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Respira. Respira
profundo. Respira hasta llenar tus pulmones y tu cabeza del aire
que ha de convertirte en la máquina de producción. Respira
porque necesito tus pulmones a pleno rendimiento. Necesito que
ahogues tus sueños en el elixir que abrirá tus canales y te
convertirá en uno de mis mil tentáculos derechos. Quiero que
respires para poder sustituir esa pieza de repuesto que ocupa
ahora tu sitio.
Respira. Respira profundo. Olvida esa idea. Esa ilusión me
pertenece como regalo de jubilación. Cuando tus pulmones ya no
sirvan y puedas envolverlos en el humo que ahora te prohíbo y
vendo. Te pagaré entonces las hojas en blanco que pretendes
llenar sin sentido. Aunque no sirvan para nada. Tú mismo, haz lo
que quieras. Pero lo harás entonces, cuando ya no me sirvas.
Cuando soñar te sea permitido y conseguirlo pueda significar tu
muerte.
Respira. Respira profundo. Bebe agua. Pierde esos kilos que tu
vagancia enferma te ha regalado a mi costa. No puedes vestir esa
imagen. Eres lo que yo soy. Aféitate, blanquea tus dientes,
enjuaga tu aliento, elimina esos pelos que asoman por tu enferma
nariz y respira. Respira y mira tus uñas. Corta y lima. Viste
elegante. Viste corbata. ¿Te ahoga? Respira. Respira profundo.
Respira. Respira profundo. Déjate encandilar por ese despertador
que amanece sin luz en un lunes de lluvia y atasco. Enciende el
radiador del baño. Enciéndelo para devolverme el dinero de tu
adiós. Mirarás a tu alrededor y buscarás un centímetro de mar
entre tus iguales que mirarán felices el agua que ya no podrán
nadar. Tranquilo, tengo listos tu flotador y pañales. Estás en
la lista de espera para el geriátrico del olvido.
Respira. Respira profundo. Llega a casa y mira directo a los
ojos de tu mujer. ¿Es tan malo trabajar? Pero no olvides follar
sin condón al menos dos veces en tu vida. Que crezcan sanos y
fuertes. Que lean, pero no demasiado. Les necesito cuando estés
en la playa aprendiendo a ahogarte. Porque tu te irás pero yo
seguiré gracias a ellos, y a los ellos de ellos y así perpetuaré
mi inmortalidad.
Respira. Respira profundo. Mira el partido. Juegan para ti. No
oigas sus quejas. Seguirá lavando tu ropa mientras traigas el
dinero. ¡Que juegue con los niños! Húndete en el sofá y olvídate
de mi unas horas. Mira el partido. Son los gladiadores de mi
circo global que te entretienen, que anulan tu mente y te
convierten en un preciado tesoro de mi sistema.
Respira. Respira profundo. Ya no espero más. Programa el
despertador. Seis de la mañana. Quizá te duela la cabeza. Bebe,
bebe la pastilla y sube al autobús que dejaste hace demasiado
tiempo. Sé amable. Buenos días. Quizá a ellos también les duela.
Pero tranquilo. Dormirás la siesta y volverán a jugar para ti. Y
entonces sonreirás las cuarenta y dos pulgadas de pantalla plana
con las que me devolviste sólo una parte de todo lo que yo te
doy.
Respira. Respira profundo. Inhala. Inhala hasta el fondo.
Revuelve el sobre con la cucharilla y bebe. Si has de morir,
mejor lentamente. Respira. Respira profundo. El despertador
descuenta los minutos. Respira. Respira profundo. Felices sueños
mi niño. |