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La valentía es una
cualidad venida a menos en los tiempos que vivimos. La sociedad del
“bienestar” adormece antiguas utopías, luchas que creían en la
posibilidad de crecer para ser mejores. Para entender mejor lo nuestro y a
los demás. Quizá por ello la mitad del corazón de Josetxo “se queda
en la patria chica, pero la otra mitad no se puede contener en tan
estrechos límites”. Quizá por ello la jota entiende de jazz y el
zortziko de blues. Quizá por ello ese saxofón que suena a lo lejos en
alguno de los profundos valles de nuestra geografía, quede en el olvido.
O quizá por ello destaque más que casi nadie.
La música de Josetxo es sensible. Nace del corazón para emocionar y
emocionarse. De un corazón que siente la música de su tierra. Una música
vivida desde la calle. Pueblo a pueblo. Es la voz que habla desde el
conocimiento y el respeto. Respeto que ignora irrespetuosos purismos de
quienes igualan tradición y cultura con agua encharcada.
Los sonidos de un saxofón que son la mejor postal internacional de su
tierra.
Carlos Pérez Cruz |