|
Imaginemos la escena.
Jordi Gaspar, una vez grabado
Akixí, busca quien se lo publique. Hasta aquí la realidad cotidiana
de quienes graban y buscan pero no son buscados (una inmensa mayoría).
Contacta con varios productores discográficos y uno de ellos le espeta
algo así como que su música le encanta y que la escucha en el coche, en
el trabajo (quién sabe en qué sitios inconfesables más) pero… claro,
tenía que haber un pero… que lo suyo no era ni Jazz, ni pop ni Flamenco.
¿Qué será entonces?, imagino que se interrogaría ansioso Gaspar. Redoble
de caja: “Es música de autor”. ¡Demonios! ¡¡Qué ojo!! ¡¡¡Qué oído!!!
Hasta ahora sabía que existía la música anónima (muchas veces porque el
autor se desconoce, no porque no quisiera que lo conocieran), lo que no
sabía es que la “música de autor” fuese un género. Como si no tuviéramos
ya bastantes etiquetas. ¿Acaso
Round´ Midnight o
Stella
by starlight no tienen autor? ¡Cómo
malgastamos la lengua! ¿No era mejor haber dicho desde un inicio que
aunque me encante tu disco considero que no voy a vender ni uno porque
aunque yo soy capaz de apreciar tu arte vivimos en una sociedad que no
es consciente de tu talento porque le preocupan otras cosas como… pero
yo sí, yo sí que te entiendo? Después de la divagación sobre estilos el
productor concluye: “No me encaja en ninguna de las líneas de venta”.
Así que acogiéndose al dicho español del “yo me lo guiso, yo me lo como”
Jordi Gaspar creó su propio sello: Juan Palomo Records.
¿Qué escuchó el productor para llegar a semejante conclusión? Vayamos
por partes. Si tu concepción del Jazz incluye necesariamente la
percepción de un sentido rítmico del swing éste no es tu disco de Jazz.
Si tu concepción del pop incluye letras sobre cómo lloraste al ver
partir a tu amor acompañadas de cuatro acordes básicos éste no es tu
disco de pop. Si tu concepción del Flamenco incluye
quejíos y olés es bastante
probable que tampoco éste sea tu disco de Flamenco. ¿Qué es entonces?
Obvio, música de autor, la música que Jordi Gaspar , un bajista que se
ha formado en entornos jazzísticos, que ha colaborado con profesionales
del Jazz (Perico Sambeat, Lluis Vidal o Iñaki Salvador), del Folk (María
del Mar Bonet o Joan Manuel Serrat) o del Flamenco/Copla (Martirio o
Miguel Poveda), ha sentido como propia en este momento. Jordi Gaspar se
detenido a pensar (ejercicio de alto riesgo en estos tiempos que corren)
y ha planteado musicalmente una reflexión sobre sí mismo, sobre quién es
y qué quiere, y la conclusión es que está aquí (lo que no es poco) y que
así es ahora (saberlo no es fácil). La conclusión del aquí y el así (així
en catalán) da forma al título del disco: Akixí. Un juego de palabras
que comprime verbalmente un proceso reflexivo que no es sencillo y que
requiere un alto grado de honestidad para ser consciente de quién se es,
de qué se puede hacer y qué no y, sobre todo, de qué se quiere hacer en
contraposición a lo que se hace. Así Gaspar, después de trabajar durante
años en una conocida empresa telefónica, se dio cuenta de que estaba
dejando de lado lo que de verdad era y quería ser: músico. Y no sólo
eso, que después de años tocando para otros no se había dado la
oportunidad de mirar a su interior y ver qué tenía que decir
personalmente a través de la música.
Jordi Gaspar limita su arsenal instrumental al contrabajo y, sobre todo,
a la guitarra acústica baja. Esta última proporciona un sonido semejante
al de una guitarra acústica tradicional pero con una mayor densidad
sonora, cada pulsación genera una generosa resonancia que permite al
instrumentista recrearse con el tiempo, espaciarlo y dejar para más
adelante la siguiente pulsación, hasta que la anterior languidece. Por
eso es perfecto para el resultado final de la introspección que ha
llevado a cabo y que ha resultado especialmente serena. A esa sensación
de tranquilidad, de calor humano a través de la música, habrá
contribuido sin duda el escenario principal de la grabación de
Akixí, un hórreo gallego, un
lugar para los aperos de labranza, una despensa rural a la que Gaspar
llegó escapando de los gritos de sus hijos y donde encontró la acústica
y el entorno inspirador propicio para desarrollar sus largos solos
construidos sobre improvisaciones melódicas en los que, al modo de un
impresionista pictórico, cuenta historias dejando que el tempo musical
fluya sin impedimentos métricos. Es decir, Jordi Gaspar trabaja desde la
más completa libertad creativa evitando imponerse objetivos concretos,
ya sean estéticos o virtuosos, y permite que su inspiración se recree
ajena a la realidad que necesita después de compartimentos estancos para
venderse. Y así el oyente está invitado a dejarse llevar por una música
que nunca sobresalta pero que, aunque amable en el resultado, necesita
toda la atención del oyente y una predisposición para poder saborear los
mil y un pequeños detalles que de otra manera pasarían completamente
desapercibidos y nos harían escuchar no música, sino un bajo.
Carlos Pérez Cruz
ESCUCHA AQUÍ LA CONVERSACIÓN CON JORDI GASPAR (Club de Jazz 2/12/2009)
|