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Tres árboles
desnudos, sometidos por el rigor invernal, bañados en niebla, son
fotografía de portada de este disco. Al abrir la caja y extraer el CD,
los árboles se multiplican. Ya no son tres, son decenas, y el objetivo
mira hacia el cielo rodeado por ellos, verdes y frondosos, bañados en
sol. Puede parecer naíf la metáfora, pero de la desnudez a la
frondosidad hay mucho trabajo entre medias. En el medio natural es parte
de los ciclos naturales y de sus estaciones; en la música, de la
desnudez a la frondosidad, no hay una regla infalible, ni siquiera los brotes
están asegurados, y se puede padecer un invierno permanente. Claro que en
el caso de estos tres Farmers by Nature la naturaleza creativa juega con cierta
red: la de la experiencia de tres músicos consagrados cuyas biografías
se entrelazan y dispersan, y cuyas semillas germinan en el abarrotado
jardín neoyorquino.
Dice Gerald Cleaver (el "organizador administrativo"
de esta reunión) que hay ciertas verdades esenciales que pueden ser
dichas de infinitas maneras, y que pueden sonar de una forma
sorprendentemente singular. Resulta complejo trasladar al idioma
musical estas palabras, pero simplificaré diciendo que hay cuestiones
esenciales del lenguaje musical que, a pesar de su aparente finitud, no
dejan de sorprendernos por su capacidad para comunicar nuevas
(viejas) ideas. Así, este proyecto parte de una tímbrica instrumental tan
frecuentada en el Jazz que resulta asombroso seguir encontrando estímulo
en ella. Y más, si cabe, cuando la propuesta de Farmers by Nature parte
de una concepción musical en la que prima la improvisación más radical,
entendida esta como la que se libera de las formas y estructuras
previas, al menos de las más evidentes. Está claro que, por formación y
por presupuestos, no hay nada nuevo bajo el sol pero, ¡demonios!, nadie
dijo que se hubiera de inventar el fuego a cada rato. Lo sorprendente es
que la pócima, una y mil veces aplicada, sigue resultando
asombrosa, lo mismo en manos de quienes dan vueltas en torno a la idea
de trío liberado de Bill Evans, como de quienes se bañan en aguas
más agitadas. En realidad no hay tanta diferencia entre unos y otros,
siempre y cuando la práctica musical se derive de una personalidad
expresiva libre de las ataduras teóricas. La sutileza romántica o la
contundencia expresionista no son sino piezas complementarias de esas
verdades esenciales de las que habla Cleaver.
Out of this world´s distortions es el segundo trabajo publicado por
el trío (después de un primer registro en concierto de junio de 2008).
La casualidad (que es una forma de causalidad) hizo que el trío
grabara en estudio horas después de la muerte del saxofonista Fred
Anderson (24 de junio de 2010), y que en homenaje al ilustre pionero del
Free de Chicago arrancara la sesión de grabación. Una puesta en escena
emocionante y contenida en la que William Parker (que en varias
ocasiones trabajó con Anderson) sobrevuela con su arco la sucesión
espaciada de notas del piano de Taborn (después se suman las pinceladas
coloristas de Cleaver). Minimalista y etéreo, For Fred Anderson
se va haciendo tangible en el expresivo y a veces onomatopéyico fraseo
del contrabajista, que va y viene, que rompe el estatismo armónico para
volver hacia él, hasta que Taborn golpea en dos ocasiones el Sol grave:
el sonido de las campanas funerarias en memoria de Anderson, tras el que
suspira, hasta desvanecerse, el pulso de marcha ritual impuesto por la
batería de Cleaver. Es un recuerdo sereno y reconfortante, confiado en
que todo está bien y siempre lo estará.
No es fácil despertar del abatimiento apacible de For Fred
Anderson, pero queda todo un mundo por recorrer en la generosa
duración de este disco (del que quedó fuera un tema por falta de espacio
en el soporte CD). Una hora larga de vértigos e imposibles, de temas
percusivos que se abren a terrenos más propicios para la textura. Los
dieciocho minutos de Tait´s traced traits se abren con un
incendio de golpes, que perdura hasta que Parker intercede por un tempo
en el que se va sugiriendo un sentido del swing que se resiste a ser
tal, pero que está ahí, presente aunque indefinido, subyacente entre las
frases entrecruzadas y más o menos flexibles, y cada vez más
compulsivas, de las tres voces. Preludio de un exploratorio Out of
this world´s distortions grow Aspens and other beautiful things
(cuyo título ocupa casi media reseña) en el que tras un largo solo de
Parker se establece (en apariencia) un tempo estable y lento. Taborn y
Cleaver aplican efecto delay a sus respectivos instrumentos en
varios momentos; con el eco, se genera un extraño efecto de espacialidad
que contrasta con la crudeza pedestre del sonido de Parker en el
contrabajo.
Sobre la base de varias obsesiones rítmicas en bloque se construye
Sir Snacktray speaks, cuyo clímax se alcanza en el
speech final del contrabajo, casi un rapeo (con arco) del señor
Parker. Con Cutting´s gait se retoman los caminos de la
improvisación a borbotones, del derrame compulsivo y frenético de notas
hasta que, sobre el imaginario lienzo, se definen las líneas de un
patrón rítmico que se va clarificando con la descarga de
intensidad. En la feliz transición del aparente caos a la definición del
pulso está parte de la magia de este tema.
Casi en el terreno de la invocación espiritual, el obsesivo
riff circular del final Mud, mapped parece no salir de la
rueda, hasta que un espléndido Taborn rompe con ella y se despliega
sobre la vibrante pegada de Cleaver, de la que irá descabalgándose para
que la música camine hacia su desvanecimiento.
Cómo fertilizar la tierra para que broten hojas en el árbol
desnudo, sigue siendo uno de los grandes misterios de la música
improvisada. Al igual que en los ciclos naturales, en el día a día de
este segundo trabajo de Farmers by Nature, hay momentos de niebla
espesa, pero también de lluvia de ideas; luces y sombras, nubes y
claros. Es la vida misma la que se refleja en la música de un trío que,
en palabras de Cleaver, intenta llegar a la raíz de las cosas,
a esas verdades esenciales que, como las cuatro estaciones, son
siempre las mismas pero nunca iguales.
Carlos Pérez Cruz
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