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Lejos de la idea
previa que se pueda tener de estos tres grandes libre improvisadores Aurora
nos ofrece un retrato pausado, una imagen de amplios espacios que
parece completar la mente con la escucha. Como si la música implicara la
imaginación del oyente, como si escondiera tras los silencios
reverberantes a los personajes de un cuadro intimista.
Agustí Fernández y Ramón López son parte de la delantera más creativa
de la música española. Aunque el uno por ignorado y el otro por emigrante pueden reclamar la condición de apátridas o reyes de su
propio imperio. Agustí, mallorquín de origen y catalán de residencia,
ha trasladado a su propio currículo la admiración inicial por maestros
tan diferentes como Cecil Taylor o Iannis Xenakis. Lo ha hecho de tantas y
tan variadas formas que no puede sorprender la capacidad de convertirse en
un pianista íntimo y etéreo en este Aurora tan autobiográfico
(temas con el título de su localidad de residencia, de uno de sus
primeros profesores, Don Miquel, etcétera). Ramón, alicantino de origen
y parisino de adopción, ha trasgredido tantas leyes de la lógica musical
que parece increíble que siga manteniendo intacta su capacidad para sorprender. Su labor en esta grabación es la prueba del algodón de
quienes dudan de tan peculiar historial. Su imaginación no encubre deudas
técnicas. La capacidad para responder con una percusión tan nerviosa
como contenida a la propuesta de Agustí es la prueba (una más).
El británico Barry Guy es el complemento de prestigio europeo de este Aurora.
Nombre básico de la lista de libre improvisadores europeos, fundador de
la London Jazz Composers Orchestra, músico con experiencia en
formaciones clásicas y líder de la Barry Guy New Orchestra (con
Agustí Fernández entre su personal), es a su vez el copropietario (junto
a su mujer, la violinista Maya Homburger) del sello en el que se edita
este trabajo. Discreto como la música exige no esconde con el arco su
capacidad de expresarse con un bagaje más propio de artistas clásicos
que de jazzmen al uso. Una habilidad al alcance de muy pocos y
muestra de cómo la amplitud de miras enriquece la música.
Carlos Pérez Cruz
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