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La sorpresa nunca
termina. La emoción no acaba. La creación vuelve a surgir pareciendo
olvidar lo que un día construyó. Se reinventa para buscar nuevos caminos
en los que desarrollar su inventiva. Las sensaciones se sirven al fuego
lento del paso pausado de las pistas sonoras que crean a cada instante, a
cada número, nuevos paisajes en el inconsciente. Parecía imposible pero,
en ocasiones, lo imposible sigue siendo labor terrenal.
Ha conseguido Ramón López con este trabajo un "Duets" nada al
uso comercial (fórmula que en extravagancia mercantil ha despertado en
ocasiones voces de la tumba). Ha conseguido que el cuarto
lanzamiento discográfico a su nombre de sensación de paso hacia
delante con la firmeza de quienes entienden su trabajo como una
dedicación casi vacacional (¿acaso no ha sido aspiración humana vivir
siempre en vacaciones?).
SI escuchar un disco de un artista ya conocido supone dar por supuestos
ciertos patrones sonoros, esto, en el caso de Ramón, es demasiada
presunción. Porque cada nueva propuesta es eso... nueva. Es un nuevo
universo sonoro que emociona y divierte, que provoca reacciones casi
visuales. Y eso, hoy en día, es ciertamente infrecuente.
Este particular "Duets" rinde tributo a uno de los geniales
inspiradores de la vanguardia creativa. El saxo de Rahsaan Roland Kirk.
Sus composiciones suenan aquí a través de la imaginación y las
sensaciones de una batería que busca como compañeros de ensoñación
instrumentos tan dispares como una trompeta o una sierra musical.
Compañeros de viaje en anteriores proyectos (Beñat Achiary) o nuevos
magos cuyo descubrimiento abre el camino de otros mil descubrimientos (el
de las carreras particulares de cada uno de ellos).
El "Kirk" de Ramón López ofrece sonidos estremecedores ("Clickely
clack"), paisajes áridos (en la más pura percepción geográfica
con "The haunted melody"), esencias ("Afroblues" o el
blues desde la desnudez)... y (¿por qué no?) mucho sentido del humor.
Carlos Pérez Cruz |