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Editar un primer
trabajo discográfico con 26 años de edad puede parecer prematuro, pero
aún lo es más cuando notamos que el primer disco de Llibert Fortuny
llega tras dos años en la nevera discográfica. Muchos primeros discos a
edades tempranas suelen ser meros ejercicios de escuela motivados en
muchos casos por la excesiva importancia que se le concede a tener un
disco. No es el caso de Fortuny. Lo dicho en el boca a boca se confirma
con el enlatado.
Tener como compañía a Bover, Mengual, Miralta y Sambeat en un debut
discográfico a tan corta edad no es casualidad. Fortuny habla de igual a
igual con quienes llevan tiempo siendo delantera de sus respectivos
instrumentos en el jazz español. Habla con pasmosa seguridad, poderoso
sonido y elegante fraseo no exento de una vehemencia juvenil que habla de
un conocimiento técnico y de lenguaje extraordinarios.
El disco tiene más virtudes que defectos. Los temas son en su práctica
totalidad obra del saxofonista con el añadido de la versión de "I
hear a rhapsody". La composición propia es otro punto que enriquece
la aparición de Fortuny en nuestra escena. Un hermoso ejemplo de su buen
hacer con la escritura es el tema de cierre "Un pam de neu blanc".
Fortuny tiene ante sí un futuro musical brillante cuya evolución
dependerá mucho del ambiente musical que le rodee. En su mano está
crecer, pero también dependerá mucho de los músicos que le acompañen
en su carrera y de la exigencia que éstos le planteen. El comienzo, de
momento, tiene bases muy sólidas.
Carlos Pérez Cruz |