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Que la jota tiene
fama de música con soporte testicular (brazos en jarra y ¡ahí va esa
jota!) es vox pópuli en las tierras donde encuentra eco. Navarra es una
de esas regiones joteras, con una tradición que tiene gran eco
especialmente en sus zonas ribera y media. La jota - un acta
notarial según declaración de Goia-Aribe - es manifestación musical
popular y como tal tiene notable presencia en festividades varias de la
comunidad navarra. Yo, que nunca he sentido atracción por tal expresión,
he padecido de forma colateral (pasaba por ahí) estruendosos y agudos
alaridos amplificados por cruentas megafonías que agravan las
consecuencias de una abrasiva onda expansiva que - más allá de los daños
físicos y mentales - me afirma en la idea
genital de esta música habitada por cantantes de vena inflamada. Tan sólo en una ocasión recuerdo haber escuchado a una jotera
interpretar una jota con finura y elegancia. Por eso un proyecto sobre
la jota se encuentra allá lejos, muy lejos, de mis apetencias y
necesidades espirituales pero... a Josetxo siempre hay que darle una
oportunidad.
Josetxo Goia-Aribe es - siempre lo he dicho y se lo he dicho - el Jan
Garbarek foral (Navarra es tierra con régimen administrativo foral). Sin
embargo esa relación de mi inconsciente no va más allá de una afinidad
estética para mí evidente en la forma de hacer sonar el instrumento
(salvando las distancias) y, si se quiere, en los conceptos de encuentro
entre músicas populares y Jazz. Pero algo que no se le puede negar a Josetxo es la virtud de la independencia, la libertad de acción musical
del que siempre ha hecho lo suyo sin que nadie se le
parezca y, en ocasiones, sin que - me temo - se entienda bien lo que
hace. Demasiado otra cosa para los jazzistas de cuño estándar y
demasiado raro para aquellos que podrían sentir curiosidad por
proyectos que hablan de sus propias tradiciones. Pero si ya los
aficionados al Jazz más rocosos son difíciles de agrietar, qué decir de
los ciudadanos cuyo bagaje no dobla la esquina de su calle y vivirían
toda una vida atrapados en el día de la marmota de Bill Murray. A ellos creo
que les costará entender la hermosa nueva criatura parida por Josetxo
que ha trastornado por completo mi relación con la jota, que ahora es
dulce e íntima. Un nuevo género que bautizo aquí y ahora como La
jota Josetxo.
¿Cómo es la jota Josetxo? La jota Josetxo es una jota que
relaja como una infusión nocturna. En vez de brazos en jarra la jotera
sostiene en sus brazos una hija imaginaria para que le cante, pero
sin matarla. Es una jota que acuna cuando son Jotas callandico
(expresión descriptiva de nuevo cuño made in Josetxo) y
que forma parte de un paisaje sonoro onírico y ensoñador en los arreglos
de Goia-Aribe. Incluso cuando es una jota más pecho palomo como
la Palomica, a Josetxo se le ocurre culebrear como acostumbra
bajo la voz de Arantxa para terminar convirtiendo aquello en una alegre
fiesta que deriva en un vals llamado Jota París, que
podría ser copla pero que es jota en el vibrato de Díez. ¡Qué hermosura!
Ahí descubre Josetxo otra de las aportaciones de En Jota: la
creación de nueva música y textos, varios de ellos firmados por el
zaragozano Gabriel Sopeña (reputado letrista) y la propia Arantxa Díez
(incluso el propio Goia-Aribe).
Inventos como el de la Jota Blues, que se suma a un precedente
Zortziko Blues presentado en el disco
Herrimiña
(2000) donde Josetxo ya hizo una primera aproximación a la jota
Josetxo con unas Jota al aire y Jota Baluarte
puramente onomatopéyicas. Jota Blues es un blues en tempo
ternario donde el estribillo rompe el ritmo de vals con una declamación
de Arantxa que fragmenta cada una de las vueltas al tema. Recursos
inteligentes en la construcción temática, con desarrollos breves
(probablemente abiertos a mayor desvarío en el escenario) y mucho
cuidado de la estructura y lectura.
Para el único instrumental del disco Josetxo Goia-Aribe se saca un
conejo de la chistera provocando el encuentro entre la jota popular Las
campanas del olvido e Il piacere, partitura del
histórico baterista italiano Aldo Romano que registrara por primera vez
en un disco homónimo de 1979. Una y otra en pistas diferentes del disco
pero unidas en un feliz tránsito imperceptible que logra que una sea
preludio natural de la otra o, dicho de otra manera, la otra desarrollo
natural de la una. Una joya la de Romano en la que escuchamos el sonido
siempre resonante y acogedor de Baldo Martínez y la delicada inteligencia de un pianista
tan sensible como es Javier Olabarrieta. Sobre su compañía vuela
expresivo Goia-Aribe, sin alardes, administrando la verdad de su
lenguaje improvisador, sabiendo leer los espacios de la música,
respirando. Respiro que necesitaría el oyente después de semejante
piacere, pero el disco no deja los treinta segundos que - ¡como mínimo!
-
necesitaría uno para reponerse. Sigue, menos mal que con la segunda jota
callandico: Y vi que estabas soñando, música de cuento
de hadas que conduce a otra jota inventada, la bellísima Jota mora que,
sin embargo, tan nórdica y etérea (vale, corremos riesgo de desgastar el
adjetivo) suena en el desarrollo de su improvisación.
Al intimismo de En Jota contribuye la ausencia de batería.
Queda así un conjunto flexible que baila en torno a la voz de Arantxa
Díez a quien honra su ánimo para encarar un proyecto como este tan
alejado de los cánones de su mundo natural. Una voz en la que uno intuye
el enorme trabajo de modulación que hay detrás para llegar a lograr la
calidez que desprende, alejada de toda imposición. Una voz jotera que
seduce por su dulzura y que Josetxo ha sabido dirigir para atraer a su
particular mundo de brujería musical, en el que la pócima está compuesta
de dedicación y un sexto sentido para leer entre las líneas de la música
folclórica. Un alquimista del Jazz que saca como pocos partido de sus
virtudes para crear belleza y sutileza hasta de la aspereza. Y resulta
asombroso cómo logra en este En Jota dar tanto a partir de una
música tan, a priori, limitada en recursos como es la jota. Cómo trabaja los
recursos (cómo el ostinato rítmico de piano y contrabajo preludian un
María Guadalquivir que parece casi saeta) y qué belleza
artesanal se trasluce del resultado. Josetxo es un músico tenaz, autor
de un universo propio pero universal, capaz de hacer evolucionar como
pocos la música de una tierra especialmente reacia a la evolución,
encerrada en la mediocre complacencia de la tradición inviolable. Pero
él a lo suyo, haciendo mundial lo local. Que ahí fuera se sepa depende
de muchos factores. Ojalá vuele su jota. La jota Josetxo.
Carlos Pérez Cruz
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