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Llegó el otoño. Se
acabó una vez más el largo verano que, aún largo, corto parece.
Ayer parece cuando las mujeres empezaban a mostrarnos las
ventajas del calor. Al menos, visualmente. Días de playa que no
lo fueron. Días de montaña que tampoco. ¿Qué fueron entonces?
Fueron el ver pasar de la vida al fuego lento del sol en mi
pequeña ciudad. Pequeña y desapercibida. Nada pasa cuando llega
el todo y el todo se va. Abandonados a nuestra suerte buscando
en la gran pantalla del cine las historias que somos incapaces
de vivir. Al refugio de un aire acondicionado asesino.
La puerta abre a la luz del verano desde la oscuridad de la
sala. El retorno perezoso a una realidad de fotogramas vacíos,
de sillas vacías, de calles vacías... de mentes en blanco con un
corazón tan negro.
Nada parece haber pasado desde nuestra entrada. Nada sucede en
nuestra salida. Nada espera a ser sucedido. Lo anuncia una hoja
impasible sujeta a un árbol que le dirá adiós ahora... ahora que
empieza el otoño.
Carlos Pérez Cruz |