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Emisión: 5 abril 2006
Música:
Fred Frith, Krzysztof Penderecki, John Cage, Sidsel Endresen & Bugge Wesseltoft, Spring Heel Jack, Italian Instabile Orchestra, Avishai Cohen y Arto Tunçboyaciyan.
Título:
Particulas Sonoras

 

El silencio está compuesto por millones de partículas de sonido. Pequeños mensajes sonoros, muchos de ellos imposibles de descifrar individualmente, pero que juntos generan la placentera sensación de vacío auditivo.

Al contrario de lo que la gente cree, el silencio no es un estado puro de ausencia sonora, más bien es una reducción de la concentración de partículas sonoras que, llegada a un nivel determinado, puede ser percibida como un bien necesario por efecto del contraste a una exposición, constante o esporádica, de excesivas partículas. El silencio en estado puro, la ausencia total de partículas, es una idea teórica, aunque para los seguidores del creacionismo religioso es el estadio previo al nacimiento de su Dios constructor.

Existe un amplio desconocimiento de las diversas afecciones que la exposición a las partículas sonoras puede tener para la salud de los humanos. A continuación paso a relatarles algunos casos extremos pero significativos.

Hubo quienes en la cima de un monte helado de silencio chasquearon sus dedos y aparecieron en plena Gran Vía madrileña. Millones de partículas de cuatro ruedas atropellaron sus oídos. Como consecuencia del imprudente cruce de yemas sus conductos auditivos estallaron y perpetuaron en ellos el silencio absoluto para el resto de sus vidas. Se ha definido tal afección como “Desarrollo Urbano Involutivo”. Nótese que en este caso el silencio absoluto existe como malformación física, como concepto ajeno a las apreciaciones teóricas o teorías divinas. Por podríamos hablar de silencio médico en estado puro.

Otro caso extremo pero estremecedor tuvo lugar en una pequeña ciudad que convendría no citar. Un grupo de psicólogos decidió experimentar con algunos de sus pobladores. El experimento, enunciado en privado, tenía como fin la comprobación de reacciones ante la interpretación, por parte de una orquesta, de una reconocida obra de Krzysztof Penderecki. El anuncio público de “Concierto de Música Clásica” llevó a error a sus espectadores que prepararon su psique auditiva para recibir a Vivaldi. La agresión sonora por la exposición a un exceso de partículas de cuerda frotada generó una reacción no prevista por los autores del experimento que fue bautizada con el clínico nombre de “Síndrome Free Jazz”. Quienes lo padecen son incapaces de tolerar una exposición auditiva a partículas consonantes y requieren un tratamiento diario de “Píldoras Brotzman”.

Igualmente estremecedor, pero a la inversa, fue el experimento realizado por el mismo grupo de psicólogos que sometieron a los socios de una Sociedad de Amigos de la Ópera a la audición de la obra “4:43” de John Cage interpretada por un grupo de cámara alemán. La exposición prolongada a la ausencia de partículas instrumentales con grupo en escena produjo una malformación del ánimo de gentes de buena reputación que fue bautizado con el nombre de “Síndrome Blasfemo”. Fue tal la tensión generada, y la atribución coreada de una vieja profesión común a las madres de los músicos presentes, que el experimento hubo de darse por finalizado de manera improvisada con una interpretación de cuartetos para cuerda de Mozart.

Miles, millones de espectadores de televisión de un país, que convendría no mencionar, padecen una enfermedad crónica para la que no se ha encontrado tratamiento efectivo. Se exponen, por voluntad propia, a catódicas sesiones de verborrea diarreica. Esta enfermedad crónica, no reconocida a día de hoy por fuertes presiones de los grupos empresariales que la provocan, tiene el secreto nombre de “Síndrome Injurioso Banal”, y se produce por una exposición a partículas fecales vocales durante un tiempo superior a treinta segundos. Sólo existe un tratamiento preventivo conocido a día de hoy, denominado “Audiovisual Off”, pero se le reconocen una serie de efectos secundarios que van desde el vacío existencial a la ruptura matrimonial.

Relacionado con estos últimos efectos secundarios se han conocido numerosos casos del “Síndrome de aletargamiento marital”. Éste puede producirse por varias causas. Nos ceñiremos a las puramente sonoras. Precisamente la ausencia de partículas conversacionales puede llevar a los afectados a un aburrimiento vital degenerativo que incluye afecciones visuales que afean la visión de la otrora amada persona y que concluye, comúnmente, con la destrucción de la unidad matrimonial tras un proceso de exposición a partículas vejatorias expulsadas compulsivamente por ambos miembros de la unidad.

Con el ya detallado tratamiento profiláctico “Audiovisual Off” se ha descrito también un síndrome que afecta a los oyentes de un conocido locutor de radio matinal. La exposición prolongada a sus famosos advenimientos apocalípticos, de base diestra intelectual, ha sido detallada como “Síndrome Paranoico Postelectoral”. Se trata de una enfermedad altamente contagiosa que se transmite a través de las ondas hertzianas y que produce en el afectado terribles pesadillas que desvirtúan su noción de la realidad. Sin embargo algunos médicos recetan pequeñas dosis de exposición a sus partículas del juicio final para tratar otros síndromes como el del “Weekend Finito” o casos de desgana pre-laboral de lunes por la mañana.

Afecta igualmente a miles, millones de personas – jóvenes en particular – un fenómeno relacionado con las partículas sonoras. Se produce en ciertos locales cerrados, aunque también se conocen casos al aire libre, en que las partículas “Puncha”, que empezaron a desarrollarse avanzada la segunda mitad del Siglo XX, habitualmente combinadas con la ingesta de alcohol, afectan al intelecto de quienes se exponen a ellas durante horas en días seguidos. Conocido como “Síndrome DJ” se le han descrito pérdidas auditivas irreparables y trastornos psicológicos como: orinar desde el balcón de una vivienda, euforia sexual desmedida o falta de aprecio a los ritmos compuestos y sincopados.

Los casos aquí descritos debieran llevarnos a la cautela más absoluta, a poner en alerta todos nuestros sentidos, en especial el del oído, y detectar con rapidez la naturaleza de las partículas sonoras que nos rodean. Lo contrario, una dejación de nuestra capacidad de prevención, tiene como consecuencia los síndromes referidos y otros como el de aquel señor que sólo escuchaba fútbol por la radio y, a consecuencia de una exposición masiva a partículas futborreicas, terminó casándose de penalti.


Carlos Pérez Cruz