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Qué curiosa es la
muerte. Fallece alguien, las necrológicas recuerdan su aportación a la
humanidad y cuando ya de nada le sirve al fallecido que accedamos a sus
obras es cuando se vuelven a publicar. Pasa con los libros, con las
películas, con los discos… Acabo de regresar de mi tienda de libros de
cabecera y conmigo se ha venido un libro del recién fallecido
historiador Tony Judt (expuesto donde antes no solía, claro). El pasado
14 de agosto (de 2010, el año en que se firma este texto) falleció la
cantante Abbey Lincoln. Y sí, tenía por ahí algún disco suyo pero
llevaba miles de años sin escuchar su voz y, justo ahora que la palma,
nace en mí un súbito interés por ella, por su aportación a la historia
del Jazz. Es lo que hay, somos seres humanos. Nos proclamamos racionales
pero me temo que no hacemos mucho por merecer tal calificativo.
Este mundo es muy extraño, que
decía un personaje de David Lynch.
Muere Abbey Lincoln y, ¡por supuesto!, todos sabíamos que esta mujer
además de por su voz destacó por su activa participación en la lucha por
los derechos civiles de los negros en Estados Unidos. Muere y,
¡evidente!, con ella se va la última gran dama del Jazz… otra más. Nos miramos de reojo unos a los
otros y vamos rellenando nuestras propias lagunas de conocimiento. No
voy a engañar a nadie. Mi conocimiento de la vida y milagros de esta
mujer era nulo. Sí, sabía de su existencia, que era cantante de Jazz,
pero poco más. Así que su muerte me ha servido para ponerme las pilas y
para encontrarme de frente con su participación en un trabajo del que,
precisamente ahora, se cumplen cincuenta años de su grabación. Ese es
otro de nuestros asideros más extraños: las efemérides. Cuántos minutos
de radio y televisión y páginas de periódicos, revistas y publicaciones
varias rellenan. Lincoln formó parte de un disco liderado por uno de los
músicos fundamentales en el desarrollo del Be Bop: el baterista Max
Roach (dos años después de grabarlo se casaron… hasta que se separaron).
We insist! Freedom Now Suite.
¿Sobre qué insiste el título de este trabajo? Sobre lo mismo que pedía
el saxofonista Sonny Rollins dos años antes cuando firmó
The Freedom Suite, con el
propio Max Roach en la batería más Oscar Pettiford en contrabajo. Se
insiste en la necesidad de libertad. Mucho ha tenido que insistir la
comunidad negra de Estados Unidos para lograr unos mínimos de libertad y
respeto que todavía hoy, cincuenta años después de la suite, siguen sin
estar plenamente logrados (a la insistencia en lo extraordinario de la
negritud de un presidente del país, el señor Barack Obama, me remito
como ejemplo). Claro que entonces quedaba mucho más por hacer y Roach
puso su granito de arena.
La fotografía de la portada del disco hace
referencia a sucesos de ese mismo año. En ella vemos a tres personas
negras apoyadas sobre la barra de un bar y mirando con seriedad a la
cámara. Al otro lado de la barra una persona blanca, el camarero que
debe atenderles. Meses antes, en febrero, cuatro estudiantes negros en
la misma situación que muestra la fotografía fueron conminados a
abandonar un local, a lo que se negaron. Fue en Greensboro (Carolina del
Norte) en un comedor de la cadena Woolworth. Ese acto de racismo fue
respondido con meses de protestas hasta lograr el 25 de julio acabar con
la segregación por motivos de raza en ese local. Son años de gran
trascendencia histórica en los que en Estados Unidos el Movimiento por
los derechos civiles
estaba
en plena efervescencia y en el que con pequeños gestos como éste, o el
famoso de Rosa Parks en un autobús negándose a ceder su asiento a una
persona de piel blanca apenas cinco años antes, se combatía la
discriminación racial.
En ese contexto se desarrolla la grabación el 31 de agosto y el 6 de
septiembre de 1960 de We insist! Freedom Now suite, un trabajo que no escapó a la tensión
propia del momento. Desde su propia gestación ya que, en origen, se
trataba de una colaboración entre Max Roach y el letrista Oscar Brown
que acabó por quebrarse. Roach y Brown representaban dos visiones de la
lucha por los derechos civiles con matices diferenciales. Oscar Brown
dijo:
Max pensaba que Malcolm X
tenía una solución mejor que Martin Luther King. Es decir, la visión
de Max Roach era algo más radical que la de Brown, más afín a la no
violencia promulgada por quien años después, en 1963, declaró haber
tenido un sueño. Así, y siempre según Oscar Brown, la idea original era
haber creado una gran obra que recorriera la historia de la percusión
africana titulada
The Beat de
la que en la suite finalmente grabada por Roach se recogen tres
movimientos, aunque en un orden diferente al pensado por Brown.
The Beat
debía abrirse con
All Africa seguido de
Driva´man y cerrado por
Freedom Day. Es decir, había
una intencionalidad evolutiva inversa a la propuesta por Max Roach.
Oscar Brown proponía un viaje desde el África originaria de la
percusión, pasando por la esclavitud africana en Estados Unidos, y
culminando con la celebración de la libertad que llegó con la
proclamación de emancipación realizada en 1863 por Abraham Lincoln en
los Estados Confederados de América – para cuyo centenario se estaba
creando esta obra - . Sin embargo Roach invirtió el orden: primero fue
la esclavitud (Driva´man),
después la libertad (Freedom
day) y por último África
(All
Africa). Una diferencia de perspectiva que se acentuó, además, con
dos movimientos que Brown no contemplaba para la suite original: el
tríptico Prayer / Protest / Peace
y el número final:
Tears for Johannesburg (dedicado a las víctimas de un tiroteo
policial en Sharpeville – Sudáfrica – que terminó con 69 muertos el 21
de marzo de 1960).
El tríptico conforma el movimiento más dramático y tenso. Se trata de un
dúo entre la batería de Max Roach y la voz de Abbey Lincoln que, al
llegar al momento de Protesta, estalla en un grito desgarrador y primitivo. Las notas del
libreto del disco, firmadas por el crítico Nat Hentoff, explican:
‘Protesta’ es la liberación final
e incontrolable de la rabia y la ira que han sido contenidas por el
miedo durante tanto tiempo que la catarsis sólo es posible arrancando
dolorosamente toda la furia acumulada y la hiriente y cegadora amargura.
A través de todas las formas de protesta, incluida, sin duda, la
violencia. El tono espiritual, sureño,
gospel y
bluesy del segmento de
Plegaria da paso, mediante un redoble de la batería de Max Roach, a
la tensión de los gritos de Abbey Lincoln acompañados por la agitada
batería de Roach hasta que, cuando la violencia de la voz parece hacerse
insoportable, un golpe de plato nos
devuelve
el remanso de
Paz, también a
la voz de Lincoln (siempre onomatopéyica) y a la batería de Roach que
termina por establecer un ritmo continuo que permanece invariable hasta
el final del tríptico.
Los temas a los que Oscar Brown se refiere como originales de
The Beat y los dos que Roach
suma para conformar la
Freedom Now
Suite configuran una obra que resulta irónica, crítica, descriptiva
y esperanzadora en las letras de Brown y más primitiva y combativa en
los postulados musicales de Roach. Como si Malcolm X y Martin Luther
King se dieran la mano sin modificar sus principios. El viaje musical
propuesto por Max Roach se inicia con
Driva´man,
en las plantaciones de algodón, a ritmo de canción de trabajo con
letra de Oscar Brown (ironiza sobre la relación entre esclavos y
negreros; poesía de la crueldad) y con un solo del saxo tenor de Coleman
Hawkins en la que es única de sus participaciones en el disco. De
inmediato llega la celebración del
Freedom Day, donde la letra de Brown celebra pero a su vez muestra
escepticismo ante la libertad tan añorada presuntamente lograda (Can it really be? Can´t conceive it, can´t believe it, but that´s what
they say) y en el que la música se lanza a un frenesí
swingueante en el que brilla especialmente la trompeta de Booker
Little y en el que la voz de Lincoln enuncia el texto sobre el nervioso
pulso rítmico que parece articulado al doble de velocidad. Confluyen en
este
Freedom Day la mejor
tradición rítmica del Be Bop, el sentido melódico del Hard Bop y la
textura más arriesgada del Free entonces en ciernes (la ausencia de piano da
una sensación de mayor libertad armónica que la que realmente hay).
Después del ya mencionado
Tríptico
llega All Africa, el guiño de Oscar Brown a la
rica y magnífica
historia del ritmo africano y el enunciado por
parte de Abbey Lincoln (sobre un ritmo ternario reiterado) de los
nombres de decenas de etnias africanas (zulúes, masais o mandinga, entre
otras) al que responde el percusionista nigeriano Babatunde Olatunji en
lengua yoruba con proverbios sobre la libertad de cada uno de esos
grupos étnicos. Finalizada la lista se inicia una sección puramente
percusiva a cargo de todos los percusionistas que participan en el disco
(además de Olatunji y Roach escuchamos al desconocido Tomas Du Vall – al
menos para mí - y al neoyorquino Raymond Mantilla – que formaría parte
años después del proyecto de percusiones M´Boom de Roach - ) que
desemboca con naturalidad en el tema de cierre,
Tears for Johannesburg
(con el que Max Roach evita circunscribir la
lucha por los derechos civiles negros simplemente a Estados Unidos), una
composición modal de solos abiertos (de nuevo destaca Booker Little)
sobre un
ostinato rítmico en
5/4*. Son los dos últimos movimientos, los más percusivos y modales, los
que despiertan más nuestro imaginario africano.
Ya sea por la muerte de Abbey Lincoln o por los cincuenta años que ahora
se cumplen de la grabación, cualquier excusa merece la pena para
recuperar (o descubrir) este disco que, aunque musicalmente es
disfrutable por sí mismo, puede entenderse y paladearse con mayor
fruición si se conocen las circunstancias sociopolíticas del momento y
su proceso de gestación. Sin olvidar tampoco que su aparente radicalidad
musical (especialmente la del ya comentado
Protest) es tan sólo un apunte colorista y si se quiere naif ante la gran revolución que el
Jazz estaba alumbrando por aquel entonces: el Free Jazz. Una revolución
en consonancia con los tiempos convulsos del país cuyo disco fundacional
se iba a grabar apenas unos meses después, el 21 de diciembre de 1960:
Free Jazz
de Ornette Coleman.
Pero esa será otra efeméride.
Carlos Pérez Cruz
*en el artículo
Revisited! The Freedom Now Suite de la musicóloga Ingrid Monson
publicado en la revista "Jazz Times" se especula con la posible
intencionalidad crítica del uso de este compás por parte de Max Roach
tras el éxito del Take Five de Dave Brubeck grabado pocos meses
antes y dentro de una competición de "superioridad" racial.
Nota del autor: Las declaraciones de Oscar Brown
reflejadas en la reseña así como otros datos históricos toman como
fuente principal el citado artículo de Ingrid Monson para "Jazz Times".
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