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Vale,
pensemos un poco. Tampoco puede ser tan difícil. Tú empieza y
ya veremos. No todo tiene por qué tener un sentido concreto. Es
más, es probable que nada lo tenga y que cada uno se lo dé. El
problema viene cuando yo se lo dé y tú no. Entonces empezará
la batalla del entendimiento en mi cabeza y la tuya dirá amén.
Sólo por no joder.
Pero piensa. ¿Debemos estar de acuerdo? No es obligación lo
que nos une sino distancia. La distancia nos acercará al límite
de la verdad para contemplarla juntos cualquier tarde de verano
con los pies en el agua. Y será entonces cuando, una vez más,
veamos la luz al final del túnel. Pero no te apresures, el túnel
volverá a oscurecerse y el tren deberá buscar de nuevo la
salida.
Es ley de amor nuestra distancia. La más confusa de las leyes
regirá nuestros corazones que sólo si son fuertes latirán
juntos hasta ser uno, una y otra vez. ¿Sientes? Es el latir de
un corazón que busca yo más allá de donde puede comprender la
distancia. Te busca a ti, sí sí, a ti, al otro lado del más
allá de nuestros ojos. Allá a lo lejos te encuentras y me
encuentro esperando el traqueteo del tren infinito.
Resonará la vía bajo tus pies. Acelerarás hacia el final de
un camino que cruzará los valles más profundos y las montañas
más altas, o no, pero altas para nosotros, profundos para mí.
Oirás el gong de las horas perdidas en ganar, el tolón
de los minutos que pasan porque así debe ser, siempre que no
pierdas la esperanza al bajarte en la estación.
Allí te esperan miles de ojos rojos para rondar la noche.
Quieren llevarte al barranco de los mil pies. No temas, serán
mil uno nuestros pasos. Mírales a los ojos, no dejes de
hacerlo, sé fuerte. Mira más allá de su iris colonial y
atemoriza sus oscuros desmanes. Caerán en el infierno del fango
al fondo del barranco.
Te
he dejado un billete sobre la mesa de noche. No dejarás de
mirarlo una y mil veces, no dejarás de pensar, girar, saltar,
dormir, gritar, llorar, reír. Pero lo más importante es que no
dejarás, por muy duro que parezca.
Carlos Pérez Cruz |