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Emisión: 27 Septiembre 2006
Música:
Richard Galliano, Mal Waldron & Christian Burchard y Tellu
Título:
Luz del Norte*

 

Todo fue producto de la casualidad. Aunque, ahora que lo pienso, conceder a la casualidad todo el mérito sería restar peso a nuestras propias acciones y decisiones. Sí, de acuerdo, puede que fuera una casualidad que leer aquella entrevista me llevara hasta su programa de radio pero, ¿no decidí yo acaso comprar aquella revista? Sí, fue una decisión personal y no demasiado meditada dado que la acción ya había sido premeditada mucho tiempo atrás. Con lo cual que aquella revista llegara hasta mis manos no era una casualidad en sí sino un ejercicio de la costumbre. Y, ¿qué hubiera pasado si aquella semana no hubiera ido al quiosco y, por lo tanto, no hubiera comprado la revista? Eso sí que habría sido fruto de la casualidad dado que habría sido probable que el acto de no comprarla tuviera más que ver con un olvido que con una acción previamente meditada. Aunque también es probable que en la acción de no adquirir la revista tuviera mucho que ver la propia decisión, el desencanto con la línea habitual de la publicación o la decisión temporal de invertir mis escasos ahorros en algo diferente. Pero, fuere como fuere, el caso es que la revista llegó a mí o, para ser más preciso, yo llegué hasta ella y ella se vino conmigo.

Para averiguar el peso de la casualidad o de la decisión premeditada en todo esto quizá sería necesario viajar más atrás en el tiempo, antes de que llegara a comprar el primer número de la revista de los muchos que habría de comprar hasta llegar hasta el indicado de la entrevista. Porque, claro está, y aquí la casualidad tiene probablemente un mayor peso que cualquier otro factor, tenía que suceder que ambos compartiéramos la misma afición para que, números después, llegara a enterarme de la existencia de su programa de radio. Y no es que su programa tuviera relación alguna con la afición que compartíamos pero dio la casualidad, o no, de que nuestra afición era oficio de alguien que sin ser amigo mío, pero sí suyo, yo también conocía, el entrevistado. Yo no sé si que el entrevistado hubiera sido otro y no él, el amigo del que tiene un programa de radio, hubiera afectado a mi decisión de leer o no la entrevista, es probable que no, o que sí, vaya usted a saber, pero sí que leerla debió ser un impulso meditado, aunque no demasiado, por el interés o curiosidad que sus comentarios pudieran despertarme. Pero, ¿qué tiene que ver el entrevistado con él y su programa? Aparentemente nada, dado que ya he comentado que la afición y el programa no tienen, a priori, relación evidente pero, que ellos se conocieran sí fue determinante para que yo llegara a conocer el programa de radio. Porque si él no hubiera comentado en la entrevista lo del programa de él entonces yo quizá, aunque nunca se sabe, nunca hubiera llegado a escucharlo. Y me refiero al programa porque a él ya le había escuchado antes aunque no en el programa sino en el ejercicio de la narración del trabajo que el que había sido entrevistado ejercía. Así narrador y trabajador se conocieron en el ejercicio de sus respectivas actividades que nada tienen que ver con el programa. Además, tiempo después, el trabajador llegó a compartir el ejercicio de la narración con quien había ejercido la narración de su trabajo cuando éste se convirtió en un hobby y no en trabajo. Y fue entonces cuando el que ejercía y el que narraba se conocieron personalmente y el que ejercía conoció que, además de narrar lo que él había ejercido, tenía también como dedicación el programa de radio.

Y el caso es que no es que la entrevista fuera en un medio relacionado con el programa de él, ni siquiera con sus contenidos, pero sí sobre la afición común –  y oficio del que había sido entrevistado - que compartían como narradores. Y, por fortuna para mí, en la entrevista hablaba de muchas cosas, no sólo sobre la afición común – y oficio del que había sido entrevistado -, por lo que en el transcurso de la misma él mencionó que le gustaba el programa de radio de él, momento en el que yo conocí el programa de radio.

Puede que todo esto fuera una casualidad, o no, pero, fuere por la razón que fuere, gracias a esa entrevista llegué a conocer las voces que vienen de la luz del norte.

*Dedicado a Ramón Trecet

Carlos Pérez Cruz