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Después
de una larga trayectoria artística trabajando
para los mejores músicos Puertorriqueños, 1999
fue el año que vio la salida al mercado del primer disco como líder
de Luis Marín.
Su
titulo es "Inconsolable" y fue concebido por Luis y un grupo de
músicos amigos como homenaje al cantante boricua Gilberto Monroig, el
cual falleció en el año
1996.
Monroig fue un cantante romántico, pero no compositor, que tuvo una breve
etapa en USA como vocalista
de la orquesta de Tito Puente tras la cual decidió regresar a su
Puerto Rico natal para interpretar, con gran éxito popular, las canciones
de varios destacados compositores de su país como Rafael Hernández
o Sylvia Rexach entre otros. Concretamente, en el CD al que nos estamos
refiriendo, se incluyen 7 temas popularizados en su día
por el homenajeado y otros dos de autoría de Luis Marín.
A lo largo de "Inconsolable",
Marín y su grupo buscan la complicidad del oyente
a través de unas
melodías conocidas que provocan emociones intensas
y encontradas al igual que lo hacen el amor y las relaciones de
pareja de las que tratan los temas interpretados pero, una vez conseguida
la atención del público por afinidad y conocimiento, tratarán de evocar
y precipitar los sentimientos acudiendo no a las letras románticas sino a
la instrumentación y los
arreglos del jazz latino.
Así, en el disco al que nos referimos, podemos apreciar la desolación
que provoca el mal de amores o los romances
desgraciados a través de
temas como el inquietante "Inconsolable",
de Rafael Hernández, donde Humberto Ramírez nos ofrece un tenue pero
eficaz solo de trompeta matizado por los tambores y coros africanos. También resulta tristemente hermoso el "Sollozo",
original de Tito Henríquez. Esta
canción es la única grabada en vivo de todo el CD y cuenta con un
impresionante "mano a mano" de jazz libre entre el piano de Luis
Marín y el saxo de José Encarnación, la cordial competencia que durante
este tema se establece entre los dos músicos resulta
excitante no sólo por las notas que cada músico pueda llegar a
dar, si no por los profundos
sentimientos que son capaces de expresar a través de ellas.
Pero no sólo hay lugar para la tristeza de amores
en este homenaje a Monroig. En ocasiones, la esperanza
que produce la posibilidad de una próxima relación tiene su
reflejo en la placidez de un
piano suave y magistral acompañado por un susurro de percusión. Ambos
sirven para hacernos disfrutar con el tema "Matiz de
amor". Esta misma tranquilidad se respira a través del arreglo
tranquilo, teñido de "saudade", con el que Luis enriquece el
celebre "Que falta tu me
haces" de Bobby Capo.
Aunque también, como en la vida misma, la tranquilidad romántica del
piano se puede ver bruscamente interrumpida por el tono frenético de una
discusión. En estos momentos las teclas de Marín dejan de mostrarse
suaves para ser sardónicas y reciben el agitado
apoyo de las percusiones Cubanas y de jazz tal como se nos muestra
en "máscara". Incluso, cuando el enojo es mucho, se
permite que el Free Jazz entable una
discusión desbocada y excitante entre
los dos pianos grabados por
Luis usando como vehículo para ello el tema "Egoísmo".
Quizás los ambientes más introspectivos de todo el disco los encontremos
en los dos temas de autoría del propio Marín: El homenaje póstumo
"Querido Gilberto" donde se nos transmite tranquilidad evocadora
y romántica y sensación de libertad e "Interior", donde la
combinación de teclados, piano y saxofón nos hacen alternar la
sensación de esperanza vital con otros momentos de mayor sombra o
inquietud.
Estamos pues ante un disco lleno de bellas melodías románticas e
intimistas con una interpretación formalmente impecable y, sin embargo,
pensamos que no son éstos los
principales méritos de la propuesta musical de Luis Marín. La mayor
originalidad de este trabajo estriba en saber introducir sentimientos
propios y personales allí dónde en los temas originales existía la
lógica teatralidad interpretativa de un cantante romántico. Luis Marín
y su banda retoman un repertorio de temas populares, pero no tratan de
"xerocopiarlos" instrumentalmente sino que, con sus arreglos
innovadores y su jazz tanto
improvisador como pautado, aportan
una interpretación sentimental creíble,
nueva y diferente, ni mejor ni peor, a la que nos transmitían
estas canciones cuando las escuchábamos cantadas.
"Inconsolable" pasará pues a la historia del buen jazz latino y
la música popular Caribeña no por su belleza formal o virtuosismo,
aunque el disco disponga ampliamente de ambas cualidades, sino por la
capacidad de Luis Marín de usar sus dones y conocimientos para transmitir
emociones que convencen por propias, originales y acertadas.
Anxo
Mariz
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