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Partamos de una
premisa: este trabajo es excepcional. Por supuesto se trata de una
apreciación totalmente subjetiva, así que a partir de ahora toca dar
razones. Razones no sé si convincentes pero, para mí al menos válidas.
Nunca una big band (si es que la IIO puede considerarse como tal, al uso)
había llevado hasta mis oídos tal diversidad de sonoridades, y todas
ellas tan sorprendentes. Quizá, salvando las distancias, la UMO Jazz
Orchestra de Finlandia comparta esa personal subjetividad, pero, lo dicho,
con propuestas musicales diferentes. Supongo que caracteres nórdicos y
mediterráneos tienen también su reflejo musical, aunque en Finlandia nos
encontremos con big band dedicada a la música afrocubana (FASACJO).
Acercarse a esta orquesta italiana requiere de partida una falta total de
prejuicios, sobre todo si vemos que entre sus componentes se encuentran
personajes tan personales y necesarios en nuestra música como Carlo Actis
Dato. Así que a la falta de prejuicio añadamos una pizca de sentido del
humor.
Nombres llamativos y orquestación sorprendente, que incluye instrumentos
poco comunes, si de ortodoxia hablásemos, como el violín, el chelo o la
trompa. Dieciocho nombres propios combinación de la leyenda italiana del
jazz y nuevas hornadas con una madurez musical realmente refrescante. Si a
todo esto añadimos dos maestros como Antonello Salis (acordeón) y Enrico
Rava (trompeta) el cóctel se presume cuando menos seductor.
Momentos musicales realmente extraordinarios con cinco composiciones de
creación propia, más una peculiar revisión del clásico “Lover Man”.
Un trabajo que conmemora el décimo aniversario de una formación, creada
por el trompetista Pino Minafra, que pretende abarcar con sus sonidos las
diferentes Italias dentro del propio país de la bota. Un encuentro con
las diferencias regionales bañadas en momentos de creativo free jazz,
ritmos que en ocasiones beben del medievo para desembocar en torrentes de
música con conceptos contemporáneos y en ocasiones tragicómicos.
Una propuesta que considero válida (no digamos para todos los oídos que
sería mucho pedir) para amantes del riesgo sonoro (algunos lo llamarán
free), pero también para aquellos que buscan en la música sonidos épicos.
Carlos Pérez Cruz |