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Paso a paso, sin
hacer demasiado ruido pero con una solidez innegable, el pianista
pamplonés Iñaki Sandoval sigue haciendo camino al andar. Una cita del
poeta Juan Ramón Jiménez impresa en el interior del disco (físico)
atrapa la atención cuando uno extrae el CD para su escucha. Sobre un
fondo oscuro (donde se adivina textura de madera) leo: No corras, ve
despacio, que adonde tienes que ir es a ti solo. Un consejo que
parece hecho a la medida del pianista. Desde que en 2005 grabara su
primer disco, Sausolito, hasta este Miracielos
publicado en 2011 pasando por su anterior,
Usaquén
en 2008, el ritmo de publicación sugiere un razonable proceso de
reflexión y crecimiento entre uno y otro; ritmo que traslada igualmente
al pulso general de sus composiciones: sereno y amplio.
En Sausolito Iñaki Sandoval se presentaba en sociedad junto a
la rítmica de una etapa importante del pianista Tete Montoliu (el
bajista Horacio Fumero y el baterista Peer Wyboris) y en Usaquén
se veía obligado a renovarla tras la muerte de Peer con David Xirgu.
Fumero y Xirgu pasaban a ser los compañeros 'oficiales' de Sandoval y lo
siguen siendo y ellos tendrán que defender en directo el repertorio de
Miracielos para el que en su registro de estudio Sandoval se ha
permitido una alegría discográfica en tiempos tan poco dados a ella; se
ha regalado dos nombres con solera histórica, ilustres que llevan parte
de la historia (relevante) del Jazz a sus espaldas: el bajista Eddie
Gómez y el baterista Billy Hart. Con ellos llegan ecos de Bill Evans,
McCoy Tyner, Miles Davis o Stan Getz y una posibilidad de proyección
internacional no tan evidente cuando se trabaja en la escena ibérica.
Aunque quien esto escribe suele encontrar más estímulo en un tipo de
Jazz más irreverente y transgresor que el que practica Sandoval no deja
por ello de apreciar el preciosismo de su música, la delicadeza de los
pequeños detalles de una forma de componer que tiene un marcado carácter
melódico que se diluye en los tiempos medios y lentos en los que se
mueve con mayor soltura. No está Sandoval en la línea de los tríos que
deconstruyen melodías y ritmos ni hace versiones de los grupos Rock (y
aledaños) de moda ni es música de grandes aspavientos. Lo que es Iñaki
Sandoval es un pianista ejemplar dentro de una tradición clásica, que
puede encontrar sus referentes en Bill Evans o incluso en Keith Jarrett
o Brad Mehldau pero, sin duda, con menos afectación que estos dos
últimos. De primeras puede parecer su música algo liviana hasta que uno
realiza el (anacrónico) ejercicio de la escucha reiterada y con atención
para fijarse en que hay un trabajo armónico más denso de lo que pudiera
parecer en un primer momento. Son armonías acogedoras, amables e
íntimas, sobre las que desarrolla una improvisación cuyo virtuosismo se
entiende desde la teoría del menos es más (ojo, queridos políticos,
empresarios y 'mercados' en general. Lo de cobrar menos y trabajar más
no es virtuosismo, es esclavitud). No hay nunca en la música de Iñaki
Sandoval grandes exhibiciones de desenfreno dactilar. Su música hace
buena la teoría de grupo del trío de Bill Evans. Él la firma pero no es
solista con acompañamiento.
Miracielos está conformado por siete composiciones con sus
correspondientes prólogos (a solo, dúo o trío) y un epílogo a piano solo
(insisto Iñaki, ¿para cuándo a solo todo un disco?). Prólogos para el
vals de No excuses, la preciosa, espaciosa y circular
Eternitat, la pacífica y 'mehldausiana' llamada a la revolución
(con toque sutilmente marcial de la batería de Billy Hart) de
Revolution is coming o la más 'hardbopera' Mr. Frank Martin.
Con un toque más latino se expresan tanto en la cantarina
Miracielos como en Keep it fresh (atención a la
inteligente pegada contrapuntística de Hart durante el solo de Sandoval)
y con aspiración de balada 'jarrettiana' (sin gemidos de Sandoval, sí de
Gómez durante el disco) en Ya no quiero más ná. Remata Sandoval
con el Epilogue, compendio a piano solo de melodías y armonías
trabajadas durante la grabación; detallista final para redondear un
disco de Jazz con maneras clásicas y espíritu creativo en el presente.
Carlos Pérez Cruz
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