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El
jazz, en la actualidad, se ha convertido en una maquinaria de relojería
que, además de entre otras muchas funciones, se encarga de transformar músicas
tradicionales y regionales en una música culta
y selecta para una audiencia especializada, sin importar la
localización de la fuente de inspiración. Una maquinaria capaz de
destilar las raíces originarias de una cultura (cultivadas y cuidadas por
el pueblo) para la obtención de licores que sólo paladeará una fracción
ínfima del mismo. ¿Qué es lo que ocurre en este proceso de transformación?
¿Qué se pierde y qué se gana en esta destilación?
Rabih Abou-Khalil es uno de estos alquimistas. Nacido en Beirut, con Morton’s
Foot este maestro del laúd está haciendo vibrar al resto del mundo
con una buena dosis de música, cuyo epicentro se localiza en el Mediterráneo:
Gavino
Murgia como vocalista, Luciano Biondino al acordeón, y
Gabriele Mirabassi al clarinete, de origen italiano; Michel Godard, francés,
a la tuba;; y Jarrod Cagwin, baterista estudioso de los ritmos turcos,
africanos, andaluces, indios e indonesios nacido en los Estados Unidos.
Respecto de las anteriores
pociones preparada por Rabih Abou-Khalil, destacan dos ingredientes que
hacen que el resultado final resulte mucho más áspero, más rasgado.
Gavino Murgia añade las raíces de la canción tradicional de Cerdeña
(cuyo dialecto está caracterizado por el empleo constante de la vocal u), ejecutándolo en unos registros que llegan a ser más graves que
el segundo de los elementos diferenciadores de este trabajo: la tuba de
Michel Godard. Y si bien, Blue Camel
(Enja Records, 1992) podría confundirse con las grabaciones realizadas
por Anouar Brahem, el continuo contraste entre los sonidos graves de la
voz y la tuba, y agudos de laúd, acordeón y clarinete, hacen en este
disco de elemento diferenciador.
Morton’s Foot es un disco asequible,
pegadizo y exótico. Es la escucha de la voz de un pueblo tan cercano para
nosotros como el norteafricano. Una voz a veces tan íntima como “Il
ritomo del languore”, “Il sospiro” o “Waltz for Dubbya”, a veces
tan extrovertido como “Dr. Gieler's Wiener Schnitzel” o “L´Historie
d'un Parapluie”.
A
la anterior pregunta, antes retórica, hay una respuesta: con un disco
como Morton’s Foot se gana el
placer de la música y la sensación de compartir la cultura de un pueblo
al que occidente, en el mejor de los casos, da la espalda.
Sergio
Masferrer |