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Que a estas
alturas de la vida un disco compuesto en gran parte de standards
y complementado con versiones de algunas canciones (de amor) pueda
taladrarme las emociones es como para dar por zanjado el eterno debate
sobre si tiene o no sentido acudir hoy de forma reiterada al cancionero
USAmericano. Claro que es ese un debate íntimo, particular, que Charlie
Haden y Keith Jarrett han pretendido zanjar en mis narices. Es factible
un disco sin originales y que resulte no tanto original como excitante y
personal. Pero - ¡reclamo mi derecho al "pero", señores del jurado! -
cierto es que hay que tener muy claro de qué va esto de la música para
poder hacer que For all we know, Body and soul o
Don´t ever leave me merezcan una nueva (enésima) versión y tanto
Jarrett como Haden hace mucho que saben de qué va. Aunque hayan
necesitado más de treinta años para hacérnoslo saber juntos ya que desde
el último disco con el American Quartet del pianista no habían
vuelto a disponer de un estudio que les escuchara juntos.
El sello alemán ECM (que publica el disco) envió un correo electrónico
promocional que recogía el fragmento de una crítica (creo que de un
diario británico) que venía a decir algo así como que si este año vas a
comprarte un único disco gastes el dinero en este. Uno a veces sospecha
sobre si hay una competición entre críticos que compiten porque su frase
pase a formar parte de la promoción del "producto" - en cine las típicas
de "la mejor del año" y derivados impresos en cartel - y esta tenía
todas las de ganar. Aunque comparto con el firmante de la sentencia
anglosajona el entusiasmo. Jasmine es una verdadera joya - aquí
va mi frase para la competición -, un pétalo musical delicado - si no
incluyen esta en el próximo mail de ECM... - que amenaza con
romperse si alguien se inmiscuye en tu relación con la música - ¡vamos
Manfred! ¡¡quiero mi momento Warhol!! -.

Declara Jarrett
en las notas del libreto del disco que tanto él como Haden están
obsesionados con la belleza. Bendita obsesión para los melómanos
(obsesivos también nosotros) porque todavía hay bellezas standard
que pueden embriagarnos como el perfume de este jazmín musical -
recuerdo que estoy buscando abrirme un hueco en el próximo mail
de ECM - producto de una cita doméstica. Porque este trabajo está
registrado en el domicilio de Jarrett durante una estancia de cuatro
días de Haden y su mujer invitados por el pianista. Previamente habían
coincidido en el rodaje de un documental sobre el contrabajista en el
que, tras una tocata informal treinta años después de su última
vez juntos, la conexión musical fue tal que el pianista le invitó a
pasar esos días. Allí con su American Steinway - que Jarrett
dice que no está en el mejor de los estados pero con el que tengo
una extraña conexión - y con el contrabajo de Charlie Haden
empezaron a interpretar algunos temas. Y ya sea por estar en casa,
porque no hubiera prisas o simplemente porque la sensibilidad musical de
ambos es excepcional de allí salió una recopilación de baladas y medios
tiempos (más bien lentos) que rasgan el silencio con suma delicadeza.
Pocos sonidos serán tan silenciosos como los que producen la suma de
ambos instrumentos en este disco. Y la escucha - si se ponen los medios
ambientales para ello - transcurre con una placidez sumamente placentera
en la que apenas se distingue un tema de otro. Y esa es una de las
virtudes más llamativas de este disco. Los temas están, son
reconocibles, pero una vez leídos pasan a formar parte de una atmósfera
única que enmarca toda la sesión.
Keith Jarrett - que últimamente está muy sincero en las notas de los
libretos - finaliza su discurso escrito con una invitación a escuchar
este disco en pareja (marido, mujer o amante, explicita) tarde, por la
noche. Es un disco eminentemente nocturno aunque quien esto escribe
todavía sólo lo ha probado de día (entonces sirve para frenar excesos
rítmicos). Y si en las notas de Testament relataba sus miserias
amorosas, angustias vitales y problemas de salud en Jasmine
reflexiona sobre la naturaleza de la música (que permite sentirse
pleno (...) como sólo en la naturaleza del arte está producirlo de esta
manera) o sobre el arte ahora (que está agonizando en este
mundo, también la escucha, a medida que éste se llena de juguetes y
efectos especiales). Reflexiones que revalúan el sentido del disco
como soporte físico incluso para músicas tan intangibles como las de
Jasmine.
Carlos Pérez Cruz |