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Puede parecer una
obviedad decir que el cielo es azul y, sin embargo, con tan sólo mirarlo
en este momento (si el entorno lo permite) uno es capaz de comprobar que
una sentencia como ésa es perfectamente discutible. Un cielo sin nubes
puede teñirse de rojo, verde, lila, de una inmensa gama de colores (también
de noche). Le pasa como a las cosas de la vida, que no son ni blancas ni
negras, están llenas de matices. Por eso que nadie se lleve a engaño. Un
disco de título tan simple como “Sky Blue” (y con una carátula, además,
algo hortera) está lleno de colorido, hay mucho más que un cielo azul. O
puede que sea yo el simplista y que en realidad Schneider esté trabajando
sobre la gran diversidad de azules del cielo.
Sea como fuere Maria Schneider sigue demostrando con cada trabajo que es
una de las mejores compositoras y arreglistas para orquesta de Jazz del
momento. Es capaz de convertir un instrumento tan delimitado históricamente
en sus sonoridades, como es una big band, en una verdadera
orquesta sinfónica de la que surge una orgía de sonidos de gran
delicadeza y, a su vez, de gran pasión. Se suceden sus trabajos y nunca
surge la sensación de déjà vu sino de una personalidad
implantada en todo lo que hace y todavía lejos de agotar su creatividad.
En la música de Maria Schneider tiene gran importancia la composición.
Pero esto no significa que no quede espacio para la improvisación. De
hecho es amplísimo, sólo que esas improvisaciones están implantadas
dentro de una estructura sonora y armónica riquísima, que trabaja a
fondo las posibilidades tímbricas de los instrumentos y crea bloques de
sonido de gran densidad, lejos del concepto “exposición temática y
solos” sobre la base rítmica. Lo que Maria Schneider hace es otra cosa
y está perfectamente emparentado con la música, por ejemplo, de un clásico
estadounidense como Aaron Copland (escúchese la maravillosa Quiet
City de éste) pero también de uno de sus maestros, Gil Evans. Con
tan sólo escuchar el tema que Schneider ha compuesto para el saxofonista
Rich Perry se puede entender lo que estoy diciendo.
Este Sky Blue está lleno de pequeñas joyas. Desde el tema que
abre disco, The ‘Pretty’ Road, con ciertas reminiscencias del
Pat Metheny Group, pasando por el mencionado Rich´s Piece (con el
propio Rich Perry como protagonista de un larguísimo solo) en el que la música
parece derramarse como una secuencia de olas sobre la arena de la playa o
la más larga de las composiciones, la aviar Cerulean Skies
(descripción de una migración), compendio de las mejores virtudes de
Schneider (y tema con el que fue premiado en la edición 2007 de los
premios Grammy como mejor composición instrumental) hasta la partitura
que da título al trabajo, dedicado a una amiga fallecida y escrito en los
últimos días de su vida, sin olvidar ese Aires de lando (donde
destaca el sonido y expresividad del clarinete de Scott Robinson)
inspirado en los ritmos (nada sencillos) de esta música tradicional
peruana tras una visita a Perú en la que Schneider descubrió que su
instrumento favorito de percusión, el cajón, no era español (flamenco)
sino peruano.
Este
es el segundo trabajo que Maria Schneider ofrece sólo a través de
Internet (con la posibilidad de descargar en mp3 o de recibir el disco en
soporte tradicional) y no en tiendas de discos. Al igual que el anterior,
la producción del mismo ha corrido en parte por cuenta de unos cuantos
aficionados que, de antemano, han puesto su dinero para la gestación del
proyecto. Una fórmula muy interesante dado que rebaja el precio del disco
para el comprador y compromete al creador con su público (dependiendo la
aportación se acceden a unos u otros contenidos: partituras,
explicaciones de la autora, vídeos...). Dentro de la compleja situación
actual del mercado no parece ésta una mala fórmula aunque quizá no sea
válida para nombres no tan consagrados. Al fin y al cabo se necesita un público
fiel (pequeños mecenas) dispuesto a poner la pasta por una idea y no por
un hecho. Y no sé si son muy buenos estos tiempos para las ideas.
Carlos Pérez Cruz
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