y no demasiado
meditada dado que la acción ya había sido premeditada mucho
tiempo atrás. Con lo cual que aquella revista llegara hasta mis
manos no era una casualidad en sí sino un ejercicio de la
costumbre. Y, ¿qué hubiera pasado si aquella semana no hubiera
ido al quiosco y, por lo tanto, no hubiera comprado la revista?
Eso sí que habría sido fruto de la casualidad dado que habría
sido probable que el acto de no comprarla tuviera más que ver
con un olvido que con una acción previamente meditada. Aunque
también es probable que en la acción de no adquirir la revista
tuviera mucho que ver la propia decisión, el desencanto con la
línea habitual de la publicación o la decisión temporal de
invertir mis escasos ahorros en algo diferente. Pero, fuere como
fuere, el caso es que la revista llegó a mí o, para ser más
preciso, yo llegué hasta ella y ella se vino conmigo.
Para averiguar el peso de la casualidad o de la decisión
premeditada en todo esto quizá sería necesario viajar más atrás
en el tiempo, antes de que llegara a comprar el primer número
de la revista de los muchos que habría de comprar hasta llegar
hasta el indicado de la entrevista. Porque, claro está, y aquí
la casualidad tiene probablemente un mayor peso que cualquier
otro factor, tenía que suceder que ambos compartiéramos la
misma afición para que, números después, llegara a enterarme
de la existencia de su programa de radio. Y no es que su
programa tuviera relación alguna con la afición que compartíamos
pero dio la casualidad, o no, de que nuestra afición era oficio
de alguien que sin ser amigo mío, pero sí suyo, yo también
conocía, el entrevistado. Yo no sé si que el entrevistado
hubiera sido otro y no él, el amigo del que tiene un programa
de radio, hubiera afectado a mi decisión de leer o no la
entrevista, es probable que no, o que sí, vaya usted a saber,
pero sí que leerla debió ser un impulso meditado, aunque no
demasiado, por el interés o curiosidad que sus comentarios
pudieran despertarme. Pero, ¿qué tiene que ver el entrevistado
con él y su programa? Aparentemente nada, dado que ya he
comentado que la afición y el programa no tienen, a priori,
relación evidente pero, que ellos se conocieran sí fue
determinante para que yo llegara a conocer el programa de radio.
Porque si él no hubiera comentado en la entrevista lo del
programa de él entonces yo quizá, aunque nunca se sabe, nunca
hubiera llegado a escucharlo. Y me refiero al programa porque a
él ya le había escuchado antes aunque no en el programa sino
en el ejercicio de la narración del trabajo que el que había
sido entrevistado ejercía. Así narrador y trabajador se
conocieron en el ejercicio de sus respectivas actividades que
nada tienen que ver con el programa. Además, tiempo después,
el trabajador llegó a compartir el ejercicio de la narración
con quien había ejercido la narración de su trabajo cuando éste
se convirtió en un hobby y no en trabajo. Y fue entonces cuando
el que ejercía y el que narraba se conocieron personalmente y
el que ejercía conoció que, además de narrar lo que él había
ejercido, tenía también como dedicación el programa de radio.
Y el caso es que no es que la entrevista fuera en un medio
relacionado con el programa de él, ni siquiera con sus
contenidos, pero sí sobre la afición común –
y oficio del que había sido entrevistado - que compartían
como narradores. Y, por fortuna para mí, en la entrevista
hablaba de muchas cosas, no sólo sobre la afición común – y
oficio del que había sido entrevistado -, por lo que en el
transcurso de la misma él mencionó que le gustaba el programa
de radio de él, momento en el que yo conocí el programa de
radio.
Puede
que todo esto fuera una casualidad, o no, pero, fuere por la razón
que fuere, gracias a esa entrevista llegué a conocer las voces
que vienen de la luz del norte.
*Dedicado
a Ramón Trecet
Carlos Pérez Cruz |