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"Strada Sextet",
nombre del nuevo proyecto de Henri Texier tras su "Azur Quintet",
es, en su denominación, un guiño hacia el carácter nómada de los
músicos. Muchos son los años que lleva Texier en la "strada"
(camino, carretera... en italiano) pero, aun así, no parece agotársele
el ingenio al contrabajista francés. Con una sólida, brillante,
imprescindible (...) carrera a sus espaldas, el nuevo paso adelante en su
caminar le lleva a desarrollar un proyecto que profundiza sobre las bases
reconocibles de su música pero siempre buscando algo más.
Es reconocible el tradicional carácter melódico de las composiciones de
Texier (autor de seis de las once pistas del disco), como reconocible es
la libertad a la hora de encarar las improvisaciones que hacen de su
música un delicioso y elegante free jazz.
El disco está básicamente divido en dos conceptos de composición: Un
grupo de temas cortos (de apenas minuto y medio o dos minutos) firmados
por sus compañeros de grupo con un carácter claramente experimental en
sonoridades. Por otro lado están los temas del propio Texier, de
duración media (cinco, seis, siete minutos), que tienen el sello
tradicionalmente melódico del contrabajista y donde los arreglos
adquieren una gran importancia dando constante actividad a los miembros
del sexteto. Influencias diversas que encuentran en África la pulsación
rítmica de temas como "Dance Revolt", en el rock y el free el
carácter de "Blues for L. Peltier" o en el jazz más etéreo y
"arrastrado" la estética de "Decent revolt".
Y aunque dos he dicho que son, a priori, las partes conceptuales del disco
hay una tercera. La tercera es el tema que abre disco. En si mismo
constituye una obra completa en trece minutos que habla de todas las
cualidades compositivas e instrumentales del disco. "Old Delhi"
hace referencia con su música a las fanfarrias tradicionales de Nueva
Delhi, aunque a algunos les pueda recordar a las bandas de bodas y
funerales de los Balcanes (quizá el mundo está más interconectado de lo
que pueda parecer). La fuerza e intensidad modal de esos minutos iniciales
valen por todo el disco y descubren (al menos para mí) a un gran
trombonista, Guéorgui Kornazov.
Carlos Pérez Cruz |