|
El
silencio está compuesto por millones de partículas de sonido.
Pequeños mensajes sonoros, muchos de ellos imposibles de
descifrar individualmente, pero que juntos generan la placentera
sensación de vacío auditivo.
Al contrario de lo que la gente cree, el silencio no es un
estado puro de ausencia sonora, más bien es una reducción de
la concentración de partículas sonoras que, llegada a un nivel
determinado, puede ser percibida como un bien necesario por
efecto del contraste a una exposición, constante o esporádica,
de excesivas partículas. El silencio en estado puro, la
ausencia total de partículas, es una idea teórica, aunque para
los seguidores del creacionismo religioso es el estadio previo
al nacimiento de su Dios constructor.
Existe un amplio desconocimiento de las diversas afecciones que
la exposición a las partículas sonoras puede tener para la
salud de los humanos. A continuación paso a relatarles algunos
casos extremos pero significativos.
Hubo quienes en la cima de un monte helado de silencio
chasquearon sus dedos y aparecieron en plena Gran Vía madrileña.
Millones de partículas de cuatro ruedas atropellaron sus oídos.
Como consecuencia del imprudente cruce de yemas sus conductos
auditivos estallaron y perpetuaron en ellos el silencio absoluto
para el resto de sus vidas. Se ha definido tal afección como “Desarrollo
Urbano Involutivo”. Nótese que en este caso el silencio
absoluto existe como malformación física, como concepto ajeno
a las apreciaciones teóricas o teorías divinas. Por podríamos
hablar de silencio médico en estado puro.
Otro caso extremo pero estremecedor tuvo lugar en una pequeña
ciudad que convendría no citar. Un grupo de psicólogos decidió
experimentar con algunos de sus pobladores. El experimento,
enunciado en privado, tenía como fin la comprobación de
reacciones ante la interpretación, por parte de una orquesta,
de una reconocida obra de Krzysztof Penderecki. El anuncio público
de “Concierto de Música Clásica” llevó a error a sus
espectadores que prepararon su psique auditiva para recibir a
Vivaldi. La agresión sonora por la exposición a un exceso de
partículas de cuerda frotada generó una reacción no prevista
por los autores del experimento que fue bautizada con el clínico
nombre de “Síndrome Free Jazz”. Quienes lo padecen
son incapaces de tolerar una exposición auditiva a partículas
consonantes y requieren un tratamiento diario de “Píldoras
Brotzman”.
Igualmente estremecedor, pero a la inversa, fue el experimento
realizado por el mismo grupo de psicólogos que sometieron a los
socios de una Sociedad de Amigos de la Ópera a la audición de
la obra “4:43” de John Cage interpretada por un grupo de cámara
alemán. La exposición prolongada a la ausencia de partículas
instrumentales con grupo en escena produjo una malformación del
ánimo de gentes de buena reputación que fue bautizado con el
nombre de “Síndrome Blasfemo”. Fue tal la tensión
generada, y la atribución coreada de una vieja profesión común
a las madres de los músicos presentes, que el experimento hubo
de darse por finalizado de manera improvisada con una
interpretación de cuartetos para cuerda de Mozart.
Miles, millones de espectadores de televisión de un país, que
convendría no mencionar, padecen una enfermedad crónica para
la que no se ha encontrado tratamiento efectivo. Se exponen, por
voluntad propia, a catódicas sesiones de verborrea diarreica.
Esta enfermedad crónica, no reconocida a día de hoy por
fuertes presiones de los grupos empresariales que la provocan,
tiene el secreto nombre de “Síndrome Injurioso Banal”,
y se produce por una exposición a partículas fecales vocales
durante un tiempo superior a treinta segundos. Sólo existe un
tratamiento preventivo conocido a día de hoy, denominado
“Audiovisual Off”, pero se le reconocen una serie de efectos
secundarios que van desde el vacío existencial a la ruptura
matrimonial.
Relacionado con estos últimos efectos secundarios se han
conocido numerosos casos del “Síndrome de aletargamiento
marital”. Éste puede producirse por varias causas. Nos ceñiremos
a las puramente sonoras. Precisamente la ausencia de partículas
conversacionales puede llevar a los afectados a un aburrimiento
vital degenerativo que incluye afecciones visuales que afean la
visión de la otrora amada persona y que concluye, comúnmente,
con la destrucción de la unidad matrimonial tras un proceso de
exposición a partículas vejatorias expulsadas compulsivamente
por ambos miembros de la unidad.
Con el ya detallado tratamiento profiláctico “Audiovisual Off”
se ha descrito también un síndrome que afecta a los oyentes de
un conocido locutor de radio matinal. La exposición prolongada
a sus famosos advenimientos apocalípticos, de base diestra
intelectual, ha sido detallada como “Síndrome Paranoico
Postelectoral”. Se trata de una enfermedad altamente
contagiosa que se transmite a través de las ondas hertzianas y
que produce en el afectado terribles pesadillas que desvirtúan
su noción de la realidad. Sin embargo algunos médicos recetan
pequeñas dosis de exposición a sus partículas del juicio
final para tratar otros síndromes como el del “Weekend
Finito” o casos de desgana pre-laboral de lunes por la mañana.
Afecta igualmente a miles, millones de personas – jóvenes en
particular – un fenómeno relacionado con las partículas
sonoras. Se produce en ciertos locales cerrados, aunque también
se conocen casos al aire libre, en que las partículas
“Puncha”, que empezaron a desarrollarse avanzada la segunda
mitad del Siglo XX, habitualmente combinadas con la ingesta de
alcohol, afectan al intelecto de quienes se exponen a ellas
durante horas en días seguidos. Conocido como “Síndrome
DJ” se le han descrito pérdidas auditivas irreparables y
trastornos psicológicos como: orinar desde el balcón de una
vivienda, euforia sexual desmedida o falta de aprecio a los
ritmos compuestos y sincopados.
Los
casos aquí descritos debieran llevarnos a la cautela más
absoluta, a poner en alerta todos nuestros sentidos, en especial
el del oído, y detectar con rapidez la naturaleza de las partículas
sonoras que nos rodean. Lo contrario, una dejación de nuestra
capacidad de prevención, tiene como consecuencia los síndromes
referidos y otros como el de aquel señor que sólo escuchaba fútbol
por la radio y, a consecuencia de una exposición masiva a partículas
futborreicas, terminó casándose de penalti.
Carlos Pérez Cruz |