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Que la improvisación
no es cuestión exclusiva del Jazz es evidente pero también es cierto que
el Jazz es visto por muchos como el paradigma de la libertad creativa,
la música que permite al músico expresarse tal cual siente sin atenerse
a partituras (dicen). Es cierto, hay mucho de eso, pero la libertad
creativa, la capacidad personal de expresión no la determina un género,
una etiqueta, está en la persona. Se puede ser muy libre interpretando
una partitura lo mismo que se puede estar atado de pies y manos
improvisando un standard. ¿Acaso la reiteración de patrones por
partes de muchos jazzistas no lo prueba? Sin embargo todos podemos tener
en mente a, por ejemplo, grandes cantantes que, sin salirse de una
melodía preestablecida, de una letra escrita de antemano, son capaces de
ser ellos y sólo ellos.
La mayor parte de las (y los) vocalistas de Jazz que cada poco aparecen
para coger el testigo de las grandes divas (según la prensa y medios en
general, claro) no son más que un pálido eco de aquéllas, maniquíes
expuestos con una vestimenta prestada y desgastada a la que, con cuatro
remiendos, pretenden adecentar para ver si cuela. En algunos casos
cuela, en otros (que darían para una larga lista de desaparecidos en
combate) no. Por eso en ocasiones para encontrar aquello que
presuponemos del Jazz hay que salirse de su departamento. Y con Savina
Yannatou un aficionado exigente a eso que llaman Jazz debería sentirse
plenamente confortado e, incluso, excitado.
Llevo años siguiendo la pista de esta maravillosa voz gracias a mi
curiosidad en eso que llaman Folk, Músicas del Mundo o músicas de raíz.
Absurdos etiquetados de los que todos somos usuarios (ya se sabe, "para
entendernos") y que podrían llevarle a un aficionado a la etiqueta
"Jazz" a perderse a una de las grandes vocalistas del gremio del siglo
XXI. ¡Reivindico a Yannatou como cantante de Jazz! ¿Por qué? Porque,
aunque está lejos de serlo de standards o del vocalese,
tiene su música la improvisación que muchas no tienen, la
experimentación que muchas no tienen, la creatividad que muchas no
tienen, la libertad para reinventarse que muchas no tienen.
Dice su web oficial: Con un bagaje que combina estudios de clásica y
música tradicional "auténtica" con música improvisada y Jazz, Savina
Yannatou y los músicos de Primavera en Salonico se encuentran a sí
mismos como bailarines sobre una cuerda, sobre el acorde que conecta la
música modal del Este con su equivalente musical en el Occidente
Europeo, la música de la Edad Media y las polifonías populares del
Mediterráneo. Partiendo de la riqueza melismática del Maqam Oriental y
el encanto de los ritmos irregulares exploran el territorio de la
improvisación libre colectiva, encuentran allí el Jazz moderno. ¿No
es esa la actitud de un músico de Jazz? Es más, creo firmemente que
quien no se ve limitado por un conceptualismo restrictivo está más cerca
del espíritu del Jazz que quien se limita a reiterar los tópicos de lo
que se le supone.
En lo relativo a este nuevo trabajo de Yannatou y del grupo Primavera en
Salonico (que coordina el acordeonista e intérprete de qanun Kostas
Vomvolos, encargado de los arreglos) Songs of an other afronta
repertorio tradicional de Armenia, Bulgaria, Serbia, Kazajistán, de su
natal Grecia, un tradicional askenazí del siglo XVI, Albania e Italia.
Un recorrido por canciones de amor, religiosas, meditaciones, canciones
de cuna, etcétera, recopiladas por el intérprete de nay del grupo,
Harris Lambrakis, que es musicólogo. Si Estados Unidos cuenta con un
cancionero de apenas un siglo, Europa tiene historia musical como para
retroceder varios (¡Qué suerte contar con un songbook tan
vasto!). Lejos de llevar a cabo una recreación historicista la música es
un vuelo libre que parte de sonoridades ancestrales, de melodías
mediterráneas, para abrirse a la experimentación, a expresiones sonoras
que incluso en sus momentos de mayor radicalidad sugieren Historia, que
en sus momentos de mayor crudeza armónica es bella como en sus más
fieles reinterpretaciones. Así cuando la música parece serlo de ortodoxa
presentación se desestructura de inmediato a la par que la "académica"
voz de Yannatou se rompe en mil pedazos y es entonces cuando la voz es,
de verdad, un instrumento más y Primavera en Salonico un formidable
grupo de improvisadores.
Carlos Pérez Cruz
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