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Paso 1 y
comienzo de trayecto: Un cometa se ha cruzado en mi camino.
Ha dibujado su estela fugaz en el cielo nublado de la noche. Sólo
yo advierto su rumbo, a espaldas de todos los demás. Es el
secreto de los locos, de los lúcidos con camisa de fuerza.
Paso 2: Arrastra a su dueño. Se convierte en el amo de
su paso. El perro de negra perilla marca el pulso de los pies
del joven. La cuerda sigue la brújula de sus cuatro pasos y
azota la pereza del joven de negra perilla.
Paso 3: Los mismos cuatro periódicos fijan su vacío en
mis ojos. Las palabras de la mentira cubren el cuerpo
polvoriento del tendero. Su boca es la “O” del espanto. La
angustia del portavoz de la nada.
Paso 4: Empujan silletas llenas de ojos curiosos con
chupete en la boca. Niegan su mirada con oscuras gafas. Los
baberos protegen el disfraz de la saliva corrupta de sus bocas.
Llevan escritos sus nombres en la frente para no olvidar quiénes
fueron.
Paso 5: Desprecian el verde de mi paso. El intermitente
es la luz de discoteca que acompaña el ritmo único de su
euforia. La Estrella del Norte es una idea ciega que acaba en
resaca; postrados en su lecho de muerte.
Paso 6: Voces sordas gesticulan inútiles falacias. Voces
del absurdo que me hablan tras el cristal. Ignoro su aullido
feroz del desprecio. Son chacales sin dignidad, carnívoros
despiadados detrás de un puñado de sucios billetes.
Paso 7: Hojas de árboles sin madera que el viento dejó
de soplar. Renglones torcidos de dioses profanos crucificados
por la lógica. Respuestas vanas a mis preguntas sin respuesta.
Inútiles caídos en la cruzada del embuste.
Paso 8: Morena de bote. Caras flácidas de forzada
sonrisa. Piel quemada por la avaricia. Como un oso polar en el
desierto, como una palmera en el Polo. Música de verano en las
Cuatro Estaciones.
Paso
9 y final de trayecto: “Una para ahora, por favor”.
Rebusco en mi cartera la moneda del soborno. A cambio una Diosa
me presta la llave que abre las puertas del paraíso. El paraíso
de un mundo real.
Carlos Pérez Cruz |