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Jason Palmer es un
estupendo trompetista de Jazz. Lo es porque lo ha demostrado a los
veintisiete años con una primera grabación discográfica madura en la
que se evidencia su sobresaliente dominio del instrumento; porque es un
notable improvisador y compositor de sus propias partituras; porque contar
con la compañía de Ravi Coltrane y de Greg Osby en un primer disco ya es
un síntoma. Pero lo es casi porque no podría ser de otra manera. ¿Se
puede esperar menos hoy en día de un músico convenientemente formado y
educado en una de las ciudades de referencia del Jazz USAmericano como
Boston?
En el año 1997, tal y como confiesa en las notas del libreto del disco el
propio Palmer, llegó a Boston para estudiar en el Conservatorio de Nueva
Inglaterra. Estaba de paseo para "reconocer" el terreno cuando
se cruzó con el trompetista Jeremy Pelt que, al ver que Palmer también
lo era, le invitó a participar en la Jam Session del Wally´s Jazz
Café. Reconoce Jason Palmer que una vez en el escenario, incitado por
Pelt, su solo fue "horrible" y que en consecuencia temió un
lanzamiento masivo de "tomates y huevos" por parte de los
presentes. Sin embargo sólo recibió ánimo y apoyo para seguir adelante.
A partir de ese momento el Wally´s Jazz Café se convirtió en la segunda
escuela para este músico durante su estancia en Boston, hasta el punto de
con el tiempo pasar a ser fijo en la banda de la casa. Con esfuerzo y
constancia Palmer alcanzó su particular (modesto) sueño USAmericano. Del
solo "horrible" a un trabajo fijo y la consideración de
músicos como Osby y Coltrane que le invitan a participar en sus propios
proyectos y que, además, graban en este Songbook.
Pero vuelvo a la pregunta anterior: ¿Se puede esperar menos de un músico
como Palmer? Creo que no. Ahora la aparición de jóvenes talentos cada
año no es una excepción, es la regla. Boston, con su Conservatorio de
Nueva Inglaterra o la famosa Escuela de Música de Berklee, era hace no
demasiado un sueño admirado por músicos en formación de todo el mundo.
Ahora el mundo esta allí y cada año salen promociones de instrumentistas
admirables que son lanzados, con diploma bajo el brazo, al cruel mundo.
Una cosa es la dinámica diaria como estudiante y otra es la verdad de un
mundo al que el Jazz no le importa. Y cuando todos estos músicos salen de
allí, ¿qué? En su viaje de retorno muchos encuentran el desierto, la
falta de oportunidades. Pero hay otra pregunta que va más allá de lo que
el entorno le ofrece al profesional: ¿tengo algo que decir yo con mi
música? Y no es una pregunta simplemente filosófica. Es el interrogante
que resuelve una cuestión fundamental: además de tener voz, ¿tengo algo
que decir?
¿Tiene algo que decir Jason Palmer? De momento tengo la sensación de que
Jason Palmer tiene todas las opciones, todas las herramientas que la
escuela le ha puesto a su disposición y que él ha ido probando en su
vida académica y en sus experiencias en el Wally´s y en otros
escenarios. Ahora falta que encuentre algo propio que decir, que no tiene
por qué ser estrictamente novedoso (¿eso existe?), que arroje al suelo
todas las herramientas y las esparza, las coja sin pensar, pruebe y se
equivoque (¡como en aquel "horrible" solo de su primera vez en
el Wally´s!), vuelva a probar y acierte y que, de pronto, un día alguien
le diga: ¡Demonios! ¡¡Suenas a Jason Palmer!! Y ese día, que puede que
llegue, Jason Palmer no sólo será un estupendo trompetista de sonido
cálido, e incluso "afliscornado", que compone buenos temas,
juguetones, con el conveniente corsé mainstream (¡Vamos Jason!
¡¡Se nota que te aprieta un poco!!) y espacio para un moderado
virtuosismo sino un estupendo Músico al que me entrarán unas ganas
irrefrenables de escuchar una y otra vez.
Carlos Pérez Cruz |