|
Arreglista,
compositor, director de orquesta e instrumentista (saxos, clarinete,
trompeta, banjo, guitarra, batería). Tres discos para la Blue Note,
numerosos temas compuestos a medias con Vinicius de Moraes, compositor de
bandas sonoras de películas y colaborador de Henri Mancini. Escritor de
“Nana”, tema versionado en más de 150 ocasiones, de entre las que se
pueden destacar las firmadas por Herbie Mann o Kenny Burrell. Y sin
embargo, entre sombras hasta el día de hoy.
Éste es el perfil de Moacir Santos: un brasileño octogenario al que el
reconocimiento público, o bien no le ha alcanzado, o bien ha conseguido
huir del mismo hasta el día de hoy. Y es que el perfil de compositor/
arreglista fantasma es una
figura más cotidiana de lo que uno pueda pensar.
Pero lo cierto es que, para su fortuna o su desgracia, su nombre resuena
con fuerza en estos comienzos del 2005. Los responsables: el saxofonista
Ze Ogueira y el guitarrista Mario Adnet, que han conseguido reunir a
quienes conocían bien a nuestro hombre por moverse con él entre
bastidores: Milton Nascimento, Gilberto Gil, Joao Bosco, Ed Monta,Ricardo
Silveira ... El resultado: “Ouro Negro”, un doble CD que sirve como
homenaje a la figura de Moacir Santos, así como para iniciar el proceso
de excavación arqueológica que el descubrimiento de una figura como ésta
implica. Y es precisamente este proceso de búsqueda arqueológica el que
nos lleva a “Coisas” (Universal, 2004), reedición en CD del primer
disco a nombre de Moacir Santos, grabado originalmente en 1965.
“Coisas” es
uno de esos discos que surgen del largo proceso de maduración de una
idea, de un solo concepto. La línea melódica del disco es homogénea; el
desarrollo de los temas, muy similar; los arreglos, muy parecidos. El
resultado final, monótono. Monótono en una primera escucha, agradable en
una segunda, interesante en la tercera, sutil en la cuarta… y así hasta
terminar saboreando los arreglos de viento y
los detalles melódicos que hacen que “Coisas” sea un disco
precioso, una de esas grabaciones circulares que acaban donde empiezan, y
que antes de terminar, ya estás pensando en escuchar otra vez.
Una
grabación que suena a banda sonora, que huele a Brasil sin oler a
Gilberto o a Jobim. Una grabación cuyos arreglos de viento podrían estar
perfectamente firmados por el maestro Gil Evans si éste hubiese nacido en
la tierra de la bossa nova.
Sergio
Masferrer |