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La
labor pedagógica de este baterista y percusionista de origen uruguayo es
bastante amplia; su labor compositora, otro tanto de lo mismo; y su
trayectoria musical, que está unida de forma casi unívoca a la de Chano
Domínguez, aparece en grabaciones junto a una variedad de músicos tales
como Brad Mehldau, Tete Montoliu, Barry Harris, Kenny Wheeler, Wynton
Marsalis, Jorge Pardo, Enrique Morente, Paolo Fresu, Javier Ruibal,
Martirio, y Joan Manuel Serrat. Su carrera musical está plagada de
premios y de una multiplicidad de proyectos (una primera grabación en
formato libro-cd sobre textos de María Zambrano, la dirección del espectáculo
“El Jazz viene del Sur” del Teatro Central en Sevilla, la galardonada
banda sonora “Incautos” en el festival de cine de Málaga,…) que
firma como compositor. Y, a pesar de todo lo anterior, “Oración”
(tercera grabación a su nombre) no transmite emoción, aunque bien cierto
es que las generalizaciones caen demasiado pesadas, y siempre es
preferible particularizarlas a una opinión personal.
“Ignacio” es la primera toma de contacto sonoro con esta grabación.
El desarrollo y ambientación del mismo bien pueden enmarcarse como
heredados del sonido del quinteto de los sesenta de Miles Davis. Pero
“Entre las piedras” no continúa el sendero trazado por éste, sino
que se desvía hacia la fusión flamenco/jazz, con palmas sordas a modo de
percusión. El piano juega a acompañar al tenor con acordes que imitan a
la guitarra flamenca, y McGill hace de las escobillas y la caja la
transformación/equivalencia al jazz del cajón flamenco. Con todo, el
tema parece estar pidiendo una instrumentación más contundente para
llegar a transmitir la fuerza del flamenco. “Jon” es un ejercicio de
intensificación que comienza con la batería, y que es continuado por el
saxofonista. La rítmica de la batería entrecorta las frases del tenor,
buscando jugar con el silencio, generando una atmósfera más cercana del
soul que del jazz, y en la que el saxofón se hace repetitivo y la batería
aburrida. “Dom Pedro” nos acerca a los sonidos caribeños, pero de una
forma bastante tosca: mano izquierda del piano anclada a dos acordes y
soprano desarrollando una melodía infantil y estridente. “Leonardo”
pretende la psicodelia prematura de Davis y Hancock, y en cierto grado, la
consigue, con David Liebman floreando con semicorcheas el soprano. “Tu
palabra de amor” (que me trae recuerdos de Dexter Gordon en la película
“Round Midnight”) y “Nana de Patricia” pasan por ser los momentos
más cálidos y con más provecho de la sesión.
En
“11 de septiembre” la batería toma bastante protagonismo, y aunque
con buenos momentos en el tema, otra vez tropiezo sonoramente con la
grabación: la introducción de la batería como elemento protagonista en
el flamenco es dura, pero como instrumento solista, hasta el momento, es
una batalla perdida (tíldeseme de conservador, si de forma fácil se
quiere acabar con este razonamiento). El elemento fundamental del flamenco
es el ritmo, trazado mediante palmas, tacones o cajón. La batería se
aleja, aunque no conceptualmente, sí sonoramente de los elementos antes
mencionados. Y si McGill centra su esfuerzo en llegar a conseguir el
balance adecuado entre técnica y emoción, quizás la batería llegue a
ser un instrumento adaptado al flamenco. Pero hasta el momento, la mezcla
alcanzada contiene una sobredosis de técnica.
Sergio
Masferrer |